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  • EQUIDAD, JUSTICIA SOCIAL Y RECONCILIACIÓN

    Lanzamiento del “Programa de fomento al cultivo de la palma para los habitantes de Puerto Wilches”

    Aquí, en esta tierra bañada por el sol, de tierras rojas y sembradíos, vive un pueblo que aunque ha llorado, no ha olvidado la importancia de

    sonreír y de seguir luchando.

     Y ese ejemplo que ustedes nos han dado, reafirma mi convencimiento de que el anhelo supremo de los colombianos es la paz.

    Hoy les quiero decir que la reconciliación nacional es una tarea que nos  compromete a todos y que esa debe ser nuestra más importante y solidaria misión.

    Como Presidente de los colombianos me ha correspondido liderar este cambio, trazar la ruta por la que vamos a llegar a un punto al que llamamos paz. Y sólo con la ayuda de cada uno de ustedes, podremos decir en unos años que llegamos adonde queríamos.

     Para marchar por ese camino debemos estar preparados, aprovisionados, y dispuestos a avanzar a paso firme. Sólo llegaremos a nuestro destino  cuando estemos convencidos que todos debemos dirigirnos hacia la misma dirección.

     La paz que he propuesto va más allá de la solución al enfrentamiento armado. Es la paz con la que podremos construir una nueva Colombia, más justa, más democrática, más desarrollada y más equitativa. Un país en el que quepamos todos.

     Para llegar a esa paz integral por la que tanto trabajamos los colombianos, debemos buscar, mediante un proceso de diálogo con la insurgencia, el escenario en el que se identifiquen y pongan en marcha las transformaciones requeridas para hacer realidad esta paz integral.

     Como Presidente me he encargado directamente de liderar la solución política  del conflicto armado, expresando en hechos concretos la voluntad negociadora del Gobierno, ofreciendo a la insurgencia la disposición de trabajar sobre la base de una agenda amplia, y buscando el más propicio escenario.

     Quiero que el escenario de la paz sea el punto de encuentro de todos los colombianos, y que allí se propicie con entusiasmo la deliberación, la decisión y ejecución de esta obra colectiva.

     Esa concepción integral e integradora de la paz, como construcción de todos y para todos, es también la que identifica y gobierna los propósitos del Plan Colombia, que hoy presentamos ante ustedes como una realidad.

    Debe estar claro para todos que el Plan Colombia no será sólo un programa de inversiones del Gobierno, sino que será el proyecto social y económico que convierta su ejecución en un verdadero contrato social. Su más importante misión es la de atender la rehabilitación de las zonas del país en donde la violencia ha amenazado la preservación de la vida de los hombres, y del ecosistema.

    Nuestro Plan Colombia es la alianza que hemos hechos con los países del mundo y con el sector privado para luchar por la paz, por los derechos humanos, por los derechos sociales y por la ecología. Lo conforma un conjunto de proyectos de inversiones estratégicas para la paz, que canalizará los esfuerzos compartidos a favor de quienes viven en las zonas más afectadas por la violencia.

    Cuando asumí la Presidencia dije que este proyecto se encargaría de manejar las inversiones para construir la paz sobre bases sólidas, en las regiones donde la violencia ha hecho los mayores daños.

    Y en estas regiones que se encuentran deprimidas por el lastre que deja la violencia, sólo si los .ciudadanos participan y trabajan por el cambio obtendremos resultados. El cimiento al que me refiero no es otra cosa que el derecho a participar que tienen todos los colombianos.

    Ustedes son un ejemplo para las comunidades que también han sufrido por la violencia. La organización social que hoy tienen nos demuestra que participando se avanza mucho más rápido en la ruta de la paz.

    Yo quiero insistir en que el ánimo del Plan Colombia es la participación. Que sus programas y proyectos de desarrollo e inversión estarán concebidos y serán ejecutados como resultado del ejercicio de la participación.

    Los proyectos que hagan parte del Plan deberán ser un espejo de los propósitos de las comunidades. Esto no sólo nos garantiza su utilidad, sino que afianza el entendimiento permanente entre los ciudadanos.

