Apreciados amigos y amigas:

¡Qué privilegio y qué alegría estar hoy con ustedes, en el marco siempre entrañable de nuestra querida Cartagena de Indias, celebrando el décimo aniversario de la Antes que nada quiero reiterar mi efusiva felicitación por este logro a la dra. Mayra Hernández de Cavelier, Presidenta de la Organización Mundial BASC; a nuestros anfitriones de BASC Colombia, y a todos los miembros y aliados de esta positiva organización, por esta década de servicio a la seguridad y al comercio en el mundo.

Me siento particularmente honrado por tener la oportunidad de hablar ante representantes de las Aduanas de más de una decena de países, de organismos internacionales vinculados al tema del comercio y la integración, y empresarios de toda América Latina, todos unidos en torno al objetivo común de hacer del comercio una actividad integradora y generadora de empleo y riqueza, amparada bajo la sombrilla protectora de la legalidad.

“La unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”. Esta frase, que escribiera Simón Bolívar hace más de 190 años en su famosa Carta de Jamaica, bien puede resumir la cruzada que vienen adelantado BASC y todas las empresas y aduanas vinculadas por el comercio y su facilitación.

Los empeños integradores de BASC y sus directivos en torno a la seguridad aduanera han sido, sin duda, “esfuerzos bien dirigidos” con “efectos sensibles”. Desde 1996, cuando la idea de estandarizar las medidas de seguridad y mecanismos de control para prevenir el contrabando infiltrado en los cargamentos de mercancía legal apenas si germinaba en una empresa cartagenera que buscó establecer una cooperación efectiva con la aduana de los Estados Unidos, hasta hoy, cuando son cerca de 2.000 empresas de 15 países, apoyadas en sus respectivas administraciones de aduanas,  las asociadas al programa BASC, ha pasado una década de duro trabajo, pero de fructíferos resultados.

Recordaba ayer en el Teatro Heredia que hace 7 años y medio, en esta misma ciudad, acompañé, como Presidente de la República, la constitución del Capítulo Cartagena de BASC.

En dicha ocasión saludé con sincero entusiasmo el nacimiento del Capítulo Cartagena de BASC pues entendí, al ver este esfuerzo empresarial que ya comenzaba a extenderse a otros países, que la filosofía de la organización era la adecuada para enfrentar temas de tan difícil control como lo son el contrabando o el lavado de activos o el narcotráfico, cuando dichas actividades indeseadas se camuflan e interfieren con el comercio legal.

Esta filosofía es muy sencilla, pero también muy valiente: enfrentar los problemas de manera directa, asumiendo una cultura de auto-control y auto-imposición de estándares, en lugar de confiar únicamente en los controles a posteriori del Estado.

Por supuesto, -y así lo entendió BASC-, no basta con el auto-control si no se realiza en coordinación con las diferentes entidades estatales a cargo de la revisión de las mercancías que salen y entran de los países, es decir, las aduanas.

Así se construyó un modelo ejemplar de auto-control, por una parte, y de cooperación voluntaria con las autoridades aduaneras y de policía, por la otra, que es un verdadero ejemplo a nivel mundial sobre cómo enfrentar problemas complejos que a todos nos atañen.

Hoy el comercio mundial, particularmente el hemisférico, gracias a la inmensa cantidad de empresas que han obtenido la certificación BASC y se han comprometido con procesos de control y vigilancia de sus envíos, y a los acuerdos firmados con diversas aduanas del mundo, comenzando por la Aduana de los Estados Unidos, es mucho más fácil y mucho más seguro.

Para las autoridades aduaneras, BASC y sus empresas afiliadas se han convertido en aliadas fundamentales en la lucha contra el contrabando, el narcotráfico y el lavado de activos.

El compromiso que ha hecho carrera en las empresas BASC es el de avanzar en la defensa y preservación del comercio y la economía legal frente a la amenaza de la ilegalidad.

Es un compromiso, ante todo, ético, que se ha convertido en la piedra angular de una alianza entre el sector privado, las autoridades aduaneras de 15 países y organismos internacionales como la Organización Mundial de Aduanas, la Organización de Estados Americanos y la Cámara de Comercio Internacional, entre otras. Una alianza que está llamada a convertirse en un modelo global.

No por nada BASC ha sido oficialmente invitada por la Organización Mundial de Aduanas -OMA- a hacer parte del Grupo Consultivo de dicha organización, encargado de conducir la implementación del Marco Normativo para asegurar y facilitar el comercio que fue aprobado por la OMA en junio del año pasado.

El crecimiento de BASC a través de esta última década es la prueba viva de que el sector privado, los Estados y los organismos internacionales pueden trabajar como socios eficientes en la cruzada contra la ilegalidad, y que esa alianza produce efectos positivos no sólo para las empresas sino para la sociedad en su conjunto.

Aquí, en BASC, encuentro la cosecha de un concepto que sembramos hace ya varios años en la conciencia mundial y que hoy también hace carrera con éxito en Estados y organismos internacionales: la responsabilidad compartida.

