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  • INSTALACIÓN DEL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

    LA PATRIA POR ENCIMA DE TODO

    Hace un siglo nuestro país se debatía en medio de una guerra civil absurda, marcada por los personalismos y los odios sectarios entre liberales y conservadores. Pero en medio de ese escenario de intolerancia surgió un hombre con la claridad y la audacia para comprender que esta lucha entre hermanos sólo nos hacía más débiles a todos. Fue el General Benjamín Herrera, quien acaudillaba a los revolucionarios liberales y decidió suspender la lucha, pronunciando una frase rotunda que hoy debe resonar como un principio fundamental en este recinto sagrado de la democracia: “La Patria por encima de los partidos”.

    Hoy yo retomo sus palabras, y digo más: La Patria por encima de los intereses particulares; la Patria por encima de los egos; la Patria por encima de los antagonismos, por encima de las ideologías y por encima de la popularidad.

    Señores Congresistas: ¡La Patria por encima de todo!

    Hoy, cuando se celebran los 190 años de nuestra independencia como nación, tenemos a nuestras espaldas los ejemplos gloriosos de nuestros héroes y décadas de luchas, de consolidación y de progreso, pero también de tiempo, ¡mucho tiempo perdido!

    Hacia adelante está el futuro, un siglo nuevo que aspira a ser un siglo bueno, un compromiso con las nuevas generaciones de colombianos que tenemos que asumir y afrontar con convicción, con voluntad, con firmeza y con patriotismo.

    Porque la Patria está por encima de todo si por Patria entendemos esta tierra bella que nos cobija y nos reúne, y estos 40 millones de seres humanos que nos llamamos colombianos.

    Ya lo dijo Rafael Uribe Uribe, al iniciar el siglo XX: “Si seguimos distrayendo la atención y empleando el tiempo en cuestiúnculas, y en rencillas, estemos seguros de que este siglo se nos acabará como el pasado, sin haber adelantado un paso”.

    Pero no vamos a dejar que esto suceda. La tarea está en nuestras manos, y nuestra responsabilidad como dirigentes es superar los obstáculos, allanar los caminos, abrir los diálogos y fijar las directrices de un porvenir justo y en paz para Colombia.

    Yo he asumido el reto de acercar en lugar de distanciar, y por eso es que he invitado a todos los partidos y a todos los sectores sociales para que participen en un gabinete de Unidad Nacional, con el que enfrentemos unidos los grandes desafíos de nuestra nación. No podemos quedarnos quietos, sino que tenemos que avanzar, juntos, con visión y con vocación de Patria, ¡con vocación de Colombia!

    Y también puedo dar fe de que he encontrado grandeza y desprendimiento. Tanto de quienes asumieron el compromiso de trabajar desde el gobierno por la paz y por el empleo de los colombianos, como de quienes decidieron que mayor favor le hacen a la democracia manteniéndose en la oposición, pero apoyando los grandes propósitos nacionales. A todos les tomo la palabra: ¡que el único objetivo sea la Patria y, si hay oposición, que sea patriótica!

    A unos y a otros, a ustedes, señores congresistas, a los jueces, a los empresarios a los trabajadores, a todos y cada uno de los colombianos, quiero decirles que hoy nuestra obligación es consolidar, afianzar y sacar adelante los procesos positivos que se han forjado en las últimas décadas y en los que hemos colaborado todos desde nuestras diversas responsabilidades como colombianos.

    Nuestra tarea es atender el presente y forjar el porvenir, y no seguir anclados en el pasado. Nuestra tarea es consolidar la reactivación económica que ya comenzó, el proceso de paz que sigue adelante, la agenda social a favor de los más pobres, la lucha sin tregua contra la corrupción, la defensa de los derechos humanos y el adquirido liderazgo de nuestro país ante la comunidad internacional.

    Una empresa es una obra o designio llevado a cabo con la intervención conjunta de varias personas. Por eso he acuñado la expresión “Empresa Colombia” para referirme a este propósito común, que es el mejor futuro de nuestro país.

    ¿Y cómo va nuestra Empresa Colombia? ¿Qué tenemos que hacer para mejorar sus resultados? ¿Qué dividendos de paz, de bienestar, de calidad de vida, nos está entregando a todos los colombianos?