    Tal como lo he dicho desde que asumí la Presidencia, mi deseo es que también la insurgencia atienda esta iniciativa y se vincule, en un escenario de amplia concertación, al proyecto de reconstrucción y rehabilitación del país. Por eso, en aras de la verdadera reconciliación del pueblo colombiano, invito a los grupos insurgentes para que se hagan presentes en la preparación, conformación y ejecución de los programas y proyectos del Plan Colombia. Esta es una invitación seria y confiable. Mi Gobierno ha demostrado ampliamente la consistencia de sus propósitos, y ha aceptado que tenemos que convenir una agenda sustantiva de paz con la insurgencia, de puertas y ventanas abiertas, y que sólo se puede cumplir si hay compromiso de las partes.

    En el compromiso de esa agenda nadie puede quedar por fuera. Todos tendremos que optar por ella, y hasta la hora de las definiciones, la insistencia del Gobierno será que se haga por la vía de la construcción, y no por la vía de la destrucción.

    Hoy el Plan Colombia da su primer paso, paso que debemos dar todos para no quedar atrás, como alguna vez dijo mi padre, Misael Pastrana, para no quedar “con el desasosiego de no haber tomado el tren a tiempo”.

    Más claro no canta un gallo: mi propuesta es evidente, la insurgencia debe participar de manera activa en las decisiones del Plan Colombia.

    A las puertas de iniciar con ella un proceso de diálogo, quiero aclararles que el Plan Colombia no es “la caja de galletas” de la paz. Éste plan es un extraordinario instrumento para obtener acuerdos en el terreno de las inversiones para la paz.

    Si en esta tierra corrió la sangre, hoy en ella se siembra la esperanza, y de ella brotará la paz duradera.

    Mi Gobierno se asegurará de preservar ese fruto, consciente como es de que lo que nos congrega hoyes un ejemplo que debe enarbolarse y reproducirse a lo largo y ancho de la geografía nacional, pues es baluarte y paradigma de la paz.

    El Plan Colombia es una realidad en marcha. Todas las instituciones del Gobierno se deberán volcar hacia las comunidades más apremiadas, poniendo sus recursos humanos, científicos y financieros al servicio de proyectos como el que hoy se lanza.

    El proyecto para el fomento al cultivo de palma, que mi Gobierno apoya hoy en Puerto Wilches, es la mejor prueba de las aspiraciones que tiene el Plan. Este proyecto dará trabajo y mejorará la calidad de vida de 150 familias campesinas en 1.500 hectáreas de tierra apta para el cultivo de palma. En cuatro años, cuando inicie la producción, cada campesino socio del proyecto tendría un ingreso de 2 millones 500 mil pesos de hoy, por mes.

    Es muestra de una iniciativa solidaria de desarrollo, que se materializó gracias a la capacidad de sus gentes para comprender que el diálogo y la concertación son imprescindibles para el progreso.

    He entregado la enorme responsabilidad de coordinar las actividades de los proyectos del Plan a nuestro alto comisionado para la paz, Víctor G. Ricardo, ya su equipo asesor, seguro de que en ellos, los colombianos tenemos a los mejores garantes del éxito.

    Y a todas las comunidades interesadas en que el Plan apoye sus proyectos de desarrollo, les insisto para que los objetivos que se propongan coincidan con los que el Gobierno presentó en el Plan Nacional de Desarrollo y en los Planes Sectoriales. Los proyectos que mi Gobierno quiere promover deben ser productivos, solidarios y sostenibles.

    Tenemos que garantizar que todos los proyectos que hagan parte del Plan Colombia encuentren desde su primera instancia condiciones de éxito y sean rentables, promocionen el capital humano que fortalezcan el capital social y aseguren la preservación del medio -ambiente. Estoy seguro de que así lograremos una equitativa distribución de la riqueza y una mayor justicia social.

    Para consolidar el éxito del Plan Colombia vamos a acompañar estos proyectos de programas de capacitación productiva, agropecuaria, agroindustrial y administrativa.

    Este esfuerzo gubernamental requiere del complemento que le puedan brindar los empresarios colombianos. Nadie mejor que un empresario exitoso para enseñarnos los secretos del negocio, más aun cuando la paz reclama esa actitud solidaria de todos los colombianos.

    Por eso vamos a fomentar las alianzas estratégicas entre microempresarios y grandes productores, de tal forma que todos tengan la posibilidad de alcanzar las tecnologías modernas. Con esto estaremos optimizando los procedimientos para la producción, el almacenamiento, la comercialización y el mercadeo de los productos. Vamos a incorporar mecanismos de financiación adecuados y compatibles con la posibilidad del negocio rentable, que deberán generar los proyectos.

