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  • INAUGURACIÓN DEL CENTRO NACIONAL DE CONTROL AERONÁUTICO GUILLERMO ECHAVARRÍA MISAS

    Según un viejo dicho “la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es señalarles sus raíces y darles alas”. Estas palabras tal vez inspiraron a don Guillermo Echavarría Misas, el primer empresario aeronáutico que tuvo Colombia, y quizás el mundo, fundador de la Compañía Colombiana de Navegación Aérea, CCNA, competencia de la histórica Scadta.

    Aunque los aviones marca Farman de madera que se usaban por allá en 1919 no resistieron los fuertes climas colombianos, el sueño de don Guillermo -que además construyó aeropuertos, hangares, talleres y oficinas para su empresa-, se hizo luego realidad gracias a su trabajo en la empresa aérea de Gonzalo Mejía, cuando por fin Medellín pudo disfrutar del Aeropuerto Olaya Herrera.

    Guillermo Echavarría Misas fue un pionero, en el sentido integral de la palabra, que no dudaba un momento en inventar una solución para cada problema, como su padre Alejandro Echavarría Isaza, el gran industrial y filántropo, quien le encargó el cuidado de su querida obra social, el Hospital San Vicente de Paul.

    Guillermo trajo, además, los mejores mecánicos franceses y pilotos de la Primera Guerra Mundial para su empresa, fue pasajero de honor del primer vuelo nacional y nunca desfalleció en sus intentos por generar progreso para su terruño antioqueño y su tierra colombiana.

    ¡Qué bueno rendirle hoy un justo homenaje a este hombre visionario y a su labor de toda una vida, al inaugurar el Centro de Control Aeronáutico que lleva su nombre!

    Este Centro de Control será, como lo fue don Guillermo, el faro que ilumine los espacios aéreos colombianos para brindarles más control y protección en el tráfico aéreo, así como vigilar la utilización de los mismos. Conformado por doce estaciones de trabajo con sistemas de radar para visualizar los aviones en pantalla, un sistema de comunicaciones aeroterrestres para garantizar la comunicación con éstos y una red telefónica que le permita coordinar con aeropuertos nacionales e internacionales, el Centro de Control es parte del ambicioso programa de radares que se ha desarrollado durante mi Gobierno.

    En efecto, además del Centro que hoy inauguramos, establecimos una nueva sala de radar en el Aeropuerto José María Córdova de Rionegro y llevamos la señal radar a los de Palonegro en Bucaramanga y Matecaña en Pereira, con una inversión total aproximada de once millones de dólares. Esta sala complementa el servicio que ya están prestando las de Barranquilla, Cali, San Andrés y Villavicencio. Además, construiremos próximamente otra en el Aeropuerto Vásquez Cobo de Leticia, para ajustar siete salas de radares que cubrirán casi todo el país. A lo anterior se suman cuatro censores cuyo costo fue superior a los 28 millones de dólares. ¡Pronto no quedará desamparado ni un pedazo del cielo colombiano!

    También hemos hecho importantes inversiones en la construcción, mejoramiento y ampliación de la infraestructura aeroportuaria, entre las que vale la pena resaltar la reconstrucción del aeropuerto El Edén de Armenia, cuya inversión superó los 13 mil millones de pesos. ¡Aparte del aeropuerto El Edén otros 12 mil millones de pesos fueron invertidos en adelantar proyectos de infraestructura aeronáutica en ciudades como Mitú, Arauca y Leticia, entre otros destinos de la geografía nacional!

    Pero nuestro compromiso con el progreso del sector aeronáutico no se detiene aquí. Con el subprograma “Aeropuertos para la Paz”, del Plan Colombia, estamos ampliando, mejorando o construyendo pistas y terminales aeroportuarios en las regiones más apartadas del país, donde las condiciones del conflicto hacen prioritaria la comunicación por vía aérea. Hasta la fecha, hemos invertido más de 11 mil millones de pesos en proyectos como la construcción del aeropuerto de Vigía del Fuerte y la rehabilitación de los de Acandí, El Charco, Inírida, Timbiquí y Tarapacá. Esto sin contar los 13 aeropuertos que están actualmente en estudio para ser beneficiados.

    En el área de comunicaciones, factor primordial de la navegación aérea, también hemos avanzado: ¡Hoy ocupamos el segundo puesto en América Latina, después del Brasil, en cantidad de radioayudas y sistemas de navegación aérea instalados! A la puesta en funcionamiento de cinco radiofaros en 1999, se le unen las 33 estaciones terrenas que conforman la red satelital que inauguré en agosto de 2000, la cual, con una inversión de 6.5 millones de dólares, enlazará a Colombia con Ecuador, Brasil, Jamaica y Panamá.

