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  • JAIRO CEPEDA SARABIA: EMBLEMA DE HONESTIDAD, AÚN A COSTA DE SU PROPIA VIDA

    INAUGURACIÓN DEL PARQUE “JAIRO CEPEDA SARABIA”

    En el día de hoy siento una profunda emoción al visitar la querida ciudad de Barranquilla, que tantos afectos reúne en mi corazón. Y se hace aún más grande este sentimiento, cuando se trata de rendir un homenaje a la memoria de un servidor público por excelencia y un gran colombiano, como lo fue Jairo Cepeda Sarabia.

    Cuando pensamos en Jairo Cepeda recordamos a un hombre que fue cultivado en los más altos valores de la academia y, sobre todo, en el seno de una dignísima familia de Barranquilla que se ha caracterizado por promover y defender como ninguna la ética en el mundo de los negocios y las relaciones sociales.

    Don Efraín, doña Sarita, Efraín, Alfonso, Fernando, Alberto, Alvaro, señoras e hijos: ustedes son un magnífico ejemplo de lo que representa para la sociedad colombiana la unidad familiar, la solidaridad de grupo y el respeto por las ideas, así como la tradición de las buenas costumbres y la moral en su más elevado concepto.

    En efecto, la familia Cepeda Sarabia es una familia que tiene su origen en la provincia del Departamento del Atlántico, hecha a pulso en Barranquilla con la fe que se encarna sólo en aquellos corazones que confían en el trabajo legal y honesto como fuente natural de toda riqueza. Generación tras generación ha ido madurando un sentimiento de optimismo y esperanza, a pesar de los momentos oscuros y dolorosos con que a veces la vida nos pone como prueba.

    Quiero con este homenaje dejar a un lado por un momento los naturales sentimientos de tristeza y ausencia, para que juntos, desde estas tierras donde se besan el Mar Caribe y el Río Magdalena, recordemos con el mayor aprecio y cariño a Jairo Cepeda Sarabia, un excelente hijo y hermano, un destacado abogado javeriano, cuya carrera profesional es un ejemplo y un símbolo para todos nosotros.

    Desde muy joven, brillaron en Jairo sus cualidades como líder y su inmensa vocación de servicio a la comunidad. Como Gobernador encargado del Atlántico, Director Regional de la Superintendencia de Sociedades, Director de Fenalco y Gerente de la Empresa Municipal de Teléfonos, mostró su indeclinable e inquebrantable voluntad de servir a las mejores causas y de contribuir al progreso de su región y Departamento natal.

    Exaltamos en Jairo Cepeda la figura del compatriota al que le apasionaba crear empresas y fomentar la industria y el empleo. Era una persona perseverante que tenía grandes sueños, especialmente el sueño de ver a un país sin niños analfabetos porque para él la educación significaba el compromiso más sagrado de un Estado y de un Gobierno con sus habitantes.

    Jairo llegó al poder local con la fuerza de la juventud creadora, transformadora y dinámica. Saltó a la esfera pública y privada como hombre de recta intención y sólidos principios morales. Pero muy temprano habría de experimentar en carne propia la virulencia de cierta clase política extraviada y corrupta.

    Prevalecían, en aquel entonces, los vicios de la política clientelista y acostumbrada a saquear el erario público, robando, como sanguijuelas, el dinero que debía estar destinado a la vivienda, la educación y la salud de los más pobres.

    A Jairo lo hicieron víctima de ese infierno, pero al mismo tiempo lo convirtieron en emblema de lo que debe ser la lucha contra la corrupción, aún a costa de la propia vida. Él prefirió sacrificar la suya, antes que doblegar sus principios. Interpretando lo que alguna vez dijo Graham Greene respecto a que “ser humano es también un deber”, Jairo entendía la solidaridad y la benevolencia hacia los demás. Servir era un deber, y, por ello, ser cómplice de la inmoralidad era algo que iba más allá de sus fuerzas y principios.

    Es mucho el daño que la corrupción le ha hecho a nuestro país. Nos ha arrebatado a nuestros mejores hombres, ha dilatado y retrasado muchas posibilidades de desarrollo, ha impedido la adecuada satisfacción de necesidades básicas del pueblo colombiano y ha socavado lo más hondo de nuestra fortaleza moral.

    Hoy volvemos a recoger la bandera que Jairo y otros colombianos pulcros, como él, nos dejaron, para trabajar incansablemente por un país libre de corrupción.

    En este orden de ideas, el Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción, bajo la orientación de ese insigne barranquillero que es el Vicepresidente, doctor Gustavo Bell Lemus, busca desarrollar valores y conductas éticas deseables dentro del servicio público, por medio de procesos pedagógicos que estimulen el conocimiento, la reflexión e interiorización de tales valores y conductas.

    Los colombianos de bien hemos tomado la decisión de intensificar la cruzada nacional contra la corrupción y desde la Presidencia de la República, la Vicepresidencia, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría, la Contraloría, las instancias de participación ciudadana y las veedurías cívicas, estamos librando la batalla más importante de la última década para acabar con el flagelo de la corrupción.

    Estamos luchando incansablemente para que ningún colombiano deje de denunciar actos de corrupción cuando haya tenido conocimiento de ellos, porque sabemos que “en un país de mudos, el corrupto es rey”. Por eso, desde la misma Presidencia estamos impulsando las investigaciones y sanciones más severas en múltiples casos de gran connotación nacional.

