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  • ESFUERZO CONJUNTO DEL ESTADO Y LA EMPRESA PRIVADA PARA HACER DEL ARTE UN CAMINO CREATIVO HACIA LA PAZ

    INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN “OBRAS MAESTRAS DE LA PINTURA EUROPEA: COLECCIÓN GUSTAV RAU”

    Comencemos por un acertijo, digno de ser respondido por Edipo ante la figura implacable de la esfinge:

    ¿En qué se relacionan las autopartes, los caldos en cubo, un hospital en el Congo y la más importante exposición de pintura que haya llegado jamás a Colombia?

    Aparentemente en nada. Pero sí hay una respuesta que los vincula a todos, y esa respuesta es un hombre excepcional con una historia igualmente excepcional: el médico, filántropo y coleccionista alemán Gustav Rau.

    Hablar de Rau es hablar de las infinitas posibilidades del espíritu humano y de los campos de acción donde podemos crecer y evolucionar. Heredero de un importante emporio empresarial de autopartes, así como de la fortuna de su tío, el inventor de los caldos en cubo, Gustav Rau vivió la primera mitad de su vida dedicado a las labores industriales, como un economista laborioso. Pero no era suficiente, así que, pasados los 40 años, decidió estudiar medicina y especializarse en pediatría, meta que alcanzó a los 47 años de edad.

    Entonces partió al África a ejercer la medicina en diversas tareas humanitarias, y construyó un hospital para atender a los niños del Congo. Vivió una vida austera y entregada a los demás, permitiéndose un único lujo: adquirir, en las más importantes subastas de arte del mundo, las mejores obras artísticas, las más humanas, las que más lo enamoraban, y formar así la segunda colección privada de arte más importante de Europa.

    Como un digno epílogo de su vida, antes de su muerte, Gustav Rau donó su colección de arte a la Unicef, para que sirviera de apoyo a labores humanitarias por la niñez.

    Y sigo con los acertijos: ¿En qué se relacionan, ahora, Tokio, París, Rotterdam, Colonia, Munich, Bérgamo y Bogotá?

    La respuesta es muy sencilla: En que son las únicas ciudades del mundo donde, hasta la fecha, se ha expuesto la muestra de obras maestras de la pintura europea pertenecientes a la Colección Rau, basada en una selección realizada por el mismo Gustav Rau y por Marc Restellini, director artístico del Museo del Luxemburgo en París y curador de la exposición.

    ¡Qué privilegio, señoras y señores, ser la primera ciudad de América en recibir, como invitadas de honor, a las más representativas pinturas del arte europeo desde el siglo quince hasta el siglo veinte!

    Éste es un privilegio que debemos agradecer y aprovechar, y cuya consecución tiene nombre propio, un nombre que ya nos había traído en el 2000 a lo mejor de Picasso, que nos devolvió el año pasado a la mágica aventura naturalista del Barón von Humboldt en nuestro país y que culminó también la trascendental obra de restauración integral del Museo Nacional. Me refiero, por supuesto, a Elvira Cuervo de Jaramillo, alma y nervio de esta exposición, quien merece, sin duda, el más entusiasta reconocimiento y aplauso.

    También quiero reconocer el inmenso apoyo que hemos recibido del pueblo de Francia, muy especialmente la labor del Embajador Daniel Parfait; del Presidente del Senado, Christian Poncelet, y de los legisladores que hoy nos acompañan. Igualmente es destacable la colaboración y aportes del Banco de la República, del Ministerio de Cultura, de SVO Art y de las empresas privadas que han patrocinado esta exposición, así como la gestión de Nohra, quien también intervino para que el mismo Gustav Rau, antes de su muerte, aprobara la visita a Colombia de esta muestra excepcional que hoy nos congrega y nos admira.

    ¡Qué bueno saber también que, siguiendo el espíritu humanitario de Rau, parte del dinero recaudado por el pago de las entradas se destinará al Centro Integral de Rehabilitación de Colombia –Cirec- que trabaja para la recuperación de los niños víctimas de las minas antipersonales! ¡El arte universal se hermana así con la causa de los que pierden todo a manos de la violencia!

    Apreciados amigos:

    No es una exageración si decimos que la exposición que hoy se inaugura es el evento de artes plásticas más importante en toda la historia de nuestra nación.

    Aquí veremos, aquí verán los miles y miles de visitantes que tendrán el placer de visitar esta muestra, las obras sacras de Fra Angélico, pintadas en 1424, cuando apenas comenzaba el Renacimiento italiano. Aquí se encuentran la clásica vista de Venecia que inmortalizó a Canaletto y la continuidad de su visión arquitectónica en la obra de su sobrino Bernardo Bellotto. También, por supuesto, una muestra del principal maestro de la escuela veneciana: Tiepolo.

    Tenemos, asimismo, una representación excelsa del mejor barroco flamenco; retratistas alemanes del siglo dieciséis, como Lucas Cranach “el Viejo”, o ingleses del siglo dieciocho, como Joshua Reynolds y Thomas Gainsborough.

    ¡Y qué decir de El Greco y de José de Ribera, dos de las mayores figuras del manierismo y el barroco español del siglo dieciséis! La serena devoción del Santo Domingo de El Greco dejará, sin duda, una huella indeleble en el corazón de quien lo admire.