    Hoy quiero hablarles sobre los grandes temas que enfrenta nuestra Empresa, sobre cómo los estamos afrontando y sobre cómo ustedes y todos los colombianos pueden colaborar a su mayor éxito, que es el éxito de todos.

    UN PANORAMA PARA EL OPTIMISMO

    Con optimismo y con objetividad es necesario reconocer que la reactivación económica ha dejado de ser una promesa intangible para convertirse en una realidad actual y cierta.

    Hace un año, cuando vine al Congreso, les pedí un poco de paciencia mientras salíamos de la crisis, y les dije que el remedio ya estaba aplicado pero que el paciente estaba hasta ahora en sala de recuperación. Hoy les digo que ya dejamos esta sala y que podemos decir que Colombia se encuentra en franca mejoría. ¿Y cómo lo logramos? Trabajando en los siguientes temas fundamentales de nuestra economía:

    ¡Bajamos los intereses! Porque no hay deuda que se pueda pagar con tasas por encima del 50% anual, como las que había en 1998. No hay negocio que aguante semejante costo. Por eso bajamos los intereses en más de 30 puntos. ¡Y no vamos a volver a dejar que suban!

    Y le lanzamos un salvavidas a muchos compatriotas que estaban a punto de perder sus casas por no poder pagar las cuotas de sus hipotecas. Gracias a ustedes, señores congresistas, que aprobaron oportunamente la Ley Marco de Vivienda. Hoy, 800.000 deudores han recuperado más de 2 billones de pesos que habían pagado en exceso y han visto, con alegría, disminuir el monto de sus deudas.

    Lo que está pasando con el tema de la vivienda es una verdadera revolución silenciosa, que hará que cada vez más y más colombianos cumplan con su sueño de la casa propia.

    ¡Frenamos la inflación! Y éste es un logro inmenso. El aumento del costo de vida es el impuesto que más golpea a los pobres del país, ¡y lo derrotamos! Hoy la inflación, por segundo año consecutivo, va a estar por debajo del 10% anual, cuando apenas hace tres años estaba por encima del 20%. Y es más: el mes pasado, por primera vez en 14 años, tuvimos una inflación negativa. ¿Y qué significa eso? Que el mercado estuvo más barato, que los colombianos comieron mejor y que hasta las cuotas de vivienda bajaron. Con la ayuda de ustedes, ¡no vamos a dejar que la inflación vuelva a subir!

    Además, en cumplimiento de lo que propuse en mi campaña, comenzamos a reducir el IVA, bajándolo al 15%. Y, por consiguiente, bajaron también los precios de los bienes de consumo.

    Ninguna empresa, ninguna familia y ningún país pueden estar bien si gastan más de lo que reciben. Un gobierno irresponsable es como un mal jefe de hogar que, en vez de destinar el sueldo para el mercado, el alquiler y el colegio de sus hijos, se gasta la plata en la cantina y le toca fiar en la tienda y endeudarse para pagar las matrículas. Tarde o temprano se revienta, destruyendo el futuro de su familia y de sus hijos. Yo no voy a dejar que eso pase con Colombia.

    Con un manejo austero y responsable, el año pasado tuvimos un déficit equivalente al 5.2% del Producto Interno Bruto, inferior a lo previsto. La meta para este año es reducirlo a niveles del 3.6%. Y para cumplirla estamos obrando dentro del llamado “Presupuesto de la Verdad” que aprobó el Congreso. Pero no es una tarea fácil. Gastar menos es una responsabilidad de todos los que estamos en el sector público. Y seguiremos ajustándonos el cinturón, porque el objetivo es claro: ¡Todos vamos a dejar de gastar tanto, para que haya más plata para invertir en los más pobres!

    Otro problema era el dólar. Teníamos un dólar demasiado barato. Por eso nuestros supermercados y tiendas estaban llenos de productos extranjeros, y los productos nacionales no podían competir ni en Colombia, ni mucho menos en el exterior. Hoy tenemos una tasa de cambio libre y competitiva y estamos librando una batalla decidida contra el contrabando. Por eso nuestros mercados y los mercados del mundo se llenan otra vez con el fruto del trabajo colombiano.

    Los colombianos hemos entendido que el contrabando es el peor enemigo del empleo. He liderado una lucha sin tregua contra él y seguiré liderándola hasta el final. ¡Entre todos vamos a apoyar el comercio legal y la industria nacional, y vamos a dar más trabajo a nuestros compatriotas!

