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  • LAS OPORTUNIDADES QUE NUESTRO PAÍS OFRECE PERMITEN AMPLIAR LOS INTERCAMBIOS COMERCIALES

    PALABRAS ANTE GOBERNADORES DE ESTADOS UNIDOS

    Como un servicio a sus abonados, la Agencia Ancol reproduce en español las palabras del Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la Conferencia de la Asociación Nacional de Gobernadores.

    “Gobernadores y distinguidos invitados, damas y caballeros:

    Quisiera empezar por agradecerles por la oportuna invitación a hablar aquí hoy en su conferencia de invierno. En particular quiero agradecer al gobernador Parris Grentenning de Maryland y al Gobernador Jim Gilmore de Virginia por su ayuda para haber hecho posible este evento.

    Como líderes electos de cada uno de los cincuenta estados de los Estados Unidos, ustedes representan la inmensa diversidad de este país, con influencias europeas, africanas, nativos americanas, asiáticas e hispanas que han dado forma a la experiencia americana. Los fundadores de su nación dieron muestras de una genuina sabiduría al crear un gobierno verdaderamente federal, pero también al darle poder real y responsabilidades a los estados.

    En esta era de rápida globalización, el papel de los gobernadores ha cambiado. Además de afrontar desafíos domésticos, hoy ustedes lideran misiones al extranjero y compiten por la inversión extranjera en sus respectivos estados. Ustedes son a la vez embajadores y directores ejecutivos.

    Esta mirada al exterior es particularmente importante en las áreas de comercio e inversión. Sin embargo, otros asuntos internacionales son también parte del día a día de gobernar una provincia o estado. Tales son la inmigración, el medio ambiente, el crimen transnacional y el inmenso peligro que representa el narcotráfico internacional.

    Hoy he venido a hablarles sobre mi patria, un lugar de belleza impactante, gente decidida, logros inmensos y difíciles desafíos. Hemos crecido con frecuencia en medio de grandes dificultades, gracias a nuestro compromiso con la democracia. La nuestra es la democracia más antigua de América Latina.

    Cuando llegué a la presidencia hace dos años y medio, el pesimismo era muy grande. Nuestra economía se encontraba en su primera recesión en casi setenta años. Los narcotraficantes eran tan poderosos y amenazantes como siempre. No teníamos una negociación andando que permitiera poner fin acasi 40 años de violencia y conflicto armado. Nos sentíamos aislados de los Estados Unidos y la Comunidad Internacional.

    Hoy tenemos razones para estar de nuevo optimistas. Nuestra economía se está recuperando. Estamos derrotando a una nueva generación de narcotraficantes. Nos hemos sentado con los grupos guerrilleros a la mesa de negociaciones y hemos forjado estrechos lazos bilaterales con Estados Unidos y la Comunidad Internacional.

    Sin duda, el que logremos compartir el papel y la responsabilidad en la guerra contra las drogas ilícitas es crítico para nuestra relación. Como gobernadores ustedes viven en carne propia el impacto de las drogas ilícitas en sus comunidades y en sus escuelas. Ustedes entienden la complejidad de este problema, desde la adicción, el hacer aplicar la ley, pasando por la corrupción, la violencia y la necesidad de generar una respuesta internacional a esta amenaza.

    A nivel internacional tenemos que sostener nuestros esfuerzos para reducir, de un lado la oferta y del otro la demanda. Estos esfuerzos tienen que ser complementarios. Tenemos que atacar el elemento criminal del negocio. Pero debemos tener compasión con quienes sufren la adicción y el abuso aquí en los Estados Unidos y por quienes en Colombia se han visto literalmente forzados a sobrevivir a través del cultivo manual de la coca o de la amapola.

    En Colombia, el narcotráfico sigue siendo un ataque directo y frontal contra la democracia. Miles de valientes colombianos, soldados, policías, jueces, líderes políticos y periodistas y hasta candidatos presidenciales y ministros, han entregado sus vidas en la lucha contra el tráfico de drogas. La violencia que genera esta industria ha afectado nuestra economía al espantar la inversión extranjera y doméstica. Hemos tenido que desviar grandes cantidades de recursos que necesitamos para satisfacer las múltiples necesidades de los colombianos, en educación, salud, desarrollo económico, para invertirlos en la lucha contra los narcotraficantes. Grandes áreas de nuestra selva amazónica, el pulmón del mundo, han sido destruidas por los narcotraficantes en su afán por internarse en las zonas más alejadas de Colombia con el objeto de escapar a nuestros esfuerzos por aniquilarlos.

    El narcotráfico es un negocio global atacado por la violencia, la falta de escrúpulos y orientado por enormes ganancias, la razón por la cual, a pesar de nuestro éxito al derrotar a los carteles de Medellín y Cali entre otros, en los años 90, la industria ha resurgido en las áreas rurales remotas de Colombia como el Putumayo, donde la presencia del estado es escasa.

    La respuesta de mi gobierno a este desafío es el Plan Colombia. La prensa internacional tiende a referirse equivocadamente al Plan Colombia como una operación militar. Plan Colombia es una estrategia social y política para fortalecer las instituciones y el imperio y la ley, alcanzar la paz, fortalecer la economía y combatir el narcotráfico en áreas abrumadas por décadas de abandono. Nuestra meta no es castigar a los campesinos que c ultivan la coca sino ofrecerles una alternativa real para que puedan desarrollar a sus familias y sus comunidades.

    Desde antes de la llegada de los recursos de Estados Unidos, Colombia ya venía luchando vigorosamente contra el narcotráfico en dos frentes: hemos ofrecido un programa de erradicación voluntaria a los campesinos que cultivan coca en pequeñas parcelas, en forma tal que se acceden a radicar sus cultivos de coca, les suministramos compensaciones económicas y las herramientas que necesitan para dedicarse a la agricultura legal, tales como semillas, equipos y asesoría técnica. La respuesta ha sido abrumadora.

    Al mismo tiempo, hemos fumigado grandes cantidades de cultivos industriales de coca, protegidos por grupos ilegales de autodefensa, grupos guerrilleros o narcotraficantes. Los hemos combatido sin cuartel y hemos fumigado aproximadamente 25.000 hectáreas desde diciembre 19 del 2000 en el Putumayo. Esta coca sería suficiente para producir cerca de 225 toneladas de cocaína, o aproximadamente la tercera parte de la oferta anual mundial de este alcaloide.

    En 1995 cuando el gobierno hizo un intento similar de erradicación de los cultivos de coca del Putumayo, los campesinos locales se levantaron al unísono y se opusieron a las fuerzas de seguridad. Eso no sucedió esta vez. No hay protestas ni manifestaciones porque hoy estamos ofreciendo una presencia gubernamental positiva. Estamos además haciendo grandes inversiones en el Putumayo en forma de escuelas, centros de salud, servicios sociales e infraestructura.

    Aún así, a pesar de sus esfuerzos, muchos aquí en los Estados Unidos están preocupados por su involucramiento en Colombia. Expresado su miedo de que Estados Unidos sea halado a un conflicto militar prolongado en la región andina y comparan esta situación con su experiencia en Vietnam.

    Quiero responder a esta preocupación en forma directa y firme. Los Estados Unidos jamás van a verse arrastrados a un conflicto armado en Colombia. Para empezar, esto no tendría el apoyo del Presidente de Colombia o de los colombianos, como tampoco lo recibiría del gobierno de los Estados Unidos ni de sus ciudadanos. Esto no está en discusión ahora, ni lo estará en el futuro.

    Estados Unidos sin embargo tiene un importante papel de apoyo que cumplir en la ayuda a Colombia para acabar con casi 40 años de violencia. Una forma es reduciendo la demanda por drogas aquí en los Estados Unidos, lo cual debilitará a aquellos que en Colombia se enriquecen con este negocio. Otra forma, que ha funcionado en otros lugares como Irlanda del Norte, América Central y el Medio Oriente, es que Estados Unidos apoye al proceso de paz  en Colombia. Esto no debe ser visto como un simple asunto puntual o una apuesta de ocasión. Donde quiera que el apoyo de los Estados Unidos a iniciativas de paz ha sido exitoso en el mundo, ha sido gracias a  compromisos a largo plazo y visión estratégica, de frente a negociaciones difíciles y complejas y a  reveses ocasionales.

