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  • POLICÍA PARA LA PAZ

    Reunión con comandantes de departamento y directores seccionales de la Escuela Nacional de Policía General Santander

    Es para mi un honor dirigirme a la Policía Nacional, orgullo de Colombia ante el mundo y pilar de la defensa de nuestras instituciones, cuyo trabajo reconocemos y admiramos diariamente todos los ciudadanos. Algo que me llena de orgullo como gobernante es poder estar aquí delante de ustedes con la convicción de que vamos a iniciar un proceso de trabajo conjunto cuyo fruto se traducirá en una mejor calidad de vida para los colombianos.

    Pero este momento tiene para mi un especial significado pues soy uno de los colombianos que puedo afirmar, en el real sentido de la expresión, que gracias a la Policía hoy puedo estar con ustedes.

    Si hay algo que siempre está presente en mi mente es aquella imagen de un valiente grupo de policías, que arriesgando su vida, logró mi libertad rescatándome del secuestro del que fui víctima. Nunca olvidaré al agente Zapata que ofreció su libertad y su vida a cambio de la mía.

    Con el Ministro de Defensa somos conscientes del capital humano y del sentimiento patriótico que guía permanentemente el accionar de la Policía Nacional. Estoy seguro que con cualidades como su capacidad de mando y dirección, su capacidad para transformarse y ser cada día mejores, y su capacidad para entender a los colombianos, el Estado cuenta con una de las herramientas más útiles para consolidar las instituciones y enfrentar con optimismo el nuevo siglo. En este sentido hago reconocimiento del general Rosso José Serrano, cabeza de una institución que simboliza el sacrificio y entrega en la defensa de los valores más fundamentales de nuestra sociedad.

    Quiero referirme de manera muy especial a un tema que considero vital para el futuro de Colombia y es la relación existente entre la Policía Nacional y la paz. No hay duda que la institución policial tiene un papel esencial que cumplir en esta materia, en la medida en que su función en la sociedad es vital para garantizar en todo momento la tranquilidad ciudadana.

    El policía colombiano enfrenta hoy una difícil misión ya que no son pocos los retos que cotidiana mente tiene que enfrentar. Al narcotráfico y a la inseguridad ciudadana, se le suma el conflicto armado con la insurgencia, todo lo cual implica un esfuerzo casi sobrehumano para  brindarle a los colombianos las condiciones de seguridad necesarias para poder vivir y desarrollarse.

    Mi decisión es fortalecer a la Policía para que cada día cuente con mayores y mejores instrumentos para enfrentar todas las modalidades delictivas presentes en nuestra sociedad. Pero así mismo, este fortalecimiento debe realizarse con una visión de futuro. Una de las tareas que me propongo como gobernante es comenzar a adecuar desde ya a todas las instituciones para el momento en que el conflicto violento que nos aqueja sea una cuestión del pasado.

    Como lo he dicho anteriormente, mi determinación y mi compromiso con los colombianos es liderar personalmente el proceso de paz. Soy consciente de la gran responsabilidad que esta en mis manos. Una responsabilidad que deben compartir todos los funcionarios de la rama ejecutiva a quienes deben colaborar con lealtad y entusiasmo en este propósito nacional.

    Por eso quiero que la Policía Nacional se convierta en una policía para la paz, que sea garantía para la seguridad ciudadana, y que fundamente todas y cada una de sus acciones en un profundo nexo con la comunidad. Hoy, la policía tiene un papel que cumplir en la lucha contra la inseguridad y contra las distintas manifestaciones de violencia, mañana, será la garantía para mantener la paz y para lograr que la convivencia y la tranquilidad sean atributos con los que se identifique nuestra sociedad.

    Quiero en este sentido destacar cuatro tareas que considero fundamentales para el futuro de la institución. En primer lugar es necesario fortalecer el proceso de creación del servicio de policía comunitaria, de tal forma que pueda ser aplicado no sólo en los principales centros urbanos, sino en todo el territorio nacional. Cada día los colombianos deben ver un mayor número de policías en las calles y cada uno de ellos debe contar con la capacitación necesaria para realizar a cabalidad una labor que implica un permanente contacto con la población.

    El proceso de formación del policía es trascendental para que en su contacto con la comunidad genere una relación de mutuo apoyo y respeto. Se necesita un nuevo policía que de una manera integral responda por la promoción de la convivencia, reprima el delito y sancione todo tipo de infracciones que se presenten. El Policía debe actuar siempre por convicción y con pleno Conocimiento de la Constitución y las leyes.

    El desarrollo de la policía comunitaria, necesariamente implica un esfuerzo del Gobierno central para proveer los recursos que garanticen un mayor número de unidades presentes en las calles. Pero este esfuerzo debe ser complementado con otras instancias. Es necesario que las autoridades locales y regionales fortalezcan los fondos de seguridad. Así mismo, es fundamental que la Policía  Nacional como institución avance en su transformación interna de tal forma que, acudiendo al apoyo de personal civil en las labores administrativas, pueda aumentar el número de personal uniformado dedicado estrictamente a garantizarle la seguridad a los ciudadanos.