    La puesta en marcha del Plan permite que los hombres y mujeres campesinos de Colombia se conviertan en nuevos empresarios, generando más empleo. Yoestaré satisfecho cuando esos colombianos tengan garantizado un ingreso digno y estable, y hayan recibido la recompensa de un proyecto productivo.

    El Plan Colombia también va a ofrecer programas eficientes de desarrollo alternativo en zonas de cultivos ilícitos. Y confío en que podremos acordar con la insurgencia los mecanismos y procedimientos que hagan posible obtener los mejores resultados en este aspecto.

    Quiero que los colombianos que viven en esas regiones puedan tener una vida digna, en condiciones de legalidad.

    Quiero que quienes, movidos por la necesidad o por el afán de lucro y optaron por el cultivo de la coca o la amapola, tengan otra posibilidad de sustento para sus familias.

    Los miles de colombianos que han sido desterrados por la violencia serán el centro de atención del Plan Colombia:

    Vamos a garantizar a los desplazados por la violencia todos sus derechos ciudadanos para que recuperen la esperanza perdida.

    La puesta en marcha de este Plan representa una alternativa de arraigo para los campesinos desplazados, ya que contarán con un programa de titulación de tierras, con zonas adecuadas para la atención temporal y de emergencia, con las estrategias para su adecuado retorno a sus tierras o bien la reubicación voluntaria.

    El Plan Colombia se ocupará también de construir o reconstruir la infraestructura física que se requiera para hacer realidad los proyectos productivos. No en la perspectiva de pavimentar una calle, construir un puente o alumbrar un billar en los pueblos lejanos y olvidados. No. La infraestructura para la paz deberá integramos, hacernos prósperos, la capacidad y fortaleza de distribuir y comercializar los productos, todo ello en estricto respeto a los ecosistemas y a las culturas y tradiciones que definen nuestro ser nacional, rico y diverso.

    También en el terreno de la infraestructura, la participación, que es la expresión colectiva de la libertad, será el fundamento de las decisiones.

    Todos los programas y proyectos del Plan Colombia deberán servir al propósito de hacer libres a los colombianos. Libres de la pobreza, libres de la exclusión, libres de la violencia, libres del analfabetismo, libres del desempleo.

    Para asegurar los recursos financieros del Plan Colombia hemos creado el Fondo de Inversión para la Paz, que se nutrirá de aportes del Estado, del sector productivo y la comunidad internacional.

    El manejo de este fondo será absolutamente transparente. Por lo que las deliberaciones, el proceso de toma de decisiones, la administración de recursos y los resultados de la gestión, de sus programas y proyectos serán ampliamente conocidos y estarán abiertos al escrutinio de la sociedad.

     Vamos a manejar en urna de cristal todos esos recursos con los que construiremos la paz.

    Invito a todos los colombianos para que hagan parte de la solución, y aporten a este proyecto según su justa capacidad. Me llena de satisfacción que hoy ya hayan 5.000 contribuyentes del Estado, que por medio del pago de los Bonos de Paz, van a ser los primeros en colaborar con los propósitos del Plan Colombia y en ayudar a la solución de los problemas de las zonas olvidadas de Colombia.

    En los próximos días el Gobierno anunciará el mecanismo con el que los colombianos sin distingo de condición social o política, podremos contribuir con este propósito. Quiero que todos los colombianos se llenen de entusiasmo y que colaboren con el fondo en la medida de sus capacidades.

    Si cada uno de nosotros aportara 100 pesos, sólo 100 pesos, esa pequeña cifra multiplicadora servirá de base en la construcción de la paz que queremos. Señoras y señores, este es el momento en el que todos tenemos que escribir esa nueva página en la historia de Colombia.

    En esa nueva página escribiremos con mayúsculas equidad, justicia social y reconciliación. La responsabilidad que tenemos con nuestros compatriotas exige participación y compromiso.

    Hoy en Puerto Wilches estamos escribiendo los primeros renglones de esa página. En un año quisiera volver para ver con alegría todo lo que hemos avanzado.


    Lugar y fecha

    Puerto Wilches, Santander
    19 de diciembre de 1998

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