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  • FIRME COMPROMISO DE COLOMBIA EN LA PRESERVACIÓN Y FORTALECIMIENTO DE LAS RELACIONES MULTILATERALES

    SALUDO AL CUERPO DIPLOMÁTICO ACREDITADO EN EL PAÍS

    Estimados Embajadores, señores representantes de organismos internacionales acreditados en Colombia y amigos:

    Al darles la bienvenida a esta Casa de Nariño quiero agradecer a los Señores Embajadores y Jefes de Misión su presencia en esta ceremonia de Saludo del Honorable Cuerpo Diplomático al Presidente de la República. Reciban todos ustedes, los gobiernos, los pueblos y los organismos internacionales que representan, nuestros más sinceros votos por el éxito, el bienestar y el progreso en el año 2000.

    El mundo entero celebró con júbilo el advenimiento del nuevo milenio. En todas las latitudes, en todos los idiomas, la noche de Año Nuevo se convirtió en la más espontánea y grandiosa celebración de la fraternidad universal. Naciones con diferentes formas de medir el tiempo y dividir la historia, con distintos calendarios y visiones del mundo, se unieron esa noche para recibir el tercer milenio con la más inmensa fiesta que se haya realizado en la historia de la humanidad: una celebración de nuestra unidad como raza humana, una impresionante y multitudinaria manifestación de esperanza en un mejor futuro.

    El cielo colombiano, como el de todo el mundo, se vistió con las luces de los fuegos pirotécnicos que iluminaron esa noche las ciudades y los campos, las murallas de Cartagena, las orillas de los ríos en nuestras montañas y llanos. En el corazón de cada colombiano destelló la esperanza de recuperar la paz con justicia social, consolidar la convivencia ciudadana y la reconciliación, y construir una Nueva Colombia, fundada en una ética del respeto a la dignidad humana.

    El pueblo y el gobierno colombianos tienen muchas razones para comenzar el milenio con optimismo. La recuperación de una de las más difíciles crisis que ha atravesado la economía colombiana en su historia comienza a hacerse realidad. El viejo anhelo de lograr la paz, de dejar definitivamente atrás un conflicto que ha azotado al país durante muchos años, adquiere renovado impulso al comenzar la nueva centuria. A la firme determinación con que a lo largo de mi gobierno hemos buscado el camino de la paz, a la agenda común acordada el año pasado con las FARC, y a la tregua unilateral que, como acto de buena fe y respondiendo a un llamado del Presidente, realizó esa organización guerrillera durante la época de Navidad y Año Nuevo, se vino a sumar la continuación de las negociaciones durante el mes de enero con renovado impulso. Es por eso que hoy, más que nunca, cada colombiano está convencido de que es posible acallar los fusiles y hacer la paz.

    Contamos para ello con el más firme apoyo y la total solidaridad de todos los pueblos, gobiernos y organismos internacionales del mundo, quienes han acogido con generosidad e interés las tareas emprendidas en el marco de la diplomacia para la paz para concretar mecanismos y aspectos en los que la comunidad internacional pueda contribuir a nuestros esfuerzos.

    El viaje a Europa de algunos voceros del Gobierno, de la insurgencia y de sectores representativos  de la sociedad colombiana a fin de conocer de primera mano el funcionamiento de las instituciones políticas, económicas y sociales de diversos países, el cual ha representado un importante activo no sólo para el acercamiento entre las partes sino también para la credibilidad del proceso, ha sido posible gracias al apoyo y colaboración de los países visitados. A ellos, y en general a todos los estados y organismos internacionales aquí representados, que de una u otra forma han manifestado y hecho efectivo su respaldo al proceso de paz y al Plan Colombia, quiero expresarles el sincero agradecimiento del pueblo y del gobierno colombiano.

    Por otra parte, dentro del esfuerzo de alcanzar una paz justa y duradera para Colombia, venimos realizando contactos directos con el ELN, con quienes avanzamos en la búsqueda de mecanismos que permitan la realización, lo antes posible, de la Convención Nacional y del diálogo bilateral. Confío en que lograremos muy pronto convenir el lugar y las garantías para poder desarrollar estos propósitos.

    El compromiso de mi gobierno en el tema de la paz, con el firme respaldo de la comunidad internacional, implica el gran reto de llevar a cabo un proceso de dialogo directo con la insurgencia y la realización de las profundas transformaciones políticas, económicas y sociales que requiere la Colombia próspera, pacífica y más igualitaria que queremos construir. Una Colombia cuya economía tenga como objetivo primordial asegurar la igualdad de oportunidades y la justicia social. Una Colombia que no tolere violación alguna de los derechos humanos y que combata con todo el rigor de la ley a quien actúe al margen de la legalidad.

