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  • PALABRAS DEL DOCTOR CAMILO GÓMEZ ALZATE, AL RECIBIR LA ORDEN BERNARDO O’HIGGINS OTORGADA POR EL GOBIERNO DE CHILE

    “Nada puede separarme de Colombia: mi integración es la del honor y del amor”. Con esas palabras, escritas el 15 de octubre de 1968 en la papelería del restaurante “La Canasta” de Bogotá, donde acababa de departir con amigos y admiradores, Pablo Neruda, el inmenso Pablo que Chile le regaló al mundo y a la poesía, expresó con belleza lo que significan los lazos de afecto entre nuestras dos naciones.

    Esta noche, tantos años después, cuando recibo, con humildad y agradecimiento, este especial homenaje de la hermana República de Chile, -que es también un homenaje a Colombia, a su Gobierno y a su indeclinable voluntad de paz-, siento que esos lazos están más fuertes que nunca, porque los chilenos, con su vocación de amistad hacia nuestro pueblo, están cada vez más cerca y más atentos a los esfuerzos que estamos realizando todos los colombianos por alcanzar una paz cierta y duradera.

    Hoy, queridos amigos, en esta noche de afecto y hermandad latinoamericana, confluyen  los ideales libertarios de San Martín y de Bolívar, de O’Higgins y de Santander, de Chacabuco y el Pantano de Vargas, de Maipú y Boyacá, y nos invitan a continuar trabajando por la tarea más noble que pueda corresponder a hombre alguno: buscar la paz, forjar la paz, lograr la paz.

    Si hoy estamos acá, apreciados amigos, es porque los sueños de libertad y progreso de nuestros héroes siguen vivos y porque estamos decididos a seguir trabajando por su éxito definitivo. Desde antes de la independencia, el patriota chileno, don José Cortés Madariaga, formuló en Caracas la iniciativa de una alianza americana de apoyo a la  independencia. Luego fue Bernardo O’Higgins quien planteó, en 1818, la idea de la integración política entre las naciones que estaban entonces luchando por su libertad. Estas ideas visionarias, así como el sueño bolivariano de una sola América, reconocieron desde entonces la necesidad de la unidad y de la solidaridad regional.

    Esos son los valores que hoy, por fortuna, presiden las relaciones entre nuestros pueblos. Son los valores que han llevado a Chile, ese “largo pétalo de mar y vino y nieve”, a acompañar a Colombia, con sentido latinoamericano, en su búsqueda incesante por la paz.

    En este gran propósito nacional, que ha emprendido el Presidente Pastrana con coraje, esfuerzo y dedicación, Chile ha brindado su entero y decido apoyo a nuestro país, un apoyo que hoy además se concreta en su participación en el grupo de países amigos en el proceso con las FARC.

    No cabe duda de que la vinculación de la comunidad internacional con el proceso de paz es de singular importancia para asegurar el éxito de la negociación y del cumplimiento de los acuerdos por las partes en conflicto. Su participación es indispensable para fortalecer el proceso, para hacerlo menos vulnerable a la coyuntura nacional y para asegurar el respaldo diplomático y político de los acuerdos de paz.

    Estamos en frente de un proceso de negociación serio, maduro y con bases sólidas, un proceso que es vital no sólo para Colombia sino también para un continente que mira solidario nuestra labor en busca de la paz.

    Los colombianos no queremos más muertes absurdas en nuestro territorio, ni más violencia que genere dolor, miseria y desempleo. Como lo dijo el Presidente Pastrana la semana pasada, si bien los hechos de violencia, vengan de donde vengan, hacen a veces difícil para los colombianos seguir creyendo en la paz, nuestro deber, nuestra única salida, es seguir apostando por ella porque perder la fe en la paz es como perder la esperanza en la vida.

    Bien dijo él citando al escritor Fernando Soto Aparicio: “Nadie gana una guerra: la pierden todos”. Por eso, como muchos han dicho, somos unos “tozudos por la paz”. ¡Y lo seguiremos siendo, no les quepa duda!

    La paz en Colombia sí es posible. Sabemos que la travesía es difícil y el camino por delante es dispendioso. Los colombianos somos conscientes de que un conflicto armado de muchas décadas no va a terminar en pocos meses, pero estamos seguros de que al terminar la ruta que hemos trazado lograremos la reconciliación nacional que todos anhelamos.

    Yo sé que ustedes, amigos de la hermana república de Chile, también comparten nuestro anhelo y que, por lo tanto, están dispuestos aportar su grano de arena, como hasta ahora lo han venido haciendo con generosidad.

    Apreciados amigos:

    Fue el mismo Salvador Allende quien expresó, en su visita a Bogotá en agosto de 1971, siendo Presidente de Colombia el doctor Misael Pastrana Borrero, lo siguiente:

    “Latinoamérica es una realidad dinámica sólo en la medida en que el esfuerzo y el progreso de sus pueblos y sus dirigentes se adentren por el camino de su libertad social, económica y política. Iremos haciendo concreto lo que la historia y el presente nos ordenan. (…) Me asiste la más firme convicción de que tanto el pueblo de Colombia como el de Chile persiguen, con tesón, esta misma meta común y solidaria. La angustia, el sufrimiento, el anhelo del hombre latinoamericano, así lo piden y reclaman”.

    La condecoración que hoy recibo forma parte de ese camino conjunto del que habló Allende. La angustia y el anhelo del hombre latinoamericano nos siguen interpelando y son el combustible que cada día, en medio de tropiezos e incomprensiones, pero también en medio de la satisfacción de avanzar en la dirección correcta, alimenta nuestro ánimo para trabajar sin descanso, por el logro de la paz

    Esta condecoración que lleva el nombre del máximo prócer de Chile, del insigne hijo de Chillán, del triunfador de Chacabuco y el gestor de la Declaración de Independencia de Talca, del primer gran director supremo de la nación austral, me honra y me honrará todos los días de mi vida.

    Ella es una muestra más de la preocupación del gobierno chileno, encabezado por el señor Presidente Ricardo Lagos, por que Colombia alcance finalmente un futuro de estabilidad, progreso y pluralismo.

    No me queda, entonces, sino agradecerle al gobierno chileno y, por supuesto, a su digno representante en el país y buen amigo, el señor embajador Oscar Pizarro Romero, por esta distinción que me enaltece y que, más que todo, me empuja y me compromete a luchar con más denuedo aún en este épico esfuerzo de toda una nación por superar la dureza de sus circunstancias.

    Permítanme terminar estas breves y emocionadas palabras parafraseando las palabras de Neruda con una convicción que hoy nace del centro de mi corazón:

    Nada puede separarme de Chile: ¡mi integración es la del honor y del amor!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    7 de mayo del 2001

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