    La meta del país es doblar nuestras exportaciones durante los cuatro años de mi gobierno. ¡Y vamos bien! Las exportaciones totales crecieron más del 23% en los primeros cinco meses del año, comparado con el mismo periodo del año pasado. Y las exportaciones no tradicionales se incrementaron en un 13%, impulsadas principalmente por las de la industria manufacturera. ¡Estamos vendiendo a los demás países, estamos compitiendo bien y estamos creando riqueza!

    Adicionalmente, establecimos cuatro Zonas Económicas Especiales de Exportación en Cúcuta, Ipiales, Valledupar y Buenaventura, dotándolas de tratamientos favorables para atraer la inversión hacia ellas. Yo le pido al Congreso que complemente estas medidas con estímulos adicionales, para que convirtamos a estas ciudades en verdaderos polos de progreso ¡Así también generaremos empleo y desarrollo!

    La industria está creciendo y, con ella, toda la economía de Colombia. Esta es una noticia que tenemos que difundir a todo pulmón. En los primeros cinco meses de este año, comparado con el mismo periodo del año pasado, la actividad industrial creció el 15% -oígase bien: ¡el 15%!-, y también tuvieron comportamientos positivos los sectores de servicios públicos, de comercio, transporte y comunicaciones, agropecuario, de minas y de servicios sociales. En total, la economía creció un 2.3% en el primer trimestre y todo indica que en el segundo trimestre va a crecer cerca del 3.8%. Nuestro objetivo final es lograr este año un crecimiento global del 3% o superior y estoy seguro de que vamos a alcanzarlo, contando con ustedes y con el apoyo de todos los colombianos.

    Estamos salvando las empresas en dificultades. Frenamos la hecatombe empresarial que colocaba cada día a una sociedad al borde de su liquidación. Gracias a la Ley de Intervención Económica que propuso mi gobierno y que fue en buena hora acogida por el Congreso, durante este año 144 empresas, como Acerías Paz del Río, por ejemplo, y 4 departamentos se han acogido a esta ley, que facilita el proceso de arreglo entre el deudor y sus acreedores, posibilita que se mantenga el acceso al crédito por parte de las empresas en problemas y protege a los trabajadores. Señores congresistas: con esta ley cerca de 25.000 colombianos se han salvado hasta ahora de quedar sin empleo.

    Y también el campo está saliendo de su postración. El Banco Agrario, que ya cumplió un año de funcionamiento, ha vuelto a ser el banco que necesitaban los campesinos y ganaderos de Colombia. En este primer año, ha aprobado créditos por un total de casi 250 mil millones de pesos y ha desembolsado más de 120 mil millones a 17.000 campesinos, volviendo a irrigar de recursos las veredas del país.

    Por otra parte, con el Programa Nacional de Reactivación Agropecuaria –PRAN- estamos logrando que cerca del 90% de los deudores campesinos y ganaderos vuelvan a tener acceso al crédito. 40.000 de ellos ya han tramitado la refinanciación de sus deudas. Además, con el programa de fomento de las cadenas productivas –PROAGRO- estamos recuperando al fin la competitividad del agro, en una alianza entre el campo y la industria nacional. Con las cadenas de Proagro, este año generaremos 111.000 empleos y lograremos un incremento del área cultivada cercano a las 200.000 hectáreas. Nuestra meta es ambiciosa: al terminar el año 2002 tendremos 314.000 nuevos empleos en el campo y 600.000 nuevas hectáreas cultivadas. ¡Para que renazca nuestra Colombia verde!

    Los frutos ya los estamos cosechando: En 1999, a excepción del café, las actividades agropecuarias presentaron un crecimiento del 3.5% por ciento en el valor de la producción. Y hoy estamos importando un 20% menos de alimentos. ¡Para que la bandeja paisa otra vez se vuelva a cocinar únicamente con frutos de la tierra colombiana!

    Recuperamos también la fortaleza de nuestros bancos. Hoy las entidades financieras tienen mayor capital para responder frente a sus clientes y la cartera vencida, que el año pasado alcanzó niveles del 16%, ha bajado al 11%.

