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  • PALABRAS DEL VICEPRESIDENTE GUSTAVO BELL EN LA PREMIACIÓN DEL PROGRAMA DE ALIANZAS PARA LA CONVIVENCIA

    Palabras del señor Vicepresidente de la República, Gustavo Bell Lemus, en el acto de premiación del Programa de Alianzas para la Convivencia y la Superación de la Pobreza. 

    En un reciente e impactante comercial institucional aparecen dos fuertes y grandes bueyes jalando de un arado, sin poder moverlo, absolutamente extenuados y jadeantes. La inutilidad de su esfuerzo resulta evidente, pues cada uno está tirando para el lado contrario.

    En una segunda escena aparece de nuevo la pareja de bueyes caminando juntos en una sola dirección y allí sí que se ve el fácil progreso de su labor sobre la tierra. Porque entonces no son más dos bestias enfrentadas, sino una verdadera yunta, palabra cuyo antecedente etimológico es el latín iuncta, que significa unir, juntar.

    Con esta imagen poderosa el mensaje resulta claro: Si avanzamos todos juntos y en una misma dirección, cuántos buenos resultados podemos lograr.

    Esta sencilla filosofía, que la tradición popular ha preservado a través de los siglos bajo el lema de “la unión hace la fuerza”, a pesar de ser evidente, muchas veces no la ponemos en práctica para solucionar los temas más complejos y urgentes de nuestra vida cotidiana.

    Por eso hay que celebrar que importantes entidades como la Fundación Corona, el Banco Mundial, la Fundación Interamericana, el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido y siete universidades regionales del país se hayan unido para promover el Programa de Alianzas para la Convivencia y la Superación de la Pobreza, cuya premiación hoy nos congrega.

    Y es que la unión de estas entidades es una unión creativa y multiplicadora, por cuanto su objetivo principal es estimular otras uniones, particularmente las alianzas entre el sector público, el sector privado y las organizaciones ciudadanas que tengan como propósito incrementar la convivencia y superar la pobreza.

    Los organismos estatales, las empresas y las organizaciones civiles y comunitarias son todos sujetos activos de la sociedad, con motivaciones diversas pero con una meta convergente, como lo es el bienestar común, representado en una buena calidad de vida, con paz y oportunidades para todos.

    Lo interesante de la propuesta del Programa de Alianzas es que analiza, con profundidad y objetividad, cómo estos tres actores sociales pueden coadyuvar, manteniendo su propia autonomía y en un plano de relaciones horizontales, al logro de ese anhelado bienestar común.

    Ya lo dijo el historiador escocés Thomas Carlyle: “Cuando los hombres se ven reunidos para algún fin, descubren que pueden alcanzar también otros fines cuya consecución depende de su mutua unión”.

    En las alianzas cada uno de los participantes puede superar sus propias falencias, potenciar sus ventajas específicas y encontrar en el otro un campo fértil de aprendizaje y crecimiento.

    Como lo ha identificado el Programa, en estas alianzas  las entidades públicas adquieren una mayor capacidad de concertación y toman un contacto mucho más directo con la realidad sobre la cual trabajan. El sector privado se vuelve consciente de que su propio beneficio pasa necesariamente por el beneficio de la sociedad en su conjunto. Las ONG salen de su aislamiento y encuentran un mecanismo idóneo para poner en práctica sus postulados de servicio social. Y, lo que es muy importante, los pobladores de las comunidades pobres pasan a ser reconocidos como socios y no sólo como beneficiarios de la acción social.

    En las alianzas, tal como las define el Programa, los factores que se suman en torno a un objetivo común son absolutamente complementarios: Mientras el gobierno, ya sea nacional o regional, parte de su función como representante de los intereses generales y coloca a disposición de la alianza su capacidad de ejecución y decisión política, la empresa privada aporta su característica eficiencia en el manejo de los recursos y las organizaciones civiles contribuyen con su conocimiento especializado y su experiencia de campo.

