• Banner textos

  • LIDERAZGO PARA RECUPERAR EL EMPLEO

    Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, con motivo de la instalación del Foro de Proantioquia

    Medellín, 6 de abril de 1999

    Queridos amigos:

    Quiero agradecerles la invitación que tan generosamente me han hecho a este foro. Siempre he considerado a Proantioquia como un espacio ideal para la discusión y el análisis de los temas de mayor importancia para el desarrollo del país. Es este un espacio en el que las ideas se discuten con seriedad y en el que siempre se encuentran interlocutores dispuestos a examinarlas con una buena dosis de realismo y creatividad.

    Como todos ustedes lo saben, estoy comprometido con la construcción de la Colombia próspera que todos anhelamos: un país con una economía que crezca con solidez y en forma sostenida, basada en un sector productivo fuerte, dinámico y capaz de competir en los mercados internacionales; un país con una economía moderna y flexible que sea capaz de generar empleo estable y bien remunerado para sus ciudadanos; un país con un sector productivo que genere riqueza y mejor calidad de vida para todos; un país con un sector público transparente y eficiente, libre de corrupción y dedicado a apoyar a sus gobernados; un país que asegure el acceso a la educación, a la salud; en fin, un país en que la prosperidad económica respalde la democracia y ahuyente para siempre los fantasmas de la guerra, la pobreza y el desempleo.

    Pero este país lo construimos, día a día, cada minuto en cada acción de mi gobierno, con decisión y liderazgo. Es una tarea compleja en la que se requiere persistencia y trabajo duro y en la que no hemos vacilado a la hora de tomar las grandes decisiones. Si cedemos a las tentaciones de corto plazo y caemos en el facilismo irresponsable que tanto daño nos hizo en los años anteriores, perderemos el rumbo.

    Nuestro plan de choque contra el desempleo y para reactivar la economía empezó el pasado 7 de agosto. Y es exactamente el mismo que vamos a recorrer a lo largo de estos cuatro años. No es un camino fácil. Pero vamos en la dirección correcta. Estamos en la senda que nos conducirá a una Colombia en la cual a los colombianos siempre les va bien. En esa Colombia creceremos con tasas superiores al 5% como deben hacerlo los países que salen adelante.

    El entorno internacional es, todos lo saben, extremadamente difícil. Basta mirar al Ecuador, a Venezuela o al mismo gigante brasileño para darnos cuenta de que la crisis que empezó en Asia hace dos años se propagó como pólvora hacia toda América Latina. El crecimiento de las economías latinoamericanas no sólo fue muy bajo en 1998 sino que se avecinan francas recesiones para este año. Brasil espera una tasa negativa de crecimiento del 4% del PIB, Ecuador del menos 3%; Venezuela, menos 2.5% y Argentina, menos 3%. Inclusive Chile, el país que ha estado a la vanguardia en el buen manejo económico en la región, espera crecimiento nulo. No se trata de hacer del mal de muchos consuelo de tontos, sino de entender el difícil contexto internacional que presiona a todos nuestros vecinos, que limita los flujos de comercio y del cual es imposible sustraerse.

    Aunque algunos están afanados por que el país olvide la tragedia que significaron los cuatro años que antecedieron a mi gobierno, no podemos perder de vista lo ocurrido: el desempleo se duplicó hasta el 16%, el déficit fiscal se cuadruplicó hasta el 6% del PIB, el déficit en cuenta corriente creció de manera sostenida hasta alcanzar un nivel récord de 6.6% y el endeudamiento público se multiplicó hasta alcanzar niveles exagerados. En otras palabras, la casa se descuadernó.

    El desarreglo de las finanzas públicas llevó a que se arrinconara al sector privado impidiendo su acceso al crédito barato. El año pasado los bonos del tesoro experimentaron un incremento de 4 billones de pesos, suma superior a todos los préstamos otorgados al sector privado.

