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  • INTEGRACIÓN EN LA DEMOCRACIA Y DEMOCRACIA EN LA INTEGRACIÓN

    Cena ofrecida en honor del presidente electo de la República de Venezuela, Hugo Chávez Frías.

    Santafé de Bogotá, 17 de diciembre de 1998.

    Hoy hace 168 años que el Libertador, antes de morir, reiteró su vocación por la unión. Sus últimas palabras encierran una larga y profunda reflexión del camino transitado desde su partida en Santa Fe de Bogotá hasta su día final en Santa Marta, donde se erige el Altar de la Patria.

    Aquí en esta tierra, el Libertador consolidó la gesta iniciada en Angosturas al mando de llaneros de nuestros dos pueblos y siguió hacia el sur en su ruta emancipadora.

    Nuestro padre común siempre quiso hacer realidad la integración de nuestros pueblos y así compuso las fuerzas que lucharon por nuestra independencia.

    En la Constitución colombiana de 1991 está establecida, como uno de nuestros grandes sueños, la integración latinoamericana.

    Nuestra historia compartida y nuestra realidad política me permiten hoy proponerle a usted señor Presidente, que concentremos esfuerzos conjuntos para realizar el sueño del Libertador; el sueño de integración es nuestra real herencia.

    LA INTEGRACIÓN: IMPERATIVO BOLIVARIANO

    Quien dice integración no habla de uniformidad sino de esa unión enrique- cedora de lo diferente que se junta para producir esos momentos de fuerza, en donde los pueblos reconocen que sólo caminando juntos se hacen merecedor es del mañana.

    Yo quiero señalar algo que es preocupante y frente a lo cual es preciso tomar decisiones. El pensamiento de la Integración Europea que la ha unificado y hecho fuerte, surge en este siglo en los años 50 al abrigo de unas democracias en búsqueda de construir alternativas de convivencia luego de terribles años de una violencia generalizada. 50 años han sido suficientes para convertirse en modelo del mundo.

    “La integración es el futuro gobierno de las naciones” fue advertencia del Libertador y lamentablemente vamos llegando casi a dos siglos de tener una herencia que no hemos podido realizar.

    Venezuela y Colombia son orillas diversas de un mismo río; orillas opuestas que construyen un mismo cauce por el que va creciendo la democracia.

    Nadie puede cometer la locura de construir su propia felicidad y prosperidad sobre la desventura ajena. Nada de lo que ocurre en su Patria nos es indiferente, señor Presidente, así como sabemos que buena parte de su mira- da reposa en la realidad de Colombia y que ella tampoco le es indiferente.

    Hace ya muchos años alguien escribió que era “deber primordial, impera- tivo y categórico de los hombres de Estado, de los conductores de Colom- bia y de Venezuela, el mantener intacta e inquebrantable, la unión fraternal de esos dos pueblos, gemelos de la libertad y de la gloria”.y así debe ser porque ambas naciones son el “pórtico glorioso de la Amé- rica del Sur”.

    Cuando algo le duele a Colombia, Venezuela ha de sentirlo como propio y cuando algo acontezca en Venezuela se debe sentir en Colombia como si también fuera propio.

    Dicen los modernos pensadores de asuntos fronterizos que en los tiempos de hoy, cuando avanza el imperativo de la globalización, una frontera es la mayor oportunidad de construir la convivencia, se afirma por ejemplo que una frontera produce una necesaria emulación de cara al desarrollo; se afirma que una frontera es una opción permanente de seguridad y de paz porque en ella convergen propósitos de calidad de vida de dos realida- des de poder que se hacen evidentes en el servicio.

    Hagamos de nuestras fronteras no el límite que nos separa, sino el punto en donde se evidencia la unión de nuestros pueblos.

    Esa interdependencia es patente en el comportamiento del comercio bilate- ral entre los dos países. Superando los cambios que experimentan las eco- nomías de Colombia y Venezuela, hemos mantenido un dinámico crecimiento de nuestros intercambios recíprocos.

    Nuestra alianza continuará. Y le reitero que Colombia sigue viendo a Ve- nezuela como el mercado natural para sus productos y su más activo socio en todos los aspectos.

    Esta labor, que con empeño han trazado los gobiernos de nuestros países, encuentra un asiento de estabilidad en el trabajo continuo y decidido que realizan nuestros sectores empresariales.

    En estas épocas, el aliento para mantener la empresa de integración econó- mica tan ambiciosa que nos hemos propuesto entre los dos países, provendrá de la imaginación y la creatividad de nuestros gobiernos y de preservar la dinámica acción de nuestros empresarios.

