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  • LA CUMBRE DEL MILENIO DE LAS NACIONES UNIDAS

    Señores Presidentes; Señores delegados:

    Hoy vengo a esta Cumbre histórica no sólo como mandatario de mi país, sino también para traer la voz de 500 millones de habitantes del planeta que viven en la América Latina y el Caribe.

    Colombia, como Secretaria Pro Témpore del Grupo de Río, del cual son miembros 18 Estados de América Latina, además de un representante de las 15 naciones de la Comunidad del Caribe, ha promovido durante todo este año una reflexión seria y juiciosa sobre el futuro de las Naciones Unidas y sobre la posición de nuestra región frente a los nuevos retos que supone el advenimiento del Tercer Milenio.

    Este es el momento para que los americanos de las islas del mar Caribe y del inmenso continente al sur del Río Grande; los herederos de Atahualpa y Moctezuma; los guardianes de las selvas del Amazonas y del Yucatán, de las cumbres de los Andes y de los hielos de la Patagonia; los habitantes del continente de los siete colores -tal como lo llamaba ese gran americanista que fue Germán Arciniegas-, hablemos ante el mundo.

    Y esto es lo que decimos:

    Creemos en la democracia y en el crecimiento con equidad.

    Queremos ser, ante todo, una región de paz y de amistad.

    Valoramos la protección de los derechos humanos y del medio ambiente, porque ambas son formas de defender al hombre.

    Rechazamos todo tipo de intolerancia, incluyendo la xenofobia, el racismo y cualquier clase de discriminación.

    Exaltamos la solidaridad y la cooperación como los valores que deben presidir el siglo XXI.

    Y, por esto, manifestamos:

    Las Naciones Unidas constituyen la organización mundial de mayor importancia y nos corresponde a nosotros, los pueblos que la formamos, fortalecerla e incrementar su capacidad para responder a los retos y a las necesidades de la humanidad.

    Defendemos un multilateralismo que opere bajo los principios de la responsabilidad compartida, de la igualdad jurídica, de la transparencia y de la democratización de las relaciones internacionales, y que obre siempre dentro del marco de las Naciones Unidas, como la principal instancia reguladora del orden global.

    Por lo mismo, consideramos inadmisible cualquier acción internacional que esté por fuera de la legalidad establecida en la carta de esta Organización. Y apoyamos la iniciativa de reformar el Consejo de Seguridad, de forma que se corrijan los desequilibrios de su composición actual, se mejoren los mecanismos de toma de decisiones y se confiera mayor transparencia a la conducción de sus trabajos.

    Debemos, así mismo, fortalecer las instituciones multilaterales existentes, construir esquemas de cooperación entre ellas y los diferentes foros regionales y avanzar hacia un sistema internacional más democrático y participativo.

    Y, ligado al fortalecimiento de las Naciones Unidas, consideramos esencial robustecer los órganos que hacen parte de su sistema y que se ocupan de promover y adelantar los temas de la agenda social, como el desarrollo, la población, la salud, la educación, los refugiados y la niñez, entre otros.

    ¡Ninguna reforma puede ir en detrimento de la Agenda Social de la humanidad!, vale decir, del auxilio a los países y a los grupos de población más vulnerables y más necesitados

    Señores Presidentes:

    América Latina y el Caribe nos declaramos partidarios y comprometidos con la democracia y con el respeto a los derechos humanos, como los cánones rectores del nuevo orden internacional.

    Los presidentes del Grupo de Río suscribimos en Cartagena un Compromiso con la Democracia, reiterando nuestra decisión de fortalecerla como sistema de gobierno, de promover sus valores como forma de vida y de defender la institucionalidad democrática y el estado de derecho en nuestros países.

    Este mismo compromiso se fortaleció en el Foro Mundial sobre Democracia de Varsovia, donde la comunidad internacional asumió el reto de llegar a ser una Comunidad de Democracias.

    Y hace menos de una semana, en Brasilia, convocados por la visión de estadista del Presidente Fernando Henrique Cardoso, los líderes de los países de América del Sur decidimos encaminar nuestros esfuerzos hacia la creación de una zona de integración fundada precisamente en los ideales democráticos.

    El mundo se mueve hoy, más que nunca, hacia la democracia. ¡Nuestro deber es apoyarla, fortalecerla y profundizarla!

    También coincidimos en la urgente necesidad de velar por la protección de los derechos humanos, dentro de un enfoque integral que abarque los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Y es que si no logramos avanzar en los derechos económicos y sociales, las mismas libertades civiles y políticas pierden sentido.

    América Latina y el Caribe, con la autoridad que nos otorga ser la primera gran región del planeta libre de armas nucleares, propugna por un mundo a salvo de la amenaza nuclear y de otras armas de destrucción masiva. Igualmente, esperamos los mejores resultados de la Conferencia Internacional sobre el Comercio Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras a celebrarse el próximo año, además de que condenamos el uso de armas excesivamente crueles o inhumanas, especialmente las de fabricación artesanal, que deben ser proscritas de cualquier clase de conflicto.