    Hay que tener en cuenta que, en un ambiente como el descrito, la reactivación de la producción y el empleo no se logra de la noche a la mañana. La experiencia de países que han recuperado el dinamismo luego de períodos oscuros de desbalance y falta de credibilidad indica que las medidas correctivas toman un lapso antes de tener efecto. Y muestran también que las secuelas negativas que dejan los años de desarreglo fiscal e institucional no desaparecen de un día para otro. Chile y México corrigieron sus desequilibrio s y se orientaron por la ruta de la estabilidad y el crecimiento. Pero en la transición debieron soportar, como nos sucede en la actualidad a los colombianos, un aumento en sus tasas de desempleo y tensiones en el sector financie- ro.

    Mi gobierno está decidido a superar esta ardua etapa con la mayor prontitud. Pero la aplicación del remedio debe sentar las bases para corregir el origen de la enfermedad. No debe servir solamente para aliviar los síntomas. Ya es muy costosa para el país la política del irresponsable crecimiento del gasto público improductivo que nos llevó a la crisis actual. Hay que atacar de raíz los problemas. Aun cuando esto implique un período de convalecencia. Lo que es in- aceptable es atribuir las dolencias de la convalecencia a la cura que estamos aplicando y no a la enfermedad que nos proponemos erradicar.

    Las empresas y los hogares han sentido con más rudeza la situación de desorden económico en las altas tasas de interés a las que nos enfrentamos durante el año pasado. Tasas de interés de créditos del 60%, las tasas reales más altas de toda la década, deterioran la cartera bancaria y destruyen riqueza. ¡Esas tasas de interés no las resiste nadie! Generan quiebras, pesimismo, desesperanza y desempleo.

    Las tasas de interés muy altas reflejaron la voracidad del sector público por tragarse el limitado ahorro. La sentida necesidad de crédito

    del sector privado, la inestabilidad y las dificultades del sistema financiero y la incertidumbre frente a la tasa de cambio también ayudaron al alza de las tasas.

    En contraste, tasas de interés bajas, como las que nos propusimos conseguir y efectivamente conseguimos promueven la inversión y el empleo. Tengo que decir que estoy satisfecho de los resultados. En ese momento, cuando la tasa de captación del sistema financiero era de 35% también había incrédulos. Hoy esa tasa se encuentra en el 24%. y vamos a llevada más abajo, a niveles del 20%.Para que vuelva a tener actualidad el viejo dicho paisa “Come más que la plata al 20”.

    Sé que más importante que bajar las tasas es mantenerlas abajo. Ese es el reto. Y ese es mi compromiso. Para otorgale plena credibilidad a este compromiso quiero repasar qué hicimos para reducidas.

    En primer lugar, recuperamos la credibilidad en el manejo de las finanzas públicas.

    Este año, por primera vez en seis años, la tendencia creciente del déficit del gobierno se va a revertir. Esta seriedad y credibilidad nos permitió conseguir financiación externa en medio del apretón más grande de los mercados internacionales en los últimos cincuenta años. En los Estados Unidos obtuvimos 2 mil millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial. Y hace algu- nas semanas colocamos 500 millones de dólares en los mercados de capitales internacionales. La Diplomacia por la Economía rinde sus frutos de manera contundente.

    A mediados del año pasado era claro que perdíamos el año frente a las agencias internacionales. Con el esfuerzo de los primeros meses de mi gobierno, Colombia fue uno de los poquísimos países que sostuvo su calificación. Además, gracias a que rápidamente aseguramos la financiación externa necesaria, le hemos devuelto la tran- quilidad al mercado cambiario.

    Reducir el déficit y, simultáneamente, financiado en buena parte con recursos externos nos permitió disminuir la presión sobre el ahorro interno. Por ejemplo, mientras que en 1998 la diferencia entre los

    bonos del tesoro -los TES- colocados en el sistema y los que se amortizaron fue de 4 billones de pesos, en 1999, esta diferencia será cercana a cero.

