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  • JUSTO HOMENAJE EN RECONOCIMIENTO AL MÉRITO DE SUS MEJORES HOMBRES EN LA POLICÍA NACIONAL

    CEREMONIA DE ASCENSOS Y CONDECORACIONES DE LA POLICÍA NACIONAL

    Cinco días después de llegar a Bogotá, en 1891, y con un sueldo mensual de 1.650 francos, Jean Marie Gilibert comenzó la organización de la Policía Nacional. Atrás quedaban los “serenos”, ese cuerpo de artesanos de casco y levitón que anunciaban la hora con sus pitos, encendían las lámparas de petróleo y se preocupaban por la buena conducta de sus ciudadanos. Con 400 agentes a su mando, el comisario francés  emprendió la tarea de conformar una institución moderna, no castrense, que garantizara la tranquilidad pública y protegiera a las personas y a sus bienes.

    Su constancia era infinita. Preocupado no sólo por la organización administrativa sino por la disciplina y, más aún, por la cortesía y la moralidad de cada uno de sus agentes, Gilibert solía camuflarse entre ellos, vistiendo sus uniformes, para luego, revelando su verdadera identidad, recriminarlos por sus fallas. Su mística, evidentemente heredada a sus descendientes, animó con brío los primeros pasos de la institución y marcó los parámetros que convirtieron a la Policía Nacional en el cuerpo sólido y vigoroso por todos conocido.

    ¡Que mejor prueba de su vigor que la ceremonia a la cual hoy asistimos! Un evento en el cual reconocemos los méritos de sus mejores hombres y celebramos las acciones de ciudadanos afines al espíritu  pacifista y democrático de la Policía. Las condecoraciones y el ascenso que hoy nos reúnen, son, a todas luces, la confirmación de que el espíritu de Jean Marie Marcellin Gilibert está más vivo que nunca.

    Todos los condecorados reciben un justo homenaje. La Medalla al Mérito Ciudadano es conferida al Ministro de Transporte, Gustavo Adolfo Canal, por contribuir, mediante su decidido apoyo a la Policía de Carreteras, al bienestar de toda la comunidad ¡Felicitaciones, Gustavo!. Asimismo la Medalla de Servicios Distinguidos, la cual es otorgada a quienes -desde su propio campo- han colaborado con el ejercicio de las funciones policiales, es hoy un reconocimiento a la labor que el Vicealmirante Alfonso Calero ha adelantado desde la Secretaría General del Ministerio de Defensa. ¡Un justo homenaje para un digno miembro de la Armada Nacional que hoy trabaja responsablemente por todas las fuerzas!

    La Orden Estrella de la Policía, conferida a quienes han contribuido en la defensa de la paz y de las instituciones democráticas, es entregada hoy al Mayor General Henry Medina por su respaldo a la Policía desde la Escuela Superior de Guerra y a los Brigadieres Generales Jorge Daniel Castro y Arnaldo José Sandoval, a causa de su lealtad a la institución y su arduo trabajo en pro de la civilidad y el orden social. Señor Mayor General y señores Brigadieres Generales: Sus acciones son el mejor ejemplo de cooperación patriótica dentro de la Fuerza Pública en seguimiento de los mismos ideales.

    Muy especial mención quiero hacer de la Orden Estrella de la Policía que hoy recibe Su Eminencia Pedro Rubiano, Arzobispo de Bogotá y Cardenal de Colombia, a quien felicito muy especialmente. Esta condecoración no es sólo una exaltación a su brillante labor pastoral, sino también un gesto de respaldo, desde el seno mismo de una importantísima institución estatal, a aquellos que, desde otras filas, luchan las guerras de la paz. Sus llamados a la reconciliación y su constante petición de cambiar las balas por las palas y las extorsiones por  los más fraternos sentimientos merecen el respaldo y el reconocimiento de todos los colombianos.

    Su Eminencia, Cardenal Rubiano: el país necesita como nunca de sus mensajes de paz y esperanza ¡El país necesita que sus oraciones alcancen con su verdad pura y altísima los corazones sordos al mensaje de Cristo!

    A veces nos entristece que esos pocos sordos no perciban lo que la gran mayoría de los colombianos sí logramos oír: que la armonía es mejor que la discordia; que más valen las guerras del trabajo que los trabajo de la guerra; que, desde los tiempos de Caín y Abel, están probados los desastres de la violencia entre hermanos. Por fortuna, hay personas que por su coraje y su espíritu cívico, por su patriotismo y su deseo de superación, nos hacen olvidar los errores de ciertas minorías. Laureano Antonio Villamizar es uno de ellos.

    Conocido entre sus colegas como “Villa”, el desde hoy Brigadier General Villamizar es uno de esos hombres que a fuerza de tesón y de amor por la institución ha llegado a las más altas jerarquías de su querida institución. Hijo, junto con 17 hermanos más, de una humilde familia campesina de Santander, ingresó a la institución a principios de la década de los 70’s para llegar, en el día de hoy, 30 años más tarde y con unos algunos kilos más…de sapiencia, a convertirse en general de la Policía Nacional.

    El Brigadier General Villamizar ha obtenido más de 50 felicitaciones durante su carrera en la Policía. En Pamplona y Medellín, en Cúcuta y Bogotá, recibió altas distinciones por su vocación de servicio público y su inmenso compañerismo, valor y capacidad de liderazgo.

