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  • OJALÁ ESTUVIERAN LOS ABUELOS

    INAUGURACIÓN DE LA NUEVA SEDE DEL MUSEO DE ANTIOQUIA Y DE LA DONACIÓN BOTERO A MEDELLÍN

    “Hubo una Antioquia sin genuflexiones,
    sin fondos ni declives.
    Una raza con alma de bandera
    y grito de clarines.
    Un pueblo que miraba a las estrellas,
    buscando sus raíces”.

    A esa Antioquia, a la Antioquia de los abuelos y de los versos de Jorge Robledo Ortiz, hoy quiero hablarle, porque hoy, indudablemente, es un día de fiesta y celebración para esta tierra de esfuerzo y de montañas.

    Hoy se reabre al público en una hermosa e histórica sede, en la más preciosa joya de la arquitectura modernista de Medellín, el Museo de Antioquia, un museo que ha sido símbolo de historia y de arte, con una tradición de 109 años de servicio cultural a los antioqueños y a Colombia.

    Pero la celebración es todavía mayor, es verdadero júbilo y estruendo, porque el Museo abre las puertas con el padrinazgo y la presencia del hijo predilecto de la tierra paisa, del “último artista del renacimiento”, del orgullo y símbolo de la exuberante Colombia: el Maestro Fernando Botero.

    Por eso Medellín, la hermosa, para decirlo en las jocosas palabras de Tomás Carrasquilla, que ha estado “todo el año, muy formal y recogida en sus quehaceres” hoy es toda “animación y alegría”.

    “Medellín se transforma. En los semblantes se lee el programa; crece el movimiento de gentes; apercíbese el comercio para la gran campaña; y la conversación, dale que le darás sobre el acontecimiento, parece inagotable”.

    Sí, señoras y señores: ¡Hoy es el gran día de Medellín y de Antioquia! ¡Hoy la ciudad de las flores se engalana de arte y de cultura! ¡Hoy recibimos con admiración y un inmenso cariño al más grande artista de Colombia y a su legado monumental!

    “Un día llegará en que las palabras me enseñen sus azules secretos. Entonces pondré en formas mejores la emoción y el ensueño que provisionalmente dejo en éstas”, decía Porfirio Barba Jacob, y lo mismo digo yo en este momento, cuando siento que las palabras no me alcanzan para expresar la emoción que llena mi corazón.

    Hay tanto que decir y tanto que agradecer. La Donación Botero a Medellín y a Bogotá, tal como le escuché hace poco al exministro Alberto Casas, es el evento cultural más importante en la historia de Colombia desde la Expedición Botánica.

    Y es que no hablamos de poca cosa. A partir de hoy Medellín, que es la orgullosa cuna de Botero, será también la sede del más grande conjunto de obras pictóricas y escultóricas de su hijo, uno de los artistas más grandes del siglo XX y del siglo XXI.

    El que quiera ver a Van Gogh o a Rembrandt que vaya a Amsterdam. El que quiera ver a Rubens que se baje en Amberes. El que prefiera a Dalí que vaya a Figueras, a Madrid o Nueva York. Los que quieran ver a Monet, a Manet, a Renoir, que vayan a París. Los que buscan a Picasso que vayan a Madrid o París o Barcelona. Pero el que quiera apreciar a Botero en toda su extensión, el que quiera abrazar y palpar sus bronces monumentales, el que quiera extasiarse en el color de sus óleos y en la perenne vitalidad de sus personajes, ¡que venga a Medellín!

    ¡Porque Medellín es desde hoy la Ciudad de Botero!

    Ahora los antioqueños, regionalistas por naturaleza, tendrán un motivo adicional para sentirse orgullosos de su capital, y dirán con altivez y alegría que son de Medellín: Ciudad Arte, Ciudad Museo, Ciudad de Botero.

    De todos los rincones de Colombia y de todas partes del mundo vendrán los visitantes a admirar sus obras. Vendrán a tocarlas y a tomarse fotografías al lado de Los Amantes o de la Venus Reclinada o del Rapto de Europa. O quizás junto a la dulce Bailarina, esa bella inmortalizada en su paso de baile, tan grácil y ligera que parece imposible que alguien se atreva a considerarla pesada.

