• Banner textos

  • HOMENAJE QUE REVIVE SENTIMIENTOS DE AFECTO Y HERMANDAD

    CEREMONIA DE ENTREGA DE LAS LLAVES DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

    “América no olvidará el día en que nos abrazamos”, le escribió el General José de San Martín al General Simón Bolívar, después de su encuentro histórico en la ciudad de Guayaquil. Y con esta frase simbolizó toda la entrega, todo el desprendimiento, todo el compromiso con la posteridad que vivieron estos dos hombres, cuyos sueños y acciones hoy nos reúnen en torno a un mismo ideal.

    En esta ceremonia, en la que tengo el doble privilegio de rendir el homenaje de mi Colombia a la memoria del héroe de los Andes, el General San Martín, y de recibir de manos del señor alcalde de Buenos Aires, el doctor Aníbal Ibarra, las llaves de esta ciudad tan querida por mí y por mis compatriotas, siento que se revive de alguna forma ese espíritu americano que inflamó el corazón de nuestros héroes.

    Y con él en los labios quiero decir a Buenos Aires, a esta bella y cosmopolita ciudad que crece y progresa en el margen del Río de la Plata, que me siento orgulloso de ser hoy su huésped y que sé, como en el tango, que cuando la vuelva ver “no habrá más pena ni olvido”.

    Aquí, en la hermosa plaza San Martín, se respira la vida de este sueño porteño con nombre de alegría, que es Buenos Aires, tan lleno de cultura, de teatros, de librerías, de parques y de plazas, como la más bella urbe del planeta.

    Y estando aquí comprendo cómo pueden suceder las fatales e inolvidables coincidencias de los libros de Sábato: por ejemplo, que en el parque Lezama una joven enigmática, de pelo largo y lacio, llamada Alejandra, mire al tímido Martín, sentado en un banco, y cambie abruptamente su existencia, o que, en una galería de arte, María Iribarne se quede viendo la ventanita aquella del cuadro de Juan Pablo Castel, y que esa mirada la pierda para siempre.

    Porque Buenos Aires es ante todo sentimiento, enigma, encanto, como las notas dramáticas y dulces de un bandoneón escuchado en una calle colorida de la Boca o los versos doloridos y mágicos de un tango.

    Buenos Aires, la ciudad de la más ancha avenida del mundo, la que fue patria chica de mi tío Hernando Pastrana Borrero –y por ello, de alguna manera, lo ha sido mía-, la de Corrientes y Florida, la de Caminito, la de la Plaza de Mayo, la del Teatro Colón, se funde en mi afecto con el resplandor de un atardecer porteño y la dulce nostalgia de una “rayuela” de Cortázar.

    Hoy, bajo la sombra ilustre de San Martín, deposito unas flores que hablan de Colombia y de esos 40 millones de colombianos alegres y creativos que desde el norte tararean las canciones de Gardel, discuten a Borges, vibran con el fútbol del Boca y de River, y toman un café suave y aromático escuchando las notas apasionadas de Piazzola.

    Este es el testimonio de mi afecto y del afecto de mi país hacia Buenos Aires y hacia Argentina.

    Por eso, Buenos Aires, puedo hoy decir, con las palabras de tu ciego inmortal: “antes yo te buscaba en tus confines, que lindan con la tarde y la llanura”, pero “ahora estás en mí: ¡eres mi vaga suerte!”.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Buenos Aires, Argentina

    12 de octubre del 2000

    Destacados

    publicaciones recientes

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2020 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved