• Banner textos

  • HOY EL LIBRO TIENE UN ACCESO MÁS DEMOCRÁTICO AL PUEBLO COLOMBIANO

    INAUGURACIÓN DE LA XV FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BOGOTÁ

    Cuenta Gabriel García Márquez que alguna vez, hace ya más de 20 años, invitó a un editor de Barcelona a hacer una escala en Cartagena de Indias para almorzar con él. El amigo editor quedó fascinado con la belleza de la ciudad amurallada, asombrado por los extraños letreros del aeropuerto a los que nadie hacía caso, maravillado ante la infinidad de anécdotas que vivió en una reunión de los padres de Gabo con varios de sus nietos, y alucinado después de asistir a una recepción oficial, donde “lo trataron con tanta amabilidad que tuvo que escuchar seis discursos y se tomó once vasos de whisky en tres cuartos de hora”.

    “Al atardecer”, cuenta nuestro Nóbel de su amigo, “todavía medio aturdido por tantas novedades juntas, se fue con la impresión de haber vivido una de las experiencias más raras de su vida”. Y antes de partir le dijo: “No has inventado nada en tus libros. Eres un simple notario sin imaginación”.

    “En realidad”, concluye Gabo, “estaba preparado para pasar un domingo tranquilo (…), y se encontró de pronto y sin previo aviso enredado en los hechizos del Caribe”.

    Es cierto. Entrar en el mundo caribe, vivir su cotidianidad y su ambiente mágico, es como viajar a una nueva dimensión, donde lo insólito se recibe con una sonrisa despreocupada y la desmesura es la medida de todas las cosas. Tal vez sean las coordenadas del trópico; tal vez el embrujo de su mar verde azulado; tal vez la combinación de razas, donde la sangre caribe original se mezcla con la española, la africana y la de tantos otros inmigrantes árabes, italianos, franceses o turcos. Pero lo cierto es que el Caribe es un mundo aparte donde los sueños no conocen fronteras y la imaginación se queda corta ante la exuberancia de la realidad.

    Colombia, por suerte, es tierra caribe, con alma caribe, que vibra con las notas de las gaitas, la cumbia y el vallenato; que se desborda en generosidad y creatividad; que baila y canta las canciones de Shakira o de Vives; que ve el horizonte con la policromía y la fuerza de Obregón, y que pinta sus mujeres con el trazo vital de Enrique Grau.

    Hoy la Décima Quinta Feria Internacional del Libro de Bogotá, esta dinámica feria quinceañera que ya es la más grande, por tamaño, de toda América Latina, rinde homenaje al Caribe y nuestra memoria agradecida se vuelve al litoral norte de Colombia para mirar desde allí el futuro y encontrarnos con varios de nuestros vecinos caribes, como Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Republica Dominicana y Venezuela..

    ¡Cómo será de fértil la región Caribe que ya ha dejado cuatro premios Nóbel a la historia de las letras! Gabriel García Márquez, el orgulloso hijo de Aracataca; Miguel Ángel Asturias, cuya Guatemala se asoma tímida por el Golfo de Honduras hacia el Caribe; Derek Walcott, el poeta de Santa Lucía, en las Pequeñas Antillas, y V.S. Naipaul, el más reciente galardonado, genial novelista nacido en Trinidad y Tobago.

    ¡Y cómo será de fecundo el caribe colombiano que sin él resulta inconcebible la historia de nuestra literatura! A Gabo se suman figuras tan talentosas y reconocidas como Germán Espinosa, cuya “Tejedora de Coronas” hoy sigue cosechando el reconocimiento de una obra maestra. Ahí tenemos, para dar tan sólo algunos ejemplos, a Fanny Buitrago; a Manuel Zapata Olivella; a David Sánchez Juliao; a Marvel Moreno; a Álvaro Cepeda Samudio; a Roberto Burgos Cantor, a Heriberto Fiorillo, que hoy ha vuelto a poner de moda las anécdotas y genialidades del grupo de “La Cueva”, y a Héctor Rojas Erazo, cuyo reciente fallecimiento dejó una inmensa ausencia en la literatura caribe.

