ADDRESS BY THE PRESIDENT ANDRÉS PASTRANA, IN THE 2002 INTERNATIONAL ACHIEVEMENT SUMMIT 2017-12-18T11:45:34+00:00

Project Description

Sometimes things are not what they appear to be, or maybe they are not examined from the right perspective in order to understand them in depth. One of the problems of modern life, to be sure, is the lack of time that induces us very often to content ourselves with superficial analyses of reality.

When I think about Colombia, this wonderful country where you arrived today with the endearing purpose of getting to know about its essence and its truth, I realize that many times, sadly, the current vision of my country is incomplete, biased, and even distorted, being centered in our main problems – which are real and we do not pretend to hide –, but it fails to emphasize the vital dynamics of 40 million Colombians that are good, joyful and hardworking, the inhabitants of a beautiful country, endowed with plenty of natural and human wealth.

When I think about all this I remember the text of a letter I very often quote to my friends abroad. It was written by María, an adolescent girl who was sent by her parents to study in another town, to tell her parents about the latest news. Allow me to share it with you. Please be kind to put yourselves for a moment in the place of the surprised and worried parents and think about what you would do if you were to receive such a communication:

“Dear Dad and Mom:

“I am very sorry it took me so long to write to you again, but my letter note pad was lost on the night the dorm was set on fire due to the students strike and the subsequent revolt. I am now out of danger and I was released from hospital. The doctor just told me I will recover my eyesight in a few days. We will be completely sure when I have the bandages removed from my face.

“Juan, the boy who saved me from the fire offered me very kindly to stay with him in his apartment until the dorms are rebuilt. He belongs to a very nice family so I hope you won’t be too upset when I tell you we will get married very soon. As a matter of fact you both have always wanted to have a grandchild and so I am very pleased to announce you that your grandchild will be born in a month, more or less.

“Please do not pay too much attention to the preceding text which is, in fact, an exercise in composition and grammar. There has been no such a fire, I haven’t been to a hospital, I am not pregnant, and I don’t even have a boyfriend.

“What happened really is that I got bad marks in Mathematics as well as in Chemistry, French and Physics, and I just wanted you to get these news in the right perspective.

“All my love,

“María”

Do you see now how important it is to put things in perspective? This is why today I would like to tell you, just as smart María did in her letter, in a very imaged way, what Colombia is and what is happening here, but I want to do it in such a way that you may understand it just the way it should be understood: from the right perspective.

When people talk about my country many think of it in a simplistic way: civil war and drug traffic. Others take it in a more business-oriented stride: coffee and flowers. Others, maybe because they are fond of art, music, literature or sports, can remember the fantastic novels of Gabriel Garcia Marquez, the paintings and sculptures of Fernando Botero or –why not – the recent musical successes of Shakira, or the victories of Juan Pablo Montoya in the great automobile racing circuits.

My first task, thus, is to clarify – to put in perspective – these first, simplistic approach that circumscribes Colombia, just as in a bad TV movie, to the concept of war and drugs.

In Colombia, dear friends, we are not engaged in a civil war, but in a war waged by a few against civil society. We don’t have here a struggle between two or more factions which would be relatively similar and endowed with a high degree of representation. The internal conflict that, unfortunately, has been burdening our nation for almost four decades is fostered by a very small group of people whose number do not even reach 0.1 per cent of the Colombian population. They have erroneously chosen the way of armed strife and violence, be it as guerrillas or as illegal self-defense groups.

What we, the remaining 99.9 per cent of the Colombians, do through the legitimate forces of our institution – that is, through our Armed Forces – is to defend ourselves against that constant and unjustified aggression. In so doing we always respect Human Rights and abide by the rules set forth in International Humanitarian Law.

During my whole administration, I strove to reach with the subversive groups a solution to the conflict through dialogue and political negotiation. In this I was fully supported by the various political and social forces of the country, and I followed the mandate Colombians gave me through the polls.

