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  • INAUGURACIÓN DE LA PRIMERA FASE DE LA PLANTA DE TRATAMIENTO DE AGUAS RESIDUALES EL SALITRE

    “El río Bogotá, Funza o Eunzha para los chibchas, que recorre la sabana de norte a sur y forma al separarse de ella la magnífica cascada del Tequendama, posee unas aguas  limpias y excelentes para tomar, por lo notablemente finas”.

    La anterior es la descripción de la fuente hidráulica más importante de la Sabana realizada por Don Pedro de Ibáñez durante 1891, en sus Crónicas de Bogotá, cuando la ciudad tenía una extensión aproximada de sólo ocho kilómetros y estaba dividida en doce barrios.

    Hoy, 109  años después, con una población aproximada de 6.5 millones de habitantes y 1.084 barrios, las imágenes evocadoras de aguas cristalinas recorriendo pintorescas extensiones de tierra verde y fresca parecen pertenecer a un pasado mítico que nos sentimos obligados a recuperar.

    En los tiempos actuales conservar el agua fresca en cantidades suficientes para abastecer el consumo humano es una de las preocupaciones más inmediatas de nuestros países.

    Según cifras dadas durante la realización del II Foro Mundial del Agua, en Holanda, hoy por hoy uno de cada cinco seres humanos carece de agua potable, problema que en los próximos 25 años se incrementará hasta afectar a más de la tercera parte de la población del mundo.

    Infortunadamente cada vez más regiones del planeta carecen de agua. En este sentido, nuestro país tiene grandes ventajas, que estamos en la obligación de acrecentar y aprovechar.

    Por Colombia fluye todavía la humedad próspera que alimenta el sistema circulatorio de este gran organismo que es la Tierra.  38.000 kilómetros de páramos, generadores de agua; seis cuencas hidrológicas; más de doce mil subcuencas y 4.785 kilómetros cuadrados de lagos, lagunas y aguas subterráneas ubican a nuestra nación como la décima potencia hídrica mundial. Y este es un privilegio que nos honra, pero que también nos compromete.

    Por eso, es nuestro deber hacer de la conservación del agua un verdadero plan estratégico que nos permita tomar las medidas necesarias para evitar que en un futuro próximo nos veamos abocados a una catástrofe sin precedentes.

    En esta línea de acción, y a través de la formulación de grandes proyectos de infraestructura, estamos garantizando las condiciones necesarias para motivar la inversión en el país a través de una gestión transparente del agua.

    Hoy podemos decir con satisfacción que con la construcción de la primera fase de la planta de tratamiento de aguas residuales EL SALITRE,  la descontaminación del río Bogotá dejó de ser una lejana utopía.

    Gracias a la gestión y a la precisión técnica del consorcio francés “Bogotana de Aguas y Saneamiento ESP S.A.”, ganador en la licitación, líder en la prestación de servicios públicos y especialista en el tratamiento de aguas residuales, se darán los primeros pasos para la descontaminación de nuestro río.

    Las cifras nos impulsan a realizar gestiones efectivas y contundentes. Cada año el río Bogotá –que es el receptor de aguas residuales sin tratar más grande del país- vierte al Magdalena unas 537.000 toneladas de sólidos en suspensión, 755 toneladas de metales y 2.000 toneladas de detergentes. Con tristeza tenemos que reconocer que el río de nuestra querida Bogotá es el segundo río más contaminado del mundo.

    Por fortuna, gracias a la planta que hoy se inaugura, esperamos adelantar la descontaminación del 25% de las aguas residuales que se producen en la capital.

    Aproximadamente en 30 años la ciudad de Bogotá tendrá un río más limpio. La experiencia de rehabilitación de ríos como la del Main, en Alemania, que comenzó hace veinte años su proceso de descontaminación, se convierte en un claro desafío  y en un ejemplo a seguir para la recuperación de nuestros espacios naturales.

    Koichiro Matsuura, Director General de la Unesco, pronunció estas palabras durante la celebración del Día Mundial del Agua 2000, que hoy quiero compartir con ustedes:

    “El agua ha sido durante mucho tiempo un sujeto poco importante en la agenda política, o bien, se ha presentado sólo en términos de desastre, escasez, contaminación o como posible fuente de conflictos. Necesitamos presentar una visión más constructiva del agua como recurso esencial y compartido. (…) El agua no se agota si se extrae del pozo de la sabiduría humana”.

    Atendiendo a estas inquietudes, la planta de tratamiento de aguas residuales EL SALITRE se convertirá en el primer capítulo de un  proceso que permitirá un acertado manejo de residuos,  la conservación de especies en peligro de extinción,  y la protección de la salud de los habitantes urbanos y rurales.

