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  • ¡NUESTRO DESAFÍO ES CONSTRUIR UNA REFORMA PENSIONAL QUE SEA LA REFORMA DE TODA COLOMBIA!

    Antes que nada, quiero agradecerles muy sinceramente a todos ustedes, los representantes más destacados de las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, el haber acudido a esta cita  para analizar el trascendental tema de las pensiones en Colombia.

    Su presencia significa por sí sola un principio de interés para que reflexionemos todos sobre este aspecto que conjuga al mismo tiempo el futuro de las finanzas nacionales y el de las finanzas personales de millones de colombianos.

    Mi convocatoria hoy es muy sencilla, muy directa y muy clara: todo lo que les pido, en nombre de nuestros compatriotas de hoy y de mañana, es que miremos sin prejuicios, sin intereses políticos o particulares, solamente con un gran sentido de responsabilidad histórica, el futuro del régimen pensional en nuestro país.

    Ustedes lo saben. Las cifras que presentará hoy el Ministro de Hacienda, y que ya han sido conocidas y debatidas por muchos de ustedes, son realmente contundentes y nos muestran una realidad que no podemos negar: Nuestro sistema pensional, con su creciente desbalance de ingresos y de gastos, no es viable. Nuestros padres, nosotros mismos y nuestros hijos corremos todos el riesgo de no tener la seguridad del pago oportuno y cumplido de una pensión.

    El sistema pensional es en el fondo un régimen en el que los ciudadanos confían en la promesa del Estado de que, cumplidos ciertos requisitos de aportes y de edad, contarán para su vejez con una pensión segura. Pero nuestro régimen pensional, al igual que el de muchos otros países, se pensó con base en proyecciones de crecimiento y de empleo que luego no se cumplieron. Las promesas que se hicieron a una base de trabajadores jóvenes que poco cotizaban para su pensión no sólo resultaron elevadas sino que la expectativa de vida aumentó, haciendo mucho más onerosas esas promesas.

    Esos jóvenes de entonces comenzaron a pensionarse en números importantes a partir de 1990. Es así como el egreso por pensiones que hace 10 años representaba solamente el 0.8% del PIB corresponde hoy al 2.6% del mismo, vale decir, cerca del 20% de los ingresos de la Nación y cerca del 33% de los ingresos nacionales después del pago de transferencias territoriales. Si no hacemos algo, estos pagos agotarán muy pronto los magros fondos pensionales que tenemos acumulados para el magisterio, los militares o el Instituto de Seguros Sociales, llevando los pagos de pensiones a representar para el año 2015 más del 60% de todos nuestros ingresos, lo cual generaría una tremenda crisis social.

    Una reforma pensional, -y en eso estamos todos de acuerdo-, es una decisión muy compleja que debe dar estabilidad y tranquilidad a todos los trabajadores y pensionados. Es cierto que hace apenas pocos años, en  1994, hicimos una reforma de fondo a nuestro sistema pensional. Sin embargo,  en la medida en que hemos avanzado en el ordenamiento del sistema hemos encontrado que la deuda acumulada es muy superior a los cálculos que entonces se hicieron.

    Esto es insostenible. No es culpa de ningún Gobierno: ni de éste ni de los anteriores. Simplemente se trata de que las proyecciones fueron superadas por los hechos.

    Pero así como no podemos ni queremos culpar a nadie, lo cierto es que la historia sí nos responsabilizará a nosotros, a ustedes y a mí, si conociendo como conocemos la situación actual de las pensiones y su inestabilidad futura nos quedamos quietos y no hacemos nada.

    La historia nos responsabilizará si, por pensar más en nosotros mismos y en nuestros intereses particulares que en todo el país, hipotecamos el futuro de las nuevas generaciones.

    El porvenir nos juzgará, no tengan duda, si por utilizar una miope visión de corto plazo escondemos la cabeza entre la arena como avestruces y nos declaramos incapaces de encontrar entre todos la mejor solución.

    Apreciados amigos: La reforma pensional que urge adelantar no es un problema de mi gobierno: las consecuencias de no adelantarla no van a salir a flote bajo mi mandato. Pero yo no puedo dormir sobre una bomba para dejar que estalle en manos de mi sucesor, sea quien fuere, en perjuicio de todos los colombianos.

    Yo estoy dispuesto a obrar responsablemente frente a los colombianos del mañana, y los invito a ustedes a que lo hagan también, con entereza, con inteligencia y con vocación de patria, poniendo al futuro de la sociedad por encima de otras consideraciones.

    Una reforma de esta trascendencia debe ser el fruto, no de la imposición de un gobierno, sino del acuerdo entre las fuerzas sociales. ¡Todos tenemos que ceder algo para que ésta sea una reforma de Colombia para los colombianos!

    Por ello, después de más de dos años en los que hemos estudiado el problema y desarrollado un modelo en Planeación Nacional para clarificar el impacto de las diversas propuestas alternativas, no hemos traído a esta reunión una propuesta específica de reforma pensional porque lo que queremos es que esta reforma salga también de todos ustedes: del trabajo conjunto de los gremios económicos, de los trabajadores y de las fuerzas políticas con el Gobierno Nacional.

    La reforma que acordemos deberá ser, como principio básico, una reforma que no afecte los derechos de las personas que ya están pensionadas y que no afecte tampoco a quienes están muy cerca de pensionarse.

    Del resto, tendremos que estudiar las fórmulas para ajustar los ingresos con los egresos en nuestro régimen de pensiones hasta que podamos asegurar a todos los colombianos, con responsabilidad, que la promesa que se les hace cuando depositan sus contribuciones en el sistema pensional sí se va a poder cumplir.

    Porque: ¿qué sacamos con muchas personas pensionadas bajo el régimen actual si no se les puede asegurar el pago de sus pensiones? Tarde o temprano la sociedad tendría que escoger entre dejar de pagar a los pensionados o dejar de pagar a los trabajadores, y las dos hipótesis son igualmente graves.

    Lo que hoy vive Colombia en el tema de las pensiones no es un problema exclusivo de nuestro país. También lo han vivido o lo están viviendo otros países del mundo como Alemania o los Estados Unidos, como Brasil, Argentina o México. Ahí tenemos muchas propuestas de reforma para estudiar. Lo difícil no es saber qué hacer: ¡lo imperioso es ponernos de acuerdo en que debemos hacer algo!

    ¡Tenemos que actuar! De aquí no podemos salir con otra decisión que no sea la de asumir una actitud responsable frente al país.

    Por eso los invito a que conformemos una Misión donde tengan cabida los principales representantes de los trabajadores, de las empresas, de las fuerzas políticas y del Gobierno, para que entre todos diseñemos, y presentemos luego al Congreso, una reforma que no sea la reforma de los sindicatos, ni la reforma de los empresarios, ni la reforma de un partido, ni la reforma de un Gobierno. ¡Nuestro desafío es construir una reforma pensional que sea la reforma de toda Colombia!

    El momento es ahora, no podemos darle más largas. Los invito, en nombre de los colombianos que representamos, a que abandonemos los prejuicios, a que despoliticemos un tema que pertenece a todo el país y a que obremos con una inmensa dosis de responsabilidad política.

    La responsabilidad que debemos tener es el arte de prever en el presente lo que puede ser un gran dolor de cabeza en el futuro. Tenemos en nuestras manos la decisión de heredar un problema o de resolverlo. Yo creo que no existe más que una opción responsable: ¡Tenemos que resolverlo!

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    14 de mayo del 2001

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