    Y tenemos otro gran aliado para el progreso: el petróleo, el oro negro que hoy le inyecta gasolina a la economía nacional.  Ecopetrol cerró el año pasado con un balance comercial favorable superior a los 2.000 millones de dólares y en el primer trimestre de este año obtuvo un ingreso récord de 1.1 billones de pesos. A ello se suma el reciente descubrimiento de petróleo en el Tolima, con el cual hemos garantizado por lo menos dos años y medio adicionales del combustible que requiere Colombia para su consumo interno. Además, nuestra nueva política petrolera nos ha permitido firmar este año 17 contratos de asociación para la exploración de hidrocarburos, cuando el año pasado sólo se concretó uno. ¡Saldremos adelante con la fuerza de esta nueva energía de las entrañas de Colombia!

    También recuperamos la credibilidad de Colombia ante los inversionistas y los organismos financieros internacionales. Gracias a la seriedad de nuestro trabajo económico, obtuvimos en septiembre pasado la aprobación de cupos de crédito con las entidades financieras internacionales por un total de 6.900 millones de dólares, un paquete de financiamiento que nunca había tenido Colombia en toda su historia. Súmenle a esto los recursos gratuitos que nos llegarán como apoyo de Estados Unidos y de Europa, Japón y Canadá al Plan Colombia, por más de 1.600 millones de dólares, y sin lugar a dudas tenemos la más grande asistencia financiera internacional que hayamos recibido jamás, y que es el fruto del trabajo constante que hemos venido realizando dentro de nuestra Diplomacia por la Paz y por la Economía.

    Señores Congresistas: Estos son sólo algunos hechos positivos, de muchos otros que podría enunciar, pero que bastan para que entendamos y valoremos lo que hemos hecho, lo que hemos forjado con nuestro trabajo conjunto y lo que tenemos que consolidar, para bien de todos los colombianos.

    ¡Esta es una economía que florece y no una economía que desfallece, como pretenden algunos escépticos y anunciadores de catástrofes!

    UNA AGENDA ECONÓMICA POR COLOMBIA

    El Congreso y el Gobierno trabajamos en llave por Colombia y sacamos adelante leyes trascendentales para la economía, que también quiero destacar:

    Con la Ley de Financiación del Pasivo Pensional de las Entidades Territoriales, que creo el Fondo de Pensiones Territoriales, apostamos por el futuro, creando un mecanismo que garantice el pago oportuno y sin traumatismos de las pensiones a cerca de 500.000 colombianos y la viabilidad financiera de las entidades territoriales que están obligadas a pagarlas. Nosotros complementamos esa ley, destinando 80.000 millones de pesos para que los departamentos se pusieran al día con las pensiones atrasadas de tantos colombianos que dependen de ellas para vivir.

    A través de la Ley para el fomento de la Micro, la Pequeña y la Mediana Empresa, por otra parte, se establecieron importantes incentivos para estimular esta actividad empresarial de los colombianos que pueden generar riqueza y empleo en pequeñas unidades de trabajo.

    Por último, quiero también resaltar el importante logro que significa la Ley de Racionalización del Gasto de las Entidades Territoriales, cuyo proyecto está en proceso de conciliación entre ambas Cámaras, gracias a la cual las entidades territoriales disminuirán su déficit en cerca de 5 billones de pesos y podrán acceder a financiación, con la garantía del Gobierno Nacional, siempre y cuando ajusten sus gastos a sus ingresos. Con este proyecto fundamental lograremos que los municipios y departamentos gasten, como debe ser, más en inversión social y menos en burocracia inútil.

    Pero el largo camino avanzado sólo es el comienzo de lo que tenemos que hacer para sacar a Colombia adelante, con responsabilidad y visión de futuro. ¡Por eso no nos detendremos ni descansaremos hasta no cumplirle al país y a las nuevas generaciones!

    A consideración de ustedes, señores congresistas, se encuentran ya dos proyectos de la mayor importancia: uno que moderniza el sistema tributario, que extiende en el tiempo el impuesto a las transacciones financieras, rebaja la tarifa del impuesto de renta, y rebaja los impuestos a las empresas que generen empleo, y otro que regula los juegos de suerte y azar, garantizando mayores recursos para la salud de todos los colombianos. Yo espero que ustedes les den pronto y feliz trámite a estas dos propuestas en bien del país.