    La propuesta que le hago a usted, señor Presidente, para reimpulsar nues- tro intercambio comercial y consolidar la integración subregional, busca que los países de la Comunidad Andina sigamos avanzando juntos hacia la consolidación de posiciones para la negociación con otros bloques regionales, lo que sin duda favorecerá la capacidad negociadora en el proyecto de integración hemisférico. No puede haber integración allí donde la democracia se ha debilitado. No puede avanzar la integración allí donde no se hacen esfuerzos ciertos por la paz: no puede haber integración donde se propicia la anarquía. A usted y a mí, señor Presidente, nos ha correspondido conducir a nuestras naciones hacia el tercer milenio; a usted y a mí se nos ha dado la obligación de administrar una “herencia común”, que no se puede distribuir, sino que es preciso que la experimentemos juntos y es por ello que los gobernantes de Venezuela y Colombia -cuando se encuentran- deben ir más allá de las normas protocolarias, porque cada encuentro prodúzcase donde se produzca es un auténtico acto de gobierno.

    A usted y a mí como líderes de un mañana cierto en nuestros pueblos, nos recuerda el Libertador que no hay democracia donde se lastima la libertad; que “la libertad práctica no consiste en otra cosa que en la administración de justicia y en el cumplimiento perfecto de las leyes para que eljusto y el débil no teman”, que la justicia social es la base de la soberanía y que la inteligencia sin honradez es una maldición.

    A usted y a mí nos toca dar el ejemplo permanente de transparencia en el actuar y en el pensar, de capacidad en el dirigir y de creatividad en la búsqueda de caminos para construir la paz y abrirle posibilidades al bien común y al desarrollo.

    A usted y a mí nos ha correspondido darnos la mano para, unidos, construir una respuesta y una alternativa y ello tenemos que hacerlo bajo esa apasionante dimensión del “ciudadano” que fue “la opción bolivariana” para el gobernante, cuando en Angostura, a pesar de la gloria brillante del ser Libertador, el demócrata que alimentó el genio de Bolívar decidió vestirse de civil para señalar el imperio de la democracia y de la ley.

    LAS GRANDES TAREAS DEL PORVENIR

    Los desafíos del milenio que se acerca ya nos han llegado de antemano pero es preciso tener en cuenta que la respuesta que debe darse a ellos tiene que ser clara, urgente y certera.

    Bien sé yo que compartimos, señor Presidente, la certeza de que allí donde no se satisfacen las necesidades básicas de las gentes se levanta la anarquía. “Siembra vientos y cosecharás tempestades” es un decir de la sabiduría popular que recorre a todos los países y no hay “tempestad” más fuerte que aquella donde los mayores han perdido la esperanza y los jóvenes han nacido sin ella.

    Si las paredes de la quinta en la que vivió nuestro libertador hablaran, oiríamos su clamor por la paz de Colombia. Esos muros pedirían por una paz que tenemos que construir sobre la base de la justicia social.

    Inspirados en los largos paseos que hizo nuestro libertador en la que fuera su casa, estamos recorriendo el camino que nos llevará a la construcción de una paz en la que no quedarán ni vencedores ni vencidos.

    Los frutos de esa paz los recogeremos colombianos y venezolanos con la misma satisfacción y les daremos el mismo buen provecho.

    Señor presidente, Colombia agradece los buenos oficios que en el pasado su país nos ha prestado y la colaboración que, estoy seguro, usted como gobernante nos brindará en construcción del proceso de paz. Con el apoyo de la comunidad internacional pero sobre todo con el apoyo de Venezuela, vamos a avizorar más de cerca la Colombia que queremos. y en este camino que recorremos los colombianos, he defendido la idea programática de que “el empleo es el nuevo nombre de la paz”, y he visto que ella también es eje fundamental de su programa político y de sus propósitos de gobierno.

    La generación de empleo es la única posibilidad cierta de construir una economía social de mercado, de darle fundamento real al Estado Social de Derecho y de crear un auténtico modelo social de desarrollo. Más aún: no hay paz posible allí donde no hay empleo; no hay seguridad ni superación de la violencia allí donde no hay empleo; no se puede garantizar la supervivencia de las instituciones allí donde no hay empleo.

    Cómo me llama la atención observar que la semana anterior bajo la denominación de “construir un nuevo Pacto Social” se presentó ante la Comunidad Europea el plan urgente de generación de empleo.

    La tarea que nos hemos propuesto no es fácil y yo quiero decirle a usted, señor Presidente, que hay algo que experimentará por sí mismo y es que todo el mundo está de acuerdo con las ideas siempre y cuando ellas no se realicen ya que cuando una idea se acerca a la realización, empieza a demandar sacrificios que los partidarios de ellas no están dispuestos a pagar.

     

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    17 de diciembre de 1998

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