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  • IBEROAMÉRICA FRENTE AL SIGLO XXI BASES PARA UNA AGENDA PROPIA

    Sesión informal de trabajo sobre globalización

    La globalización es uno de los fenómenos definitorio s de nuestro tiempo. Será parte sustancial del legado que el siglo XX transmitirá al siglo XXI. Ahora mismo se percibe una sensación de transitoriedad entre épocas distintas, con toda su carga de incógnitas, de desafíos y de responsabilidades.

    Por eso Iberoamérica debe enviar un mensaje inequívoco de optimismo razonado. De confianza en los factores positivos, en los elementos creadores que se advierten y que son intrínsecamente superiores a las turbulencias. Hay mucha más luz que tinieblas en el balance de la historia. A nuestros pueblos no les sirve una actitud catastrófica o resignada. La atmósfera de fin de siglo requiere decisión intelectual y coraje en la acción para afrontar con lucidez los cambios y, a la vez, salir al rescate de la esencia misma de nuestras tradiciones.

    Apostamos por el compromiso colectivo de contribuir a que la ciencia y la técnica, la educación y la cultura, se extiendan cada vez más a todos los rincones del planeta. La globalización la entendemos como la construcción de un mundo menos fragmentado e inequitativo, más armonioso y más justo. Debe estar inspirada por un nuevo humanismo que reconcilie los avances de la técnica y la ciencia con el respeto por la naturaleza. Que sirva al destino ascendente de nuestra especie, en un formidable esfuerzo de equilibrios centrados en dos nociones superiores: la solidaridad y la equidad, que deben convertirse en virtudes cardinales para iniciar el nuevo milenio.

    La existencia de una globalización sin un orden global y la presencia de tendencias anarquizantes, de peligros notorios, nos conduce a abordar la posibilidad de promover reformas a las instituciones internacionales vigentes, tanto en el ámbito político como en el económico. La Carta de San Francisco y los acuerdos de Bretton Woods mantienen rasgos dignos de conservar, pero requieren reformas inaplazables. La mejor manera de recibir el año 2000 podría ser abrir la puerta a un renovado consenso que nos lleve a un nuevo orden internacional. Un orden en el que las instituciones y mecanismos globales y regionales estén en condiciones de garantizar la seguridad y disminuir las asimetrías.

    Uno de los desafíos de la globalización radica en promover la creatividad de los sectores privados en mercados globalizados, donde la información define el grado del impacto de movimientos de capital tan veloces que pueden dejar atrás la capacidad de respuesta de nuestros Estados y de los organismos internacionales.   ¿Córno garantizar que el juego de las interdependencia s predominantes no resulte en nuevas dependencias ni en la profundización de las desigualdades existentes?

    Creemos que la globalización y los  regionalismos no son incompatibles sino complementarios y coadyuvantes. Ambos deben girar en torno a un multilateralismo eficaz y servir de balance, de promotores de identidades y lealtades para el encuentro de equilibrios sin perturbar la universalidad. Dentro de las corrientes mundialistas, un tipo abierto y flexible de asociaciones de Estados como Iberoamérica, entraña aportes de características propias, inconfundibles e irremplazables. Lo Iberoamericano fluye como una proyección de valores, de estilos, de formas y de esencias que son nuestra carta de presentación ante el mundo.

    Iberoamérica constituye un modelo de construcción integracionista basado en una historia común bicontinental. Un modelo acumulativo que, lejos de estorbarnos en nuestros respectivos compromisos con Europa y con América, nos sirve de plataforma para consolidar nuestro poder de negociación en momentos en que ambas regiones se aprestan a expansiones y definiciones. Démosle a lo Iberoamericano el carácter de una auténtica dimensión con la que tienen que contar los otros actores internacionales. Fortalezcamos sus instancias multilaterales de consulta, combinemos sus efectos aglutinadores hacia adentro y hacia fuera. Nuestra inserción en un mundo globalizado puede basarse en un iberoamericanismo actuante, sin egoísmos ni parcialidades, que trascienda a las cumbres y asegure el seguimiento de sus propuestas.

    España y Portugal concurren con sus componentes europeos, con una experiencia histórica vinculada a la apertura de nuevos espacios geográficos y humanos. Fueron pioneros de la globalización llegando a todas partes, a mundos desconocidos. Más allá de cualquier polémica, dejaron huella fecunda con sus descubrimientos. Su exitosa inserción a la integración europea sirve como modelo para América cuando nos abocamos a nuestra propia integración.

    Nuestra América, que probablemente con acierto ha sido llamada el “extremo occidente”, representa el apogeo de una vocación universal compartida. Nuestros pueblos mestizos, síntesis de lo antiguo y lo moderno, surgen de la mezcla entre lo aborigen, lo africano y lo ibérico. Al final del siglo XX podemos decir que no sólo somos un punto de referencia, sino que ocupamos un lugar en el escenario internacional.

    La globalización resalta y vuelve imperativa una asociación iberoamericana dinámica, presente en las distintas instancias internacionales y basada en profundas afinidades culturales. Una asociación capaz de impulsar acciones pragmáticas y conseguir resultados cuantificables.

    Lo iberoamericano, como concepto, nos permite jugar en varios escenarios, sumar poderes de negociación que, aisladamente o circunscritos al marco geográfico de cada uno, resultan débiles y precarios. Si hacemos acto de presencia concertada, sin desconocer las especificidades de cada quien, contaremos con un formidable instrumento geoestratégico. Un instrumento que nos permita ser protagonistas de la construcción global, de la aventura del tercer milenio.

    En nuestra región, temas como el fortalecimiento de la democracia, la promoción de los derechos humanos, el problema mundial de las drogas, la lucha contra la pobreza y la búsqueda de un modelo de desarrollo sostenible han encontrado en la Cumbre Iberoamericana un foro privilegiado para la consulta, la concertación y la cooperación.

    Es imprescindible que nuestro mecanismo continúe abocando estos y otros temas de una agenda cada vez más compleja y dinámica, pero igualmente, debemos entender que ha llegado el momento de que con visión de futuro, se proyecte en un diálogo político de largo plazo: los desafíos del nuevo milenio para Iberoamérica. ¿Cuál es la perspectiva y cómo se está preparando nuestra región para asumir el siglo XXI, sus grandes oportunidades y sus enormes retos?

    Convocar a Iberoamérica en torno a ello, significa renovar nuestra convicción en el multilateralismo y la cooperación, como dos pilares sobre los que descansa la concertación regional y global. Es desde esta perspectiva que Colombia quiere plantear la necesidad de que los países iberoamericanos iniciemos la definición de nuestra propia agenda para el siglo XXI:

    Hemos sentado ya las bases de este camino. Necesitamos convertir a Iberoamérica en un proyecto de apertura a un mundo con menos desequilibrios, conscientes de la fuerza de nuestras raíces y con la convicción necesaria para que el proyecto se abra paso en el recinto amplio, plural y democrático de nuestros pueblos.

    En este esfuerzo tenemos que convocar a los líderes regionales, a los dirigentes nacionales y locales, a científicos e intelectuales, a los hombres y mujeres de la cultura y del arte, así como a distintas expresiones de la sociedad civil organizada, para encarar juntos una responsabilidad de más largo aliento: la de construir una auténtica comunidad Iberoamericana de naciones.


    Lugar y fecha

    Oporto, Portugal
    18 de octubre de 1998

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