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  • “LA PAZ”, CON DOS SIGNIFICADOS ENTRAÑABLES: EL SUEÑO DE TODOS LOS COLOMBIANOS Y ACOGEDORA CIUDAD TREPADA SOBRE LOS ANDES

    La Paz, para mí, significa dos cosas entrañables: un sueño que anhelamos todos los colombianos y una acogedora ciudad trepada sobre los Andes.

    Si la primera es un propósito al cual he entregado un inmenso esfuerzo, la segunda es un exacto sinónimo de la alegría y la hospitalidad. Por eso, cuando escucho mencionar a  la encumbrada capital de la república de Bolivia, sólo puedo pensar en la tradicional cordialidad de su gente y en su inmensa riqueza natural, histórica y cultural. La Paz, para mí, es un tesoro hundido a 3.600 metros de altura.

    Cuando pienso en ella me resulta difícil decidir qué es lo que más me gusta: bien podría ser sentir la presencia del Illimani como un colosal guardián de sus muros; bien podría ser comprar artesanías y amuletos en el Mercado de los Brujos; bien podría ser visitar el hermoso templo barroco de San Francisco o la Catedral de Nuestra Señora de la Paz; quizás podría ser rodar algunos kilómetros hacia el solemne parque arqueológico de Tiwanaku y apreciar el legado de una de las más antiguas culturas americanas; bien podría ser ir al Parque Mirador y observar el incesante movimiento de la ciudad moderna.

    Podría ser todo lo anterior pero, como si fuera poco, hay algo más que me incita a quererla y visitarla: sentarme en uno de sus restaurantes y degustar el delicioso chairo paceño acompañado, por supuesto, por unas quinuillas de postre.

    Todo esto me encanta de La Paz.

    Por eso, porque en la ciudad fundada por Alonso de Mendoza siempre he encontrado un aliento y una rosa, no puedo sino declararme dichoso ante el honor que ustedes hoy me hacen: declararme huésped ilustre de La Paz. Que uno pueda ser bienvenido con los brazos abiertos y acogido como un miembro de la familia en un lugar al que se quiere y venera, es motivo del mayor regocijo.

    Gracias, amigos paceños, por este honor.

    Gracias al alcalde Juan Del Granado por conferirme esta distinción y, sobre todo, por estar trabajando en el enaltecimiento de la ciudad. Con su liderazgo y con su inmensa experiencia de lucha en favor del bienestar de los bolivianos, creo que no tardarán en asomarse frutos del tamaño del Illimani o, al menos, de la grandeza cristalina y altura legendaria del Titicaca. De esa manera, a través de acciones que usted ha venido adelantando con tesón, como el reordenamiento urbano, la promoción ciudadana o la reforma institucional, La Paz tendrá un futuro aún más lleno de riqueza, esperanza y, por supuesto, de belleza.

    En su caso, alcalde Del Granado, se cumplen las palabras del pensador boliviano Guillermo Francovich : “Toda vocación es algo prodigioso. Es como una trayectoria que el destino traza a la conducta desde la entraña vital del ser. Sin que se sepa por qué, la vida queda atada a una determinada tarea cuando en ella se manifiesta la vocación”. Su tarea ha estado señalada y usted la ha seguido sin descanso: hacer de su ciudad y de su país un lugar más justo, humano y hermoso.

    ¡La Paz, no me cabe duda, está en buenas manos !

    Al parecer, por lo que veo y por lo que de seguro vendrá,  la Fiesta de las Alasitas cada vez da mejores resultados. Esta festividad tradicional, en la cual se pide a la Virgen de Nuestra Señora de La Paz y al dios de la abundancia, el Ekeko, el cumplimiento de los sueños y de los más sentidos anhelos, está llenando de buenos regalos y de mejores bendiciones al siempre bendecido pueblo paceño. Aunque parezcan pequeñas, las artesanales miniaturas de esta festividad están trayendo dichas monumentales.

    !De Alasita en Alasita, La Paz se está acercando cada vez más al cielo, que desde acá parece tan próximo!

    Al respecto, en relación a la altitud de la ciudad, recuerdo que en una conversación con los jugadores de la selección colombiana de fútbol me comentaban lo difícil que era respirar en La Paz. Aún no entiendo por qué se quejaban. No puede ser difícil hacerlo en una ciudad donde sólo se respira cultura y naturaleza, y donde, en el peor de los casos, uno sólo puede ahogarse de entusiasmo y cordialidad.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    La Paz, Bolivía
    20 de agosto del 2001

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