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  • PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA CON MOTIVO DEL LANZAMIENTO DEL PROYECTO “SUEÑOS DE CAFÉ”

    Palabras del Presidente Pastrana con motivo del lanzamiento del proyecto “Sueños de Café”.

    “Frente a la opresión, el saqueo y el abandono nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes; ni las hambrunas, ni los cataclismos: ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.

    Estas frases luminosas de coraje y esperanza fueron pronunciadas por un colombiano genial hace casi tres décadas en Estocolmo y hoy resuenan como un mandato del espíritu para millones de compatriotas que día a día luchamos para ganar la batalla contra la adversidad y para llenar de vida los espacios que unos pocos se empeñan en sembrar de muerte y de dolor.

    Gabo, el autor de estas palabras, resumió con maestría la esencia de un pueblo que, como el nuestro, a pesar de las incertidumbres y las dificultades, se levanta cada mañana con el corazón y la mente decididos a enfrentar la jornada con valentía y positivismo.

    Nuestra respuesta es la vida. Nuestra ventaja es la vida. Nuestro desafío es la vida…

    Este es el legado que hemos heredado de los abuelos, de los mismos abuelos a los que cantó Jorge Robledo Ortiz: los abuelos valientes “que tenían el alma buena y la conciencia simple”; los abuelos altivos que tenían el “poder en la voz, no en los fusiles”.

    Esos hombres y mujeres que forjaron con sus sueños nuestra historia hoy son la inspiración de nuevas generaciones que tienen, como ellos, sueños de paz, sueños de progreso y sueños de café.

    Fueron los pioneros. Los que hace más de siglo y medio bajaron desde la Antioquia de sus ancestros y se aventuraron a través de trochas inexploradas, salvando abismos insondables, cruzando ríos de aguas caudalosas, subiendo y bajando las montañas que se interponían entre ellos y sus anhelos, todo para buscar nuevos horizontes, nuevas fuentes de vida para sus familias.

    Ellos llegaron en grupos desiguales, pero unidos por el espíritu emprendedor, a las tierras generosas y templadas de lo que hoy son Caldas, Quindío, Risaralda y el norte del Valle, y fundaron poblados de arrieros y campesinos honestos que crecieron en torno a los valores familiares, a la religión y al culto al trabajo.

    Ellos descubrieron un buen día que en el grano rojo y sensual de los cafetos estaba la semilla de su propio futuro y también la mejor promesa para el porvenir de toda Colombia.

    Así, con constancia y visión, fueron llenando las faldas de las montañas de hileras interminables de cafetales que aromaban el aire con su perfume acogedor. Y de sus frutos, del esfuerzo colectivo de las familias que un día vinieron con sus arreos desde las tierras del norte, nació un sueño gigantesco con un nombre de progreso y de fe: ¡el sueño del café!

    Pero no fue un sueño egoísta sino una esperanza compartida, porque con este sueño soñamos todos los colombianos: no sólo los laboriosos cafeteros, sino también los de la zona Caribe, los del Pacífico, los de los Llanos, los de las selvas, los de las demás regiones andinas, que nos vimos beneficiados por el auge de una economía que tenía el aroma y el gusto de la mejor taza de café excelso.

    No todo fue fácil. Los cafeteros han afrontado con coraje muchas dificultades, han superado obstáculos naturales, han luchado contra la roya y la broca, han defendido su mercado en escenarios internacionales, han superado incendios y terremotos, y jamás han claudicado ni se han desviado por el camino fácil y oscuro de los negocios ilícitos.

    Pero tal vez su más dura prueba ocurrió un 25 de enero de 1999, cuando la tierra, la misma tierra que alimentaba y acunaba sus cafetales, que albergaba sus pintorescas casas de coloridos balcones y amplios corredores, se estremeció debajo de sus hijos predilectos y echó abajo ciudades, pueblos, sembrados, escuelas, carreteras, que se habían construido con esfuerzo y amor.

    Entonces toda Colombia y el mundo entero se volcaron solidarios hacia la tierra cafetera. Alí encontramos compatriotas angustiados, pero jamás vencidos ni derrotados. Allí encontramos a un pueblo con dolor, pero decidido a levantarse de nuevo, a reparar las grietas en sus vidas y en sus casas, a alzar aún más hermosos sus solares y a construir de nuevo sus negocios y empresas, como si hubieran vuelto a nacer.

    ¡No podía esperarse otra cosa del valiente pueblo cafetero!

    Desde entonces hasta hoy, el Gobierno Nacional, a través del Forec; los gobiernos regionales; las organizaciones no gubernamentales, solidarias y comunales; la comunidad internacional, y todos y cada uno de los afectados hemos demostrado en el Eje Cafetero cómo sí es posible trabajar unidos, trabajar honestamente, trabajar eficientemente, cuando se obra con un propósito común.

    Hemos construido un modelo de reconstrucción que se ha vuelto un ejemplo para otras regiones del mundo, y que hoy es un justificado orgullo de Colombia.

