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  • IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ AL DOCTOR JAIME RUIZ LLANO

    Querido Jaime:

    Creo que fue nuestro común amigo y compañero de clases Rafael Santos, quien hoy dirige con su acostumbrado acelere el periódico más influyente del país, el que propagó la versión de que, cuando todos éramos vecinos de pupitre en el colegio San Carlos, él y yo –que la verdad, éramos más bien maquetas para las matemáticas, el cálculo y la física- nos apoyábamos un poco en la destreza de los “pilos” en esas materias, que eran Jaime Ruiz y Carlos Isaza, quienes nos ayudaban en las tareas y los trabajos.

    Dijo también Rafa –y eso sí tengo la obligación de desmentirlo categóricamente (sobre todo si están por ahí Laura o Santiago)- que Jaime siempre acababa primero en los exámenes escritos y se daba mañas para soplarnos las respuestas. Por el honor de Jaime y el mío propio, creo que es mejor echar tierra sobre estas travesuras juveniles.

    Lo cierto sí es que Jaime Ruiz Llano, mi gran amigo y colaborador de toda la vida, ha sido siempre un baluarte de seguridad, sabiduría y acción oportuna, no sólo para mí, sino también para toda Colombia.

    Jaime Ruiz es ingeniero civil con maestría de la Universidad de Kansas, es especialista en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de los Andes y Magíster en Estudios de Desarrollo en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, pero, más allá de todos sus títulos, cada uno de ellos bien ganados y merecido con esfuerzo y brillantez, Jaime es ante todo un experto en Colombia.

    A él le duele el país y está dispuesto a hacer todo lo que esté a su alcance por ayudar a sacarlo adelante. A él –bogotano como el que más- le interesa también muchísimo la suerte de esta querida capital, a la que ha dedicado años de estudio, de planificación y de pensamiento.

    Por eso puedo decir hoy que buena parte de los méritos de la obra de gobierno que logramos plasmar al final de la década del ochenta durante mi administración como Alcalde Mayor de Bogotá, se deben al trabajo incansable de Jaime Ruiz, quien me acompañó como Asesor y como Director del Instituto de Desarrollo Urbano.

    Luego, a nivel nacional, Jaime Ruiz probó su vocación de servicio al país como Senador de la República, en nombre de la Nueva Fuerza Democrática, donde fue el ilustrado y eficaz ponente de proyectos de ley sobre temas tan trascendentales como los servicios públicos domiciliarios, la educación y las telecomunicaciones.

    Porque Jaime siempre ha tenido a Colombia en el corazón, a Jaime le cabe el país en la cabeza. Él se define a sí mismo como heterodoxo y por eso aborda los grandes problemas de nuestra patria, esos que lo fascinan y trasnochan cada día, con actitud original y certera como pocos.

    A diferencia de quienes pregonan, con respetables argumentos, que el Estado debe limitarse a proveer seguridad y justicia, Jaime cree –como lo creo yo- en un Estado que, sin llegar nunca al extremo del intervencionismo, sea más proactivo en el proceso de desarrollo. Él está convencido –como estoy convencido yo también- de que el desarrollo del capital humano es el eje fundamental de la competitividad de la economía y el principal factor para lograr la justicia social.

    Bajo el parámetro de estas ideas, Jaime Ruiz ha servido a Colombia, con discreción, sin buscar protagonismos ni primeras planas, mucho más que otros que hacen del poder un escenario de fuegos artificiales.

    Como el primer Director del Departamento Nacional de Planeación de este gobierno, Jaime fue el cerebro gestor del Plan Nacional de Desarrollo “Cambio para Construir la Paz” que, por encima de tecnicismos legales, hemos venido cumpliendo con dedicación y constancia para lograr el cambio que prometimos a los colombianos.

    También ha sido fundamental, ¡más que fundamental!, su papel en el diseño del Plan Colombia y luego, como Alto Consejero para los Asuntos de Gobierno, su labor como el principal promotor y expositor ante los gobiernos del mundo, la banca multilateral y los más diversos foros nacionales o internacionales.

    Si por algo puede estar Colombia hoy agradecida frente a este buen amigo, este gran pensador y ejecutor, este hombre sencillo con una sonrisa siempre a flor de piel, que es Jaime Ruiz, entre muchas otras realizaciones, es por los frutos duraderos que dejará la ejecución del Plan Colombia.