    ¡Y qué decir de la poesía, que sigue los pasos juguetones, raizales y marinos del Tuerto “López”, de Jorge Artel y Candelario Obeso! Aún caminan por Cereté y Cartagena, al igual que lo hicieron sus pasos errabundos, las palabras inolvidables de Raúl Gómez Jattin; seguimos escuchando, como siempre, el rumor del océano en los versos de Meira del Mar, y seguimos diciendo, con Giovanni Quessep: “Los inventos de Shakespeare no son para Mauricio Babilonia”.

    ¡Ese es nuestro Caribe literario, el Caribe que se hermana con las letras de las naciones vecinas y cercanas que beben las aguas de un mismo mar y que hoy son invitadas de honor de la Feria del Libro!

    A esta fiesta de la palabra, a este supermercado de los pensamientos, llegan los clásicos y los nuevos de estos países, tal vez al ritmo de un son cubano o de un tema reggae de Bob Marley. ¡Bienvenidas las letras cubanas, que dieron a la luz a Alejo Carpentier, a José Martí, a Nicolás Guillén, a Guillermo Cabrera Infante y José Lezama Lima! ¡Bienvenida la literatura venezolana encabezada por el recuerdo de Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri y Salvador Garmendia! ¡Bienvenido todo el torrente creador que se forja día a día en Puerto Rico, en Jamaica y en la República Dominicana!

    Apreciados amigos:

    Cuando pienso en el libro y en la necesidad de promoverlo encuentro la satisfacción de haber colaborado, durante mi Gobierno, a que siga siendo una herramienta fundamental de difusión de la cultura, el arte y el conocimiento.

    Bien lo ha dicho el doctor Enrique González, en palabras que le agradezco: durante mi mandato, a pesar de todas las presiones fiscales, mantuve vigentes todos los beneficios y exenciones que hoy permiten que el libro tenga un acceso más democrático al pueblo colombiano.

    En esto he seguido el ejemplo de mi padre, el ex-Presidente Misael Pastrana Borrero, quien sancionó la Ley 32 de 1973 para el estímulo del libro y también aprobó los estatutos del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe -Cerlalc-, cuya sede desde entonces ha estado en Colombia.

    Gracias al mantenimiento de estos beneficios, a la política exportadora y de cadenas productivas que hemos promovido, y al empuje de los empresarios editoriales y el talento de los creativos y escritores, hoy Colombia es uno de los principales exportadores de productos editoriales y de artes gráficas en América Latina, con una tendencia creciente, a pesar de la situación interna e internacional. Contra todo pronóstico, hemos pasado de exportar 103 millones de dólares en 1999 a una cifra cercana a los 148 millones de dólares el año pasado, lo que representa un incremento del 43% en tan sólo dos años.

    Dijo José Saramago en una visita a nuestro país: “Hay que leer para pertrecharse de instrumentos que nos permitan combatir el destino que otros nos forjan. Es necesario leer y escribir para entender el mundo y para entendernos mejor a nosotros mismos. Leer… ¡es bueno para la salud!”.

    Mi Gobierno es consciente de las bondades y la “salubridad” de la lectura. Por eso hemos impulsado, junto con Fundalectura, la campaña “Colombia Crece Leyendo” y, dentro de ella, el Ministerio de Cultura está abriendo una convocatoria para fortalecer las bibliotecas públicas en todo el país. En virtud de la misma, entregaremos dos mil millones de pesos en dotaciones de material bibliográfico a 35 bibliotecas departamentales y municipales de toda Colombia. ¡Son 2 mil millones de pesos que se transformarán en saber y cultura para los niños y jóvenes de nuestra tierra!

    Por otra parte, el Ministerio de Educación, de la mano con Fundalectura y el Cerlalc, está adelantando la primera fase del Programa Nacional de Bibliotecas Públicas, con una inversión de 18 mil millones de pesos. Gracias a ella, antes de terminar mi Gobierno dotaremos de libros y ayudas informáticas a 129 Escuelas Normales Superiores Públicas y a 61 colegios públicos de todo el país, beneficiando a cerca de 100 mil estudiantes. Igualmente, estamos trabajando en la actualización de la dotación de las bibliotecas Pública Piloto de Medellín y Departamental del Valle.

    Adicionalmente, este mismo año creé, mediante Decreto, el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, el cual instalaré próximamente y se convertirá en un órgano asesor de primer orden, con la participación del sector público y el privado, para determinar las políticas que apunten a ampliar el acceso social al libro y la lectura.