Cuando llegué a la Presidencia, hace ya casi cuatro años, lo hice con el firme propósito de trabajar por la paz como un prerrequisito para afianzar el futuro de Colombia. Así me lo ordenaba el pueblo colombiano, que en 1997 votó masivamente un mandato a sus gobernantes para que buscaran la paz con los grupos armados a través de la negociación política, y así me lo dictaba mi propia convicción personal de que una paz cierta y duradera sólo se logra por caminos igualmente pacíficos, como el diálogo. En esto siempre he seguido la máxima de Gandhi, cuando dijo: “No hay caminos para la paz; la paz es el camino”.

Mis compatriotas y el mundo entero fueron testigos de los inmensos esfuerzos que se hicieron para consolidar un proceso de paz con la guerrilla de las FARC, la más grande y antigua del país, y para iniciar uno con el ELN, la segunda organización subversiva.

No era una tarea fácil. Mientras levantábamos, ladrillo por ladrillo, los cimientos de la paz, estos grupos insistían en sus actos violentos, atacando a la población civil, asesinando y secuestrando, extorsionando y robando, destruyendo la infraestructura nacional que con tanto sacrificio habíamos construido.

A esto se unieron dos factores de tremenda perturbación: Por una parte, la acción de unos grupos ilegales de autodefensa, mal conocidos como paramilitares, que, pretendiendo defender a la población de los ataques guerrilleros, no han hecho más que agravar el conflicto, generando luchas territoriales y acudiendo a masacres y otros actos tan criminales y repudiables como los de los guerrilleros.

Por otro lado -y esto sí que es importante-, tanto las guerrillas como las autodefensas ilegales han encontrado una gran fuente de financiación en el negocio de las drogas ilícitas, prohijando el cultivo de coca y amapola y haciendo de vigilantes de los laboratorios clandestinos, con lo cual han adquirido ingentes recursos que avivan la guerra, como el correr del viento sobre un incendio voraz.

En fin, durante mi Administración le apostamos con toda la energía a la consecución de la paz. Dimos un paso que era imprescindible dar y lo hicimos con audacia y de manera genuina, porque era la única forma de hacerlo. Lograr la paz no dependía sólo de nosotros, sino también de la seriedad y voluntad de la contraparte, pero estábamos decididos -y así lo hicimos- a poner todas las fichas en la casilla de la paz.

En este empeño me acompañó la gran mayoría de los colombianos y tuve la suerte de contar con el respaldo amigo de la comunidad internacional.

Con las FARC logramos importantes avances, como la creación de una zona de distensión para el diálogo, la definición de una amplia agenda temática de discusión, la convocatoria de audiencias públicas donde la sociedad civil expuso sus opiniones y propuestas, la firma de un acuerdo humanitario que posibilitó la liberación de 350 militares y policías secuestrados, e inclusive la determinación de un cronograma para discutir un acuerdo de cese del fuego y hostilidades.

No obstante, al tiempo que negociaba o dilataba las negociaciones, este grupo no hizo otra cosa que seguir atacando a la población, incurriendo cada vez más en conductas terroristas alejadas de cualquier clase de reivindicación social. Asesinatos, masacres, secuestros, ataques a poblaciones humildes, fueron la constante respuesta de las FARC a la voluntad de paz de la sociedad y el gobierno colombianos.

Como ustedes bien saben, el terrorismo continuo y creciente de las FARC contra la población colombiana, determinaría el fin del proceso. En tan sólo un mes, entre el 20 de enero y el 20 de febrero de este año, realizaron 117 atentados terroristas. Fueron 4 carros-bomba; 5 ataques a instalaciones; 7 campos minados; el homicidio de 20 civiles, incluyendo mujeres y niños; la voladura de 33 torres de energía, de 2 tramos del oleoducto, de tres puentes, entre otros actos de barbarie. Incluso llegaron a atentar contra los servicios más básicos de los colombianos, como el agua.

Y el 20 de febrero sus actos rebosaron la copa de la indignación y determinaron el fin de un proceso que necesitaba, para sobrevivir, hechos de paz y no hechos de barbarie. Por una parte, secuestraron un avión comercial en pleno vuelo -un delito internacional catalogado como terrorismo-, llevándose a un senador de la República. Por otro lado, dinamitaron un puente, generando el accidente de una ambulancia y la muerte de tres personas, incluyendo una madre en trabajo de parto. ¡La sociedad colombiana, que les tendió la mano, no merecía tanto dolor ni tanta sevicia!

