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  • MAYOR Y MEJOR TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA HACIA LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES

    ANDRÉS PASTRANA ARANGO, EN LA CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA AGROPECUARIA EN CORPOICA

    Hace unos años hizo carrera la anécdota de un funcionario japonés a quien se le preguntó respecto a la política agrícola de su país en una época en la cual Japón, a pesar de poseer un estrecho territorio, se empeñaba en sembrar cereales y mostraba una total resistencia frente a la posibilidad de  acudir a los países vecinos a comprar estos alimentos. “Aquí no podemos comer computadores”, aseguraba de manera tajante.

    En sus palabras, más que un capricho de Estado, se reflejaba toda una política estructural agrícola, en la cual mostraba el poder real que desde siempre han detentado los países más desarrollados, al potenciar e impulsar la facultad productiva de sus tierras.

    Pero lo cierto es que los computadores y la agricultura no son términos contradictorios, sino que el matrimonio entre la ciencia y la producción de alimentos garantiza un futuro promisorio. Pensando en esto, uno de los pilares básicos de la política agropecuaria de mi gobierno ha sido el impulso al desarrollo tecnológico por el impacto positivo durable que tiene esta clase de inversión en el mejoramiento de la competitividad, de los ingresos de los productores y, en general, del mejoramiento de la calidad de vida de la población rural.

    Como un paso fundamental en esta dirección, hoy me siento muy satisfecho al protocolizar en este acto los convenios de cofinanciación para el desarrollo tecnológico del Programa Nacional de Transferencia de Tecnología Agropecuaria –Pronatta-. ¡Son nada menos que 165 proyectos, que corresponden a las demandas concretas de las regiones y a los cuales el Gobierno Nacional inyectará un aporte de 19.500 millones de pesos, que, sumados a los aportes de las comunidades, ascienden a más de 34.700 millones de pesos!

    De ahí la importancia que implica la protocolización de estos convenios de cofinanciación del PRONATTA, pues permitirá la mayor y mejor transferencia de tecnología hacia los pequeños productores.

    Estos cuantiosos recursos no son la única inversión que mi gobierno ha venido efectuando para el desarrollo tecnológico del campo. A pesar de las dificultades fiscales, más del 70% de los recursos destinados al fortalecimiento de las cadenas productivas en el marco del Proagro se está invirtiendo en investigación y transferencia de tecnología. Esta inversión es el mejor legado que le puede dejar mi gobierno al sector agropecuario.

    Somos conscientes de que no hay milagros en la producción agrícola. Así lo ha demostrado la historia. Basta con recordar  la experiencia colombiana de la década de los años sesenta, en la cual, mediante un largo programa de investigación, se logró una nueva combinación de características valiosas en las variedades de arroz y pastos, lo que determinó la incorporación de una amplia región del país, como es el piedemonte llanero, a la producción agropecuaria. Dichos programas innovadores tuvieron efectos multiplicadores en los países vecinos. Recientemente, gracias al apoyo financiero e institucional del gobierno, la ciencia nos ha entregado unos híbridos de maíz que nos abren la frontera de la altillanura colombiana a la producción competitiva de este cereal. Esto demuestra la necesidad de tener personal capacitado para el desarrollo agropecuario.

    En el caso anterior se puede afirmar, que la tecnología inventó a los Llanos.

    Así mismo, otras experiencias internacionales, como la de Israel, país que ofrece el más clásico de los ejemplos de transformar sus tierras áridas en fértiles, nos señalan la necesidad de fortalecer el desarrollo tecnológico ante las necesidades alimentarias que día a día son más amenazantes.

    Siguiendo esa misma orientación de fe en las propias capacidades, el Gobierno Nacional replanteó el papel del sector agropecuario a la entrada del nuevo milenio y el 3 de mayo del año pasado convirtió en política nacional el Programa de Oferta Agropecuaria –Proagro-, el cual ha comprobado la eficacia de los acuerdos de competitividad suscritos al interior de las cadenas productivas en nuestro país.

    Los resultados de esta política han motivado al Gobierno Nacional a incrementar sus esfuerzos para que las diferentes entidades pertenecientes al sector continúen integrándose a los Acuerdos Regionales de Competitividad y puedan ayudar a consolidar los buenos resultados que hoy se observan.

    El caso de la papa es uno de los buenos ejemplos que mejor refleja la voluntad del gobierno y de los empresarios de apoyar las cadenas productivas.

    Aquí hay muchos cultivadores e industriales de la papa, que trabajan con ese producto andino por excelencia, y a quienes ha beneficiado el enfoque de esta política. Con sólo el 40% de los recursos girados –3.600 millones de pesos de los 9 mil definidos por el Gobierno Nacional para esta cadena – se han superado las metas planeadas para tres años en el uso de semilla certificada. Las expectativas de la política agrícola nacional, que esperaban elevar el uso de esta semilla del 1% al 5% alcanzaron un incremento del 7.5% durante la implementación de la primera fase del Plan Nacional de Semilla.

    En esta misión, además de este uso de semillas certificadas, ha sido fundamental la utilización de nuevas variedades, desarrolladas en el marco de la Política de Desarrollo Tecnológico ejecutada, entre otros, por Corpoica, las cuales superan en más del 50 por ciento los rendimientos de las variedades tradicionales, tal como lo demuestran los logros obtenidos en este importante sector.

    Además, dentro del acuerdo de competitividad de la papa, se está impulsando una fuerte política exportadora, a través del esfuerzo conjunto entre el sector público y el privado. Así quedó reflejado con la firma de este Acuerdo en Santiago de Cali, hace un año.

