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  • LA CULTURA: DELEITE PARA EL PALADAR DE LA MEMORIA COLOMBIANA

    ¿Cómo hacer un buen plato colombiano? Al agua salada de los dos mares se añade algo de trucha sabanera y un bocachico del Magdalena. Unos buenos plátanos, yuca, algo de papa, cilantro, ajo y cebolla bien picados, y dejamos cocer hasta que esté listo. Para servir, el arroz tolimense se pondrá sobre hojas de plátano, acompañado de aguacate, arepa y la esperada porción de sancocho. De sobremesa, jugo de curuba, masato o champús, dulce de brevas con arequipe, arroz con leche o unos desamargados vallunos. Finalmente, un tinto llanero, bien cargado, porque falta un largo trecho por recorrer. Para disfrutar de un buen plato colombiano sólo necesitamos prender el fuego caluroso de la tolerancia y participar, abriéndole el corazón a nuestra herencia cultural y a nuestra memoria, de los múltiples sabores que conforman nuestra esencia verdadera.

    Este libro, donde se recogen las memorias de la gestión del Ministerio de Cultura a lo largo de los últimos cuatro años, es un banquete de color, sabor, alegría y sonidos colombianos. En estas páginas, como si fuera un plato típico de nuestra tierra, encontraremos una muestra de lo que es nuestro país, de sus gentes, su música, sus intereses y su historia. Aquí hallaremos un testimonio de la vibrante cultura popular, y más que eso: ¡Una muestra de que en nuestra nación, por encima de toda circunstancia, la esperanza sigue viva!

    En efecto, a pesar de las complejas situaciones de orden público y de carácter fiscal, hemos cambiado totalmente la forma de hacer cultura en Colombia. Durante los cuatro años de mi Gobierno las políticas culturales fueron convocadas a definirse estratégicamente, a través del diálogo, la cooperación y la concertación. Por primera vez, nos apoyamos en las opiniones, conocimientos, sentires y experiencias del pueblo colombiano en su totalidad. ¡Por primera vez los hombres y mujeres de todas las regiones participaron directamente en la redefinición de qué es y cómo debería manejarse la cultura nacional!

    Esta convocatoria sin precedentes tuvo, por ejemplo, dos momentos importantes: En 1999, con la realización de los seminarios para pensar la nación, cuando futbolistas, filósofos, estudiantes, amas de casa, libretistas y rockeros se citaron para hacer lo que llamamos “Diálogos de Nación”, acordamos pensar la nación –y su cultura-, como una creación colectiva, siempre cambiante, siempre nuestra. Al año siguiente, tras 572 foros municipales, 32 departamentales y cuatro distritales, realizamos el Foro Nacional de Cultura, con la participación de 1.500 colombianos provenientes de todas las regiones del país, reuniendo así las más diferentes propuestas, e integrándolas en un Plan capaz de orientar el futuro desarrollo de la cultura colombiana.

    Basados en los ingredientes recogidos a lo largo de los años anteriores, -materiales con los que el pueblo colombiano construyó su propia visión sobre la cultura, asumiéndola como una creación colectiva- el Ministerio y el Consejo Nacional de Cultura diseñaron las políticas, rutas y estrategias que hoy conforman el Plan Nacional de Cultura 2001-2010 “Hacia una ciudadanía democrática cultural”, que será la herramienta precisa para que la mezcla cultural de nuestra tierra sea un manjar sólido e integral, nutritivo y coherente; un plato especial para todos los paladares.

    Y para que no se quede en letra muerta, el Plan Nacional de Cultura está respaldado por un documento Conpes preparado en conjunto con el Departamento Nacional de Planeación, dentro del cual establecimos la estructura de viabilidad financiera que hará posible la sostenibilidad del Plan. Este documento, y la investigación sobre el aporte de las industrias culturales a la economía colombiana -que hemos venido realizando con el apoyo del Convenio Andrés Bello-, serán la base para diseñar una agenda intersectorial que permita formar alianzas productivas entre el sector cultural y los demás de la economía colombiana.

    Esta inmensa labor planificadora fue obra de un equipo de personas vinculadas al sector de la cultura, y es a ellos a quienes debemos, en verdad, agradecer su esfuerzo, su compromiso y la gran calidad de su trabajo. Este equipo está conformado por todos y cada uno de los colombianos del común que participaron en los diferentes foros, jornadas y programas realizados por el Ministerio, por los mismos funcionarios, asesores, empresarios del arte, el folclor y la cultura, y en fin, por todos aquellos que se emocionan al oír un viejo canto de vaquería, al bailar un vallenato, al ver de cerca un cuadro de Botero. A todos ellos: muchas gracias, ¡y sigan adelante!

    No puedo terminar esta introducción sin hacer un homenaje especial a valiosos colombianos que asumieron el liderazgo de esta gigantesca empresa cultural: Consuelo Araújonoguera, mi lamentada amiga, y de toda Colombia, quien desde el cielo ha de seguir siendo la incansable defensora de la cultura popular colombiana; Alberto Casas y Juan Luis Mejía, gerentes renovadores, dirigentes honestos y consagrados a construir más y más cultura viva para Colombia, y Araceli Morales, gestora comprometida, cartagenera infatigable, que puso todo de sí para sacar adelante la obra de sus antecesores

    Con su trabajo, y la irrevocable decisión de acertar, hemos trazado un camino para la cultura de Colombia que seguiremos recorriendo por mucho tiempo más.

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