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  • LA ARMADA NACIONAL, UN CUERPO DE PATRIOTAS MODERNO, PROFESIONAL Y EFICIENTE

    En medio de las diversas atracciones que se encuentran en este bello e imponente Parque Jaime Duque, hoy me llaman especialmente la atención dos barcos que se miran el uno al otro, como sacados del túnel del tiempo o de una novela fantástica, encallados, no en la arena de la playa, sino a pocos pasos de aquí, en medio de estos verdes cerros del altiplano andino.

    Uno es una fiel réplica del bergantín “Independiente”, el buque insignia de la Batalla del Lago de Maracaibo, desde donde el Almirante Padilla comandó, hoy hace 177 años, la más grande victoria naval de nuestra historia.

    El otro es el buque destructor “Córdoba”, que sirvió a Colombia y a la Armada Nacional durante más de 15 años, y que hoy reposa tranquilo en este parque, dejándose conocer por las nuevas generaciones que lo recorren con admiración, curiosidad y gratitud.

    Aquí aparecen reflejados, a sólo unos cuantos metros de distancia, los 177 años de existencia de una fuerza naval que ha dado lustre y honor a Colombia.

    Cuando miramos el bergantín, con sus 20 cañones apuntando a babor y estribor y su velamen recogido, es imposible no recrear en la imaginación esos tiempos antiguos de corsarios y audaces capitanes. Y vuelve a nuestra mente la historia legendaria de la Batalla del Lago de Maracaibo, cuando los héroes de la independencia, bajo la inteligente dirección del gran guajiro, el almirante José Prudencio Padilla, vencieron a la escuadra enemiga.

    Tres bergantines, siete goletas, tres flecheras, tres bongos y varios botes constituyeron la armada victoriosa de Maracaibo, que ese 24 de julio de 1823 evitó el último intento de reconquista por parte de los españoles y posibilitó que Bolívar y Sucre terminaran con éxito la gesta de independencia en la definitiva batalla de Ayacucho.

    Pero ahora viremos el timón hacia el futuro y miremos al destructor “Córdoba”, que representa una estación más en el avance y modernización de la flota naval colombiana. Y entonces se hace palpable que nuestra Armada, como el tiempo, jamás se detiene.

    El viernes y el sábado pasados tuve la feliz oportunidad de visitar el astillero de la Armada Nacional en Mamonal, Cartagena; de presenciar la botadura del buque ARC Isla Palma, construido enteramente en Colombia, y de presidir el bautizo del buque ARC Cabo Corrientes. Además, fui testigo del nacimiento de la Corporación de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la Industria Naval Marítima y Fluvial –Tecmar-, que agrupará las distintas plantas de diseño, producción y mantenimiento de naves e incorporará a nuestra industria naval los conocimientos científicos y tecnológicos más avanzados, en una alianza inmejorable con el sector académico del país y del departamento de Bolívar.

    Vale decir: este fin de semana pude comprobar personalmente el avance imparable de nuestra fuerza naval, cada vez más tecnificada y moderna.

    Lo que vemos día a día en la Armada Nacional de Colombia es un propósito constante de servicio a la patria, dentro de unos parámetros de continua actualización y modernización de sus equipos y de sus recursos técnicos y humanos. ¡La nuestra es una Armada que navega con ritmo seguro en los mares y los ríos del Siglo XXI!

    Pero más allá de las nuevas embarcaciones y de la tecnología, están los hombres y mujeres que integran este cuerpo militar tan querido por todos los colombianos. El Gobierno y la nación entera reconocen y agradecen en este día el destacado servicio a la patria de todos y cada uno de los oficiales, suboficiales, infantes de marina y el personal civil que integran la Fuerza.

    La presencia de la Armada Nacional en los litorales y aguas jurisdiccionales de los océanos Atlántico y Pacífico, y en los ríos navegables de nuestro territorio, que son las vías de comunicación y sustento para miles de colombianos, es una garantía de paz y seguridad para todos los habitantes del país.

    Hoy, en su día, quiero resaltar el fortalecimiento que se está produciendo en cada uno de los diversos componentes de la Armada Nacional:

    Por una parte, el Componente Naval, en el cual se destacan las fragatas, cuyo mantenimiento decenal se acaba de concluir en Colombia, con personal y tecnología nacionales. En segundo lugar, el Componente de Infantería de Marina, que salvaguarda nuestras costas en los dos litorales y hace presencia en 8.000 kilómetros de ríos del país, el cual se ha visto especialmente reforzado con la creación de la Brigada Fluvial, que está próxima a cumplir un año de existencia. En tercer término, el Componente Aeronaval, que se fortalecerá próximamente con las aeronaves de patrullaje marítimo. Y, por último, el Cuerpo de Guardacostas que, con sus estaciones y nuevas unidades, cubre y vigila nuestro mar territorial y áreas insulares.

    Con la acción coordinada y abnegada de todos estos elementos, la Armada Nacional contribuye con la paz y el empleo de Colombia.

    En muchas acciones de combate militar con la insurgencia, la labor de los infantes de marina y, particularmente, de los miembros de la Brigada Fluvial, ha sido un factor definitivo para el triunfo, obrando siempre en forma conjunta con la Policía, el Ejército y la Fuerza Aérea, bajo la nueva estrategia de comando.

    Yo recuerdo de manera especial el papel clave que jugaron nuestros infantes en noviembre del año pasado, cuando evitaron, con su acción oportuna y coordinada, la toma de Puerto Inírida por parte de la guerrilla. Cuando visité esta población, a pocos días del intento de asalto, pude constatar personalmente el agradecimiento de los habitantes hacia los miembros de la Armada Nacional que defendieron con valor sus vidas y sus bienes. ¡Esos son los momentos gratos que justifican las duras jornadas de sacrificio!

