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  • GRACIAS A LAS MEDIDAS ADOPTADAS, COLOMBIA HOY HA CONSOLIDADO UNA GRAN CREDIBILIDAD FINANCIERA

    CONGRESO NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE MEDIANAS Y PEQUEÑAS INDUSTRIAS EN SUS 50 AÑOS DE EXISTENCIA

    Es inevitable. Desde hace 10 días no hay otro tema ni mayor motivo de preocupación que las consecuencias que pueden acarrear los atentados terroristas, no digo contra los Estados Unidos, sino contra la humanidad entera, del pasado 11 de septiembre. El terrorismo -que tanto hemos sufrido y combatido en nuestro país- se ha convertido en un fenómeno de la máxima gravedad y peso internacional, en un enemigo al cual todos tenemos la firme decisión de contrarrestar y de vencer.

    Pero no he venido hoy, en las bodas de oro de la Asociación Colombiana de Medianas y Pequeñas Industrias -Acopi-, a hablar de ese terrorismo, cuyo análisis no corresponde a este escenario. Acá no podemos tomar las decisiones que nos lleven a derrotarlo. Para eso existen instancias como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde Colombia ocupa un papel protagónico. Pero acá sí podemos trazar una estrategia y tomar decisiones para luchar contra otro tipo de terrorismo, uno que es especialmente grave para nuestro país: el terrorismo de la desinformación, el terrorismo de las malas expectativas, el terrorismo de la desesperanza.

    ¡Frente a este terrorismo sí que tenemos medios y razones para combatirlo!

    Ante los vientos que soplan en el mundo, como ocurre en la famosa fábula infantil de los tres cerditos, muchos países temen porque han construido su economía como una casa de paja, y otros porque la han hecho de madera, pero algunos, los más previsivos, o mejor, los más responsables, se sienten mejor resguardados porque han construido su casa con ladrillos y cemento. Tal vez hacerlo constituye un trabajo más dispendioso, más demorado e incluso más costoso, pero no cabe duda de que los efectos benéficos se ven siempre en el largo plazo o cuando las emergencias tocan a la puerta.

    Desde el inicio de mi Gobierno tomé la decisión de no responder a la difícil situación económica que encontré con medidas cortoplacistas, de efectos inmediatos pero poco duraderos, seguramente muy populares pero irresponsables. Lo que hice fue asumir el compromiso que tenía con el pueblo colombiano y con su futuro, y tomar las medidas drásticas que exigían las circunstancias, sin olvidar, por otro lado, la necesidad de realizar programas de alto impacto social, como los que componen el Plan Colombia, para aliviar las necesidades urgentes de los más desamparados del país.

    Hoy, por fortuna, estamos viendo los resultados y sentimos que valió la pena haberse tomado la molestia, y quizás el desgaste, de haber construido nuestra casa con ladrillos y no con materiales atractivos y livianos, pero perecederos.

    ¿Y cuáles han sido esos ladrillos fundamentales? Ustedes los conocen mejor que nadie.

    Vamos para el tercer año consecutivo con una inflación de un solo dígito, confiando en que la de este año esté alrededor del 8%. ¡Derrotamos la inflación -que venía de tasas cercanas al 18 y al 17% en 1997 y 1998- y con ella el impuesto más costoso para los más pobres de Colombia¡ Con sólo este logro ya sentamos unos fuertes cimientos para nuestra edificación.

    Mi Gobierno recibió una economía con tasas de interés que superaban el 50% efectivo anual, que hacían imposible cualquier negocio. Hoy las hemos bajado en más de 30 puntos y se mantienen estables. Ahí tenemos un trascendental ladrillo.

    Teníamos un peso artificialmente revaluado que hacía más atractivo importar bienes extranjeros que comprar productos nacionales. Hoy tenemos una tasa de cambio libre y competitiva que fluctúa sin sobresaltos, aún en medio de crisis internacionales. Más cemento y más ladrillos para la reconstrucción de nuestra economía.