    Y como parte de una gran estrategia contra la corrupción, hemos diseñado un programa de Descentralización Transparente y Eficiente, para que todos los alcaldes y gobernadores que resulten elegidos en los próximos comicios del mes de octubre se comprometan personalmente a manejar la hacienda pública con prudencia, no gastando más de lo necesario, y con cumplimiento, pagando a sus contratistas a tiempo y en orden cronológico; a contratar siguiendo fielmente los postulados de la Ley 80, sin amiguismos ni favoritismos, y, por supuesto, sin prebendas o comisiones de ninguna clase; a evaluar el personal únicamente con criterios de capacidad e idoneidad, y a pagarle oportunamente, y a rendir cuentas estrictas ante los mismos ciudadanos y ante los organismos de control, estableciendo sistemas de evaluación permanente de su gestión y presentando, además, informes de gestión cada tres meses.

    A los nuevos mandatarios regionales que, en su posesión, se comprometan con su conciencia y con su pueblo a seguir fielmente estos postulados, el Gobierno Nacional les brindará todo el apoyo que requieran, en cumplimiento del principio de premiar la transparencia y la eficiencia en el sector público.

    Y en el nivel nacional, es muy satisfactorio resaltar que 167 entidades públicas, bajo el liderazgo del Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción, están implementando estrategias de transformación institucional, para que la eficiencia y la transparencia se conviertan, mediante un proceso pedagógico y de concientización, en la forma natural de ser y de obrar de todo servidor público. Mediante la adopción de las Guías de Formación de Valores y de la Guía para realizar Escrutinios de Eficiencia, y con compromisos firmados por los funcionarios, encaminados al cumplimiento de estos valores, estamos generando una verdadera revolución en el sector público.

    Desde el Presidente, el Vicepresidente y los Ministros hasta el último funcionario oficial, estamos asumiendo un compromiso cierto y concreto contra la corrupción. Y, asimismo, el compromiso en las regiones tiene que ser claro e inequívoco.

    ¡La corrupción no tiene cabida en la nueva Colombia! Y los corruptos, ¡que paguen en la cárcel y con su patrimonio los actos que cometen contra el pueblo colombiano!

    Hoy quiero hacer propicio este sencillo homenaje y la inauguración del Parque Jairo Cepeda Sarabia, para invitar a todos mis compatriotas a que sigamos generando actos de fe en nuestro país y el futuro de la Nación. Seremos perseverantes para lograr obtener bienestar y progreso equitativo para todos los colombianos. Vamos a seguir comprometidos con el tema de la paz porque sabemos que sin ella será muy difícil el desarrollo, y continuaremos recobrando la confianza internacional porque de la mano de nuestros vecinos podremos hacer más fácil el camino.

    Y aprovechando mi visita a Barranquilla, hoy quiero también compartir con ustedes una buena noticia que es producida alrededor de la familia Cepeda Sarabia, ya que corresponde a las realizaciones del Instituto Nacional de Adecuación de Tierras –Inat-, hoy bajo la dinámica dirección de Fernando Cepeda Sarabia.

    Cumpliendo con uno de las promesas de mi campaña, quiero comunicarles a las 600 familias usuarias del Distrito de Riego Santo Tomás – El Uvito, que éste puede considerarse ya como una realidad. Dicho proyecto, que generará 1.700 empleos de carácter permanente y 370.000 jornales no más en el primer año de ejecución del proyecto, beneficiará 4.300 hectáreas aledañas a la carretera oriental del Departamento del Atlántico y tiene garantizada su financiación con recursos del BID. Para abrir la licitación previa a su construcción sólo resta que los usuarios expresen su voluntad de construir el proyecto a través del acta de la Asamblea que deberán celebrar el próximo 20 de agosto.

    El objetivo es que antes de finalizar el año se inicien las obras de este Distrito, cumpliendo así nuestro compromiso con el Atlántico a través de una inversión que llega a los sectores más necesitados.

    Queridos amigos:

    Jairo Cepeda Sarabia es la más fiel encarnación y representación de la defensa del bien común por encima de los intereses particulares. A él y a su memoria rendimos nuestro permanente tributo de admiración y respeto. Y si hoy lo recordamos en su “ausencia presente”, es porque su memoria nos inspira y nos estimula a seguir adelante. Como decía el General Charles De Gaulle, “lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida”.

    A la familia Cepeda Sarabia, don Efraín y doña Sarita, mi más sentido abrazo y mis sinceros reconocimientos por lo que estoicamente han sabido soportar y por lo que con grandeza han sabido edificar para bien de esta región y nuestro país.

    Formulo votos para que el legado que nos ha dejado Jairo sea motivo de reflexión en todas nuestras acciones, para que nuestras conciencias nos guíen por el camino del bien y de la justicia, y para que este hermoso parque que hoy inauguramos como homenaje y símbolo de la vida de un hombre ejemplar, logre ofrecer a muchas familias y niños de esta bella Barranquilla, momentos de diversión, esparcimiento, unión familiar, solidaridad y vida en paz. ¡Estoy seguro de que así lo hubiera deseado nuestro querido Jairo!

    Muchas Gracias.


    Lugar y fecha

    Barranquilla, Colombia
    11 de agosto del 2000

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