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  • PALABRAS DEL VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, GUSTAVO BELL, CON MOTIVO DE LA ENTREGA DEL PREMIO COLSUBSIDIO DE INVESTIGACIÓN EN PEDIATRÍA

    “Es un hecho evidente que la mitad de los niños que nacen, mueren antes de cumplir cinco años (…) Esta enorme mortalidad se hace todavía más espantosa si se considera que las enfermedades de que mueren son muchas de ellas evitables con poco esfuerzo”.

    Estas fueron las palabras del Profesor José Ignacio Barberi, uno de los pioneros en el área de clínica infantil en el país, respecto al panorama pediátrico de principios del siglo XX. Hoy, gracias a los esfuerzos y al rigor investigativo de nuestros científicos, tenemos la certeza de que los niños de América pueden ser los adultos del futuro.

    Bajo este propósito humanitario, desde hace ocho años, Colsubsidio promueve la formulación y el desarrollo de trabajos de investigación con una clara proyección social en el área de la salud infantil.

    En este contexto, el premio Colsubsidio de Investigación en Pediatría es una muestra de credibilidad en los sectores públicos y privados de la salud, en todas las redes de atención infantil y en las personas calificadas que han puesto lo mejor de sí para que esta misión de vida  tenga un efecto tangible en la sonrisa de los niños que padecen las consecuencias del ambiente, el subdesarrollo y la marginalidad.

    Para satisfacción de Colsubsidio, como entidad convocadora; y como motivo de esperanza para los millones de niños que merecen un futuro más saludable, en esta quinta versión del Premio se recibieron 92 trabajos de 10 países diferentes, productos de la dedicación y estudio de cerca de 300 investigadores del continente americano, lo cual demuestra el afán de los especialistas por persistir en su vocación científica y creadora para lograr que la felicidad, la salud y la vida estén al alcance de la población infantil.

    El progreso de las ciencias es obra del tiempo y de la osadía del espíritu. Por ello hago un especial reconocimiento al Dr. Carlos Bernal Parra, a su equipo de colaboradores del Hospital San Vicente de Paul y a la Universidad de Antioquia, quienes se merecieron el primer premio. Igualmente, aplaudo la labor del Dr. Homero Martínez y de sus colaboradores del Instituto Mexicano del Seguro Social y del Centro Médico Nacional Siglo XXI; del Dr. Jorge Eduardo Rincón, del instituto Karolinska de Suecia y la Universidad Nacional de Colombia, y del Dr. Laútaro Vargas del Hospital San Juan de Dios de Santiago de Chile, quienes resultaron finalistas en esta convocatoria. A todos ustedes expresamos nuestra admiración y las más sinceras felicitaciones.

    Sus trabajos –estoy seguro- tendrán un alto impacto social, de acuerdo con las necesidades más sentidas de nuestras comunidades.

    Para los investigadores aquí reunidos y para nuestros gobiernos, los gobiernos de los pueblos de América, la salud es, a la vez, medio y fin de toda actividad humana; es un derecho humano esencial y de ella depende el futuro de todas las regiones del mundo y de sus habitantes. Resulta evidente que el objetivo central de una mejor calidad de vida involucra de manera fundamental la gestión en salud.

    Por ello, en nombre del Gobierno Nacional y del país entero, quiero también hacer un sincero reconocimiento a Colsubsidio, entidad que patrocina este evento y que se destaca como una de las instituciones líderes en el sector de la seguridad social.  Gracias a su compleja gestión social destinada a buscar al bienestar de los colombianos mediante el desarrollo práctico y eficaz de un pensamiento solidario, esta entidad ha contribuido a generar hechos de paz en procura de una sociedad más justa y equitativa.

    Con el desarrollo de las investigaciones y de las políticas sociales,  ustedes han entendido  la salud como un bien y  una necesidad ineludible para la estabilidad democrática de nuestras naciones. Esa salud que contribuye al desarrollo social y que se nutre del mismo desarrollo.