Este concepto -que hoy nadie niega en el tema del problema mundial de las drogas ilícitas y que, incluso, se aplica ahora en el tema del terrorismo- implica que problemas globales, con raíces y ramificaciones en diversos países del mundo, requieren de una cooperación igualmente global para enfrentarlos.

Esta tesis tan sencilla, incluso obvia, no existía hace 10 años, cuando el problema de las drogas se trataba como un asunto netamente policivo a cargo de cada país individualmente. Por supuesto, la mayor carga -que pagamos con bombas, muertes y exacerbación de nuestro conflicto armado- la terminamos asumiendo aquellos países en donde estaba concentrada la producción, olvidando una verdad de Perogrullo: que sin consumo no habría producción.

Hoy resulta claro, después de un inmenso esfuerzo diplomático y de convencimiento que realizamos desde 1998, que el problema de las drogas no reside únicamente en el país que produce las plantas o la droga, sino también en aquellos que la consumen, en los que venden los insumos químicos para procesarla, en aquellos a través de los cuales se transporta y en los que se depositan y lavan los cuantiosos dineros que produce su comercio.

La concreción, en una estrategia integral, del concepto de responsabilidad compartida fue el Plan Colombia, que comenzamos durante mi periodo presidencial y que ha sido entusiastamente continuado por el gobierno del presidente Uribe.

Estimados amigos:

Partiendo del concepto de responsabilidad compartida, que exitosamente aplica BASC entre el sector privado y las aduanas de los diferentes países, quisiera ahora, en mi doble calidad de ex Presidente de la República y Embajador de Colombia ante los Estados Unidos, profundizar en la trascendencia y los logros del Plan Colombia, cuyo desarrollo ha sido vital no sólo para nuestro país o como hilo conductor de las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos, sino también para el mundo y su avance en la guerra contra las drogas ilícitas y el terrorismo.

Como muchos recordarán, cuando asumí la Presidencia, el 7 de agosto de 1998, el estado de las relaciones bilaterales con Estados Unidos era simplemente dramático. Soportábamos el estigma de sucesivas “descertificaciones” en el tema de la lucha antinarcóticos y las relaciones se centraban casi exclusivamente en el tema de la lucha antinarcóticos y, más precisamente, en el aspecto policial de la misma.

Frente a esta situación, me fijé como uno de los principales objetivos de mi política internacional la recomposición de las relaciones con los Estados Unidos, mejorando su calidad y ampliando el abanico de temas comunes. Logramos dicha meta gracias a una actitud digna, franca y transparente frente al país del norte, firme en los postulados y abierta a la cooperación, logrando que la tesis de la responsabilidad compartida frente al problema mundial de las drogas fuera ampliamente aceptada.

La aceptación de dicha tesis se tradujo en una colaboración bilateral efectiva para construir institucionalidad en el país a través del fortalecimiento de sus fuerzas armadas y, algo muy importante, en la decisión de avanzar hacia la meta de tener un mayor acceso al gran mercado norteamericano, primero a través de la prórroga y ampliación del Acuerdo de Preferencias Arancelarias Andina -ATPA- que se logró en el 2002 y, segundo, mediante la propuesta de alcanzar un acuerdo bilateral de libre comercio, como el que se terminó de negociar hace apenas mes y medio.

Los resultados hablan por sí solos: Mientras en agosto de 1998 las Fuerzas Militares contaban apenas con 82 mil soldados combatientes, de los cuales sólo 22 mil eran soldados profesionales, en agosto de 2002, al finalizar mi gobierno, había más de 132 mil soldados combatientes, de los cuales 55 mil profesionales. Hoy, gracias al proceso que iniciamos entonces y al plan de seguridad democrática adelantado por el presidente Uribe, contamos con más de 190 mil soldados combatientes, de los cuales más de 72 mil son soldados profesionales.

El mejoramiento en tecnología, comunicaciones, equipo y movilidad también ha sido impresionante. No más entre el 2000 y el 2002 cuadruplicamos el número de helicópteros pesados artillados, pasando de 4 a 16, e incrementamos en cerca de 100 los helicópteros destinados al transporte de tropas, lo cual generó una transformación profunda en la capacidad de reacción y movilización de nuestras Fuerzas Militares.

Más y mejores Fuerzas Armadas significa más y mejor seguridad, ampliación de la presencia estatal en el territorio nacional, copamiento del territorio antes ocupado por fuerzas irregulares, y eficacia en la lucha contra la producción y tráfico de drogas ilícitas. En suma, extensión de la institucionalidad en todo el cuerpo de la nación.

Pero el Plan Colombia también tenía un componente fundamental, que era la búsqueda de una reactivación de la economía a través de la ampliación del mercado nacional bajo un esquema de libre comercio. No más la extensión y ampliación del ATPA en 2002, a través de la aprobación del ATPDEA, generó que las exportaciones del país a Estados Unidos, que eran de 5 mil 400 millones de dólares en dicho año, llegaran a cerca de 8 mil 500 millones en 2005. El TLC que acabamos de negociar representa hoy la consolidación de estas preferencias y la puerta definitiva de acceso para Colombia al mercado más importante del mundo.