    Gracias a los mecanismos de ajuste fiscal que, con responsabilidad, hemos puesto en práctica, el déficit del sector público consolidado, que fue del 6.4% en 1999, bajó al 3.6% el año pasado y seguirá bajando este año y el siguiente. Con ello obtenemos más solidez para nuestro edificio económico.

    Con medidas de emergencia y un enérgico tratamiento evitamos que el sector financiero en Colombia cayera en una crisis sistémica y hoy está firme, fuerte, consolidado, presentando en julio utilidades por más de 251 mil millones de pesos. Para lograrlo tuvimos que invertir unos 7.6 billones de pesos –de los cuales 5 billones se destinaron a proteger el ahorro de la gente en la banca pública, 1.8 billones a aliviar la situación de los deudores del antiguo UPAC, 0.4 billones a la situación de la banca privada y 0.4 billones al sector cooperativo-. Sin embargo, el costo de impedir dicha crisis fue del 4.1% del PIB,  sustancialmente menor que el que tuvieron que pagar otras economías en similares circunstancias, que oscila entre el 10 y el 11%. ¡Otro ladrillo más para nuestra casa!

    Hemos logrado que el campo colombiano vuelva a crecer, incluso a tasas superiores al resto de la economía. Mientras el agro decreció en 1998 en un 0.87%, el año pasado creció en un 5.2% y se espera que este año crezca cerca del 4%. En 1997 la balanza comercial agropecuaria, sin café, era negativa en 25 millones de dólares, y el año pasado la misma balanza, sin café, fue positiva ¡en 500 millones de dólares! He ahí otra gran columna de concreto reforzado para nuestra construcción.

    Por si fuera poco, gracias a todas estas políticas, -acompañadas por ajustes estructurales responsables como los presupuestos austeros, la reforma al régimen de transferencias, la ley de ajuste fiscal territorial, la reforma tributaria, la ley de reactivación empresarial, la ley de juegos de suerte y azar, la creación de las zonas económicas especiales de exportación y, por supuesto, la ley de Mipymes- Colombia hoy ha consolidado una gran credibilidad financiera a nivel internacional que nos ha permitido, no sólo haber completado ya todo el financiamiento externo para este año, sino también haber comenzado a cubrir el del año próximo.

    Yo les pregunto: ¿Dónde estaríamos ahora si no hubiéramos hecho las reformas estructurales que les acabo de mencionar? ¿Dónde estaríamos si hubiéramos seguido con inflaciones cercanas al 20%, con intereses en las nubes, con un peso artificialmente revaluado, con un sistema financiero enfilado hacia una crisis sistémica, con un sistema de crédito de vivienda que hacía impagables las deudas y con el gasto público desbordado?

    ¿Con qué herramientas, con qué seguridad, con qué estructura, nos enfrentaríamos a los vaivenes de la situación mundial? Hoy no les puedo decir que seamos invulnerables. Ningún país lo es. Pero ¡qué diferencia tan grande existe entre la estabilidad y perspectivas de nuestra economía hoy, si la comparamos con la que teníamos hace tan sólo tres años!

    Superamos el duro periodo recesivo que llegó a su máximo en 1999, gracias a lo cual crecimos el año pasado -en medio de una economía en franca recuperación- el 2.8% y volveremos a crecer este año y el año próximo, tal vez no a las tasas que todos desearíamos, pero sí a tasas razonables para el entorno económico mundial y regional.

    Hace unas semanas revisamos a la baja nuestra meta de crecimiento, lo cual ciertamente no es muy alentador, aunque sí fue realista. Sin embargo, pocos apreciaron que esta revisión fue proporcionalmente más baja que la que realizaron otros muchos países como Chile, Estados Unidos, Alemania, Brasil o México, y ni hablar de las que tuvieron que hacer naciones hermanas como Argentina y Perú. No tengan duda de que si hoy podemos contar esto se debe al efecto favorable de haber puesto ladrillo tras ladrillo, de haberlos afirmado con seriedad y sin descanso, en este esfuerzo económico de los últimos tres años.

    Son tiempos de transición, en Colombia y en el mundo. ¡Y en estos tiempos de transición hemos obrado y seguiremos obrando con responsabilidad hacia el futuro!

