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  • INSTALACIÓN DE LA SEGUNDA FASE DEL PROYECTO “LA CULTURA LE DECLARA LA PAZ A COLOMBIA”

    San Agustín y Tierradentro hacen parte del corazón de la nación. Tanto que me atrevería a afirmar que un colombiano sólo alcanza a completarse como colombiano cuando ha recorrido sus caminos, y, especialmente, cuando se ha encontrado con el legado de los primeros pueblos que transitaron por ellos.

    Aquí está la Colombia Profunda, dispuesta a abrazar el mundo, incluso en estos momentos, cuando la violencia amenaza los caminos que conducen a ella.

    Viajar por nuestro país puede ser a veces un acto de resistencia, y es también la expresión de un derecho fundamental: El derecho a desplazarnos libremente y en paz por aquellos espacios y tiempos que son emblema de nuestra nación. Nada ni nadie debería privarnos de este derecho.

    Como bien lo afirmamos en los “Diálogos de Nación”, el marco de política que formuló el Ministerio de Cultura para promover el diálogo y el intercambio de las diversidades culturales del país, “para crear la nación, para construirla, para soñarla, es preciso penetrarla, explorarla, conocerla y aprender a reconocer cada ciudad, cada pueblo, cada camino suyo con los ojos cerrados. No sirve imaginar la nación desde arriba: hay que imaginarla desde adentro, tenerla en nuestro interior, haberla vivido, experimentado, escuchado, leído; haberla tocado, memorizado, recorrido y comunicado”.

    Santa Cruz de Mompox, donde nos reunimos en noviembre del año pasado; los terrenos sagrados y ancestrales de San Agustín y Tierradentro, que hoy nos acogen, y tantos otros lugares de la Colombia profunda que nos reúne, deben hacer parte esencial de nosotros mismos.

    Allí radica la importancia del Proyecto “La Cultura le declara la paz a Colombia”, que convoca la apropiación pacífica de todos aquellos lugares que conforman nuestra nacionalidad.

    La gente de San Agustín y Tierradentro ha visto pasar miles y miles de viajeros. Los ha recibido con las puertas abiertas. Los ha abrazado y hospedado con generosidad y con sentido de patria, pero también los ha visto alejarse ahora que el miedo que produce la violencia se ha tendido a su alrededor.

    Esta jornada expresa el abrazo del país a un pueblo que siempre ha sabido representarnos con profunda humanidad. Muchos viajeros del mundo han llegado a Colombia para conocer y vivir la magia de San Agustín y Tierradentro. No sólo por su rico y diverso patrimonio arqueológico, sino por las extraordinarias posibilidades de goce y disfrute que habitan en sus caminos. San Agustín y Tierradentro son lugares para contemplar el mundo, para conectarse con el Universo, para encontrarse con el origen de la vida.

    Esta mañana deseo expresar mi gratitud a toda la gente de San Agustín y Tierradentro, en nombre de todos los colombianos, y extenderles un abrazo solidario. Esperamos que al terminar esta jornada hayamos renovado su esperanza para que sigan preservando, para todos los viajeros de Colombia y el mundo, la posibilidad de vivir el misterio que surge de la profundidad del patrimonio que los habita.

    “La Cultura le declara la paz a Colombia” propone en esta oportunidad el encuentro entre movimientos, colectivos, grupos, proyectos y creadores comprometidos con la construcción de la paz desde la cultura. Su trabajo sostiene la esperanza de muchas comunidades que viven en situaciones de violencia. No es un trabajo visible, o al menos no tanto como quisiéramos que fuese, pero sí un trabajo profundo y de largo aliento. Un trabajo que siembra entre la gente las ganas de vivir y nos recuerda que el gran poder de la cultura está en convocar la creatividad y la solidaridad.

    Durante estos tres días, y en consonancia con el propósito del Plan Nacional de Cultura 2001-2010 de tender puentes entre las distintas culturas y regiones del país, San Agustín y Tierradentro abrirán sus puertas a proyectos culturales comprometidos con el manejo pacífico de los conflictos.

    Éste es un acto que nos invita a creer en la paz que se construye desde abajo, y día tras día. Por eso celebro su realización. Gracias a él ocurren, a través del arte y la cultura, verdaderas negociaciones de paz, capaces de transformar y comprometer a la gente desde lo más profundo de sí misma.

    Sabemos muy bien cuál es la geografía de la violencia. Ahora tenemos que conocer, para poder apropiarnos más de ella y proyectarla con más fuerza hacia todo el país, la geografía de la esperanza.