    “La naturaleza no es un templo, es un taller, y el hombre es un obrero” afirmaba Ivan Turgueniev, un escritor ruso del siglo XIX. Aludiendo a estas palabras podemos reiterar nuestra convicción de construir una conciencia colectiva para garantizar el aprovechamiento racional de los recursos sin menoscabo del medio natural, evitando el desequilibrio ecológico y fomentando una cultura del ambiente.

    En este sentido, mi Gobierno ha orientado muchos de sus esfuerzos  a la protección ambiental. Todas las acciones  y las políticas integradas están encaminadas para evitar que el agua sea un líquido en vía de extinción.

    Por eso, en el desarrollo de la Política Nacional Ambiental quiero destacar el proceso de consulta y concertación  liderado por el Ministerio del Medio Ambiente,  el cual otorgó y tramitó todo lo relacionado con la Licencia Ambiental de este megaproyecto.

    El valor total del proyecto asciende a más de 300 millones de dólares Y es de destacar que, al contratar por el sistema de concesión, estamos garantizando la eficiencia en su desarrollo, ofreciendo oportunidades de empleo y liberando importantes recursos del presupuesto nacional para destinarlos a programas de inversión social, como la educación y la salud, lo cual se traducirá en una mejor calidad de vida para los colombianos.

    Gracias a la vinculación del capital privado al Plan de Infraestructura se aseguran los recursos necesarios para la construcción, el mantenimiento y la disponibilidad de un sistema  adecuado para la dinámica hídrica de la ciudad.

    Hace unos meses, en una Cumbre de Gobernadores, recordaba unas palabras de José María Samper, según las cuales “gobernar es prever, conciliar y gastar bien”. En una sociedad como la nuestra, con grandes limitaciones presupuestales, el arte de “gastar bien” se hace fundamental, porque es un hecho que las distintas necesidades de la comunidad no pueden atenderse con la misma celeridad.

    El tema del río Bogotá no se incluía hace unas décadas dentro de la lista de prioridades y hoy vemos cómo se ha incorporado a los proyectos de infraestructura de la ciudad, gracias a la mayor conciencia ambiental que se ha creado en los últimos tiempos.

    Pero no podemos olvidar que, por otra parte, siguen vigentes sentidas necesidades en áreas tan neurálgicas como el alcantarillado, la salud y la educación. Encontrar un debido balance entre todas estas áreas es el deber y el éxito de un gobernante. Por eso yo aspiro a que quienes en los próximos años asuman la responsabilidad del poder sigan promoviendo este delicado balance, que nos permita continuar con el proyecto de descontaminación del río a un ritmo adecuado y, al mismo tiempo, seguir atendiendo las prioridades sociales y sanitarias de la población más vulnerable.

    En el espíritu del Plan Nacional de Desarrollo “Cambio para construir la Paz”,  el agua ha sido considerada como el recurso natural por excelencia en la gestión pública y privada, alrededor del cual se desarrollan la mayoría de los procesos del país.

    Somos conscientes de que el trabajo de recuperación de una de las fuentes hídricas más importantes del país apenas comienza y, por ello, hago un llamado al sector industrial que aún vierte sus aguas residuales sin tratamiento alguno a la cuenca del río Bogotá para que actúe con responsabilidad frente al futuro y las nuevas generaciones.

    Así mismo, animo a las entidades ambientales para que continúen promoviendo proyectos de producción limpia, lo cual permitirá que sus esfuerzos se evidencien en una mayor pureza de las aguas vertidas a nuestras cuencas.

    Gracias a la planeación y realización de obras de gran infraestructura, tendremos la certeza de que por las venas de Colombia correrá la vida.

    Quizá no fueron pocos los que alguna vez alcanzaron a respirar el aire puro a las orillas del río Bogotá. Cuenta la mitología chibcha que en una época remota los riachuelos de  los altos valles y cañadas crecieron de súbito por las abundantes lluvias de la cordillera, por lo cual se determinó realizar ofrendas y sacrificios a la divinidad del agua para obtener su ayuda. Este dios, que no era otro que Bochica, apareció con una vara en la mano y abrió la sierra para que las aguas salieran y las tierras quedaran libres, dejando abierto el cauce por donde ahora pasa el río.

    Quedaron desde entonces los beneficios de una planicie fecunda, bajo las ondulaciones de las espigas de maíz y el canto de las aguas que dispuso el buen Bochica para la felicidad de los hombres. Ahora nos corresponde a nosotros seguir abrigando en esta tierra la esperanza de un mundo más propicio, donde se pueda contemplar el patrimonio que nos pertenece y que debemos cuidar como el tesoro más sagrado.

    “La contemplación de la naturaleza –como decía Plinio el Viejo- me ha convencido de que nada de lo que podemos imaginar es increíble”. Hoy imaginamos un río de vida. ¡Mañana veremos que nuestros sueños pueden hacerse realidad!

    Muchas Gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    12 de septiembre del 2000

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