    Miles de millones de dólares que están ya comenzando a llegar en apoyo económico o técnico de parte de la comunidad internacional, que hoy ha entendido al fin su papel como corresponsable en la lucha contra el flagelo mundial de las drogas, se verán traducidos, sin duda, en mejores condiciones sociales para los colombianos, en una economía fortalecida y, sobre todo, Jaime, en una mayor presencia de la institucionalidad a lo largo y ancho del país.

    Éste es un legado demasiado importante como para desconocer sus alcances y su trascendencia para el futuro de la nación. Esta es una herencia de bienestar y esperanza que amerita el agradecimiento perpetuo de todos los colombianos.

    Apreciado Jaime:

    Sus realizaciones, como siempre, no dejan de fluir. Usted, querido amigo, no para de pensar en tantos temas, como la planificación urbana y territorial, la lucha contra el desempleo, la reactivación de la vivienda o el fortalecimiento de la fuerza pública.

    Por eso Colombia, ahora que usted asume la altísima dignidad de formar parte de la Junta de Gobernadores del Banco Mundial, en su calidad de Director Ejecutivo del mismo, no dejará jamás de contar con su orientación y su consejo sabio y oportuno.

    Así ahora tenga que trasladar su oficina principal a Washington, quiero que sepa, Jaime, que aquí siempre estará su casa: porque la casa de un hombre está donde se encuentran sus verdaderos amigos.

    Como Presidente de todos los colombianos, y como su amigo de siempre, me siento muy honrado al poder hacerle hoy el reconocimiento  que se debe a su trabajo, a su labor abnegada y silenciosa, pero efectiva y exitosa como ninguna, a favor del país y de las nuevas generaciones de colombianos.

    Por eso tengo el privilegio y la alegría de concederle esta hermosa noche de diciembre la Orden de Boyacá, en su máximo grado, una condecoración que atestiguará, como lo quiso Bolívar cuando la instituyó al otro día de la Batalla de Boyacá, que usted, doctor Jaime Ruiz Llano, es un patriota que ha puesto todo de sí por el mejor futuro de Colombia.

    El país, a través mío, hoy le está diciendo con esta condecoración, querido Jaime, que está orgulloso de tener hijos como usted, siempre dispuestos a servirlo con la mejor arma de todas: la inteligencia.

    No puedo dejar de mencionar, por otro lado, la mejor y más bella importación que ha realizado Jaime en toda su carrera, la cual –para nuestro asombro- no tuvo nada que ver con el tema que tanto le gusta del comercio exterior. Me refiero, por supuesto, a la querida Gail, que ha sido su mejor compañera y aliada en todos los momentos de su vida. Además –así como Jaime me ayudó con el cálculo- yo sé que Gail ha sido, sin duda, su mejor consejera, aparte de una excelente y dedicada profesora de baile, la única materia en la que Jaime todavía está haciendo curso de habilitación.

    A Gail; a Nicolás, que promete seguir los pasos exitosos de su padre; a Bertha Llano de Ruiz, su querida madre, que tanto nos aguantó cuando éramos jóvenes, les quiero extender mi más sincero abrazo de felicitación. Hoy ustedes, y también yo, estamos orgullosos de contar con Jaime, cercano como pocos a nuestro corazón.

    Apreciado Jaime:

    Como decía Emerson, “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”. Yo con usted , por fortuna, siempre he podido pensar y sentir en voz alta. El país también sabe que, gracias a su trabajo, podrá pensar y hablar con voz alta y con dignidad ante la comunidad internacional.

    Nohra, los niños y yo les deseamos, Jaime, Gail y Nicolás, la mejor de las suertes en su nuevo destino, seguros como estamos de que Jaime dejará como siempre el nombre del país en lo más alto, ahora que asume tan honrosos designios en lo más granado de la banca internacional. Jaime, aún desde Washington, continuará siendo la mejor carta de Colombia para avanzar hacia el progreso y el desarrollo social.

    Aquí quedamos muchos amigos esperándolo y contando con usted: Muchos amigos que lo queremos y que le deseamos sólo lo mejor.

    ¡Buen viaje y hasta siempre!

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    14 de diciembre del 2000

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