    Tanto el fomento de las cadenas productivas como el incentivo de la investigación y el desarrollo tecnológico han sido fundamentales para el incremento de la competitividad del sector agropecuario y la producción de alimentos. Así lo están confirmando nuestros agricultores y el crecimiento del Producto Interno Bruto Agropecuario que, según el Dane, desde 1999 comenzó a ascender, para alcanzar a finales del año 2000 un incremento positivo del 5.36%. Nuestra meta -la meta del Gobierno y de los productores- es este año dicho crecimiento alcance cuando menos el 6%.

    Apreciados amigos:

    La semilla más próspera de este proceso de modernización es el aporte de nuestra comunidad científica a la solución de los principales problemas agropecuarios, un aporte que hoy se encuentra plasmado en esta Segunda Muestra Científica y Tecnológica Agropecuaria, aquí en Tibaitatá.

    Es claro que la calidad del liderazgo científico es un factor vital en el compromiso de mi gobierno por incrementar la producción. Resulta de especial trascendencia, por ello, que hoy estemos inaugurando el Sistema de Bancos de Germoplasma Vegetal, que permite la conservación de los recursos genéticos agropecuarios colombianos.

    En esta despensa del tiempo se conservan en óptimas condiciones más de 23 mil materiales correspondientes a 75 grupos de especies vegetales que incluyen cereales, frutas, hortalizas, leguminosas, tubérculos y raíces, cultivos industriales y forrajes. Con esta reserva de la ciencia se conserva un enorme potencial agropecuario y el inmenso patrimonio genético vegetal, no solo para las generaciones presentes sino, sobre todo, para nuestros descendientes.

    Para destacar la importancia de este proceso, podemos observar retrospectivamente la historia de la papa, la cual estaba ampliamente difundida en Sudamérica, fue introducida en Inglaterra y en España durante el siglo XVI, y luego  convertida en el principal alimento de Irlanda, hasta que la llegada de una enfermedad significó la destrucción de las cosechas y la consiguiente hambruna en dicha isla, con millones de muertos y emigrados a América. Afortunadamente, los genes resistentes aún estaban en los Andes. Si no fuera por esto, no conoceríamos la papa actualmente.

    El citado caso nos indica el valor incalculable de estas reservas. En esencia, estos materiales constituyen la base para el desarrollo de nuevas variedades de alta calidad y rendimiento, y lo más importante es que están adaptadas a las condiciones del trópico. De ahí, que estos recursos genéticos sean nuestra estrategia más interesante para afrontar los retos de la sostenibilidad y la competitividad del sector agrícola internacional hacia el futuro.

    Basta dimensionar la catástrofe de especies bovinas, ovinas y porcinas ocurrida en Europa, para comprender el valor de las reservas genéticas de más de 70 familias de animales criollos de cinco razas bovinas, dos razas ovinas, caprinos criollos y tres razas de cerdos, depositadas como valiosos lingotes de oro en estos bancos de germoplasma, los cuales se expresan en altos índices de fertilidad, y resistencia a parásitos y enfermedades.

    En este campo es resaltable la investigación adelantada por Corpoica, con recursos del Gobierno Nacional, en la que se han encontrado en algunos de estos ganados criollos colombianos, marcadores moleculares asociados con resistencia a la fiebre aftosa y brucelosis, lo que les confiere un valor único en el contexto de la industria animal mundial, más aún frente a la crisis pecuaria que vive la Unión Europea en estos momentos.

    Por último, estamos inaugurando también la planta de producción comercial de bioplaguicidas, que busca alternativas para el control de plagas agrícolas. Esta planta piloto de Corpoica nos permitirá desarrollar productos de alta eficiencia biológica para el control de las principales plagas en cultivos de importancia económica para el país. De esta forma, estamos asegurando cada vez más la buena salud de nuestra agricultura y de la economía del campo.

    Apreciados amigos:

    Nadie sabe con certeza cuántas especies animales y vegetales hay en el mundo. Se estima una cifra de 13 a 14 millones, de las que sólo un 13% se ha descrito científicamente. Por ello, nuestra responsabilidad como gobernantes, empresarios e investigadores consiste en reconocer e impulsar las potencialidades reales de nuestra biodiversidad, para hacer frente a los pronósticos de Malthus, quien hace dos siglos subrayó la seria amenaza de que la población se incrementaría más rápidamente que el abastecimiento de alimentos.

    Estamos tomando las decisiones necesarias para que en Colombia la búsqueda científica explore las variedades de gran valor y los empresarios puedan hacer uso de ellas, en pro de un campo más competitivo.

    En esta medida, mejoramos el bienestar de la población colombiana al haber apostado a la mejor empresa de los últimos tiempos: el impulso al desarrollo de la ciencia. Es una empresa inaplazable que nos ayudará a alcanzar, en el transcurso de mi gobierno, la meta de aumentar la producción total nacional en algo más de cinco millones de toneladas de productos agropecuarios.

    No tengo la menor duda de que recuperando el campo podremos sembrar la semilla de la justicia social, necesaria para aclimatar las condiciones de convivencia y paz que tanto anhelamos los colombianos.

    Afortunadamente, en Colombia, gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad científica, los productores, los industriales y el Gobierno Nacional, la historia de la agricultura la estamos convirtiendo en la historia del cambio y de la construcción de la paz.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cundinamarca, Colombia
    3 de abril del 2001

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