    Ya somos grandes exportadores de libros. ¡Es necesario ahora que seamos grandes consumidores de libros, para que el enriquecimiento de nuestras mentes se convierta en una semilla de paz y de progreso!

    Apreciados amigos:

    El escenario del libro es el escenario de la tolerancia, de la libre expresión de las ideas, de la confrontación pacífica y la discusión inteligente. Ese es el espíritu que queremos ver extendido en nuestra patria, más ahora cuando vivimos un intenso periodo pre-electoral de cuyo buen desarrollo depende el futuro de nuestro país. Por eso hoy, desde este estrado de la cultura, quiero hacer un llamado cordial a todos quienes postulan su nombre para sucederme en la Presidencia para que hagan del debate electoral un campo propicio para la discusión de ideas; para que sometan sus propuestas con libertad al pueblo colombiano, con altura, sin generar heridas que se vuelvan incurables.

    Cualquiera de los candidatos puede ser Presidente. Todos son líderes respetables con responsabilidad ante la opinión pública. Por eso es tan importante que obren con ponderación y patriotismo, porque -al margen de los matices ideológicos- estamos todos de un mismo lado, que es el de la democracia y la paz. Sólo si obran con respeto y ánimo conciliatorio desde ya, podrán garantizar un futuro de unión para Colombia.

    No puedo terminar, estimados amigos, sin hacer un efusivo reconocimiento a un gran escritor colombiano que ayer puso el nombre de nuestra patria en alto, al recibir -por primera vez en la historia de nuestro país- el Premio Cervantes de Literatura, el mayor otorgado en lengua española, por la riqueza conceptual e idiomática de su obra.

    El maestro Álvaro Mutis merece, hoy más que nadie, el reconocimiento y agradecimiento de toda Colombia. Su profunda poesía, su inmenso sentido de lo humano, su alucinante creación, sus entrañables personajes, encabezados por ese maravilloso aventurero que es Maqroll el gaviero, forman parte integral de nuestro ser cultural y de nuestro orgullo como colombianos.

    Hoy, igualmente, se rinde un justo homenaje, -al cual me uno con entusiasmo-, a un hombre que representa los valores de la solidaridad y la empresa en nuestro país. Me refiero a mi buen amigo, el doctor Adolfo Carvajal Quelquejeu, a quien se le otorga esta noche “El Libro de Plata”, la máxima distinción del sector editorial. Adolfo, nos ha enseñado con su ejemplo de vida que, al igual que Carvajal lo ha hecho durante casi un siglo, también todos en Colombia podemos “hacer las cosas bien”. Por eso hoy sus colegas editores le brindan el tributo de la admiración.

    Quiero también felicitar muy especialmente a los organizadores de este magnífico evento que hoy nos colma el alma de alegría y de ganas de leer.

    La Cámara Colombiana del Libro, presidida con eficacia por Enrique González Villa, una entidad que cumplió el año pasado medio siglo de invaluables servicios a la causa de la cultura y la promoción editorial, sigue venciendo en su cruzada quijotesca por hacer del libro una herramienta de la paz.

    Igual mención merecen Corferias y su director Hernando Restrepo Londoño, pues cada día más hacen de este recinto de exposiciones un lugar de encuentro para los colombianos entre sí y de Colombia con el mundo, donde los negocios fructifican y la amistad se afirma.

    Termino con las palabras de un gran escritor caribe, nuestro lamentado Héctor Rojas Erazo, el poeta, pintor y novelista de Tolú que nos asombró con textos como “En noviembre llega el arzobispo” y “Celia se pudre”. Él escribió alguna vez sobre el diccionario una descripción que, sin duda, se puede aplicar a todo libro:

    “Es un mundo de misterio, de efímeras claridades, de inexploradas lejanías. Insondable. Porque está hecho de vivencias y recuerdos, de leyendas y amortajados orgullos, de frondas y de arenas, de ciencia y brujería, de certidumbre y de mito. Está hecho de todo eso que fuimos, somos y seguiremos siendo: de furia, de esperanza, de esclavitud y de quimera. Es la tierra. El primero y último día de la creación respirando entre su sólida piel”.

    Así es: El libro está hecho de lo que fuimos, somos y seguiremos siendo. ¡Abrámoslo! ¡Gocemos de sus páginas insospechadas y hagamos de la vida la novela que todos quisiéramos vivir!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    24 de abril del 2002

    Destacados

    publicaciones recientes

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2021 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved