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  • NUEVO EMBAJADOR ANTE EL VATICANO

    Posesión del embajador ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar Herrán

    Hemos dado posesión al nuevo embajador ante la Santa Sede en este momento privilegiado de la historia, cuando se avecina el cambio de siglo e ingresamos en el tercer milenio guiados por la mano segura y las firmes enseñanzas de su santidad Juan Pablo II quien en estos días cumple 20 años de estar al frente de nuestra Iglesia en la tarea de abrir esperanzas y realidades en el horizonte de una historia marcada por los valores del Evangelio y del magisterio.

    Yo auguro para las relaciones entre la Santa Sede y Colombia una época de buenos frutos, una época en donde la disponibilidad hacia la paz sea evidente y vaya acompañada de una real justicia social, de un cuidado afanoso por la defensa de los valores, de una opción indubitable por la vida en todas sus expresiones, por la promoción de la familia, de los derechos humanos, del empleo y sobre todo por esa búsqueda de la verdad que dignifica a la persona, a las comunidades y a las naciones.

    El cambio no es algo fácil y se está demostrando que es difícil aceptar sacrificios por los otros; hace pocos días encontraba un pensamiento que es preciso meditar: “Hay gente que quiere el cambio mientras le favorezca personalmente y de inmediato, pero es enemiga de él si su resultado se da en términos de bien común”. Pero las dificultades no deben desanimar nos en el camino por ser “constructores de una nueva sociedad” y por establecer como base de ella la solidaridad que es la más bella herencia de éste pontificado.

    Nuevo Embajador, nuestra misión en el Vaticano, es expresión de esa raíz de humanismo de una Patria que busca nutrirse en la fuente de quien es “Maestra de Humanidad” para reconfortarse, para reconstruir, para –como lo dije en mi posesión- hacer una “opción real por los pobres”, para hacer evidente que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” y esa paz tiene aquí los sinónimos no negociables de empleo, de valores y de justicia social.

    Aspiro que al final de esta gestión de gobierno ustedes y yo podamos tener la certeza de que nuestra Nación haya tomado el seguro camino de “conversión a la vida”.

    Señor Nuncio, señores Arzobispos y Obispos: permítanme a través de ustedes felicitar a Su Santidad en este mes que, por la gracia de Dios, cumple dos décadas al frente de la dirección de la Iglesia.

    Y al nuevo Embajador felicidad y éxitos en su gestión de la que yo espero frutos evidentes en estos años maravillosos en los que él podrá, con mayor cercanía, pasar “bajo el umbral de la esperanza.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    13 de octubre de 1998

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