    También estamos presentando a esta legislatura un novedoso proyecto de Ley de Responsabilidad Fiscal, que complementará la de Ajuste de las Finanzas Territoriales, fijando unos topes máximos a los gastos de funcionamiento de la nación de tal manera que los gobernantes quedemos comprometidos a no aumentar irresponsablemente la deuda pública, en perjuicio de los colombianos del mañana. Esta sería una ley que nos colocará, junto con Brasil y Argentina, a la vanguardia de la legislación en temas de ajuste fiscal. Será una ley que nos obligará a pensar en el futuro y a no derrochar hoy las oportunidades de nuestros propios hijos.

    Y como hemos entendido que el futuro es un problema de todos, que tenemos que resolver entre todos, estamos debatiendo en las llamadas Mesas de Trabajo por Colombia, con representantes de los partidos y movimientos políticos, de los ciudadanos, de los empresarios y de los trabajadores, tres temas esenciales de la nación, que próximamente llegarán al Congreso, con el aval de una discusión abierta y democrática: La Reforma al Sistema Pensional, la Reforma al Régimen de Transferencias Territoriales y el tema del Empleo y la Generación de Riqueza.

    En medio de esta realidad cada vez más positiva, a nadie en Colombia se nos escapa que sigue pendiente la solución al más grave problema social y económico que vivimos, como lo es el desempleo, que hoy castiga a una de cada cinco personas en disposición de trabajar.

    Todo lo que hemos hecho, el desarrollo de la reactivación económica que ya vivimos, traerá consigo la generación de trabajo para los colombianos. Así mismo, los proyectos sociales contemplados dentro del Plan Colombia, tales como “Manos a la Obra”, “Vías para la Paz” y “Capacitación a los Jóvenes Desempleados” también serán fuentes importantes de ocupación para los colombianos más pobres. Pero tenemos que seguir siendo imaginativos y buscar más y más formas de generar empleo. Yo confío en que de la Mesa de Trabajo para el Empleo saldrán importantes iniciativas que nos ayuden a solucionar este problema, que hoy es nuestra principal preocupación.

    UNA COLOMBIA SOLIDARIA

    Nuestro enemigo es la pobreza. Nuestro principal reto, nuestro gran desafío, es sacar a millones de colombianos de la marginalidad. Por eso quiero resumirles, muy brevemente, cómo va la Agenda Social de nuestra Empresa Colombia.

    Primero quiero contarles que seguimos graduando “Municipios Caminantes”, que son aquellos que alcanzan una cobertura de educación para sus niños y jóvenes superior al 90%. Ya son 28 en todo el país y esperamos alcanzar este año la meta de 50, para que, de municipio en municipio, ¡Colombia entera se gradúe!

    En los campos colombianos estamos llevando a cabo el Proyecto de Educación Rural, que involucra a 70 municipios de 10 departamentos, brindando educación a 85.000 adultos y 330.000 niños, de los cuales 200.000 son cupos nuevos. Promoviendo la educación en el campo y estimulando el uso de computadores y de la Internet, así como el aprendizaje de una segunda lengua, en todas las escuelas del país, estamos sembrando futuro y cosechando esperanzas.

    Y quiero hablarles  también de un programa por el cual siento especial predilección, porque conjuga el cuidado de la salud de los niños con la creación de mejores condiciones para su aprendizaje, como lo es el “Programa de Desayunos y Almuerzos Escolares”, que hoy por hoy entrega un desayuno nutritivo y balanceado a más de 1.700.000 niños y almuerzo a unos 700.000. Nuestra meta es que lleguemos antes de terminar el año a por lo menos dos millones de pequeños colombianos con la mejor ración diaria de alimento y cariño para que inicien su jornada educativa.

    En el tema de la salud también hemos querido proteger fundamentalmente a los más pobres del país. Para ello, hemos aumentado en 800.000 personas el número de afiliados al régimen subsidiado de salud, pasando de 8.5 millones a 9.3 millones de afiliados.

    Y estamos trabajando sin descanso para salvar los hospitales de Colombia. En tal sentido, hemos dirigido los esfuerzos hacia la adecuación y consolidación de 27 hospitales de segundo y tercer nivel en todo el país, con los cuales se han suscrito convenios de desempeño por cerca de 150.000 millones de pesos.

    Adicionalmente, dentro de una ambiciosa y novedosa “Agenda para la Conectividad”, estamos decididos a llevar comunicación e información a las regiones más apartadas. No más con el programa Compartel brindaremos acceso a Internet a más de 800 municipios, con una cobertura de población cercana a los 7.500.000 habitantes, y pondremos en servicio durante los próximos doce meses más de 6.500 puntos comunitarios de acceso telefónico en localidades rurales dispersas por todo el país.

