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  • GLOBALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS EN LAS BOLSAS DE VALORES

    70 aniversario de la Bolsa de Valores de Bogotá

    Primero que todo, quiero excusar mi asistencia a este importante evento, pero hace ya varios días mi despacho vio la necesidad de cancelarla, debido a que en estos momentos me encuentro en la ciudad de Cali en la posesión del nuevo Comandante General de la FAC. Sin embargo, he delegado en el vicepresidente Gustavo Bell la tarea de representarme y así demostrarles la relevancia que este aniversario de la Bolsa de Valores de Bogotá tiene para mi Gobierno.

    La conmemoración que nos reúne va más allá de la importancia institucional de la Bolsa de Bogotá, pues no sólo es su pasado lo que congrega al país alrededor de esta celebración, sino las tareas que los colombianos debemos coronar con éxito en el inmediato porvenir, para garantizar un venturoso bienestar a las generaciones del siglo XXI.

    Una entidad tan imbricada en el progreso económico de la Nación permite percibir de manera anticipada nuestro futuro, pues la Bolsa, como termómetro de las expectativas, nos brinda señales sobre la corrección de nuestro rumbo. La respuesta del índice de precios de las acciones a los esfuerzos del Gobierno por estabilizar la economía colombiana frente a los embates de la crisis de una economía globalizada que actúan sobre desequilibrios actuales y potenciales, de orden fiscal, cambiario y del mercado laboral, nos alientan a mantener con firmeza el timón hacia el destino seguro de una economía estabilizada.

    El país no puede olvidar que sus experiencias pasadas de políticas de ajuste, cuando se han ejecutado anteponiendo los intereses de la Nación sobre los particulares, siempre han sido sucedidas por períodos de vigoroso crecimiento. Mientras en América Latina la década de los ochenta fue perdida, Colombia, en razón de haber realizado oportunos sacrificios, pudo mostrar tasas de crecimiento positivas a pesar de la recesión que agobió nuestro vecindario y la consecuente dificultad para acceder a los mercados financieros internacionales.

    La economía globalizada es más exigente en cuanto a la conducta de los dirigentes de las naciones. En forma inmediata los aciertos o los yerros son registrados por los mercados mundiales. Por ello, la gradualidad en los procesos de ajuste macroeconómicos ha sido limitada como alternativa, requiriéndose, entonces de decisiones más radicales, de real impacto correctivo y de mayor sentido de la oportunidad.

    Con los intereses de la Nación en mente, el Gobierno, desechando el oportunismo de preservar la popularidad de corto plazo, ha decidido, sin tardanza, producir las medidas de corrección. Es esta voluntad política la que inspira tanto las medidas de orden tributario, que con sentido patriótico propio del momento, se están tomando en el Congreso Nacional, como también las que en uso de las facultades de emergencia y en previsión de  daños irreparables sobrevinientes de la inacción, decretó el Gobierno.

    La Nación no puede persistir manteniendo un déficit crónico de sus finanzas públicas. La reducción de este desbalance traerá consigo, como también ha sucedido en el pasado, la nivelación de las tasas de interés al rango adecuado para reactivar la producción y la generación de empleo, pues unas finanzas públicas sanas, le abren el espacio para el financiamiento de la actividad privada. Pero, además y no menos importante, logro de un presupuesto equilibrado incidirá de manera positiva en la corrección de los desequilibrios cambiarios.

    Tampoco puede el país ignorar que se estaba fraguando una debilidad estructural en el sistema financiero colombiano. Mal podía un gobernante prudente no ser diligente y esperar a que las manifestaciones de la endemia fueran críticas para proceder en consecuencia.

    Administrar es prever. La adecuada toma de decisiones en política económica obliga a anticipar a los mercados, que ya empezaban a registrar el deterioro  de la cartera del sistema bancario cuya concreción, al sumarse a la crisis del sistema cooperativo de ahorros, hubiera generado efectos nefastos e inimaginables.

    Gracias a las decisiones de la emergencia económica se ha dotado a la Nación  de mecanismos y herramientas para conjurar la amenaza de una fragilidad en el sistema financiero, que de haberse producido, los más directos perjudicados serían los pequeños ahorradores. Por eso resulta mezquino calificar este esfuerzo de la Nación como la intención de salvar a los inversionistas operadores del sistema. No, lo que estaba en juego era y es el ahorro de los colombianos, cuya preservación es una orden constitucional y obligación del Gobierno.

    Sólo luego de asumir el rumbo de la estabilización económica, resulta pertinente la definición de las prioridades del mercado de capitales, pues en un  escenario de crisis fiscal y de fragilidad financiera ¿cómo podría existir un mercado de capitales vigoroso y profundo como el que la Nación demanda?

    La economía global es sinónimo de mercados de capitales dinámicos e integrados. Sin este requisito la competitividad internacional de las producciones nacionales pierde nivel, pues los costos de capital resultan más altos, la movilización y asignación del ahorro más engorrosa, a  tiempo que se limita la capacidad de atracción de los flujos globales de recursos.

    Disminuida la presión del financiamiento público sobre el mercado colombiano, como fruto de los ajustes comentados, se abrirá de nuevo el mundo de las oportunidades para lograr también una financiación sana del sector privado, en la que se conjuguen en adecuadas proporciones el endeudamiento y la capitalización de las empresas. Oportunidades que ofrecerá el acceso al mercado mundial de capitales y nuestro propio mercado.

    Las Bolsas de Valores, como operadores del mercado de capitales, hay que reconocerles el esfuerzo de adecuación a las condiciones nuevas de la economía global, desplegado con especial énfasis durante lo corrido de esta década. No obstante el país demanda no disminuir el esfuerzo renovador. La Bolsa de Bogotá, en su calidad de decana de estas instituciones, tiene que coadyuvar a una mejor integración bursátil y a ampliar a toda la geografía nacional la prestación de sus servicios.

    Con una mayor cobertura e integración, las Bolsas de Valores concurren a la cita histórica del cambio que estamos produciendo en Colombia. La conquista de la paz y la reconstrucción y el saneamiento de las heridas que esta guerra fratricida nos ha inflingido, requerirán el mancomunado esfuerzo de todos nosotros.

    La sociedad democrática y venturosa que emergerá del cambio que hemos comenzado necesitará de las Bolsas de Valores para ofrecer oportunidades de crecimiento a todos los colombianos.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    3 de diciembre 1998

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