    De alguna manera esta jornada nos permite comenzar a dibujarla. De ella hacen parte los proyectos culturales de los trabajadores de los campesinos del Carare o de la Asamblea Constituyente de Tarso; “la juventud, la cultura y la vida” de la gente de Guapí; el convencimiento de los habitantes del Macizo Colombiano de que cualquier proyecto de desarrollo debe ser comprendido como un proyecto cultural; la cultura política de los cabildos del Cauca o de los municipios del Alto Ariari; las mujeres que promueven el respeto por la diferencia sexual; el “son sin fronteras” de Tumaco y su poder para poner a danzar la nación entera; la mesa por la paz de Riohacha; la “comunidad al aire” de Neiva, y muchas otras iniciativas locales y comunitarias comprometidas con la búsqueda de la paz desde la cultura y con la construcción de condiciones de equidad, libertad y dignidad para la creación.

    Como bien se afirmó en el “Manifiesto por la paz desde la creatividad y la diversidad” que emanó del Foro “Cómo puede la cultura contribuir a la construcción de la paz”, realizado en Santa Cruz de Mompox, las voces de todos ustedes representan “las voces de millones de colombianos que han escogido el camino de la solución pacífica de los conflictos y que defienden el diálogo, el fortalecimiento de la diversidad cultural, el reconocimiento de la diferencia. Que convocan la paz fundada en la garantía y exigibilidad de los derechos, en la existencia de una justicia operante y en la no discriminación de la mujer o de grupos por razones étnicas, religiosas, de edad o de costumbres”.

    Su trabajo, finalmente, representa “la nación que se edifica al alcance de los niños y de los excluidos, que se nutre de los saberes ancestrales y de una relación armónica con la naturaleza”.

    Desde San Agustín hoy surge la voz de un pueblo cansado de violencia y ansioso de pertenencia, de libertad para moverse por un territorio que ha sido suyo desde siempre, de paz para gozar los frutos de la tierra y para crear universos a través del arte.

    Desde San Agustín hoy nos miramos unos a otros, nos reconocemos como compañeros de camino, y reafirmamos nuestra fe en la vida y en nuestro país.

    Hoy sabemos que la geografía de la esperanza sí es posible, en gran parte gracias a la solidaridad de la comunidad internacional. Ella misma se integra a esta geografía y la amplía más allá de nuestras fronteras.

    “La Cultura le declara la paz a Colombia”, es un proyecto piloto para el mundo. Un laboratorio de soluciones pacíficas diseñado por el Ministerio de Cultura, cuyos resultados esperamos compartir, con el apoyo de las organizaciones intergubernamentales aquí presentes, con naciones que vivan, como la nuestra, situaciones de conflicto armado.

    Dentro de estas soluciones, me parece importante resaltar el fomento a iniciativas productivas. Tal como lo hicimos en Mompox, el Ministerio de Cultura ha atraído hacia San Agustín y Tierradentro recursos humanos, técnicos y financieros de distintas entidades públicas y privadas, dispuestas a contribuir al desarrollo económico y social de la región, porque, al igual que somos concientes del inmenso poder de la cultura para contribuir a la paz, lo somos de su gran potencial para generar empleo y activar la economía.

    Apreciados amigos:

    Hoy quiero compartir con ustedes la profunda alegría que siento al volver a San Agustín, esta hermosa tierra patrimonio histórico y arqueológico de Colombia y del mundo. Hubo muchas voces que me alertaron sobre el riesgo de convocar este encuentro, pero en ningún momento vacilé en mi convencimiento de realizarlo aquí y en este momento. Una de las formas de resistir al conflicto es, precisamente, convocar el encuentro e invitar desde él a la reconciliación.

    San Agustín y Tierradentro han sido y deben seguir siendo escenario de encuentro para la gente que sueña con hacer de Colombia un país más justo y más humano. Quienes hayan transitado sus caminos y cruzado los abismos que suben y bajan a uno y otro lado del Río Grande de la Magdalena, saben que no se puede ser igual después de salir de aquí. Así esperamos que pase en estos días con cada uno de ustedes y con las iniciativas que ustedes adelantan.

    De igual manera, esperamos que esta jornada cultural por la paz renueve para San Agustín y Tierradentro su milenario poder para convocar el paso de los viajeros que buscan, como nosotros, encontrarse con el maravilloso corazón de la Colombia Profunda.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Huila, Colombia
    25 de julio del 2002

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