    Así mismo, se encuentra en marcha el proceso de renovación de la red de microondas, el cual, con un costo de once millones de dólares, permitirá dentro de un año unir los aeropuertos y estaciones de comunicaciones desde Barranquilla hasta Popayán y de Arauca a Medellín, con la máxima velocidad de manejo de datos. A lo anterior se suma la renovación de las consolas de las principales torres de control, cuyo valor superó los dos millones de dólares.

    En resumen, adicionando otras obras y adquisiciones realizadas en el campo de las telecomunicaciones, la informática y las operaciones aéreas, se ha realizado una inversión total en estos rubros cercana a los 200 mil millones de pesos.

    Con un volumen de pasajeros que supera los once millones anuales, el tema de la seguridad aeroportuaria también es fundamental, mucho más cuando enfrentamos la amenaza cobarde del terrorismo. Por eso, la Aeronáutica Civil ha trabajado para garantizar la seguridad de los usuarios de este tipo de transporte.

    Además del plan de contingencia para enfrentar con éxito el problema del cambio de milenio, se implementó un plan de acción que nos permitió alcanzar la categoría uno en seguridad a nivel nacional. Asimismo, sentamos las bases para conseguir que el aeropuerto El Dorado opere bajo condiciones de baja visibilidad, con lo cual disminuirán los cierres del terminal en un 63 por ciento. También hemos obtenido un reconocimiento a nivel continental por la labor que cumplimos en vigilancia operacional, con el que se abren los cielos del mundo para nuestras aerolíneas.

    Dando cumplimiento a los lineamientos planteados en el documento Conpes que rige el sector aeronáutico, estructuramos desde 1998 la concesión del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de Cali, con el fin de mejorar la seguridad y la calidad de sus servicios, así como aumentar la eficiencia en sus operaciones. Como contraprestación, la Aeronáutica optimizará su desempeño al concentrarse en otras áreas de trabajo, al tiempo que recibirá el equivalente a siete millones de dólares.

    Adicionalmente, adelantamos un esquema de participación privada para la administración de los aeropuertos de Rionegro y Bogotá, además de otros siete aeropuertos adicionales: Carepa, Montería, Neiva, Ibagué, Quibdó, Santa Marta y Villavicencio. Y estamos determinando las acciones a seguir para mejorar las condiciones de infraestructura y operación de los aeropuertos de categoría comercial B y C a través de su entrega a los entes territoriales.

    El óptimo funcionamiento del sector aeronáutico en Colombia depende en gran medida de las capacidades de su gente. Es por ello que a los procesos de fortalecimiento institucional en infraestructura, sistemas de información y comunicaciones, los complementamos con la permanente capacitación de sus funcionarios. Para ello, el Centro de Estudios Aeronáuticos ha suscrito acuerdos con sus símiles de países europeos y americanos para garantizar la formación continua del personal vinculado a la Aeronáutica.

    Finalmente, comprometidos también con el mejoramiento en la atención y protección de los pasajeros, publicamos la Guía del Pasajero, con los derechos y deberes de los viajeros, al tiempo que establecimos oficinas de Quejas y Reclamos en los principales aeropuertos colombianos. ¡Así las autoridades aeronáuticas están más cerca de las necesidades de los usuarios!

    Apreciados amigos:

    Cuando don Guillermo Echavarría Misas fundó su empresa de aviación, veía que en el futuro las regiones colombianas estarían reunidas y progresando, en línea recta y por el aire. Fue tanta su confianza en el próspero negocio que incluso proyectó un sistema de Correo Aéreo que llevaría en horas o minutos la correspondencia que antes se tardaba meses y semanas a lomo de mula por caminos polvorientos, y prácticamente inventó este sistema de correspondencia.

    Hoy, a más de ochenta años de semejante audacia, el sueño de don Guillermo se ha multiplicado. Ya no son sólo cartas de amor o comerciales las que surcan los cielos del país: también vuelan personas, deseos, mercancías. Cada año se realizan en Colombia 980.000 operaciones aéreas nacionales, y cerca de 57.000 operaciones internacionales.

    Éste es el legado de don Guillermo Echavarría, que hemos enriquecido durante mi administración: ¡un cielo lleno de oportunidades para que Colombia pueda estar más cerca del futuro!

    Muchas gracias.


    Fecha

    18 de junio del 2002

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