    Para dar una idea de la magnitud de la cifra del 98, de cuánto ahorro le quitó el sector público al sector productivo, hay que decir que estos recursos superan todos los préstamos otorgados por el siste- ma financiero durante el último año.

    El logro de los recursos externos, la decisión para una reducción en los gastos del Estado y la menor presión sobre el ahorro doméstico han permitido una caída sin precedentes de la tasa de interés, de cerca del 40 por ciento desde el mes de noviembre hasta la fecha. Este es un monto récord en la historia económica reciente. Nos propusimos bajar las tasas de interés y lo conseguimos. Ese es el cambio que Colombia requiere.

    Pero lo más importante está por venir. En vista de la reducción de la inflación al 13.5 por ciento debemos prolongar la disminución de las tasas de captación. Y además debemos sostener dicha reducción. y cuando hablo de sostener tasas de interés bajas, estoy hablando no sólo del año de 1999 sino de todo mi gobierno. Hoy me comprometo ante los cientos de miles de trabajadores que se quedaron sin em- pleo, ante los deudores del UPAC que vieron cómo su deuda se disparaba por culpa de las altísimas tasas de interés, ante los empresa- rios que buscan señales claras para volver a invertir en el país, a mantener unas tasas de interés bajas y estables. Y me comprometo a que el país no volverá a sufrir la incertidumbre y los elevados costos financieros que padecimos hace algunos meses.

    Para que el país transite por la senda de unas tasas de interés estructuralmente bajas que permitan sentar las bases de una economía generadora de empleo, no podemos tirar por la borda la política de equilibrar las finanzas públicas sino por el contrario, debemos asegurar su equilibrio también en el mediano y largo plazo, tomando las difíciles decisiones que ello implica.

    Sabemos muy bien que las tasas de interés no tienen efectos mágicos sobre la economía. Pero la credibilidad en la reducción sostenible de las tasas de interés permite reactivar la inversión, el crecimiento, el empleo y la fe en Colombia. Con el proceso de ajuste hemos lo- grado sentar las bases para la reactivación de la economía.

    Los resultados del año pasado nos muestran dos sectores especial- mente afectados: la construcción, con un crecimiento negativo del 18%, Y el sector financiero, con un decrecimiento del 13%.

    Sin un sector financiero solvente es prácticamente imposible echar a andar una auténtica reactivación. El dramático deterioro de este sector nos llevó a decretar una emergencia económica el pasado mes de noviembre, precisamente para evitar la extensión de la crisis que pusiera en peligro los ahorros de los colombianos.

    Mi gobierno encontró en estado calamitoso el sector cooperativo y la banca pública.

    Encontramos igualmente un dramático ascenso en la cartera moro- sa del sistema UPAC.

    La emergencia buscó movilizar los activos improductivos que constituyen la mayor carga del sector financiero, y la creación de líneas para capitalizar a los intermediarios financieros y para aliviar a los deudores hipotecarios.

    La decisión de la Corte Constitucional limitó los alcances de la legislación de emergencia. Por fuera quedaron los mecanismos, utilizados ampliamente en todos los países del mundo durante crisis similares, para movilizar activos improductivos.

    La sentencia trajo la paralización del mercado interbancario al igualar la tarifa de la contribución a todas las operaciones cubiertas por el gravamen, convirtiendo al Banco de la República en el proveedor de liquidez de única instancia, no obstante que su función constitu- cional es la de ser prestamista de última instancia.

    Estamos utilizando la emergencia hasta donde nos permitió la Corte; pero no vamos a desistir en nuestro indeclinable empeño de fortalecer, acorde con las prácticas internacionales y sin ningún privilegio, al sector financiero. Sabemos que esta es una de las claves de la reactivación del empleo.

