Por: Andrés Pastrana Arango

La notificación del presidente Bush de su intención de firmar el tratado de libre comercio con Colombia marca el fin del proceso de negociación de este instrumento vital para la economía nacional y el inicio del trámite para su aprobación en el Congreso de los Estados Unidos. Esto ocurre en momentos de gran incertidumbre sobre el resultado de las elecciones parlamentarias que se llevarán a cabo en noviembre próximo en este país. Desde 1994, cuando los republicanos ganaron el Congreso, el partido demócrata ha mantenido, como minoría, una oposición cada vez más férrea al libre comercio. Para no correr riesgos, algunos republicanos importantes habían pedido a Colombia y al Perú acelerar la negociación. Sin embargo, aunque Perú logró cerrar en diciembre pasado, el proceso electoral está tan reñido que tal parece que el Congreso no quiere realizar ninguna votación sobre comercio antes de los comicios. Por lo tanto, también Perú tendrá que esperar hasta después del 7 de noviembre.

No cabe duda de que un Congreso dominado por los demócratas sería más difícil para la aprobación del TLC. Pero están equivocados quienes piensan que ello la hace imposible. Por el contrario, nuestro país ha tenido, desde el Plan Colombia, un fuerte apoyo bipartidista en el Congreso norteamericano. No hay que olvidar que, cuando iniciamos el Plan Colombia, lo hicimos con el gobierno demócrata del presidente Clinton. Por ello, el principal esfuerzo que realicé desde la Embajada en Washington estuvo dedicado a recuperar la coalición bipartidista para lograr dos objetivos: la aprobación del TLC y la continuación de la ayuda al Plan Colombia. Ello implicó trabajar más de cerca con los demócratas, a quienes, por fortuna, conocía muy bien desde la época de mi Presidencia.

El propio ex-presidente Clinton me insistió siempre en la importancia de que el Plan Colombia tuviera el apoyo de ambos partidos para impedir que quedara sometido al vaivén electoral. Creo que el éxito para recuperar el apoyo bipartidista radica ahora en desnarcotizar la agenda entre los dos países, para lo cual el TLC es de gran ayuda. Las relaciones entre los países deben madurar y el TLC genera nuevas oportunidades  para atraer inversión extranjera y generar empleos colombianos. En mayo pasado un buen amigo de Colombia, el representante republicano Jim Kolbe, con nuestro apoyo, introdujo un cambio importante en este sentido. Esta nueva propuesta mantiene un fuerte apoyo a nuestro Ejército y Policía, pero destina 135 millones de dólares anuales al llamado Fondo de Apoyo Económico. Sólo grandes aliados de Estados Unidos, como México, Egipto e Israel, se benefician de ese fondo, lo cual envía un mensaje positivo a los inversionistas sobre la excelente relación que existe entre los dos países.

La propuesta de Kolbe atrajo a varios demócratas en el subcomité de apropiaciones de la Cámara, que habían votado en contra nuestra durante los últimos dos años y que esta vez votaron a favor del Plan Colombia. Lo cierto es que, a pesar de que el apoyo a este plan se había iniciado bajo un gobierno demócrata, los miembros de este partido sentían que los republicanos, con sus mayorías en el Congreso, ya no los consultaban ni tenían en cuenta sus observaciones. Durante meses de reuniones con los demócratas más importantes del Congreso logramos un apoyo bipartidista que debe y puede mantenerse. Mi última gestión en la Embajada, precisamente, fue la de visitar personalmente al ex-presidente Clinton para solicitarle una reunión con el presidente Uribe, la cual se celebrará en los próximos días en Nueva York.

Continuar ese esfuerzo para reconquistar el apoyo bipartidista a Colombia, incluido el TLC, fue mi recomendación más importante a la nueva Embajadora, Carolina Barco. Aún si los republicanos mantienen el control del Congreso, fortalecer el apoyo bipartidista es esencial, más hoy cuando algunos presionan para recortar la ayuda a Colombia.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
12 de septiembre del 2006