    A Francia y su prolífica pintura, la apreciaremos en sus artistas de los siglos diecisiete al veinte. Comenzando por paisajistas como Millet, representantes del periodo rococó como Fragonard, románticos como Corot, realistas como Courbet, o preimpresionistas como Boudin y Manet. Por supuesto, están los grandes impresionistas como Monet, Renoir, Pissarro y Degas, y post-impresionistas como Toulouse-Lautrec y Cézanne, el padre del arte moderno, hasta llegar a simbolistas como Redon y Vuillard, o fauvistas, de colores violentos e imposibles, como Derain, entre otros varios.

    También están acá el genial austriaco Gustav Klimt; el atormentado noruego, padre del expresionismo, Eduard Munch, y el italiano Giorgio Morandi, con sus naturalezas muertas llevadas al punto más esencial de la pintura.

    Son sólo algunos de los principales nombres entre los 83 artistas europeos de los últimos seis siglos del segundo milenio que hoy exponen 105 obras maestras en Bogotá, esta urbe acunada entre los cerros de la cordillera de los Andes, una ciudad que la gran mayoría de ellos nunca soñaron ni en sus más alucinadas fantasías.

    Muchos de estos maestros de la pintura universal no sabían tampoco que sus obras vendrían a reencontrarse, en pleno siglo XXI, con otras hijas de su talento inagotable que, para su asombro, se han quedado a vivir para siempre en el barrio de La Candelaria de Bogotá, más exactamente a una puerta de distancia de la Casa de la Moneda, gracias a la generosidad ilimitada de nuestro artista Fernando Botero.

    ¡Es cierto! La Mujer Algeriana, de Corot, y su Camino hacia la Casa de la Campiña, que vienen con la Colección Rau, se llevarán una grata sorpresa cuando se encuentren con la Gitana con Pandereta y El Pequeño Valle, ahora más bogotanas que nunca gracias a la Donación Botero.

    Cuando veamos La Playa en Trouville, de Boudin, sabremos que muy cerca, y como complemento de esta excursión cultural, tenemos también El Puerto de Trouville.

    Las Dos Jóvenes mirando un Álbum, de Degas, se pondrán felices al reunirse con la Mujer que él esculpió en bronce y con esa otra Mujer en el Baño que dibujó con lápiz y pastel.

    También Monet, Pissarro y Sisley podrán comparar estilos y periodos al ver las obras de sus manos que se quedaron a vivir con nosotros. Y Caillebote dirá que no hay mejor lugar para escampar del frío de Los Techos cubiertos de Nieve que dando un paseo por esa otra colorida Llanura de Gennevilliers.

    Como para no perderse será el encuentro, entre risas, lágrimas y abrazos, que habrá de sucederse entre Gabrielle, la Bailarina, que hoy nos trae Toulouse-Lautrec, y su Bebedora de Ajenjo que desde hace más de año y medio recibe las miradas curiosas de los estudiantes capitalinos.

    También la Mujer Vieja, de Klimt, se pondrá a charlar con su parienta, la Señora Wittgenstein, que ya está acostumbrada a tomar chocolate con almojábana en “La Puerta Falsa”, tal vez acompañadas por Madame La Fontaine, que ahora recibe la visita entrañable de Monsieur André Bénac y de su mismísimo padre, el pintor Edouard Vuillard.

    Y no sé por qué, algo me dice que la Ventana Abierta en Uriage que hoy nos llega desde Europa, pintada por Bonnard, seguramente conduce a ese otro cuarto de baldosas de colores donde se encuentra la hermosa muchacha del Desnudo con Silla, que ya sabe predecir el clima según se vean las nubes detrás de Monserrate.

    ¡Son tiempos de reencuentros y de magia! Ese es el arte y esa es la fantasía universal que ahora llega a los bogotanos y a Colombia entera de la mano de la Colección Rau.

    Apreciados amigos:

    Como Presidente, y como amante del arte, me siento muy feliz al haber asistido durante mi mandato a las más grandes pruebas de fe en el porvenir de Colombia a través del arte, como lo fueron la Exposición de “Picasso en Bogotá”, las “Donaciones Botero” de Medellín y de Bogotá, y el Trigésimo Octavo Salón Nacional de Artistas que tuve oportunidad de instalar en Cartagena a fines del año pasado.

    En medio de las dificultades económicas y de orden público, no cabe duda de que la cultura y el arte se las arreglan siempre para ser más grandes y más fuertes que las dificultades.

    Lo que vivimos hoy, cuando se inaugura la más importante exposición de pintura en la historia de nuestro país, es el broche de oro de este esfuerzo conjunto del Estado y la empresa privada por hacer del arte un camino creativo hacia la paz.

    El paisaje colorido y vibrante del Mar en L’Estaque, de Cézanne; la dulce y suave mirada de la hermosa Mujer con Rosa, de Renoir, y la ternura de la Mujer amamantando al Niño, de Mary Cassat, tres de las obras más representativas de la Colección Rau, son el símbolo de la tierra y la gente que queremos: tierra bella, pacífica y productiva; gente buena y amorosa que haga de la vida una fiesta de luz y de serena alegría.

    A todos los que hicieron posible este prodigio de exposición, ¡muchas gracias! La fuerza del arte es la fuerza de la vida, y lo que hoy vivimos, la colección que hoy recorreremos, con devoción de místicos y con la exaltación de un adolescente enamorado, son una invitación a creer en el futuro y a maravillarnos con el talento y el corazón humanos.

    ¡Hoy renacemos bañados en las aguas tersas y cálidas del arte! ¡Gracias, Gustav Rau, y gracias a todos los creadores que han puesto su magia y su vida entera en estos lienzos! Su regalo es un don de luz y de color que alumbra amorosamente nuestra existencia.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    27 de junio del 2002

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