    Hoy, gracias a los significativos aportes a la pediatría americana, que se hicieron por intermedio de esta convocatoria,  es posible creer en los proyectos que ponen en primer lugar la salud y la vida de las personas, especialmente de los niños, mediante conocimientos nuevos, experiencias interesantes y acciones innovadoras que ayudan a potenciar las capacidades físicas y espirituales de la población más vulnerable del mundo.

    Con esta clase de aportes estamos construyendo el futuro de nuestras naciones y generando las condiciones necesarias para que la vida no muera y siga perpetuándose en nuestras generaciones más pequeñas y en las venideras. De hecho, en este importante escenario de la medicina, el lente de los científicos de la medicina infantil se ha enfocado en los modelos de atención de salud en América, en la formación de especialistas en pediatría, en la humanización de la atención del cáncer infantil y en el impacto de la violencia en los niños.

    Sabemos que en la medida  en que se tomen  acciones más efectivas, tanto asistenciales como de salud pública, se podrán reducir los índices de mortalidad y morbilidad infantil, lo cual incrementará aún más la expectativa y la calidad de vida de América. En este sentido, los gobiernos latinoamericanos con los limitados recursos que generan nuestras economías se han empeñado en introducir los principios de solidaridad, equidad y eficiencia para hacer posible que las metas de cobertura universal puedan ser una realidad en nuestro continente.

    Un buen ejemplo del éxito de estos esfuerzos lo hemos vivido en Colombia, donde se ha logrado bajar, en una tarea conjunta del gobierno y de las entidades y los profesionales de la salud, el más diciente indicador de los resultados del sistema social y del sistema de salud: la tasa de mortalidad infantil. Este porcentaje, que había disminuido lentamente al final de los ochenta, aceleró sustancialmente su descenso en los últimos seis años y hoy es de 21,5 por mil nacidos vivos, encontrándose por debajo del promedio de América Latina, que es del 33 por mil.

    El descenso de la mortalidad infantil –esa que espantaba, con tanta razón, al Profesor Barberi- sobrepasó todas las expectativas, teniendo en cuenta que nuestro país se había comprometido en la Cumbre Mundial de la Infancia en 1990 a reducirla en una tercera parte y la disminución resultó casi del 50%. ¡Con este rápido progreso podemos decir que el país evitó la muerte de 60.000 niños en la última década!

    Aunados a estos esfuerzos,  Colombia y el resto de los países de América están experimentando una superposición de patrones epidemiológicos que nos han obligado a redireccionar las estrategias de salud pública y el rol de nuestros gobiernos centrales y regionales. Hoy enfrentamos enfermedades que aparecen y reaparecen, tales como el cólera, la malaria, la tuberculosis, y que se suman a las enfermedades no transmisibles y degenerativas, tales como las cardiovasculares, los cánceres y aquellas derivadas de la situación del  conflicto armado.

    Infortunadamente, los comportamientos demográficos y las pautas disfuncionales de estructuración familiar suelen acompañar a otros fenómenos sociales como la pobreza, los cuales van conformando un verdadero síndrome de desventaja social hasta consolidar un círculo que tiende a reproducir, de generación en generación, las condiciones de vida desmedradas. Esta conjunción de factores es un verdadero reto para las políticas sociales que procuran reducir las desigualdades sociales y para todos aquellos que desean dignificar a nuestros pueblos, especialmente a la niñez, a través de la salud.

    Por ello, hoy más que nunca tenemos la convicción de que los logros y los avances obtenidos en la investigación médica, hasta ahora, permitirán a nuestros países cumplir con las aspiraciones de la agenda social, lo cual nos obliga a continuar con el debate amplio y pluralista de todos los actores de la salud.

    Hoy, a través de la investigación científica y médica, estamos asistiendo a un profundo despertar de la humanización del hombre.

    Con sus aportes a la investigación en Pediatría, científicos de América, sentimos la presencia de una arcana y verdadera sabiduría: la sabiduría propia de un continente inexplorado y aún por descubrir que, desde siempre, ha tenido una inmensa vocación por la vida.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    1 de diciembre del 2000

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