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  • MENSAJE EN EL ACTO DE CONVOCATORIA A LOS COLOMBIANOS PARA PARTICIPAR EN EL PROCESO DE PAZ

    Hace poco más de un año, en este municipio de San Vicente del Caguán, al instalar la Mesa de Diálogo entre el estado colombiano y las FARC, dije que estábamos cumpliendo “una cita con la historia”.

    Pues bien: la mejor noticia hoy para toda Colombia es que dicha cita ha tenido continuidad y que el proceso que entonces iniciábamos en medio del escepticismo de muchos y de las expectativas de todos va avanzando con paso sereno y firme.

    En el curso de un año hemos acordado una Agenda Común, hemos puesto en funcionamiento una Mesa de Negociación, y hemos convenido un sistema para que todos los colombianos participen en el debate de la agenda, ampliando la base democrática del consenso. En síntesis, hoy podemos decir que hemos avanzado más que en cualquier otra época de nuestra historia reciente.

    Y hemos logrado lo más importante en todo proceso de diálogo y negociación: la fijación de unas reglas claras y de unos procedimientos transparentes, y la construcción de la indispensable confianza entre las partes. Esta confianza es la que debemos infundir a todos los colombianos, para que tengamos fe en este proceso vital para el futuro de la nación.

    ¡Sí podemos tener paz! La paz no es un privilegio exclusivo del resto de la humanidad al cual no puede acceder Colombia. La tregua de fin de año es un ejemplo claro de que, si queremos, podemos convivir sin matarnos los unos a los otros.

    Pero soy consciente de que aún queda camino por recorrer. La paz no se logra únicamente silenciando los fusiles, sino que también hay que librar las “batallas de la paz”. Y estas batallas se ganan en el empleo, en la vivienda, en la nutrición, en la salud, en la educación, en la defensa de los derechos humanos y en el respeto al medio ambiente.

    Por eso es que mi gobierno, al tiempo que adelanta este necesario proceso de paz, ha trabajado sin desmayo en la construcción de un entorno de justicia social que conjugue el objetivo de la reactivación económica con el bienestar de todos y cada uno de los colombianos.

    Pero mientras haya violencia el logro del desarrollo y la justicia social será aún más difícil. La violencia, más que ningún otro factor, es la primera enemiga del empleo y de la recuperación económica del país. La violencia sólo produce tierras abandonadas, fábricas cerradas y capitales fugados. Necesitamos la paz, porque sólo en paz podrá florecer Colombia al máximo de sus posibilidades.

    Pero para lograr las metas anheladas es fundamental que entendamos que el proceso de paz no es patrimonio único y exclusivo del gobierno, ni de las fuerzas insurgentes, sino que es una tarea de toda Colombia: de los empresarios, de los trabajadores, de los campesinos, de los académicos, de los estudiantes, de los indígenas, de las amas de casa. ¡De todos!

    Quiero por eso invitar, con entusiasmo, a mis compatriotas para que participen activamente en las Audiencias Públicas o haciendo llegar sus diversas propuestas al Comité Temático Nacional. Juntos somos casi 40 millones de seres humanos que queremos vivir en paz, que queremos construir una patria justa y progresista, y que tenemos valiosas ideas e iniciativas para aportar.

    En esta Villa de la “Nueva Colombia” está comprometido nuestro futuro, el futuro de nuestros seres queridos y el de las generaciones venideras. ¡Trabajemos entre todos para que el sueño colectivo se haga al fin realidad!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    San Vicente del Caguán, Colombia
    29 de enero del 2000

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