    Además, para garantizar un techo digno a los más pobres del país hemos cumplido con una ambiciosa política de subsidios. En el último año hemos entregado 220.000 millones de pesos en subsidios de vivienda a más de 37.000 familias de bajos ingresos en todo el país, que hoy cuentan con su casa propia.

    Honorables senadores y representantes:

    El día de mi posesión dije que mi gobierno hacía una opción preferencial por los pobres, porque entiendo que aliviar su situación es un compromiso moral y un deber de cristiano y de ser humano.

    Si en los dos años iniciales de mi mandato ordenamos las finanzas públicas, sin sacrificar por ello la inversión social básica, quiero que sepan todos los colombianos que en los dos años que restan, sobre las bases fortalecidas de una economía sana, vamos a dedicar todos nuestros esfuerzos a trabajar por la justicia social.

    Los importantes recursos que comenzarán a llegar del extranjero y de las entidades financieras internacionales, así como los de nuestro propio presupuesto nacional, los vamos a invertir en la gente que más los necesita, para continuar “cerrando la brecha” de los abismos sociales.

    Vamos a trabajar por los desplazados, por los campesinos afectados por la violencia, por aquellos que renuncien a los cultivos ilícitos, por las madres cabeza de familia, por los indígenas, por los discapacitados, por los ancianos, por los jóvenes desempleados, por los afectados por desastres naturales y, sobre todo, por nuestros niños, con decisión y vocación de servicio.

    Y vamos a hacerlo utilizando el mismo modelo de trabajo que ha rendido tantos frutos en la reconstrucción del Eje Cafetero, donde hemos invertido hasta la fecha más de 1.35 billones de pesos a través de organizaciones comunitarias y no gubernamentales con experiencia en el manejo social, sin que se hayan presentado quejas de ineficiencia o desvío de dineros.

    En el Eje Cafetero hemos comprobado que en la nueva Colombia solidaria sí es posible manejar grandes recursos con transparencia y efectividad, ¡y así lo haremos en todo el país, para bien de nuestra gente!

    LA TRANSPARENCIA Y LA POLÍTICA

    Todo lo que nos pide el pueblo es que hagamos los mejores esfuerzos, con honestidad, pulcritud y eficiencia, para garantizar una vida más digna a todos los colombianos. Por ello, la lucha contra la corrupción es un imperativo de mi gobierno en el que no vamos a claudicar.

    Desde el Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción, que funciona bajo la dirección del Vicepresidente de la República y en coordinación con los distintos organismos de control del Estado, hemos promovido investigaciones y sanciones en casos de gran connotación nacional, incluidos los que afectaron al Congreso de la República, y estamos comprometidos con la captura y castigo de los corruptos, estén donde estén.

    La corrupción es un cáncer social que se alimenta de la oscuridad y del silencio, y por eso hemos dicho que “en un país de mudos, el corrupto es rey”. De ahí la importancia de estimular una cultura de denuncia en todos los niveles de la ciudadanía, para que la indiferencia deje de ser cómplice de quienes roban el dinero público, que no es otra cosa que el dinero de todos los colombianos.

    Los casos de corrupción puestos al descubierto en la Banca Pública, gracias a la Comisión de la Verdad, o en el Congreso de la República, o en algunas instancias de la Administración, o en la rama judicial, o entre los particulares, son síntomas de una enfermedad grave que tenemos que atacar con medicinas extremas. No podemos ni queremos generalizar ni estigmatizar a todos por el accionar corrupto de unos cuantos, pero sí tenemos que entender que nuestro deber es obrar ya y con diligencia para que la política sea otra vez el arte del buen gobierno y la función pública sea sinónimo de transparencia.

    La propuesta gubernamental de convocar un Referendo contra la Corrupción, que en su momento fue motivo de discordia, puede ser hoy, en este Congreso de cuyo trabajo espero lo mejor para la patria, una fuente de unión.