    En cuanto al sector de la construcción, entendimos la necesidad de rescatar la confianza perdida ante la burbuja especulativa que do- minó a esta industria durante los últimos años. Por eso consideramos que no era suficiente con generar alivios a los deudores, sino que nos hemos concentrado en rescatar la credibilidad del público en la compra de vivienda. De allí que les hemos ofrecido a los deudores la posibilidad de pasarse a un sistema atado a la inflación, hemos eliminado los sistemas de amortización de cuotas “supermínimas” que terminaban por elevar de manera desproporcionada las cuotas a los pocos años y hemos desarrollado esquemas de titularizaciones de cartera que permitirán que los recursos de largo plazo del país se destinen en mayor proporción a la cartera hipotecaria.

    El sistema UPAC les ha permitido a más de dos millones de hogares colombianos, de todos los estratos, contar con su propia vivienda. Se han tomado las medidas para corregir el rumbo que permita vol- ver a contar con un mecanismo para que muchos más compatriotas tengan vivienda propia sin los sobresaltos creados en los últimos años.

    Las bajas tasas de interés y el retorno de la confianza en las hipotecas hacen posible que los subsidios para vivienda sean complementados por créditos hipotecarios que, hasta hace pocos meses, eran inalcanzable s para las familias.

    El gobierno destinará 100 mil millones de pesos este año para subsidios de vivienda de interés social. Estos recursos, complementados con otros provenientes de las Cajas de Compensación, créditos del Fondo Nacional de Ahorro y de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda, y el ahorro de las familias, permitirán la construcción en este año de ochenta mil viviendas de interés social. Estos recursos están acompañados de las inversiones por más de un billón de pesos que invertiremos en la reconstrucción del eje cafetero.

    El mismo principio de complementar recursos para lograr una política de gran alcance se aplicará también en el sector de agua potable y alcantarillado. De lo que se trata es de crear un esquema financiero apuntalado en los aportes del presupuesto nacional para acelerar la iniciación de proyectos integrales, entre otras, en las siguientes ciudades cuyos proyectos se encuentran listos para arrancar: Barranquilla, Cartagena, Pereira, Montería, Riohacha, Buenaventura, Poyapán, Ipiales, Soacha. Adicionalmente, Bogotá y Medellín ade- lantarán megaproyectos de saneamiento básico, para lo cual apalancarán sus recursos mediante créditos otorgados por Findeter.

    Con el nuevo entorno de tasas de interés y el decidido apoyo del Gobierno Nacional, estas ciudades y sus empresas de servicios públicos podrán iniciar obras inmediatamente y desarrollar inversiones superiores a uno y medio billones de pesos en tres años.

    La construcción de vías y, en especial, las concesiones viales constituyen el tercer eje de la orientación de la inversión del Gobierno. Venimos trabajando desde el Ministerio de Transporte en un acelerado plan para finalizar los estudios que permitan la ejecución de un ambicioso plan de obras liderado por el sector privado. Los ferrocarriles del Atlántico y el Pacífico, las concesiones de La Línea, de las mallas viales del Valle y de la Costa Caribe, de la Central del Norte y muchas otras están ya adjudicadas o muy cercanas a su adjudicación. Los proyectos ya en ejecución superan los mil millones de dó- lares y las que se adjudicarán en el transcurso del año alcanzan una cifra similar adicional.

    La reactivación de la economía pasa también por la reactivación del campo. La revaluación del peso ha sido durante esta década una pesada carga para nuestra agricultura sepultando muchos de nuestros cultivos transitorios y las expectativas de nuestras inmensas posibili- dades exportadoras. El Gobierno promovió el ajuste en la banda cambiaria y está poniendo de su parte para impedir que retorne esta absurda tendencia revaluacionista. Que quede claro: el Gobierno considera inaceptable que la tasa de cambio siga cayendo como ha sucedido en las últimas semanas.

    Con una tasa de cambio adecuada es posible revivir muchos de nuestros cultivos transitorios. Pero no es suficiente. Por eso estamos tra- bajando en cultivos como el algodón y el maíz amarillo. Gracias a mejoras tecnológicas recientes, el país podrá sustituir muy pronto sus importaciones por producción local. El Gobierno ofrecerá un subsidio directo a estos y otros cultivos, lo cual permitirá llegar a una producción anual de 50.000 toneladas de fibra de algodón y de 300 mil toneladas de maíz.

