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  • IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ AL GENERAL PETER PACE, COMANDANTE EN JEFE DEL COMANDO SUR DE LOS ESTADOS UNIDOS

    “Camino despacio”, decía ese ejemplar presidente de los Estados Unidos que fue Abraham Lincoln. “Pero nunca camino hacia atrás”.

    Esta es la frase y la actitud de un hombre decidido, valiente, responsable y prudente que sabe a dónde va, que no descansa en la búsqueda de sus propósitos y que tiene claro su objetivo y su misión en la existencia.

    Ésta es la frase que también podría representar la vida y la carrera de ese gran militar y excelente amigo de Colombia que es el General Peter Pace, del Cuerpo de Marina de los Estados Unidos de América.

    En efecto, el General Pace -cuya presencia e interés por el mejor futuro de Colombia hoy nos congregan en este homenaje-, este valiente neoyorquino que pasó su infancia y juventud entre Brooklyn y Teaneck, en Nueva Jersey; atravesando incontables veces el East River o el río Hudson; este magíster en Administración de Negocios; este hombre de armas y de inteligencia, con más de tres décadas al servicio de su país, ha hecho honor a su apellido y ha avanzado siempre, con ritmo sostenido, hacia delante en su profesión y en sus metas.

    No sólo ha recibido condecoraciones tan importantes como las Medallas de la Defensa por Servicio Distinguido, por Servicio Superior y por Servicio Meritorio; la Medalla de la Legión al Mérito y la Medalla de la Estrella de Bronce, entre otras varias, sino que ha obtenido una valiosa experiencia internacional en países tan diversos y remotos como Vietnam, Tailandia, Corea del Sur, Somalia y Japón.

    Hoy celebramos, precisamente, casi con puntual exactitud, un año desde el momento en que el General Pace asumió el cargo de Comandante en Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, lo que ocurrió el 8 de septiembre del año pasado.

    Desde ese cargo de trascendental importancia el General Pace se ha acercado -para fortuna nuestra- a Colombia, a su lucha, a sus problemas y a la búsqueda de las soluciones más justas y efectivas para nuestra gente.

    No ha sido extraño durante este último año encontrar en varias oportunidades al General Pace en los más distintos escenarios de nuestro país: ya sea en una reunión de alto nivel en esta misma Casa de Nariño o en el Comando de las Fuerzas Armadas o visitando, como si fuera un soldado colombiano, los más recónditos lugares de nuestra geografía, las bases del sur desde donde libramos conjuntamente una batalla épica contra el flagelo mundial de las drogas.

    Usted, General Pace, con el total respaldo del Gobierno del Presidente George W. Bush, ha liderado con eficiencia y discreción la cooperación militar de su país con el nuestro en desarrollo de una estrategia que busca erradicar la droga del suelo colombiano, disminuir su producción y, antes que nada, preservar de su influjo maligno a las nuevas generaciones de todo el mundo.

    En Colombia, el problema mundial de las drogas ha sido el mayor combustible para la violencia que actualmente nos desangra y atenta contra nuestros más auténticos valores democráticos y republicanos. Las drogas ilícitas y sus dineros manchados han sido fuente de corrupción y de muerte. Por eso valoramos tanto el esfuerzo del gobierno norteamericano y de las Fuerzas Armadas de esta nación amiga, quienes, en desarrollo del principio de responsabilidad compartida, están luchando de la mano con el gobierno colombiano contra un enemigo común.

    Su trabajo y su compromiso, General Pace, como bien lo pueden atestiguar aquí el General Fernando Tapias, Comandante General de las Fuerzas Armadas de Colombia, y los comandantes de las distintas fuerzas de nuestro país, han sido firmes como rocas, y lo han convertido en un especial amigo de nuestra nación y en un aliado para la construcción de un mejor porvenir.

    Apreciado General Pace:

    Tengo hoy el honor y el placer de hacerle entrega, en nombre del pueblo colombiano, de la más alta distinción que otorga nuestra nación, la Orden de Boyacá, en grado de Gran Cruz, como el testimonio de gratitud de un país que lo ha sentido como un compañero fiel en la batalla contra las drogas ilegales, que no es otra cosa que una batalla por la paz y contra la violencia que éstas financian y estimulan.

    Esta Orden hace memoria de la Batalla de Boyacá que el 7 de agosto de 1819 decidió la libertad de nuestro país, una libertad que estamos comprometidos a defender y preservar a toda costa. Fue precisamente el Libertador Simón Bolívar quien primero recibió esta condecoración y desde entonces ha sido entregada a todos los nacionales y extranjeros que se han distinguido ejemplarmente por sus servicios a nuestra patria.

    Llévela desde ahora, General Pace, como el símbolo de la gratitud y la amistad del pueblo colombiano, un pueblo que lo invita a seguir luchando por el futuro y por la vida, y a disfrutar su alegría en medio del aroma del mejor café del mundo.

    Colombia le dice gracias, General Pace. Colombia le dice: ¡Bienvenido siempre, buen amigo!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    10 de septiembre del 2001

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