    Todos estamos de acuerdo en la necesidad de reformar el sistema electoral para hacerlo más representativo, en la urgencia de hacer más transparente el sistema de financiación de las campañas, en la conveniencia de tener cuerpos colegiados menos burocratizados y más eficientes, y en la importancia de generar nuevos instrumentos contra la corrupción. Por eso los invito desde ahora a que nos revistamos de sentido de patria para sacar adelante, entre todos y con prontitud, el proyecto de referendo que nos exige Colombia, para  que sean los mismos ciudadanos quienes decidan los nuevos lineamientos de nuestra vida política. Para que sea el mismo pueblo el que le expida carta de defunción a la corrupción y partida de nacimiento a un sistema político moderno y transparente, digno del nuevo siglo que estamos inaugurando.

    EL CAMINO DE LA PAZ

    Los colombianos tenemos derecho a un buen futuro. No estamos condenados al mal ni a la violencia. No queremos más sangre sobre una tierra fértil. No soportamos más llanto, ni más injusticia, cuando nos sabemos dueños de un país lleno de oportunidades y de espacio para todos.

    El proceso de paz, que en este último año continuó avanzando con paso firme, sigue siendo la brújula de nuestras esperanzas. El procedimiento de las audiencias públicas que se han adelantado en San Vicente del Caguán, ha permitido enriquecer el debate con las FARC sobre la agenda temática, empezando por los trascendentales temas del empleo y la economía, a nivel nacional, y de los cultivos ilícitos y el medio ambiente, a nivel internacional. De esta forma, y con la ampliación de los miembros de la Mesa de Negociación y del Comité Temático, cada vez hay más nación involucrada en un proceso que es fundamental para la viabilidad de nuestra Empresa Colombia.

    Igualmente, los avances alcanzados con el ELN, que se enfilan a la creación de una Zona de Encuentro, donde se brinden todas las garantías a la población civil -incluyendo una veeduría internacional-, son promisorios.

    Yo sé que todos a veces perdemos la paciencia cuando vemos que los procesos no avanzan a la velocidad que quisiéramos y que los subversivos o los grupos de justicia privada siguen empeñados en sembrar muerte y desolación por el territorio nacional, pero tenemos que entender que lo que hemos hecho hasta ahora, ya de por sí es un gran logro.

    Hoy existen mecanismos institucionales de diálogo con los subversivos. Hoy ellos y el Estado colombiano estamos en la mira de toda la comunidad internacional, que observa con interés, pero también con pensamiento crítico, el desarrollo del conflicto armado y del proceso de paz en nuestro país.  Hoy están sobre la mesa las propuestas para el cese al fuego y de hostilidades. Hoy sabemos que no hay camino de retorno, sino que todos nuestros pasos, lentos o apresurados, sólo tienen un destino: La paz.

    Y mientras ella llega, ¡porque va a llegar!, seguiremos cumpliendo con nuestra obligación de proteger la vida, la integridad y los bienes de los colombianos, a través de unas fuerzas militares y de policía cada vez más profesionales, mejor dotadas y comprometidas con el tema de los derechos humanos. Seguiremos persiguiendo a los secuestradores, que juegan con el valor de la vida humana y con el dolor de las familias, en desarrollo de la Nueva Política Nacional contra el Secuestro, y propondremos al Congreso una ley que endurezca sus penas y restrinja sus beneficios.

    El Estado colombiano, bajo mi dirección, está comprometido hoy más que nunca con la protección de los Derechos Humanos y la aplicación del Derecho Internacional Humanitario. Por ello, debo resaltar la labor del órgano legislativo, que expidió la ley que tipifica los delitos de genocidio, tortura, desaparición y desplazamientos forzados; que aprobó la Convención de Ottawa para la prohibición y destrucción de las minas antipersonales, y que, además, al tiempo que prorrogó la ley de orden público que le da viabilidad al proceso de paz, prohibió terminantemente la incorporación al servicio militar de todos los menores de 18 años, en un gesto que enaltece a Colombia y la coloca a la vanguardia mundial en este tema.

    Hoy, desde el Capitolio Nacional, hago un llamado vehemente a todos los alzados en armas para que respeten a la población civil y, particularmente, a todos los menores de edad, desvinculándolos del conflicto y de sus milicias, y liberando a todos aquellos que tengan secuestrados. ¡No más sangre y no más dolor! ¡Colombia y el mundo esperan hechos de paz y de humanidad!

    EL ORGULLO DE SER COLOMBIANO

    Y es que, actualmente, el proceso de paz de nuestro país, su lucha decidida contra las drogas ilícitas y su recuperación económica están siendo observados con atención por todas las naciones del planeta.