Al cabo, dentro de ese grupo primaron los guerreristas, los que están más interesados en mantener sus actividades criminales y los recursos del narcotráfico que en convertirse en una opción política dentro de la democracia.

En cuanto al ELN, varios secuestros masivos, tales como el de una aeronave comercial y todos sus pasajeros o el de los fieles que asistían a una misa en Cali, y luego su obstinación en exigir una zona de diálogo en una región en la que sus habitantes se oponían a recibirlos, impidieron iniciar un proceso en forma. Todavía no perdemos la esperanza de lograr algún acuerdo con este grupo que conduzca, por lo menos, al desescalamiento del conflicto y la protección de la población civil.

Al mismo tiempo, el Estado siguió combatiendo a las autodefensas ilegales, en forma cada vez más contundente.

Igualmente, combatimos al narcotráfico, una actividad cuya terminación demanda la cooperación internacional, pues es obvio que no se trata de un problema únicamente de Colombia, ya que no podría existir sin la enorme demanda de drogas por los países más desarrollados, sin la producción y venta de insumos por los mismos y, sobre todo, sin el lavado de activos productos de este negocio que se realiza bajo la mirada a veces complaciente de países y banqueros del primer mundo.

En mi país seguimos entregando nuestros mejores esfuerzos en la lucha contra el problema mundial de las drogas. No más para dar una idea, durante mi administración hemos erradicado 219 mil hectáreas sembradas con coca y más de 25 mil sembradas con amapola. Con esta acción, evitamos que llegaran al mercado mundial ¡más de mil toneladas de cocaína y cerca de 25 toneladas de heroína! que estarían destinadas a envenenar a la juventud del planeta, a la juventud de Europa y América.

Unfortunately, Colombia is the first cocaine producer of the world. But in this matter we are the victims and not the villains. My country has given the life of its best men and women in the combat against drug trafficking and it has spent huge amounts of economic and natural resources to fight this scourge of worldwide proportions which would not exist without the millions of addicts from many countries, without the chemical ingredients sold by developed countries, without the tax havens that allow the laundering of assets and without the indiscriminate traffic of weapons.

Colombia is doing the best it can, but we cannot be successful by ourselves. This is why we have invoked the principle of shared responsibility, thanks to which the international community has understood that just as the problem belongs to all of us, so the burden of the solution must be shared by everyone. In this we work relentlessly, specially because the drug trade, as it was clearly demonstrated in both Afghanistan and Colombia, is the source of financing of the groups that spread violence and pain all through our planet.

Hoy se ha roto el proceso de paz que mantuvimos, con honestidad y convicción, con las FARC, y este grupo, -desenmascarado en sus verdaderas intenciones-, se ha dedicado, cada vez con mayor sadismo, a la práctica de acciones terroristas contra los colombianos más pobres. Hace dos semanas, por ejemplo, dispararon cilindros de gas contra humildes habitantes de un pueblo del Chocó refugiados en la iglesia, y mataron, ¡masacraron!, a 120 civiles indefensos, casi la mitad niños. Es un terrorismo de los más crueles e innecesarios que se hayan visto en el mundo. Por eso no entendimos y no entendemos todavía que la Unión Europea no haya incluido a este grupo en la lista de organizaciones terroristas, como sí incluyó, con justa causa, a las autodefensas ilegales.

Colombia está siendo atacada, y digo más: La democracia colombiana, considerada la más antigua y estable de América Latina, está siendo atacada por estos grupos que defienden un discurso anacrónico a punto de dinamita, cilindros de gas, minas antipersonales, secuestros, asesinatos y atentados. Cuando convocamos al mundo a respaldar nuestra lucha de defensa contra el terrorismo, lo convocamos en verdad a respaldar nuestra democracia y su supervivencia.