    Apreciados amigos medianos y pequeños industriales de Colombia:

    Lo he dicho en otros escenarios y lo repito hoy ante ustedes: ¡Ya superamos lo más duro de la crisis económica: ahora nos toca superar la crisis anímica!

    Si lo hacemos, si dejamos de sucumbir a ese “terrorismo de la desesperanza”, si más bien nos hacemos eco y contemplamos con objetividad las buenas noticias de una economía estable y creciente, ya estamos dando un gran paso adelante.

    Queremos que crezca la demanda interna. Pero ¿cómo va a crecer si algunos dirigentes y analistas más parecen un coro de plañideras, anunciando desastres y nuevas recesiones? Sus profecías no corresponden a la realidad, pero sí tienen la dudosa virtud de afectar la realidad para acercarla a sus negros augurios. La demanda interna funciona con base en expectativas y de nosotros depende, como empresarios, como gobernantes, en nuestra área de influencia, generar las mejores expectativas para que el consumo se reactive y con él las ventas, la inversión y el empleo.

    ¡Depende de nosotros! Depende de nosotros si nos quedamos únicamente en las noticias de sangre y hacemos oídos sordos a todo lo positivo, o si aceptamos que 40 millones de colombianos podemos y tenemos con qué salir adelante.

    Yo estoy seguro de que los medianos y pequeños industriales de Colombia, esos mismos que representan cerca del 57% del empleo y el 45% de la producción manufacturera del país, tienen la capacidad, la visión y el coraje para acompañarme en esta empresa de inyectarle positivismo a nuestra economía, no con falsas esperanzas, sino con realidades concretas.

    En cuanto a lo que estamos haciendo y vamos a hacer desde el Gobierno por contribuir al desarrollo de este importante gremio que reúne la mayoría de los empresarios del país, quisiera destacar hoy dos programas fundamentales: Expopyme y la próxima creación de una importante línea de crédito de capitalización empresarial.

    Como ustedes saben, en mi Gobierno hemos promovido el sector de las exportaciones como un motor fundamental para el crecimiento y el desarrollo económico, para lo cual hemos diseñado un Plan Estratégico Exportador, dentro del que hemos identificado la potencialidad de muchas medianas y pequeñas empresas para convertirse en exportadoras.

    Visto esto, a través de Proexport Colombia creamos el Programa Expopyme dirigido a estas empresas, para capacitarlas, apoyarlas y promover el posicionamiento exitoso de sus productos en el exterior, logrando que se adapten a las nuevas exigencias de la economía mundial.

    En este programa participan todas las instituciones nacionales que se mueven en el ámbito de la promoción del comercio exterior: desde el Ministerio de Comercio Exterior, Proexport y Bancoldex hasta Acopi, Confecámaras, los diferentes gremios y varias universidades.

    Con gran satisfacción podemos contar hoy que 1.650 medianas y pequeñas empresas, distribuidas a lo largo de todo el territorio nacional, se han vinculado a este programa en los últimos dos años y medio, y que han recibido capacitación y asesoría gracias a una inversión de 6.000 millones de pesos por parte de Proexport Colombia. Además, se invirtieron el año pasado 500 millones de pesos en el apoyo a más de 100 empresas para que iniciaran su proceso de internacionalización mediante la participación en ferias, misiones comerciales, elaboración de material promocional y estudios de mercado.

    Los buenos frutos no se han hecho esperar. Mientras en 1999 las medianas y pequeñas empresas vinculadas a Expopyme exportaron 48.9 millones de dólares, en el año 2000 estas exportaciones se incrementaron en un 37%, hasta alcanzar los 67.1 millones. Pero lo mejor es que la tendencia continúa y en el primer semestre del presente año 319 empresas del Programa han exportado nada menos que 46.2 millones de dólares, ¡y en sólo un semestre! Todo esto se suma a un excelente comportamiento de las exportaciones no tradicionales en el país, las cuales siguen incrementándose a una tasa cercana al 16%, para bien de nuestra economía.