    Sin llegar a esquemas proteccionistas, y respetando la integración con nuestros vecinos, hemos tomado medidas para proteger la producción nacional en este complicado trance. El freno a las importaciones de leche o las investigaciones que se han iniciado para evitar triangulaciones o subfacturaciones, no son el retorno a la economía cerrada sino la aplicación activa de los elementos de política dentro del marco de la OMC que mi gobierno está dispuesto a utilizar al máximo.

    Para impedir la importación de bienes a precios inferiores a los que rigen en los mercados internacionales, bien conocida en los casos de textiles, confecciones y calzado, hemos adoptado precios mínimos oficiales de importación y, con posterioridad a diciembre de este año, unos precios de referencia que garanticen que la producción nacional no se vea afectada por el lavado de activos o por la competencia desleal.

    Colombia ha promovido también ante la Comunidad Andina una decisión que permita controlar los incrementos sustanciales de im- portaciones para aquellos productos en que la producción comunitaria se esté viendo afectada. De ser aprobada, esta decisión permiti- rá incrementar el arancel externo común hasta los niveles permitidos por la OMC.

    En épocas difíciles como esta, debemos reconocer también que muchos de nuestros problemas estriban en que históricamente hemos sido muy complacientes con el contrabando. El contrabando es un delito tan grave como el lavado de activos y el narcotráfico. Merece, por consiguiente, un tratamiento similar. Ha llegado la hora en que digamos “no más” a quienes engañan al resto de los colombianos poniendo en peligro la estabilidad de nuestras más caras instituciones económicas.

    Hemos sido permisivos con el contrabando inclusive con normas que supuestamente apoyan a los municipios de frontera. Por esto debemos revisar la operación de las unidades aduaneras, establecidas por decreto en años anteriores, que se han convertido en foco de contrabando. Levamos a proponer al Congreso la revisión de la ley 191 de 1995, que creó las Unidades Especiales de Desarrollo Fronterizo, que también se han convertido en un mecanismo de evasión del IVA y de entrada de contrabando al país.

    Mientras logramos esta última revisión, el Gobierno reglamentará esta ley determinando un consumo máximo de productos básicos sin pago de este impuesto para las regiones que hoy constituyen estas unidades especiales.

    Al país le ha quedado suficientemente clara mi indeclinable voluntad política de luchar contra el flagelo del contrabando. Es hora de que cada colombiano entienda el efecto perverso que nos ocasiona y que nos unamos en una gran cruzada nacional para rechazarlo. Sin contrabando, será posible recuperar miles de empleos perdidos.

    Quiero ser muy enfático: vamos por el camino correcto. El rumbo que Colombia escogió cuando resulté elegido con la mayor votación de nuestra historia republicana. Propuse un cambio profundo y fundamental que transformara nuestra economía dejando atrás un pasado de desorden e improvisación. Con el equipo económico trazamos unos objetivos definidos y claros. Evacuamos las etapas de manera cuidadosa pero decidida. Vamos a cosechar los frutos de una actitud prudente pero firme. No vamos a cerrar la economía ni a desbordar el gasto público como algunas voces irresponsables lo han sugerido. Nuestro compromiso es con la generación de empleo, es con el futuro, es con el cambio, no con el pasado.

    Esta es una labor que no va a depender sólo del Gobierno. Por eso no es gratuito que haya elegido a Antioquia para reafirmar mi compromiso con la generación de empleo y la reactivación. Estamos saliendo adelante. Y necesitamos del tesón y del espíritu emprendedor de empresarios como ustedes, que han demostrado que las crisis se convierten en oportunidades. Que han demostrado que son capaces.


    Lugar y fecha

    Medellín, Colombia
    6 de abril de 1999

    Destacados

    publicaciones recientes

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2020 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved