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  • GOBIERNO AUTORIZA DESPEJE EN CINCO MUNICIPIOS

    Apoyado en la Constitución y la Ley, que juré cumplir como Presidente de Colombia y con la confianza irrestricta en la capacidad de reconciliación de los colombianos, he tomado la decisión de ordenar el despeje por parte de la Fuerza Pública en los municipios de Uribe, Mesetas, Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta y de San Vicente del Caguán en el departamento del Caquetá. Esta medida estará vigente durante 90 días y tiene como finalidad facilitar los diálogos entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Farc, que puedan conducir a un proceso de paz consolidado y firme.

    Esa paz que nos ha sido tan esquiva y que anhelamos todos, para terminar por fin con largos años de conflicto, de desgarramiento interno, de crueldad y de violencia.

    La inmensa mayoría de los colombianos quiere la paz y está dispuesta a pagar el precio por ella, siempre y cuando signifique más democracia, más justicia social, más igualdad de oportunidades. Siempre y cuando podamos conservar con ella nuestro estado de derecho, cuya defensa nos ha costado tantos años de esfuerzo y sacrificio.

    La Oficina del Alto Comisionado para la Paz ha cumplido una difícil tarea de consulta y pedagogía política bajo la dirección del Presidente, en busca de los consensos imprescindibles para la comprensión del significado del despeje, el cual busca en primer lugar crear un clima de confianza, para un diálogo sobre los problemas fundamentales del país y la búsqueda de acuerdos para solucionarlos.

    La paz de Colombia no será una paz de vencedores ni vencidos, sino la construcción de una nueva democracia. Esa es la salida que señala una negociación política.

    Con las Farc coincidimos en señalar la existencia de una Colombia en donde hay injusticia, exclusión y desigualdades sociales. Considero ello un punto de partida para iniciar los diálogos de paz. Igualmente también hay coincidencia en el propósito de erradicar para siempre de Colombia el flagelo del narcotráfico, una necesidad impostergable de la Nación colombiana que requiere una apoyo audaz por parte de la comunidad internacional.

    En general, hago un llamado al Secretariado de las Farc para que aprovechemos esta oportunidad y sin temas vedados le demos sentido al diálogo para convertirlo en una negociación sincera que conduzca a una paz verdadera y sostenible. El diálogo es una oportunidad de recomposición colectiva. No puede quedar nadie por fuera del resultado de esa acción de recomposición.

    Estamos en el momento histórico en el cual debemos pasar de la retórica de paz a los hechos de paz. Tenemos la obligación de crear espacios de confianza que permitan afianzar la credibilidad del proceso que tenemos por delante. Buscamos un nuevo capítulo de la historia de Colombia que fortalezca la unidad nacional proyectada vigorosamente hacia el Siglo XXI. Las instituciones serán reformadas, para así consolidar las bases de una sociedad que cada día sea mejor.

    Se trata que el Estado, el pueblo, la Nación entera, salgan fortalecidas de la reconciliación con aquella parte de Colombia que hasta la fecha se ha manifestado por la vía de las armas.

    Muchos procesos de paz han conducido a un escenario de grandeza donde cabemos todos. Las transformaciones que surjan de éste y de todo esfuerzo de paz, tendrán la capacidad de dirigir el país hacia un futuro de convivencia y respeto; porque serán leyes para todos y no para el beneficio de unos pocos.

    Quienes hoy encuentran en el ejercicio de las armas su única razón de existir, mañana encontrarán en la ciencia, la tecnología, el trabajo, la producción, la cultura, el arte, la libertad y el ejercicio político, un magnífico menú de opciones y esperanzas.

    No sólo todos tenemos que reformarnos sino que todos tenemos que modernizarnos.

    Ningún colombiano, incluida la guerrilla, quiere que la paz se haga a espaldas de las Fuerzas Armadas. Todo será compartido con ellas. Si hay paz el joven oficial de hoy en el año 2030 cuando sea general de la República  estará dedicado a cuidar nuestras fronteras, nuestros mares, nuestro oxígeno, nuestros recursos naturales.

    La fuerza pública no puede ser vencida, ni va a ser vencida en las negociaciones de paz porque entonces el vencido sería el Estado colombiano. Lo que vamos a vencer es el abuso en el ejercicio de la función pública que conduce a la ilegitimidad y al colapso de la democracia.

    El proceso de paz precedido del gran diálogo en las zonas de distensión, será una oportunidad de abrir nuestro corazón al mundo. Eso significa transparencia, compromiso democrático y capacidad de recibir los beneficios de la civilización.

    A las autoridades regionales y locales, a las comunidades y a las organizaciones sociales en las zonas de distensión quiero decirles que éstas servirán para unirlas más estrechamente al conjunto de Nación colombiana. En esos municipios tenemos mucho que aprender sobre ecología, aire, agua, oxígeno, animales y árboles que se están extinguiendo en otras partes y que allí viven y allí se reproducen. No por casualidad forman parte de un ecosistema esencial para el futuro del mundo, que es la Amazonía.

    Colombianos: gobernar un país como él nuestro no es fácil. Pero es profundamente satisfactorio por la calidad de nuestra gente y nuestras riquezas culturales y naturales. Quiero decirles que si avanzamos firmemente en la paz, dejaremos atrás los costos de la guerra y los elevados recursos que tenemos que destinar hoy para defendernos de la muerte, podremos destinarlos mañana para construir vida.

    A partir de la fecha he dictado las medidas necesarias para que se lleve a cabo la instrumentación necesaria que permita a partir del 7 de noviembre y hasta el 7 de febrero de 1999 llevarse a cabo la verificación de la orden presidencial y el diálogo que conduzca a viabilizar la salida política al conflicto armado.

    Con la ayuda de Dios y de todos ustedes, conservadores, liberales, independientes, guerrilleros, hombres sin partido, es decir, de Colombia, estamos Cumpliendo.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
     14 de noviembre de 1998

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