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  • GRACIAS A TODA LA IGLESIA POR SUS VOCES Y ENSEÑANZAS, QUE SON SEÑALES DE RUTA Y NOS PERMITEN ENCONTRAR EL CAMINO CORRECTO

    Conferencia Episcopal de Colombia en la “Fiesta del Papa”, celebrada en la Nunciatura Apostólica.

    Quiero felicitar al señor Nuncio Don Beniamino Stella por haber tenido la buena idea de rescatar para todos nosotros esta “Fiesta del Papa”.

    Y es en esta festividad donde es preciso agradecer a nuestra Iglesia por todo lo que ha hecho en el pasado, por lo que hace en el presente y por lo que hará en el futuro para responder con mayor eficacia a los desafíos de un mundo que se transforma aceleradamente y pone a prueba, no sólo nuestro discernimiento para comprenderlo, sino nuestra capacidad de liderazgo para guiarlo.

    Agradezco a usted, señor Nuncio, su solicitud y su presencia oportuna. “Un Nuncio Pastor” es siempre una buena nueva, un mensajero de quien es Guía y Maestro y que, como tal, dirige esta Iglesia de Dios “mar adentro”.

    Doy también las gracias de la Nación y del Presidente a Monseñor Alberto Giraldo, Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, y en usted a todos los Obispos del país, por su contribución a la paz, a este proceso que debe recuperarnos el sentido del valor de la vida, de la dignidad humana, de la solidaridad y de la convivencia.

    Doy gracias, igualmente, a la Iglesia educadora que avanza sem- brando la civilización del amor; yo confío que continuemos de la mano dando respuestas a aquellos que Dios ha puesto bajo nuestro apostolado, respuestas que deben surgir inspiradas en la “buena noticia” del Evangelio. El viernes pasado firmé, pensando en esta solemnidad, el Decreto que restablece el amplio camino de la “educación contratada” con la Iglesia. Esto quiere decir que continuaremos juntos educando la Patria.

    Gracias a nuestro Cardenal de Colombia, Su Eminencia Pedro Rubiano, por su solicitud y por su apoyo. Gracias por sus voces, por sus palabras y por sus enseñanzas que, en una Nación en crisis como la nuestra, son las señales de ruta que nos permitan encontrar el camino correcto.

    Quiero a través de todos ustedes agradecer, hoy en la Fiesta del Papa, a todos los sacerdotes, religiosos y gentes de buena voluntad que están dispuestos a trabajar juntamente con nosotros para colocar en Colombia las bases de un tercer milenio fundado en el cristianismo, que es la expresión del reino de justicia, de amor y de paz.

    Y en todos ustedes, los aquí presentes, renuevo mi agradecimiento al Santo Padre, aquel que es capaz de anunciar el Evangelio con dulzura y firmeza, aquel que se ha convertido en pastor de la historia.

    Quiero compartirles el bello pensamiento de la última carta que me envió el Santo Padre en el mes de mayo, en donde me manifestaba sus buenos deseos diciéndome:

    “Señor Presidente, deseo corresponder al afecto y cercanía manifestadas en sus palabras con una plegaria especial al Señor para que conceda a los queridos hijos e hijas de ese noble país el don de una pacífica convivencia, junto con el progreso espiritual y material”.

    Que sean muchos años más los que viva el Santo Padre, ese hombre que desde la fortaleza de su fragilidad los convoca, no sólo a ustedes, sino a todos nosotros, al optimismo de la fe, a la profundidad del amor, que adquieren el bello nombre de la esperanza en la mirada de quienes construimos el futuro.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    3 de julio del 2001

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