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  • PALABRAS DE LA VICEMINISTRA DE RELACIONES EXTERIORES, DRA. CLEMENCIA FORERO UCRÓS

    Palabras de la Viceministra de relaciones exteriores, Dra. Clemencia Forero Ucrós, en la homilía por las victimas de los actos terroristas ocurridos en los Estados Unidos.

    “La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza”.

    Con estas palabras del escritor Ernesto Sábato, que nos invitan a perseverar, a continuar levantando el edificio de la historia humana por encima de las dificultades, a ser obstinados en nuestro amor a la vida, quiero iniciar este sentido acto de oración.

    El Gobierno y el pueblo de Colombia hemos presenciado con horror, como el resto del mundo, la gran tragedia que ha causado el terrorismo en los Estados Unidos. Se trata de insólitos actos irracionales y de carácter demencial que hemos condenado y rechazado enérgicamente, y que han cobrado la vida de miles de víctimas inocentes.

    Hemos querido convocarlos en esta oportunidad para unir nuestras plegarias y reiterar nuestra solidaridad y condolencias con la nación norteamericana, una nación que hoy está dando al mundo un ejemplo de coraje, unión y determinación de seguir adelante.

    En este momento de recogimiento y reflexión queremos elevar nuestras oraciones por los caídos en estos abominables actos. Entre ellos se cuentan nacionales de muchos países, aquí representados por medio de sus Embajadores. La tragedia también tocó nuestra puerta con la desaparición de un gran número de compatriotas, que enluta a la nación colombiana. Sentimos como propio el dolor que embarga a todas sus familias y los acompañamos en estos momentos de pesar y de tristeza. Confiamos en que el Todopoderoso consuele sus corazones y les fortalezca en esta difícil hora.

    Somos enemigos del terrorismo y hemos padecido sus repudiables efectos: a causa de sus siniestras acciones hemos visto caer jueces, policías, periodistas, políticos, ciudadanos inermes; hemos visto pueblos y edificios destruidos, aviones explotados en pleno vuelo, petróleo derramado en nuestros ríos, torres de energía derribadas, la sede máxima de la justicia consumida por el fuego y la desaparición de una generación de ilustres juristas. Por eso Colombia se identifica, como ningún otro pueblo, con el sufrimiento que embarga a todos los que de una u otra forma han sido afectados.

    Como lo expresó el Presidente de la República el pasado viernes, en su invitación a participar en la Jornada Mundial de Oración y Recuerdo, muchas veces el pueblo colombiano le ha pedido al mundo plegarias por las víctimas del conflicto interno y esta vez queremos hacer lo propio por las personas que murieron a causa de los atentados terroristas en Nueva York, Washington y Pittsburg.

    No podemos entender las motivaciones que hayan podido tener estos actos injustificados, que constituyen en sí mismos un atentado contra la comunidad internacional, contra la convivencia pacífica y civilizada de las naciones y contra el don sagrado de la vida.

    El mundo no será igual después de esta lamentable tragedia. Se redefinirán conceptos, se adelantarán acciones en las que Colombia participará activamente para enfrentar de manera solidaria, con base en el principio de la responsabilidad compartida, el flagelo del terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones, así como los distintos fenómenos que afectan la seguridad mundial.

    Bien lo ha dicho Su Santidad Juan Pablo II: “El terrorismo nace del odio y a su vez lo alimenta, es radicalmente injusto y acrecienta las situaciones de injusticia, pues ofende gravemente a Dios y a la dignidad y los derechos de las personas. ¡Con el terror, el hombre siempre sale perdiendo! Ningún motivo, ninguna causa o ideología pueden justificarlo. Sólo la paz construye los pueblos. El terror es enemigo de la humanidad”.

    Sintamos la profundidad y el impacto de estas palabras. Es tiempo de unir nuestros esfuerzos para mantener la paz y la seguridad de nuestras sociedades, y no claudicar ante la adversidad. Es tiempo de construir solidaridad sobre los escombros de la intolerancia. Es tiempo de devolverle el sentido a la condición misma del ser humano.

    Sólo la decisión de luchar por la paz, sólo la firme voluntad de respetar la vida, sólo la unión entre los pueblos en torno a los valores universales de la humanidad, nos conducirán a un porvenir seguro, donde los niños atesoren el sueño de la felicidad.

    Que Dios dé consuelo a los dolientes y nos ilumine a todos.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    19 de septiembre de 2001

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