    Colombia es hoy, gracias a nuestra Diplomacia por la Paz y por la Economía, un centro de interés mundial, con alcances positivos, pues hemos logrado que los demás países del mundo entiendan, valoren y acompañen nuestra situación, como nunca antes había sucedido en la historia del país.

    Después de por lo menos tres lustros de haberle repetido al mundo que el problema de las drogas no era sólo nuestro sino de todos los países –productores, consumidores, de tránsito y de lavado de activos-, por fin hemos logrado que cale este importante mensaje, y hoy nadie discute que el flagelo del narcotráfico debe enfrentarse desde una óptica de responsabilidad compartida.

    Gracias a ello, Estados Unidos ha decidido aportar al Plan Colombia una suma cercana a los mil millones de dólares, y en Madrid, a principios de este mes, se reunieron 26 países de Europa, América y Asia, junto con 7 organismos internacionales, a estudiar la mejor manera de colaborar con nuestro país, a través del apoyo a los múltiples planes sociales y ambientales que incluye el Plan Colombia, y hasta la fecha han ofrecido más de 600 millones de dólares. Como ya lo dije, ésta es la asistencia económica más grande y el respaldo político más amplio que haya recibido jamás nuestro país, y yo quiero que lo celebremos no sólo como un triunfo de mi gobierno, sino también, y sobre todo, como un triunfo de toda Colombia.

    Porque si algo hemos recuperado en este último año es la cara de nuestro país frente al mundo y el orgullo de ser colombiano ante la comunidad internacional.

    Aquí estuvieron los cancilleres de los Estados miembros del Movimiento de Países No Alineados. Aquí estuvieron los presidentes y representantes de 18 países que conforman, junto con Colombia, el Grupo de Río, que hoy, además, nos honramos en presidir con liderazgo y visión latinoamericana.

    En la Comunidad Andina, Colombia sigue siendo una promotora principal de la integración y una defensora de la democracia. Estamos reactivando el Grupo de los Tres, con México y Venezuela, y fuimos recientemente admitidos en el Grupo de los Quince, que reúne a las principales economías emergentes del mundo, desde donde tendremos un nuevo canal de diálogo político con los países industrializados.

    En el campo ambiental, fue Colombia la que lideró las negociaciones que condujeron a la aprobación del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, y desempeñamos con honor y responsabilidad la Presidencia de la Comisión de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

    Además, vivimos hoy nuestro mejor momento en las relaciones bilaterales con Venezuela, con Estados Unidos y, en general, con todas las naciones de América y del planeta. Y, por si fuera poco, contamos ya con el apoyo de todos los países de América Latina y el Caribe para ser elegidos el próximo septiembre como miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el periodo 2001-2002.

    Lo digo con orgullo: Colombia es hoy, de nuevo, un país digno, con liderazgo y personalidad propia ante el mundo, y nuestra misión será continuar afianzando esta acertada política internacional.

    LA NACIÓN ESPERA TODO DE NOSOTROS

    Señores Congresistas: ¡La Patria por encima de todo!

    Que ésta sea la consigna de nuestro trabajo conjunto en esta nueva legislatura que se inaugura y en los dos años que aún nos restan para trabajar unidos por Colombia.

    El hombre que hoy se para frente a ustedes es más que un presidente, más que un hombre de partido o que un ciudadano con trayectoria pública: Es un colombiano, como cualquiera, a quien el destino y el voto de sus compatriotas le han confiado dirigir el curso de la nación en un momento crucial de su historia.

    Pero no puedo solo. Los necesito también a ustedes, así como necesito la fuerza, la inteligencia y la capacidad de todos los colombianos.

    La nación, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, esperan todo de nosotros. ¡Y nosotros tenemos que darles todo! Dios y la Patria nos lo agradecerán.

    Hoy recuerdo, con emoción, las palabras que pronunció el tribuno del pueblo, José Acevedo y Gómez, a pocos metros de este sitio, hoy hace exactamente 190 años. Yo también les digo, a ustedes, señores congresistas, y a todos los colombianos, que no podemos perder estos “momentos de efervescencia y calor”, porque éste es el momento de la verdad para nuestro país: es el momento de obrar con generosidad y altura, pensando únicamente en el bien público.

    ¡Que la memoria de nuestros héroes y la mano bondadosa de Dios guíen el destino de nuestra Patria!

    Muchas gracias.

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    20 de junio del 2000

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