    Las casi 400 alianzas identificadas por el Programa, de las cuales se han documentado 40 casos, son prueba fehaciente de que este tipo de obrar conjunto produce excelentes resultados en todas las regiones del país y en los más diversos campos de acción. El mejoramiento en la infraestructura de servicios públicos, la provisión de vivienda,  el incremento de la productividad agrícola, la defensa de los intereses de grupos vulnerables, la protección del medio ambiente, la promoción de la cultura, el acceso a la educación o a la justicia, entre otros muchos aspectos de la vida social, son escenarios propicios para el funcionamiento de estas alianzas tripartitas, porque en cualquiera de ellos tiene cabida la cooperación en aras del bien común.

    A todas estas alianzas, y muy particularmente a las 10 que han sido seleccionadas como finalistas, quiero manifestar mi reconocimiento de admiración y de apoyo, porque son el ejemplo concreto de cómo los colombianos sí podemos, cuando queremos, tomar el destino en nuestras manos y mejorar entre todos nuestras condiciones de vida.

    Ustedes son “ciudadanos” en el más alto y honroso sentido de la palabra, tal como la concibe y define el filósofo Fernando Savater:

    “Entiendo por ciudadano el miembro consciente y activo de una sociedad democrática: aquel que conoce sus derechos individuales y sus deberes públicos, por lo que no renuncia a su intervención en la gestión política de la comunidad que le concierne ni delega automáticamente todas las obligaciones que ésta impone en manos de los ‘especialistas en dirigir’”.

    Ese es el colombiano que necesita Colombia y el que está estimulando el Programa de Alianzas: un colombiano que prefiere hacer que esperar, que opta por trabajar en lugar de pedir, que busca participar y no marginarse, que se siente dueño, autor y responsable de su destino y del destino de su país.

    Las Alianzas potencian el desarrollo, mejoran la eficiencia de la acción social y son, además, como resultado de la convergencias de actores diversos, escenarios propicios para el control social y el manejo transparente de los recursos.

    Últimamente la sociedad colombiana se ha visto escandalizada por el descubrimiento de graves casos de corrupción, en los que funcionarios públicos roban recursos públicos, es decir, recursos de todos los colombianos. La semana pasada fue el Congreso de la República; esta semana es el Jefe de Oficina de un Ministerio o un funcionario de la Administración de Impuestos. Y la nación asqueada se pregunta: ¿Hasta cuándo?

    Pero yo quiero que miremos esta situación aparentemente desfavorable en su verdadera dimensión positiva. Y es que si hoy somos conscientes de estos actos es porque justamente han sido denunciados e investigados, y porque sus autores están siendo detenidos y juzgados. Porque para acabar con la “olla podrida” de la corrupción, primero tenemos que quitar la tapa, y eso es lo que estamos haciendo.

    Y en esto es fundamental el valor ciudadano, porque corrupción siempre ha habido, pero si no se denuncia nada se puede hacer. Hoy, gracias a la nueva conciencia de los colombianos sobre este problema, estamos pasando al fin del círculo vicioso de la impunidad al círculo virtuoso de la denuncia.

    Y aquí también cobran sentido las alianzas de que hemos venido hablando. Porque son el sector privado y las organizaciones ciudadanas las que pueden ayudar más eficazmente, con su denuncia oportuna y con su labor de control y veeduría, a que los organismos estatales cumplan su tarea contra la corrupción.

    Si están cayendo los nefastos funcionarios que acostumbraban pedir comisión por la adjudicación de contratos, es porque los mismos empresarios se cansaron de pagar y callar, y ahora están denunciando. ¡Si están cayendo los corruptos es porque la sociedad entera se está poniendo en pie como un solo bloque ético para enfrentarlos!

    Y así como en el tema crucial de la lucha contra la corrupción, son muchos los aspectos en que las entidades públicas, el sector privado y las organizaciones ciudadanas podemos ponernos de acuerdo para avanzar más y mejor.

