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  • HONRAS FÚNEBRES DEL ARZOBISPO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CALI, MONSEÑOR ISAÍAS DUARTE CANCINO

    Nos han arrebatado a un ser humano excepcional. Si los violentos podían caer aún más bajo, lo han hecho esta vez. Asesinar a un hombre de paz, a un pastor de la iglesia, a un servidor de Dios, es una grave ofensa contra sus fieles, contra todo el pueblo colombiano, contra nuestras convicciones y nuestra fe.

    Monseñor Isaías Duarte Cancino cayó bajo las balas de los cobardes, pero nunca fue cobarde en su vida. Él fue un hombre que, desde su púlpito, siempre habló claro al país, con valentía y franqueza. Como Obispo de Apartadó fue capaz de sentar a los contrarios en una mesa de diálogo por la convivencia. Como Arzobispo de Cali fue el mejor amigo de su comunidad, el defensor de sus intereses y el lúcido contradictor de la violencia, viniere de donde viniere.

    Una arma disparada desde la infamia ha acabado con su vida, pero no con su legado. Lo seguiremos recordando como un ser humano enamorado de su sacerdocio, convencido de su vocación, alerta ante la injusticia y obrando siempre a favor de los desamparados, siendo la voz de los que no pueden hablar y la fortaleza de los débiles.

    A sus familiares, a sus fieles y a todo el pueblo de Cali los acompañamos con todo nuestro abrazo solidario y nos hacemos uno con su dolor. Ellos claman justicia, Colombia clama justicia, y ese es el homenaje que le debemos a un hombre de Dios que defendió hasta el final de sus días sus convicciones de paz y de convivencia.

    ¡Que Dios lo tenga en su Gloria!


    Lugar y fecha

    Cali, Colombia
    19 de marzo del 2001

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