La pregunta ahora es: ¿Sirvió de algo el proceso de paz? ¿Tiene salida Colombia? Y mi respuesta a las dos preguntas es un contundente sí.

Estos tres años y medio de esfuerzos no han sido en vano para nuestro país:

En primer lugar, las FARC se propinaron, ellas mismas, la más grande derrota política de su historia. Este grupo despilfarró la opción política que con generosidad le ofreció el pueblo colombiano y ha perdido el poco respaldo popular que alguna vez creyó tener, gracias a que sus acciones e intenciones han quedado desenmascaradas ante la opinión pública nacional e internacional.

En segundo término, la búsqueda de la paz -en la que persistimos- nunca riñó con la necesidad de fortalecer y modernizar las Fuerzas Armadas, porque entiendo que un país en paz necesita una Fuerza legítima profesional y operante que garantice dicha paz. En este sentido, durante mi Gobierno prácticamente dupliqué el pie de fuerza y lo doté de mejores y más modernos recursos, al tiempo que generamos una cultura de respeto a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario dentro de los integrantes de la Fuerza Pública. Hoy el ejército es la institución con mayor respaldo y simpatía dentro de la sociedad, únicamente superado por la iglesia.

Tercero: se logró una total comprensión por parte de la comunidad internacional sobre el conflicto interno colombiano. Ahora el mundo sabe, a conciencia, que nuestro conflicto no es una guerra civil sino que es una guerra de unos pocos violentos contra la sociedad civil. Ahora el mundo sabe que los que verdaderamente estamos luchando por el pueblo estamos del lado de las instituciones y no del lado del terrorismo, y, por ello, cada vez recibimos más apoyo y respaldo para nuestros esfuerzos por la paz y la democracia.

Cuarto: algo muy importante sobre lo cual se ha reflexionado poco. El proceso de paz nos ha dejado una importante agenda de trabajo que estamos en la obligación de seguir adelantando, -con las FARC o sin las FARC-, porque ella contiene los grandes temas y las grandes reformas que necesita debatir el país. La Agenda Común por el Cambio hacia una Nueva Colombia, que se acordó en mayo de 1999, debe seguir siendo trabajada por los colombianos que sí queremos alcanzar la justicia social desde la democracia y por medios pacíficos.

Colombia vive, no lo puedo ocultar, momentos complejos. Pero nuestra capacidad de reacción y de supervivencia frente a las dificultades es infinita. Ya superamos hace una década la violencia terrorista de los grandes carteles de la droga y superaremos también, con decisión, con la voluntad de un pueblo unido, y con las Fuerzas Armadas más modernas y profesionales de toda nuestra historia, este nuevo episodio.

Yo no he renunciado al diálogo, ni lo haré nunca, como medio para encontrar la paz. Soy un hombre de diálogo, como la mayoría de los colombianos, pero entiendo la necesidad de defender a la población de quienes se obstinan en atacarla en lugar de ayudarla, de quienes prefieren imponer a convencer.

“La paz es el camino”, y mientras lo retomamos nunca perderé de vista su trazado ni su meta, porque son el trazado y la meta de mi vida.

Dear friends:

Lets shift our attention now to another point in order to answer a question many of you have been certainly asking: how was the economic performance of Colombia in the midst of this conflict and of the critical international situation? You will certainly be astonished: the strength and solidity of the Colombian economy is presently such that the London based International Financing Review – IFR – has just selected us as winners of “Sovereign Borrower” and “Latin American Borrower” awards for our adequate strategy of financing and recovery in the field of external investment.

In matters of economic policy I have conducted an exercise of carefully preserved balance in which we have attended to the needs of the most vulnerable segment of our population, but in which we have also put most definitely our bets in the accomplishment of the decisive structural reforms that enable us to guaranty our future financial viability.

With the Plan Colombia we are implementing the biggest social investment program in the country’s history, reaching the poorest and most distant populations. We are spending close to a billion dollars in food and education subsidies directed to the mothers of the families with the direst needs, to build communal works and foster employment, to train unemployed young people and to build and improve roads in the zones that are affected by the conflict.