    Y encontrarán también la más grande colección pictórica del arte boteriano: los toros y toreros enfrentados en hermosas faenas, la pareja de Luis XVI y María Antonieta, las hermosas flores que simbolizan la eterna primavera de Medellín, la cabeza de Cristo, las mujeres, los hombres y las calles de su Antioquia revivida en la nostalgia. Y, por supuesto, a Pedrito, apuesto e impecable sobre su caballo de juguete, nuestro querido Pedrito que hoy, desde el cielo, debe ser el más orgulloso de los ángeles.

    Pero no estarán solas las obras de Botero. Aquí tiene el Museo de Antioquia el documento histórico y artístico de una región que enaltece a Colombia. Comenzando por los murales de Pedro Nel Gómez, que esperaron desde hace tantos años en este antiguo Palacio Municipal para encontrarse con el arte de Colombia y el mundo.

    La plástica antioqueña y de todo el país está presente, representada por artistas de la talla de Francisco Antonio Cano, Eladio Vásquez, Marco Tobón Mejía, Débora Arango, Carlos Correa, Ignacio Gómez Jaramillo, Rafael Sánz, Andrés de Santamaría, Luis Caballero, Enrique Grau, Alejandro Obregón, David Manzur, Ricardo Gómez Campuzano, entre otros tantos.

    Y también el arte mundial se abre a los ojos de los antioqueños y de sus felices visitantes. A artistas como Diego Rivera y Picasso, que ya estaban en la colección del Museo, se viene a sumar una importante parte de la colección personal del Maestro Botero, que ha querido donar a su ciudad con una generosidad que excede todos los calificativos. Así que aquí tenemos también a Roberto Matta, a Antoni Tàpies, a Julian Schnabel, a Frank Stella, entre otros representantes del arte del siglo XX. Y valga decir que también contamos con un collage de esa gran artista que es doña Sophia Vari, quien ha sido la musa y fortaleza de sus últimos años.

    ¿Qué más podemos pedir? Hoy la cultura nos está volviendo locos, ¡pero locos de alegría! ¡Hoy Botero ha demostrado que es tan grande como sus obras!

    Querido Maestro Fernando Botero:

    Nohra y yo nos enaltecemos al contarnos entre sus amigos, y hoy estamos más que orgullosos ante el gesto generoso que usted ha tenido con su pueblo y su ciudad.

    ¡Con cuánto cariño recuerdo el día en que visité, con su inigualable compañía, la exposición de “La Corrida” en Nueva York hace ya unos 15 años! Nuestro común amigo, Palomo Linares, nunca dejó de admirar ese periodo de su obra, así como nosotros no cesamos de agradecer que haya preferido ser artista a ser torero.

    Usted, Maestro Botero, es la bella imagen de Colombia, de su querida Colombia, ante el mundo. Estamos acostumbrados a ver sus obras, su nombre y el nombre de nuestro país en las más grandes capitales del planeta: en París, en Nueva York, en Buenos Aires, en Madrid, en Florencia.

    Ahora usted ha logrado el milagro inverso, y será el mundo el que se vuelque en su Medellín del alma. Usted ha logrado que su ciudad se convierta en un polo turístico de primera magnitud, punto de visita obligado y uno de los centros culturales más importantes de América Latina.

    Usted, Maestro, sobre todo, sigue siendo un paisa, un verdadero paisa de carriel y aguardiente, de frisoles y arepa, un paisa extraordinario que conserva su acento, su voz tranquila y franca, su sencillez. Parece que a diario se repitiera ese hermoso trozo del himno de Antioquia que dice: “nací sobre una montaña: mi dulce madre me cuenta que el sol alumbró mi cuna sobre una pelada sierra”.

    ¿Quién le iba decir, querido Maestro Botero, cuando en 1948 era un joven soñador que realizaba ilustraciones para El Colombiano y recorría con sus amigos la calle Carabobo, la Playa con Junín, el Parque Berrío, tal vez pensando en irse a comer “el algo” en el Astor… quién le iba a decir entonces que medio siglo después la ciudad vibraría y se engalanaría con sus creaciones?

