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  • GOBIERNO SE SUMA A LA CRUZADA POR EL BUEN TRATO INFANTIL

    Lanzamiento de la Cruzada Nacional por el Buen Trato Infantil

    Con verdadero orgullo de colombiano asisto hoy al lanzamiento de la Cruzada Nacional por el Buen Trato Infantil. Encuentro en esta reunión a muchos amigos. La presencia de todos constituye la mejor prueba de que en Colombia, a pesar de las dificultades por las que pasamos, hay gente solidaria que está dispuesta a participar en el proceso de transformación que hemos iniciado.

    He repetido con orgullo las palabras de Nohra que señalan que’ ‘la paz empieza por casa’ “, Hoy lo vuelvo a hacer consciente de la dedicación con que ella ha continuado la tarea de trabajar por el bienestar de la familia colombiana. Así lo ha venido haciendo, con desinterés y eficacia, por muchos años. Con amor y cuidado, Nohra ha demostrado que la comprensión, la ternura y el cariño son sentimientos y valores insustituíbles en la educación de los niños.

    Lo anterior me convence de que la decisión y la actitud con que Nohra ha participado en el diseño y ejecución de las políticas de mi Gobierno con respecto a la familia, a los niños y a los jóvenes parte de su convencimiento de que los valores que le inculquemos a los niños colombianos son elementos
    fundamentales  para un sano desarrollo personal.

    Hoy nos encontramos reunidos en torno a una idea que implica la acción decidida del Estado. Para ello he comprometido los mejores esfuerzos de las instituciones que dependen del Gobierno para que colaboren eficazmente en esta cruzada.

    Antes de avanzar en el compendio de la tarea del Gobierno en este tema quiero presentar a ustedes algunos de los hechos que describen la situación actual de muchos de nuestros niños y familias.

    El primer paso para transformar el maltrato en Buen Trato es reconocer que los niños y niñas son el presente de Colombia, no el futuro. Es reconocer a los niños y niñas como ciudadanos. Esto no significa que les pongamos a cargar las responsabilidades del mundo adulto. Quiere decir que ellos están en capacidad de construir, conjuntamente con el mundo adulto, la sociedad en la cual viven.

    Hay que abrir los espacios para que los niños y las niñas se relacionen con su entorno a través de los aspectos más positivos del ser humano. No para que se relacionen a través del miedo, la humillación, la impotencia y la violencia. Es doloroso que alguien sea violento con nosotros. Pero es devastador que quien nos  iera sea quién debe protegernos.

    Más de una tercera parte de las mujeres colombianas han sido agredidas verbalmente. Un veinte por ciento han sido agredidas físicamente. Una tercera parte de las mujeres maltratadas golpean a sus hijos. En más de una cuarta parte de los casos de violencia conyugal, los hijos han presenciado episodios de agresión a la madre. La violencia conyugal afecta a los hijos produciéndoles trastornos psicológicos, actitudes agresivas. Problemas de aprendizaje, huida del hogar y pérdida de respeto a los padres. El castigo físico y la humillación continúan siendo métodos educativos ampliamente practicados en todos nuestros grupos sociales.

    Me he permitido extenderme en estas cifras para que desarrollemos una conciencia crítica sobre el tema que hoy nos convoca: la necesidad de eliminar radicalmente la intolerancia y la violencia y desarrollar fórmulas gratas de buen trato. Quisiera invitarlos a compartir un nuevo propósito nacional: transformar nuestros actos en familia para hacer de la convivencia pacífica un logro diario. Aprendamos a ser afectuosos sin controlar, a apreciar sin juzgar, a criticar sin condenar, a discutir sin herir; en fin a resolver nuestros conflictos sin apelar a la violencia.

    El Gobierno entiende que el grupo familiar debe ocupar un lugar preponderante dentro de nuestras estrategias de desarrollo social. Al fin y al cabo, el propósito del desarrollo es aumentar el bienestar de los hogares en todo sentido. De nada -o de poco- sirve ir afirmando que la familia es el núcleo esencial de la sociedad, el centro de la vida social, si no compartimos el propósito de hacer de ella un espacio de tolerancia, paz y creatividad.

    El Gobierno Nacional está poniendo en práctica una política de Estado para la erradicación de la violencia familiar. Ella nos permita tener un conjunto de acciones institucionales orientadas a disminuir la ocurrencia y la frecuencia de episodios de violencia y maltrato en el seno de la familia. Este plan, que constituye uno de los pilares fundamentales de nuestro compromiso presidencial, es una estrategia decidida para contribuir a la regeneración del tejido social en Colombia tan afectado por diversos fenómenos de violencia.

    Esta política está basada en un compromiso del Gobierno para fortalecer el Sistema Nacional de Bienestar Familiar y articular todos los esfuerzos de las instituciones que lo conforman. El Instituto Colombiano de Bienestar familiar debe coordinar todas las acciones y asegurar que las diferentes organizaciones que conforman el sistema participen activamente en este compromiso de todos los Colombianos.

    Como parte integral del sistema, los hogares de bienestar, las madres comunitarias, las instituciones de protección, jugarán un papel fundamental en ladetección y la prevención de la violencia familiar. Será tarea de cada Centro Zonal del Instituto articular todas las acciones de entidades de Gobierno y de ONGS para el logro de objetivos concretos que se traduzcan en una disminución de la ocurrencia y de la frecuencia del maltrato. Así, el Gobierno implementa y fortalece el Sistema Nacional contra el Maltrato Infantil y el Abuso Sexual.

    A este compromiso se unen Nohra, los Ministerios de Salud, Educación, de Comunicaciones, Cultura, Justicia, el Departamento Nacional de Planeación, y naturalmente, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, entre otras dependencias para que, al final de cuatrienio, podamos mostrar disminuciones sustanciales en los indicadores sociales de violencia y maltrato familiar.

    Este compromiso de Gobierno no es posible sin una participación decidida de todos los colombianos. Acciones como la que nos convoca esta noche, demuestran el grado de compromiso y la eficacia de la sociedad civil y contribuyen a la construcción del sistema y propician la cultura del buen trato en las familias colombianas. Es en el corazón de la familia donde es posible intervenir para mitigar el peso del maltrato que recae sobre mujeres, niños y niñas en nuestro país.

    Quiero agradecer la invitación del Convenio delBuen Trato y de su presidente Rafael Santos Calderón. Deseo hacer extensivo, en nombre de los niños y niñas de Colombia, el agradecimiento a Carlos, a Margarita Rosa, a Martha, a Alejandro a Andrea y a los Aterciopelados, a Joe, a Carolina, a Claudia, a Ekhymosis, a los Pelaos y a Charlie Zaa.

    Desde este momento invito a todos los ciudadanos a emprender las acciones que lleven el buen trato a nuestros hogares. Invito a las organizaciones de derecho privado, asociaciones y fundaciones de todo el país interesadas en contribuir a la causa de la convivencia familiar y la protección a la niñez a que se unan en esta Cruzada. Invito a los organismos internacionales interesados en apoyar iniciativas por la paz social en Colombia. Invito también a todos y cada uno de los servidores públicos para que se pregunten sobre su contribución a eliminar las causas de la violencia doméstica.

    Para terminar quiero recordar con especial reconocimiento la colaboración de Kike Santander que ha escrito Corazón Semilla, la canción que sirve de himno del Convenio. En ella, como en todas sus composiciones, Kike nos ratifica porque es uno de los más reconocidos en su género y uno de nuestros mejores embajadores. Con él quiero repetir que” cada niño es esperanza de paz, si aprendemos a darle el corazón’ “.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    30 de septiembre de 1998

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