    Hoy, en este evento especial y feliz de su vida, por su memoria deben desfilar las imágenes diversas que representan los momentos anecdóticos o difíciles que ha vivido en la Policía Nacional. Por ejemplo, cuando tuvo que huir en pijama por las calles de Santa Rosa de Osos, escapando a las travesuras que le jugó un fantasma durante su época de subteniente. También recordará los difíciles tiempos en que tuvo que afrontar constantes amenazas en Barrancabermeja o sortear los peores días de la narcoviolencia en Medellín. Mucho menos podrá olvidar Laureano cuando, en Lorica, tuvo que convertirse en un hábil partero para atender la llegada de su propia hija, en medio de un paro hospitalario; ni sus exitosos estudios de criminología en Madrid; ni los amotinamientos y complejos conflictos del mundo carcelario durante su periodo como director del Inpec. Ahora, cuando lidera la operación de los hombres y mujeres de la institución en la ciudad de Cali, es justo que reciba, con este ascenso, el homenaje de sus compañeros y de su patria.

    Brigadier General Villamizar: ¡usted es la clase de policía que le puede servir de modelo a las nuevas generaciones! No sólo Myrna, su esposa barranquillera; ni sólo Manuel Antonio, Martha Ligia y José Jesús, sus tres hijos, están hoy complacidos y orgullosos de usted. Creo que, ante una trayectoria como la suya, tan cargada de sacrificio y mérito, somos todos los colombianos quienes podemos enorgullecernos y batir con emoción las palmas ¡Policías como usted son los que llenan de significado y valor la palabra patria!

    Esta felicitación quiero extenderla también a los once tenientes coroneles que hoy ascendieron a coroneles de la Policía Nacional y a los siete mayores que ascendieron a tenientes coroneles, entre quienes se encuentra mi instructor de helicópteros, el teniente coronel Carlos Augusto Aljure Escandón. A él y a ellos mis sinceras congratulaciones. ¡Les deseo los mayores éxitos en su carrera de servicio a la Patria y a sus conciudadanos!

    Estimados amigos:

    La Policía Nacional tiene una gran historia y, en esa misma medida, tiene grandes desafíos. El reto más próximo será la celebración de la Copa América en Colombia. Para ello, haciendo gala de toda su pericia, la Policía dispondrá de más de 20.000 hombres -¡óigase bien!: 20.000 hombres- para garantizar, contra todo riesgo, la seguridad del evento. En las 7 ciudades donde se jugará el torneo internacional de fútbol más antiguo del mundo, y con la ayuda de 3.000 agentes adicionales del DAS, se tendrán bajo pleno control los escenarios deportivos, los hoteles, los sitios de concentración, los lugares turísticos y los aeropuertos. Con requisas permanentes antiexplosivos, dispositivos de seguridad en los desplazamientos y operativos secretos de inteligencia, ¡nada podrá privarnos de brindarle la alegría del deporte al pueblo colombiano y al mundo entero!

    Estoy seguro de que la Policía Nacional cumplirá con total éxito y con su acostumbrada seriedad esta nueva tarea. Es importante señalar que éste es un acontecimiento del que todos saldremos ganando. Ganaremos en términos económicos, en imagen internacional, en espíritu cívico, en experiencia deportiva, en capacidad organizacional y, sobre todo, en fraternidad y sentimientos  positivos.

    ¡Esta será una nueva oportunidad para meterle un gol a los escépticos, sacarle tarjeta roja a los violentos y demostrar que los mejores jugadores son los que respetan las reglas!

    La Policía de Colombia estará, como siempre, a la altura de las circunstancias, así como lo está cada día en la lucha contra el delito.

    Hoy quiero participar con ustedes los importantes resultados logrados en el combate contra el infame y doloroso delito del secuestro, en cuya disminución la Policía ha jugado un papel protagónico. Durante los primeros cinco meses del año, la Policía Nacional ha efectuado o posibilitado la liberación de 111 secuestrados, ha capturado a 218 secuestradores y dado de baja a otros 10 de estos delincuentes. Pero es más: si tomamos como referencia el último año corrido, que corresponde también a los primeros 12 meses de acertada gestión del General Gilibert como Director General de la Policía Nacional, las cifras son aún más contundentes: 288 liberados, 534 secuestradores capturados, 26 dados de baja, ¡y más de 100 mil millones de pesos dejados de pagar a los criminales!

    Gracias a esta labor profesional, realizada en conjunto con las Fuerzas Militares, con el DAS y la Fiscalía General de la Nación, hoy podemos contar con satisfacción al país que en los primeros cinco meses del año el delito de secuestro disminuyó, en comparación con el mismo periodo del año anterior, en un 31%, vale decir, ¡casi en la tercera parte!, presentándose 522 casos de secuestros menos que en el 2000. Estos son los buenos frutos de una lucha que estamos dando y que seguiremos dando todos unidos contra un flagelo que tenemos que desaparecer de nuestro suelo.

    Quiero aprovechar esta ocasión para expresar mi cariñoso saludo a los policías y soldados que en desarrollo del acuerdo humanitario recobraron su libertad. A ellos y a sus familias todos los colombianos los estamos acompañando.

    También quiero resaltar el anuncio hecho hoy de la liberación de más de 250 policías y soldados por parte de las FARC, tal como está contemplado en el acuerdo humanitario firmado con ese grupo.

    Así los colombianos ven que la paz avanza, que los acuerdos son posibles y que la paz sí es posible.

    La Policía Nacional seguirá protegiendo a sus compatriotas, con la misma entereza, con el mismo espíritu de civismo y disciplina que le insufló Jean Marie Gilibert y que hoy, su nieto, el general Luis Ernesto Gilibert -un hombre dotado de la misma mística y rigor de su abuelo- le sigue inyectando. Todos confiamos en la Policía. Todos sabemos de sus capacidades, del valor de hombres como los que hoy hemos ascendido y condecorado. Mi confianza en ella, como la de todos los colombianos, es como mi fe en la posibilidad de la paz: ¡inconmovible!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    19 de junio del 2001

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