El caso de México es paradigmático sobre lo que puede sucederle a Colombia, en el mediano y largo plazo, con el TLC. En una década de vigencia del NAFTA México pasó del puesto 40 al puesto 10 entre las economías más grandes del mundo y ha mantenido un nivel ínfimo de desempleo, que en diciembre de 2005 se situó en el 2.8%. En los primeros 10 años del NAFTA las exportaciones mexicanas a Estados Unidos crecieron un 246% y las importaciones 134%, ambas cifras de la mayor importancia, pues tanto unas como otras dan dinamismo a la economía.

Otro ejemplo que vale la pena traer a cuento, sobre todo para quienes critican las bondades de la integración, es el caso de España, que conozco muy directamente. Cuando este país se integró económicamente a Europa muchos criticaron y creyeron que iba a colapsar frente al poderío de sus contrapartes. Hoy todos vemos que España dio un salto cuantitativo y cualitativo, y nadie duda, en España o en el mundo, de la transformación positiva que le significó su integración con las economías europeas.

¿Puede Colombia esperar algo similar con el TLC? Estoy seguro de que sí. Los estudios más conservadores estiman que las exportaciones hacia los Estados Unidos aumentarán en 50% durante los tres primeros años de vigencia del acuerdo. Esto significa cerca de 4.000 millones de dólares adicionales que se traducirán en mayores oportunidades de empleo para miles de colombianos. Y los beneficios del tratado no paran allí. No cabe duda de que los inversionistas extranjeros valorarán un acuerdo de este tipo, por lo que significa en términos de estabilidad y transparencia en las reglas de juego.

La extensión del libre comercio en el continente americano a través de acuerdos como los que hoy vinculan a Estados Unidos con Canadá, México, Chile, los países centroamericanos y República Dominicana; como los que se han terminado ya de negociar entre dicho país y Perú y Colombia; como los que vinculan a los cinco países de la Comunidad Andina, a los cuatro países del MERCOSUR, y a estos dos bloques entre sí, generan una nueva realidad que es necesario asumir con creatividad, planeación y determinación para incrementar la competitividad y así aumentar el nivel de vida de nuestros pueblos.

La globalización no es un fenómeno que se escoja o se rechace, como un menú a la carta, sino una realidad vigente ante a la cual todos debemos adaptarnos y buscar la mejor forma de enfrentar. EL TLC recientemente negociado entre Colombia y Estados Unidos, en cuya aprobación legislativa en ambos países pondremos todo nuestro empeño, representa, sin duda, un reto fundamental para nuestro país.

Si hoy los colombianos nos congratulamos por haber alcanzado unas exportaciones totales de 21.187 millones de dólares en el 2005, un 26.6% más que las exportaciones del año anterior, ¡cuánto más podemos esperar una vez entre en vigencia el Tratado de Libre Comercio con nuestro mayor socio comercial que es, además, el mercado más grande del mundo!

¡No es cualquier cosa vender el 99.99% de nuestra producción industrial con cero arancel a un mercado de 300 millones de consumidores de alta capacidad de consumo! ¡De nosotros, y sólo de nosotros, dependerá su óptimo aprovechamiento, y convertir esta oportunidad en más y mejores empleos para los colombianos!

Al igual que ocurrió en México, aumentarán las exportaciones y se incrementarán también las importaciones, dos rubros que representan vitalidad para la economía y el comercio. Será entonces cuando se hará palpable la necesidad de puertos más seguros y modernos, y de empresas comprometidas con la seguridad de sus contenedores y la transparencia de su actividad, una tarea en la que tenemos que avanzar desde ya, aprovechando el camino adelantado por iniciativas eficaces y globales como la que representa BASC.

Apreciados amigos y amigas de BASC:

Colombia es otra, mucho mejor y con mucho más futuro, después de más de 6 años de aplicación del Plan Colombia, así como el comercio hemisférico es otro, con mayores posibilidades y trámites más expeditos, después de 10 años de creación de esta Alianza por un Comercio Seguro.

En la nueva Colombia que está llamada a florecer en un contexto de mayor seguridad interna y de mayor competitividad frente al exterior, en la Colombia que se alista para aprovechar con inteligencia y audacia las ventajas del libre comercio, en la Colombia que soñamos y por la que trabajamos día a día, un esfuerzo como el de BASC es más que bienvenido.

Por eso nos sentimos tan orgullosos de que las raíces de esta Alianza se encuentren en Colombia y de que esta ciudad de Cartagena, puerto inmemorial del comercio, sea nuevamente la anfitriona que acoge a sus miembros.

Les deseo el mayor de los éxitos en el futuro. Juntos seguiremos trabajando por construir un país, un continente y un mundo libres del flagelo de la droga, del desangre económico y social que significa el contrabando y de las secuelas del delito y el terrorismo.

El ejemplo de BASC y sus empresas afiliadas, al acoger esquemas voluntarios de auto-regulación y al confiar en las alianzas con entidades de aduana y gubernamentales de varios países, abre las puertas a un comercio moderno y ágil: ¡al comercio del siglo XXI!

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
7 de agosto del 2006