    Pero también la Armada ha sido una luchadora constante contra el oscuro poder del narcotráfico. La incautación de cerca de 19 toneladas de cocaína en el marco del Acuerdo suscrito con los Estados Unidos y la destrucción por la Brigada Fluvial de 62 laboratorios, además del decomiso de 80 toneladas de insumos químicos, 620 toneladas de hoja de coca y 20 toneladas de base de coca, son la mejor prueba del compromiso del Gobierno y de la Armada en el combate contra este flagelo que destruye la juventud de Colombia y del mundo y que corrompe todas las esferas de la sociedad.

    Y la Armada Nacional también es una aliada en la lucha a favor del empleo de los colombianos. Su labor eficiente, coordinada con la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, ha impedido que lleguen al país inmensas cantidades de contrabando, que roban el empleo legal a los colombianos que más lo necesitan.

    De esta manera, en los mares, en las playas y en los ríos, los hombres y mujeres de la Armada Nacional sirven como ninguno a su patria, en los más diversos frentes de combate. Y son, además, nuestros mejores embajadores ante el mundo.

    Hace apenas dos meses, en Cartagena, tuve oportunidad de presenciar la partida de nuestro Buque Escuela Gloria, un evento que siempre nos llena de emoción y de alegría, y pudimos verlo luego, el pasado 4 de julio, cuando participó en Nueva York en la más grande parada naval de la historia, con ocasión de la celebración de la independencia de los Estados Unidos. La fotografía del Gloria, con su tripulación vestida de blanco y subida a los palos del buque, y con el fondo inigualable de la Estatua de la Libertad, nos hinchó de amor patrio el corazón.

    Marinos de Colombia:

    Hoy rendimos tributo a su aporte a la patria y, con dolor y gratitud, exaltamos la memoria de aquellos que han caído en acción desde los tiempos ya lejanos de la guerra con el Perú, cuando defendieron con coraje nuestra soberanía sobre Leticia, hasta los días actuales, en los que el absurdo conflicto armado que nos consume sigue tomando las vidas y la salud de tantos valientes héroes de la Armada Nacional.

    Aquí están escritos, en placas de mármol, los nombres que hoy honramos de los hombres de la Armada Nacional de Colombia que entregaron su vida por la Patria desde 1933. Y nos duele en el alma recordar también a quienes cayeron en las más recientes acciones, como los 24 infantes que fallecieron el 13 de diciembre del año pasado en Juradó o los que murieron en Vigía del Fuerte, Chalán y Turbo en abril y mayo de este año.

    Hoy, gracias a la generosidad del capitán Jaime Duque, un colombiano visionario que no se cansa de honrar, como debiéramos hacer todos, a las Fuerzas Armadas de nuestro país, ni de colocarlas como ejemplo para la juventud, y a la creación artística del teniente Fonseca Truque, estamos inaugurando en este hermoso parque un simbólico monumento, con el cual la Armada y toda Colombia rinden homenaje a aquellos oficiales, suboficiales e infantes de marina que han caído en acción defendiendo a su patria y a las instituciones democráticas.

    Con la representación del Almirante Padilla llamando al combate con su sable al aire, le estamos mostrando a las nuevas generaciones un rumbo de honor y un ejemplo de vida, el mismo que han seguido durante 177 años los integrantes de la Armada Nacional.

    Hoy, frente a este monumento, inclinamos la cabeza y el corazón ante los mártires de nuestra democracia que han muerto por preservar esta nación que queremos y que nos duele hoy más que nunca. Y repetimos emocionados las palabras del gran Almirante, al concluir la Batalla del Lago de Maracaibo: “¡Eterna memoria y gratitud a nuestros hermanos, que con tanto honor derramaron su sangre en esta gloriosa jornada!”

    Quisiera, por último, expresar mi felicitación a los destacados miembros de la sociedad, del gobierno y de los poderes públicos, así como a los oficiales y suboficiales de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que hoy han recibido la Orden al Mérito Naval “Almirante Padilla”. Con esta distinción, el Gobierno, a través de la Armada Nacional, reconoce su contribución y su labor patriótica, desde los más diversos escenarios y campos de acción, a la construcción de una Colombia en paz.

    Queridos miembros de la Armada Nacional e invitados especiales:

    Hoy 24 de julio, como cada año desde 1947, cuando el presidente Mariano Ospina Pérez instituyó esta fecha como el día de la Armada Nacional, nuestra marina está más que nunca en nuestros corazones.

    Yo quiero con estas palabras encarecerles y agradecerles el fiel cumplimiento de su misión, para la tranquilidad y seguridad de sus compatriotas, con la dedicación y el profesionalismo con que siempre lo han hecho. Bajo la acertada conducción del Almirante Sergio García Torres, la Armada Nacional de Colombia es hoy un cuerpo de patriotas moderno, profesional y eficiente que vela por nosotros en los mares y en los ríos.

    Y así como ustedes protegen el buen sueño y el buen vivir de los colombianos, hoy quiero encomendarlos y encomendarnos al Señor con las palabras de la Plegaria del Marino:

    “Bendice, oh Señor, nuestros hogares lejanos, nuestros seres queridos. Bendice, al caer la noche, el reposo de nuestro pueblo y bendícenos a nosotros que, por asegurarlo, velamos en armas sobre el mar. ¡Bendícenos Señor!”

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Cundinamarca, Colombia
    24 de julio del 2000

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