    Entre los esfuerzos que adelanta el Gobierno Nacional por humanizar el conflicto merecen mención especial la sanción de la ley que aprueba la Convención de Ottawa “sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales y sobre su destrucción”, así como de la Ley 548 de 1999 que prohibe la incorporación a las filas de las fuerzas militares de menores de 18 años. No vamos a permitir que las minas antipersonales sigan mutilando y asesinando inocentes ni que los menores colombianos sigan sirviendo de carne de cañón en el enfrentamiento bélico.

    Por ello quiero enfatizar en lo siguiente: el Derecho Internacional Humanitario, con el cual nos encontramos identificados, no es obligación únicamente del Gobierno Nacional, sino que lo es también de todas las fuerzas que hacen parte de un conflicto armado. Invito a la insurgencia a seguir el ejemplo de las legítimas fuerzas de seguridad del Estado, destruyendo las minas antipersonales que tengan en su poder o que hayan sembrado en los campos colombianos. Los exhorto a parar de reclutar menores de edad y a abandonar la demencial estrategia de destruir la infraestructura física y energética del país en detrimento de toda la población. Si pretenden luchar por los intereses del pueblo, la mejor muestra de ese interés sería dejar de amenazar, mutilar y asesinar a ese mismo pueblo con actos terroristas que han merecido el repudio nacional e internacional.

    Señores Embajadores:

    Ustedes han sido testigos de excepción de la nueva proyección internacional que Colombia ha adquirido durante mi gobierno. Sobre la base de la larga tradición de posiciones compartidas en las áreas política, económica y cultural, estamos llevando a cabo una activa política exterior que se desarrolla en distintos escenarios geográficos.

    Como país andino nos hemos propuesto profundizar la integración subregional, otorgándole una dimensión social y cultural, así como diseñando una política exterior común para la Comunidad Andina.

    Colombia asumió el mes pasado la Secretaría Pro-témpore del Grupo de Río, el mecanismo informal de concertación política más importante de América, y desde esta posición promoveremos su fortalecimiento y su consolidación como actor en el escenario mundial, incrementando la presencia del Grupo en los foros internacionales.

    Temas críticos de la agenda global, como el problema mundial de las drogas ilícitas, la inaplazable defensa del medio ambiente, la protección de los derechos humanos y la búsqueda de una estabilidad financiera internacional, requieren del concierto de las naciones a través de mecanismos multilaterales que posibiliten encontrar soluciones conjuntas. De ahí el firme compromiso de Colombia con la preservación y el fortalecimiento del multilateralismo, como el medio idóneo para afrontar los grandes desafíos de la humanidad.

    Las relaciones económicas entre las naciones deben basarse en parámetros de libertad y de equidad. Por eso rechazamos los nuevos proteccionismos, que no sólo van en contravía de los compromisos multilaterales pactados en la Organización Mundial del Comercio, sino que afectan indebidamente los legítimos esfuerzos de las economías en desarrollo, para alcanzar mejores condiciones de vida y más y mejores empleos para su gente.

    Estimados Embajadores, señores representantes de organismos internacionales acreditados en Colombia y amigos:

    Colombia agradece el firme apoyo que ustedes, sus ilustrados gobiernos y los organismos internacionales le han dado a la solución negociada del conflicto interno que atraviesa el país. Su solidaridad con el proceso de paz merece el reconocimiento del pueblo y del gobierno de Colombia. Ahora, cuando nos disponemos a presentar los proyectos que incluye el Plan Colombia para la consecución de apoyo financiero de la comunidad internacional en el Grupo Consultivo, requerimos más que nunca su apoyo y colaboración. Sólo así estaremos en condiciones de asegurar el éxito de la Mesa de Aportantes que realizaremos en Madrid hacia mediados del año en curso. Contamos con ustedes en la certeza de que la solución del conflicto colombiano interesa al mundo, tanto por el aporte a la seguridad internacional que representa una Colombia en paz, como por el significativo avance que la paz del país representaría para la lucha que libra la humanidad contra el flagelo de las drogas ilícitas.

    A ustedes, a su discreción y respeto por el principio de la no intervención, a su permanente disposición para colaborar en el logro de la paz para Colombia, se debe en buena medida el éxito que ha tenido el proceso iniciado y la diplomacia para la paz que hemos venido adelantando. Sus voces de apoyo y solidaridad constituyen para mi pueblo y para mi gobierno un formidable estímulo para seguir adelante en la búsqueda de la paz.

    Al reiterarles mi sincero agradecimiento y exhortarlos a seguir apostándole al futuro de Colombia, quiero decirles que con amigos como Ustedes, como los gobiernos y organismos internacionales que representan, Colombia ya se siente acompañada en el escenario internacional.

    Muchas Gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    16 de febrero del 2000

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