    Los invito fervorosamente, señores industriales, a que, con ese empuje e iniciativa que los caracteriza, sigan abriendo sus mentes y sus empresas a nuevas posibilidades, incluyendo el acceso a mercados extranjeros, donde seguramente podrán hacer valer sus ventajas comparativas. Mi Gobierno, a través del Ministerio de Comercio Exterior y de Proexport Colombia, está listo a apoyarlos en esta empresa de patria.

    Por último, para mí es muy satisfactorio poder anunciar ante este Congreso -donde en años anteriores comprometimos también la palabra del Gobierno en temas que se convirtieron en realidad como la Ley de Mipymes y el Fondo Colombiano de Modernización y Desarrollo Tecnológico de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, Fomypime- la próxima creación en el Instituto de Fomento Industrial de una línea de crédito por 300 mil millones de pesos para la capitalización de las micro, pequeñas y medianas empresas de Colombia.

    Esta línea permitirá inyectar recursos frescos a la pequeña y a la mediana empresa en condiciones accesibles a los empresarios que perseveran en la actividad productiva, y busca cumplir un doble propósito: por una parte, fortalecer patrimonialmente a las compañías y, por otra, dotarlas del capital de trabajo necesario para que continúen desarrollando sus actividades en un entorno de mayor holgura financiera.

    El mayor atractivo de estos créditos serán las condiciones financieras de los mismos, ya que gozarán de una tasa de interés que no superará la DTF adicionada en 3 puntos, tendrán plazos hasta de 7 años y periodos de gracia para pago de capital que pueden llegar a los 36 meses. Adicionalmente, aquellos empresarios que carezcan de las garantías suficientes para respaldar los créditos podrán contar, a cambio de una comisión muy razonable, con el aval del Fondo Nacional de Garantías hasta por el 70% del valor del préstamo.

    La medida representa para el presupuesto nacional un costo, a valor presente, de 60 mil millones de pesos, resultante del subsidio a la tasa de interés, el cual será asumido por el Estado para que poder mantenerla en un nivel tan favorable.

    No cabe duda de que esta opción constituye la mejor muestra del compromiso del Gobierno con los pequeños y medianos empresarios del país, quienes, en los últimos tiempos, han enfrentado obstáculos para acceder al crédito. Es la mejor contribución para reconstruir la confianza entre el empresariado colombiano. Yo estoy seguro de que la redinamización de este sector será determinante para continuar por la senda del crecimiento económico y para seguir disminuyendo las tasas de desempleo.

    Apreciados amigos:

    Estar reunidos con los medianos y pequeños industriales de Colombia agrupados en Acopi es un grato placer porque es estar con hombres y mujeres forjadores de patria, de empleo y de futuro.

    Por eso, en estos 50 primeros años de existencia de la Asociación, me siento muy feliz al tener la oportunidad de conferirle a la misma la máxima condecoración de nuestro país, la Orden de Boyacá, en el grado de Cruz de Plata, como un reconocimiento a su servicio indeclinable y continuo, no sólo a sus afiliados, sino a toda la economía nacional y, a través de ella, a todos y cada uno de los colombianos que reciben los buenos efectos de su trabajo y esfuerzo meritorios.

    Muy especialmente quiero felicitarlos, en cabeza de su Presidente, el Doctor José Miguel Carrillo Méndez, y de su Junta Directiva, y desearles a los agremiados toda la prosperidad y los éxitos que se merecen. Acopi, como los otros gremios de la producción y del comercio en Colombia, es una firme defensora de la paz e impulsora del progreso en nuestro país. ¡Su labor empresarial es también una labor de patria!

    ¡Sigan adelante, señores industriales! ¡Sigan esforzándose por lograr un mejor porvenir y no se embarquen jamás en la nave de los perdedores, de los que sólo se quejan y se niegan a ver lo positivo! Hoy los invito, con todo el entusiasmo, a ponerle más ladrillos a la reactivación, a que sigan trabajando con nosotros en la consolidación de esta casa grande, firme, fuerte y hermosa a la que llamamos Colombia.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    21 de septiembre del 2001

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