    Colombia y el Grupo de Río invitamos a todos los países del mundo a ratificar la Convención de Ottawa para obtener la eliminación completa de las Minas Antipersonales, así como el Protocolo Adicional de la Convención de los Derechos del Niño sobre la Vinculación de Menores en Conflictos Armados.

    Es urgente y prioritario que evitemos las guerras, pero, donde quiera que haya conflictos, por lo menos deben regir las normas del Derecho Internacional Humanitario. Colombia cree firmemente en sus postulados y por eso hoy puedo decir, con orgullo, que no existe ningún menor de edad en nuestras Fuerzas Armadas.

    Y para garantizar un porvenir más claro a las nuevas generaciones tenemos que enfrentar también con valentía y decisión el problema mundial de las drogas ilícitas y sus delitos conexos, tales como el lavado de activos, el tráfico y desvío de precursores químicos, el contrabando y el tráfico de armas.

    El Grupo de Río está convencido de que éste es un problema de todos que debemos resolver entre todos, mediante una lucha global que parta del principio de la responsabilidad compartida.

    El pueblo colombiano, que ha sido la principal víctima del narcotráfico, que ha pagado con la muerte de sus mejores hombres y mujeres y con nefastas consecuencias económicas y ambientales un precio demasiado alto por combatir este delito internacional, ha hecho un llamado al mundo para que entre todos enfrentemos este flagelo, ¡y nuestro llamado está obteniendo respuesta!

    Señores Presidentes:

    Nuestro deber es propiciar las condiciones para que la globalización que nos legó la última década sea regulada, humanizada y justa.

    Hoy, gracias a la tecnología de la información, las transacciones son instantáneas pero también la comunicación. Cualquier abuso, en el más lejano rincón del planeta, es visible, denunciable y corregible por la presión de la sociedad civil. Y la sociedad civil ya no son algunos grupos de presión, políticos o ideológicos, sino que somos todos, todos los seres humanos.

    El comercio y las finanzas, en este mundo globalizado, no pueden perder de vista al hombre y sus necesidades. En América Latina y el Caribe tenemos más de 200 millones de pobres que esperan alcanzar los beneficios del progreso ¡y no podemos dejarlos atrás!

    Lo que buscamos es un crecimiento con equidad social.

    Para ello, necesitamos que la cooperación internacional financie tanto las redes de protección social como la inversión en capital humano y en infraestructura.

    Necesitamos aumentar el flujo del comercio internacional y  frenar las medidas proteccionistas de los países con mayor grado de desarrollo y riqueza.

    Necesitamos una solución justa y duradera al problema del endeudamiento externo de nuestras economías.

    Necesitamos, en fin, una nueva arquitectura del sistema financiero internacional que propicie la estabilidad en los mercados financieros y cambiarios y que brinde asistencia y respaldo a los países en procesos de ajuste o en dificultades.

    En este sentido, respaldamos la realización el próximo año de una Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre el importante tema de la financiación del desarrollo.

    Nuestro desafío frente a la historia es consolidar la paz dentro y entre las naciones, proteger el ambiente en el que vivimos y vivirán nuestros hijos, y derrotar la pobreza. El objetivo propuesto por el Secretario General Kofi Annan de buscar reducir a la mitad, para el año 2015, la proporción de aquellos que hoy viven en la pobreza extrema, es apenas lo mínimo que debemos cumplir para hacernos dignos del futuro.

    Señores Presidentes y representantes de las naciones del mundo:

    Vengo de Colombia y traigo de Colombia la voluntad y el coraje de 40 millones de seres humanos que luchan por la vida y que sueñan con la paz.

    Vengo de Colombia, un hermoso y verde país en el que, infortunadamente, subsiste una confrontación absurda, alimentada por unos pocos violentos y por los dineros sucios de un tráfico de drogas que afecta e incumbe al mundo entero.

    Pero estamos comprometidos con la búsqueda de una paz negociada. Estamos obsesionados con el logro de una mayor justicia social para los más necesitados de nuestro pueblo. Estamos decididos a luchar contra el narcotráfico y a favor de los derechos humanos. Estamos viviendo en democracia desde hace más de 180 años y seguiremos viviendo en democracia, porque nuestra alma es libre y generosa.

    En Colombia hay una sociedad en pie, construyendo laboriosa su propio camino. Yo les traigo el mensaje de mi tierra y de esa nación ampliada que es toda América Latina y el Caribe.

    Somos futuro. Somos promesa. Somos un territorio de  esperanza y de amistad.

    Sobre los hombros de nuestros héroes, sintiendo la angustia de nuestros pobres, confiando en el talento de nuestra gente, puedo decir, con las palabras de nuestro premio Nóbel Gabriel García Márquez, que estamos alcanzando y vamos a lograr –no tengo duda- ¡una segunda oportunidad sobre la tierra!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Nueva York, Estados Unidos
    7 de diciembre de 1998

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