    ¡Hemos levantado el sueño del café! Y esta epopeya merecía un homenaje digno de su valor. Un homenaje que hoy se encarna en una canción compuesta por el joven y talentoso Andrés Peláez, en la que las voces de artistas de la talla de Carlos Vives, Andrea Echeverri, Kike Santander, Catalina Pineda y el mismo compositor dan vida a la historia de la reconstrucción de la esperanza de un pueblo pionero.

    Ellos están acá para decirnos que “podrá caerse el cielo y del suelo no pasará”, que “podrán robarse algunos años pero nunca la eternidad”, que “podrán quebrarse las guitarras pero bambucos siempre habrá”, que “podrán destruirse las casas pero nunca el calor de hogar”.

    Ellos están acá para decirnos, con el apoyo firme y constante de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia; con el aporte generoso de otros artistas, creativos y colaboradores que han trabajado en la producción de la canción, el videoclip, la campaña de medios y la consecución de patrocinios, y con el apoyo de instituciones públicas y privadas que se han sumado a este proyecto, que Colombia puede superar las dificultades, que el sueño del café es el sueño de todos y para todos.

    Con esta canción, bellamente producida, que en los próximos días acompañará nuestros momentos cotidianos desde la radio o la televisión, que estará disponible en discos compactos, que se adherirá con su ritmo moderno y andino a nuestra memoria y a nuestros corazones, todos los colombianos tendremos un nuevo motivo para pensar en nuestros queridos compatriotas del Eje Cafetero que han superado con esfuerzo y tenacidad muchos obstáculos, pero que no dejan de necesitar una mano solidaria para terminar el difícil proceso de reconstrucción.

    Es tiempo de cosechar lo que sembramos con amor. Y así como la zona cafetera se está levantando, vamos a levantar también nuestro producto insignia para que Colombia siga siendo a los ojos del mundo la orgullosa tierra del café.

    El Gobierno es consciente de la gravedad que reviste para nuestro país la actual coyuntura mundial cafetera, por la aparición de cafés de orígenes a muy bajos costos y por el desequilibrio persistente entre la oferta y la demanda mundial del grano, que ha presionado hacia abajo las cotizaciones internacionales del producto.

    Por ello, en la reciente visita que realicé a los Estados Unidos incorporamos el tema del café como un punto muy importante de la agenda. En las reuniones con el Secretario del Tesoro, de Comercio y otros altos funcionarios de ese país llamamos la atención sobre las consecuencias que tienen los bajos precios internacionales sobre nuestro país, que representan una reducción en los ingresos cafeteros de 400 millones de dólares para el año 2001.

    Por otra parte, estoy proponiendo a mis colegas de los países productores de América Latina que incluyamos el tema del café, a nivel presidencial, en la agenda de la próxima Cumbre de las Américas que se celebrará en Quebec en el mes de abril, de forma que podamos acordar una agenda común cafetera con los Estados Unidos.

    Nuestro propósito es llevar a todos los escenarios o encuentros internacionales que sean propicios nuestra preocupación sobre el tema cafetero como una pieza fundamental de nuestra Diplomacia por la Paz y por la Economía.

    Por otra parte, el Gobierno ha apoyado con decisión la participación de Colombia en el Plan de Retención acordado por la Asociación de los Países Productores de Café. A través del Ministerio de Hacienda vamos a financiar este programa mediante la adquisición de los Títulos de Retención Cafetera emitidos por la Federación Nacional de Cafeteros por un valor de 225 mil millones de pesos. Podemos garantizar así que, aunque algunos países han tenido dificultades para ejecutar este programa, Colombia seguirá firme en el cumplimiento de la retención, junto con Brasil y otros países centroamericanos.

    El mensaje hoy es muy claro: ¡el Gobierno y Colombia entera están con el café y con los cafeteros!

    No hemos dejado de soñar, como dice Andrés Peláez, con esa “tierra de nieve y de enjalma”, con ese “rinconcito verde de río y de sol”. Y haremos todo lo posible para que siempre, en el corazón de nuestra patria, se preserven los valores y la cultura emprendedora de esos pioneros que sembraron su futuro en la quebrada geografía de nuestras cordilleras.

    Apreciados amigos:

    Con los dineros recaudados a través de este hermoso y vital proyecto de “Sueños de Café”, que gira en torno a una canción y a todo el simbolismo que ella puede evocar, se harán significativos aportes al desarrollo cultural del Eje Cafetero.

    La cultura así apoya a la cultura. El arte sirve al arte. La vida contagia de futuro a la vida de muchos más.

    Es como un sueño que hoy se concreta y que comienza a andar solo por el mundo, cargado de café y de esperanzas, de música y de amor.

    Un sueño cafetero para que todos podamos decir, con los versos inmortales de Carlos Castro Saavedra:

    “Ninguno se abandone ni se quede
    abandonado en medio de su frente.
    ¡Acudan todos a escoltar la vida
    y a quitarle las armas a la muerte!”

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    14 de marzo de 2001

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