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  • LA PAZ NO ES TAN SOLO UN PROGRAMA DE GOBIERNO, SINO EL PROPOSITO DE TODOS Y CADA UNO DE LOS COLOMBIANOS

    CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

    Señor Jesucristo.

    En este año jubilar y en esta fecha en la que se celebra la fiesta de tu Sagrado Corazón quiero colocar en Él todos mis esfuerzos y los de los colombianos de bien en favor de la vida, de la paz, de la justicia social y del bien común.

    Como persona a la que tu providencia ha colocado en el camino de la historia y de esta patria para humanizarla, vengo ante tu corazón para decirte con la confianza de hijo y de cristiano que no he ahorrado ningún trabajo por encontrar la salida que nos permita escapar para siempre del dominio de la muerte fratricida.

    Tu corazón es un corazón de paz y es desde esa paz como crece nuestra aspiración por la felicidad y por la alegría.
    Cada día, Señor, pienso en la paz y entiendo que ella es el deseo profundo de cada colombiano.

    Sé que la paz no consiste tan sólo en dejar de matar sino en hacer posible la vida.

    Busco desde tu corazón y desde mis esfuerzos una paz verdadera, justa y equilibrada. La paz no es una palabra vacía sino un recipiente que debe llenarse de hechos y de testimonios.

    Para hablar de paz, Señor, se necesita sinceridad, sentido de justicia y verdadera convicción del mandamiento de amor al prójimo.

    Sé muy bien que la paz es un derecho pero insisto permanentemente en que la paz es un deber.

    Juan Pablo II nos está repitiendo permanentemente que es preciso construir el derecho fundamental de la persona humana a la paz.

    Es por ello, Corazón de Jesús, que insisto en que nuestra economía debe ser protagonista de la paz, que cada empleo es un empleo para la paz, que la educación es educación para la paz y que nuestro pensamiento, nuestro arte, nuestro deporte, nuestra cultura son para la paz.

    Sin paz nada es seguro, Señor, y como Presidente sé que sólo en el clima de la paz se consolida la democracia, el derecho, la libertad, progresa la justicia, respira el bien común y renace el mejor rostro de la esperanza.

    Hoy -en esta fiesta conmemorativa- pido que nos enseñes a amar, a querer y a construir paz. Haznos entender que la paz no es tan sólo un programa de gobierno sino el propósito de todos y cada uno.

    Que la armonía familiar es paz; que el buen trato a los hijos es paz; que el maestro produce paz cuando enseña con amor lo que debe y el alumno construye paz cuando aprende a abrir caminos de convivencia hacia el futuro.

    Que el empresario que crea riqueza y produce empleo es creador de la paz; que lo es el trabajador que labora con calidad y el comerciante que negocia con honradez.

    Que es un hombre de paz el empleado que cumple con su deber; que lo es el juez que juzga con justicia y el juzgado que ofrece a la sociedad los frutos de su arrepentimiento.

    Que son hombres de paz quienes rezan por la paz y son capaces de esperar aún contra toda esperanza.

    Que son hombres de paz los soldados y policías de Colombia que construyen la seguridad ciudadana y lo son también quienes colocan en la mesa de negociaciones, de diálogo la voluntad de construirla.

    Te imploro, Señor, que hagas entender, a quienes mantienen secuestrados a nuestros niños y niñas, a nuestros hombres y mujeres, a nuestros soldados y policías, que su contribución a la paz es la liberación inmediata de nuestros hermanos.

    Sagrado Corazón de Jesús en Ti confío; siempre he recurrido a Ti en los grandes momentos y nunca, nunca, he sido defraudado.

    Enséñanos a perdonar y a perdonarnos porque si pretendemos solamente ajustar cuentas vamos a desajustar la energía espiritual que es necesaria para construir el mañana.

    Enséñanos a que la paz necesita de nuestra honradez, de nuestra lucha contra toda forma de corrupción, porque la paz detesta la mentira y sólo crece allí donde está presente la verdad.

    Ayúdame a ser justo; ayúdanos a ser justos; permítenos llegar como hoy lo hacemos ante tu presencia al altar de la mirada de nuestros hijos y descansar en ellos la paz conseguida cada día.

    Sagrado Corazón de Jesús, soy una persona de bién que ha aceptado liderar a los colombianos en el camino hacia la paz.
    Desde un comienzo emprendí la tarea con tu ayuda y te consagré mis esfuerzos; y lo hice también consagrando cada instante y cada verdad de esta Colombia amada a María tu madre.

    No olvido la palabra de Su Santidad Juan Pablo II cuando habla de la urgencia de que Colombia crezca a la paz, a la solidaridad, a la convivencia.

    Sagrado corazón de Jesús yo sé que has venido y estás en nuestra historia para que tengamos vida en abundancia. Si queremos la paz debemos defender la vida; si queremos la vida debemos defender la paz.

    Acompáñanos aún Señor en este camino e indícanos cómo llegar a tiempo a esa reconciliación que nos haga merecer el futuro.

    Sagrado Corazón de Jesús haz de todos nosotros un instrumento de tu paz.

    Hoy pongo a Ti, frente a tu misericordia, la verdad de todo lo que amo en el nombre de esta Colombia que te ama.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    30 de junio del 2000

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