    Estamos recorriendo el camino de un delicado pero necesario proceso de paz, en el que se debatirán temas fundamentales, como la economía, la política de empleo y la política agraria, entre otros. Qué importante es que la sociedad civil, representada en los gremios, los sindicatos, las ONG, las organizaciones ciudadanas o comunitarias, las universidades, sientan este proceso como propio y aprovechen los espacios de participación que se han abierto a través de las audiencias públicas, empezando por la que se realizará el próximo 9 de abril.

    Pero la paz también se construye y se gana en nuestro propio entorno regional. Pienso, por ejemplo, en una de las 10 alianzas premiadas esta noche: la del Consejo de Conciliación y Desarrollo Social del municipio de San Luis, en Antioquia, y la Fundación Rioclaro, donde la administración municipal, la empresa Cementos Rioclaro –a través de su Fundación- y representantes de la propia comunidad han sacado adelante un proceso de convivencia en medio del conflicto armado que desangra la nación, con importantes logros, no sólo en este aspecto, sino también en metas de superación de la pobreza y en construcción de capital social.

    Los colombianos vivimos unos tiempos difíciles y tenemos por delante enormes desafíos. Con más razón, el trabajo para afrontarlos debe ser un trabajo común, coordinado y solidario. Como escribió Ernesto Sábato, “la mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza”.

    Un ejemplo patente de cómo supimos levantarnos de las dificultades lo tenemos en la exitosa tarea de reconstrucción del Eje Cafetero después del terremoto de hace 14 meses. El modelo que implementamos para esta gigantesca labor es una prueba concreta de los buenos resultados que produce la alianza entre el gobierno, los empresarios y las organizaciones ciudadanas.

    La misma Contraloría General de la República ha reconocido la forma pulcra como se han manejado los cuantiosos recursos que se han destinado al Eje Cafetero. Y todos sabemos que esto no es tarea fácil cuando hay tantos contratos de por medio. Hasta la fecha el FOREC ha realizado contratos por 1.3 billones de pesos, y frente a esta inmensa suma el logro de una labor eficaz y sin reparos merece aún mayor reconocimiento.

    El modelo utilizado, con el apoyo y coordinación del gobierno nacional y de los gobiernos departamentales y municipales, con una junta directiva de origen empresarial y con 32 organizaciones no gubernamentales, con experiencia en planeación y sentido social, dirigiendo y ejecutando las obras y los procesos de reconstrucción del tejido social, ha dado los mejores resultados. En el Eje Cafetero, bajo este esquema de cooperación entre los diversos actores sociales, hemos demostrado los colombianos que sí podemos manejar los recursos públicos con eficiencia y transparencia.

    La aprobación por parte del Banco Mundial –que también apoya el Programa que hoy nos reúne- de un crédito de 225 millones de dólares para el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero, reafirma su confianza en este novedoso modelo de gestión social.

    Con los ejemplos mencionados, y muchos más que podríamos citar para confirmar las ventajas de las alianzas entre el sector público, el sector privado y las organizaciones ciudadanas, en la labor diaria de construir un entorno de paz, de progreso y de justicia social, los colombianos somos cada vez más conscientes de que sólo avanzaremos –como la yunta de bueyes, con cuya imagen de trabajo común inicié mi intervención- si caminamos todos juntos en una misma dirección y con un solo propósito, que prima sobre todos los demás: el bien común, sin el cual no es posible el bienestar particular.

    Quiero, para terminar, agradecer muy especialmente a la Fundación Corona y a las demás entidades que apoyan el Programa por su gentil invitación a acompañarlos en este acto de justa exaltación a las alianzas que trabajan unidas por sus regiones, por sus barrios, ¡por la gente!

    Cuando presencio eventos como estos, en los que los valores del trabajo y la solidaridad se entrelazan y nos muestran una cara positiva de Colombia, recuerdo los versos sencillos y dicientes del poeta Gonzalo Arango:

    “Una mano más una mano no son dos manos: son manos unidas”.

    Muchas gracias.

    GUSTAVO BELL LEMUS


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    31 de marzo del 2000

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