    Ese proceso de paz colombiano ha tenido picos positivos y negativos. No se pueden borrar 40 años de conflicto de un día para otro. Sin embargo, yo creo que en este frente hemos logrado importantes avances recientemente. A principios de este mes me reuní con el líder de las FARC, el más grande de los grupos guerrilleros que hay en Colombia. Allí, en un área remota, dos días de tensos diálogos con los enemigos declarados del Estado colombiano nos permitieron llevar el proceso de paz a un nuevo cauce.

    El componente económico también es de gran importancia aquí. Para nadie es un secreto que la prosperidad económica tiene un positivo impacto sobre la estabilidad política. Con una mano tenemos que enfrentar los problemas de violencia, narcotráfico y el conflicto armado. Pero con la otra tenemos que ofrecer esperanza y oportunidad a nuestros ciudadanos.

    Ello implica invertir en carreteras, salud, educación e infraestructura. También implica buscar nuevos mercados para los productos colombiano y atraer las inversiones del extranjero. Para convencer a los grupos guerrilleros de dejar las armas y lograr que los campesinos abandonen el cultivo de la coca e ingresen a la economía legal, tenemos que crear nuevos empleos para dejar a decenas de miles de colombianos.

    Aquí también Estados Unidos puede hacer un aporte significativo. La cooperación mutua en materia antinarcóticos es fundamental y debemos perseverar en ella. Pero esto es solo una parte de la realidad.

    Desarrollo económico y social son el camino hacia la paz. Crear empleos es la esencia del desarrollo, Si somos capaces de generar las condiciones apropiadas, quienes participen de actividades ilícitas como la siembra de coca, se pasarán e una economía legítima. Para luchar contra las drogas, tenemos que luchar  contra la pobreza.

    Es comercio y la inversión ofrecen beneficios de largo plazo para todos. Esa es la razón por la cual mi gobierno, como en la mayor parte de los gobiernos de América Latina, apoya la liberalización del comercio. Para nosotros, ello implica la inmediata renovación y expansión de las preferencias comerciales andinas o ATPA, que expiran en diciembre de este año.

    La extensión y ampliación del ATPA nos permitirá continuar y crecer en base a ese exitoso esquema que ha permitido la creación de 140.000 empleos directos en Colombia en los pasados 10 años. Al mismo tiempo, podremos seguir trabajando hacia un acuerdo de libre comercio hemisférico más amplio para el año 2003.

    Nuestro comercio bilateral en el año 2000 alcanzó los 10.000 millones de dólares y benefició a nuestras dos economías. El comercio con Colombia se traduce en miles de empleos acá en Estados Unidos. Nueve estados de Estados Unidos exportan cada uno más de 100 millones de dólares al año al mercado colombiano.

    Históricamente, Colombia ha tenido la economía más sólida de América Latina. Nunca hemos fallado en el cumplimiento de un crédito, siempre hemos pagado nuestras deudas y nunca hemos sufrido de hiperinflación. Hemos logrado salir de una recesión, la primera en casi 70 años, y mi gobierno está poniendo los cimientos para un crecimiento económico sostenido de largo plazo.

    Parte fundamental de nuestra política económica es la creación de nuevas industrias orientadas a los mercados extranjeros, así como la atracción de inversión foránea. A pesar de ser una de las economías más abiertas en América Latina, Colombia ha seguido mejorando su régimen de inversión extranjera en muchas formas, con miras a ser un socio aún más atractivo para las compañías de Estados Unidos.

    Quisiera invitarlos a todos ustedes hoy a que visiten Colombia, y que vean con sus propios ojos las oportunidades que nuestro país ofrece. Espero que vayan liderando misiones de comercio e inversión que nos permitan explorar formas de ampliar el los intercambios comerciales y las oportunidades de negocios para nuestras dos economías.

    Estamos mucho más cerca de lo que las apariencias indican. Un vuelo de Cartagena a Miami dura lo mismo que un vuelo de Miami a Washington. Les hago esta invitación porque sé que para que nuestra situación pueda mejorar, líderes como ustedes deben entender a la Colombia que está más allá de los titulares de prensa.

    Al terminar, quiero agradecer de nuevo la oportunidad de poder dirigirme a ustedes hoy y referirme a todos estos temas que de una u otra forma afectan nuestras vidas.

    Muchas Gracias”.


    Lugar y fecha

    Washington, Estados Unidos
    25 de febrero del 2001

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