Working also with responsibility – and undoubtedly putting to contribution our popularity reserves – we have taken the difficult decisions required for the preservation of our economic health. With this purpose in mind we have performed a severe adjustment in government’s expenses, a tax reform, and a reform in the legal framework concerning the financial transfers from the Nation to the regions, with the objective of reducing the fiscal deficit and to ensure the return to a path of growth.

Today Colombia is back into a sustained growth pattern after showing an unusual recessive behavior in 1999. During the last year, 2001, for instance, we had moderate growth, but it was, nonetheless, double the average growth of the rest of Latin American countries.

We stabilized our exchange rate and it now fluctuates freely and steadily. We lowered our interest rates, because they were so high as to hamper any investment and they were making it impossible to pay back the loans. We also cut inflation to single digit levels for the first time in three decades.

In my last address to Congress, I summarized my work in a simple and meaningful sentence: “Responsibility in times of transition”. My main objective has been: to understand, in the first instance, that we are living through complex times of change – in a process that was accelerated by the tragic events of September 11 – and to proceed with the responsible behavior of someone who works, not for its present popularity, but thinking instead about his commitment toward its fellow citizens: those of today and those of tomorrow.

Dear friends:

We are on the second year of the third millennium. We are asking ourselves how to confront its challenges, how to overcome its difficulties and, furthermore, how to steer our existence through the path of our dreams.

But personal dreams cannot be separated from collective dreams. We must not forget that we are members of a global community named Earth and that we have a special responsibility to fulfill towards her and towards our neighbors.

By the way, as we talk about the world seen as a global community or a global village, there is a famous statistical exercise that has been circulating for years in the Internet – maybe many of you already know it – that gives us an idea about the composition of the planet’s population if we could reduce it, proportionally, to just a hundred people. I think this exercise will give us a lot to think about in this first day of the new year. Let me share it with you:

If our planet was inhabited by just 100 people… There would be:

57 Asians, 21 Europeans, 14 from the Western Hemisphere – both north and south -, 8 Africans;

52 would be female, 48 would be male;

30 would be white, 70 would be non-white;

30 would be Christian, 70 would be non-Christian;

89 would be heterosexual, 11 would be homosexual;

6 people would possess 59% of the entire world’s wealth and all 6 would be form the United States;

80 would live in substandard housing;

70 would be unable to read;

50 would suffer from malnutrition;

1 would be near death, 1 would be near birth;

1 (yes, only 1) would have a college education;

1 would own a computer.

The message goes on with the following considerations:

“When one considers our world from such a compressed perspective, the need to accept for both acceptance, understanding and education becomes glaringly apparent.

“And I, who have a computer, who know how to read and write, who have an education, who am not poorly nourished, who have an adequate place to call home, who am alive… What am I complaining about?”

Today, dear friends, let’s go further than this last question:

We, who have not just education, technology and a good quality of life, but who have also had access to the highest levels of academic knowledge and to positions of national and even world responsibility, what have we done, what are we doing, and what can we do in order to make this world, this huge global village, a more humane place, a place with more justice and peace?

The challenge is here, in the figures that I just shared with you: 80 per cent of the world population has inadequate living places, 70 per cent shows some degree of illiteracy, 50 per cent suffers from malnutrition, 99 per cent does not have university education or a computer, and 94 per cent has to manage with only 41 per cent of the world’s wealth.

This is the world that we have to cope with, but it is definitely not the world in which we want to live. We have many tools in our hands to bring it closer to a horizon of greater social justice.

If this planet was inhabited by just 100 people, how many of them would be leaders or would have the power to lead, for better or for worse, the destiny of their group? Certainly just one. Just one.

Today I am surrounded by many of these “ones”, many young men and women who have the future of mankind in their hands. This is not a cause for pride or vanity. This is, above all, a motive for reflection and commitment. A lot of responsibility.

What shall we do in order to improve the destiny of the other 99 inhabitants? I believe this is an excellent moment to ask ourselves this question to which we all somehow know the answer: to serve! To serve our neighbors and our world!

Thank you very much.

Lugar y Fecha

Dublín, Irlanda
7 de junio de 2002