    ¿Qué iba usted a pensar que el Parque Berrío sería la sede del famoso “Torso” o que sus esculturas ocuparían la Plaza San Antonio y toda una nueva plazoleta del centro de la ciudad? ¿Cómo iba a imaginarse que el antiguo Museo de Zea se iba a convertir, gracias a usted, en el Museo de Antioquia y en la más grande sede de su obra? Con seguridad no hubiera creído que su nombre estaría en los vagones del metro y hasta en los aviones de la aerolínea de su tierra.

    Pero todo esto se ha hecho realidad, y no es gratuito. Es el resultado de una vida de trabajo y de su genio inigualable. Y no olvidemos que, como dijo Thomas Carlyle, “el genio es el infinito arte de trabajar con paciencia”.

    Hoy usted, Maestro Botero, es profeta en su tierra. Y hoy nos ha dado a todos una lección más allá del arte: una lección de generosidad.

    Este gesto de grandeza, exagerado como sus obras, para fortuna del museo y de la ciudad, debería ser motivo de imitación de muchos. Usted, Maestro, ha puesto en práctica lo que decía Gibrán: “Sólo se da realmente, cuando se da parte de uno mismo”.

    Y por eso su pueblo lo quiere y lo respeta. Porque Antioquia y Colombia jamás han abandonado su corazón.

    Usted lo ha dicho: “Debiera estar en un pueblo de Antioquia, montañoso, rodeado de la gente, la vegetación y las construcciones que aún hoy me son tan queridas. Preferiría estar en un corredor, sentado en una mecedora mirando por entre una chambrana hacia el horizonte y tomándome un chocolate bien caliente”.

    Ojalá pudiera, Maestro, cumplirse su sueño. Para eso estamos trabajando sin descanso, para que Colombia vuelva a ser esa tierra alegre, mansa y tranquila de nuestra nostalgia. Pero mientras ello ocurre, usted ya está en Colombia y estará para siempre, viviendo en sus obras y en su legado.

    Queridos amigos de la tierra paisa:

    Lo que hoy está ocurriendo en el Museo de Antioquia es algo más que la inauguración de una grandiosa colección de arte.

    Hoy, gracias al empuje y el entusiasmo de muchos, como el alcalde Juan Gómez Martínez, el Gerente del Proyecto Tulio Gómez Tapias, la directora del museo Pilar Velilla, las Empresas Públicas de Medellín, la Gobernación de Antioquia, el Ministerio de Cultura, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Promotora Inmobiliaria de Medellín y tantas otras personas y entidades públicas y privadas, estamos dando una nueva vida al centro tradicional de Medellín.

    A partir de este nuevo Museo de Antioquia y de la futura Plazoleta de las Esculturas, toda la zona de la Veracruz, que reúne tanta historia y tradición, renacerá y se convertirá en un remanso de esparcimiento y de alegría para sus habitantes y para los cientos de miles de turistas que vendrán a disfrutarla.

    Habrá arte, habrá empleo, habrá progreso, habrá turismo, porque la cultura es como un eje dinámico que aligera el alma, recrea el espíritu y también crea desarrollo y justicia social.

    Y debo aclarar que no somos los primeros en recorrer la sede del nuevo museo y en apreciar la colección de Botero. Aquí vinieron antes, el miércoles pasado, cientos y cientos de niños de los barrios más pobres de la ciudad, para contagiarse del arte y la creatividad de este maestro universal.

    Ahí está su legado y su ejemplo, querido Fernando Botero, para que las nuevas generaciones de paisas y de colombianos tengan acceso al arte y a lo mejor de la vida.

    Robledo Ortiz escribió «siquiera se murieron los abuelos». Permítanme, para terminar, que yo les diga :

    ¡Ojalá que estuvieran los abuelos
    para ver a Botero, que ha pintado
    de nuevo “la blancura de los cisnes”!

    ¡Ojalá que estuvieran los abuelos
    para ver a su Antioquia florecida
    “frente a la dulce paz de los trapiches”!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Medellín, Colombia
    14 de octubre del  2000

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