    Mi mensaje es que el proceso de transformación que viene realizando la Policía durante la presente década, culmine el siglo consolidando el nexo entre la institución y la sociedad. El objetivo no es solo que la sociedad esté protegida, sino que se sienta protegida. Como alcalde de la capital de la República uno de los ejes de mi gestión fue llamado programa del “Buen Vecino”, el cual desarrolló acciones destinadas lograr la integración entre la propia ciudadanía y la coordinación de acciones con el gobierno local y la Policía. Se trató de una política de participación comunitaria en materia de seguridad cuyos resultados fueron tangibles, ya que se logró una disminución de los niveles de delincuencia que existían en ese momento.

    Vamos a perseverar en este camino. La meta es que el ciudadano apoye al policía en su labor para que en cada barrio, en cada manzana y en cada residencia exista la tranquilidad de que el agente, el patrullero o el carabinero, se encuentra cerca y en plena disposición para prevenir el delito, hacer respetar las normas y neutralizar todo intento de generación de conflicto y de agresión. El Policía no solo debe ser una fuente permanente de seguridad sino también de convivencia.

    Como ya lo he anunciado, una de las prioridades de mi Gobierno es hacer de la educación el motor de la generación de un mejor ciudadano, cuyos valores éticos y su conocimiento estén enfocados a la consolidación de la paz y de la convivencia. Quiero que la Policía junto con las Fuerzas Militares ayuden en esta tarea ya que valores como su sentido de la disciplina, su amor por Colombia y su disposición de sacrificio en su quehacer profesional, deben también ser parte de la formación de un ciudadano.

    No quiero a las Fuerzas Armadas aisladas de la población. Son muchas las cualidades humanas y profesionales que a su interior deben ser aprovechadas por la sociedad para crecer y ser mejor como comunidad y Nación.

    Otro aspecto a tener en cuenta dentro del propósito de consolidar una Policía para la paz, es lograr la plena presencia de la institución en las áreas rurales. Aunque es evidente que este propósito requiere de tiempo, es necesario desde ya desarrollar una modalidad de servicio que, de la mano del campesino y del empresario agrícola, permita no sólo consolidar la paz en estas regiones, sino además prevenir y enfrentar las distintas modalidades de delincuencia común. Esta labor es parte fundamental del propósito que tenemos de que el Estado haga presencia real en las zonas más pobres y marginales del país.

    Si hay algo que le hace falta a Colombia es que por sus veredas y corregimientos patrullen unidades policiales que más allá de desarrollar una labor de seguridad, acompañen a los ciudadanos en todas sus contingencias.

    No me queda duda que esta es una de las características que muestran que una sociedad vive en paz.

    Otra tarea a la cual quiero referirme es al fortalecimiento de la inteligencia, la cual en los últimos años ha logrado avances significativos. Es evidente que los logros que se han tenido en la lucha contra el narcotráfico, han sido producto de la paciente labor de reunir información y procesarla con el fin de establecer la organización y forma de operación de los distintos carteles destinados al tráfico de drogas. Así mismo, en materia de inteligencia se han dado avances en otros frentes de la lucha contra el delito.

    Lo hasta ahora logrado invita a consolidar este proceso de tal forma que las labores de inteligencia se apliquen con igual eficacia en todo el territorio nacional  y para todas las modalidades de delito. La inteligencia debe servir para lograr el desmantelamiento de bandas de delincuentes que afecten la tranquilidad ciudadana. Una efectiva labor en este campo se traduce en una importante fuente de respaldo a la labor policial por parte de la comunidad.

    Finalmente una tarea más es la relacionada con la defensa y protección de los derechos humanos. El objetivo es lograr que cada policía fruto del proceso de formación tenga plena conciencia del respeto a los derechos individuales de los ciudadanos y, a la vez, se constituya en un promotor de los mismos. Como ya lo he afirmado, no es concebible, no puede aceptarse, que en la labor de conseguir seguridad para la población, se incurra en el contrasentido de atropellar las instituciones, de violar la ley con el pretexto de defenderla.

    Para el Estado colombiano, la defensa de los derechos humanos no es materia de negociación, sino compromiso unilateral para el logro de la paz. Así mismo el Gobierno ha venido reafirmando su propósito indeclinable de luchar contra todos los grupos armados ilegales que han generado desplazamiento forzado.

    No quiero despedirme sin antes hacer una consideración final. Como Presidente reconozco el proceso en que se encuentra la Policía Nacional el cual considero un hecho trascendental para el Estado y la sociedad colombiana. De ahí mi confianza en el compromiso de ustedes para sacar adelante las tareas que les he expuesto. Yo estoy seguro que trabajando conjuntamente, entre todos, podremos lograr las metas que nos proponemos.

    Quiero alentarlos. Quiero que en Colombia sea factible consolidar el binomio Policía-sociedad para que se vuelva factor fundamental en la consolidación de la paz y la seguridad ciudadana. Sé que ustedes tienen como meta reducir los índices en todas las manifestaciones de delincuencia y quiero que no se detengan un solo instante en lograr este propósito.

    El objetivo es que cada uno de los colombianos, en todos los lugares de Colombia, pueda afirmar que vive en tranquilidad.


    Lugar y fecha

    Medellín, Antioquia

    10 de septiembre de 1998

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