Señores de las Farc:

A Manuel Marulanda le advertí francamente, el mismo día que lo conocí siendo yo presidente electo, que iba a armar nuestras Fuerzas Armadas hasta los dientes “para la guerra o para la paz”. Por lo tanto, se equivocan sus sucesores en el sexto aniversario de su muerte –y cerca del cuarto de conversaciones con el candidato Santos- cuando me acusan de engañarlo en El Caguán para “ganar tiempo para fortalecer su (mi) maquinaria de guerra”. Le advertí, a quien doblegaba militarmente al gobierno, de la inminencia de las Fuerzas Armadas y Policía más poderosas de nuestra historia a la vez que le tendía el ramo de olivo de la paz.

Dijeron ayer las Farc que reclamo como único logro de mi gobierno “frenar la ofensiva militar de las FARC EP, haber implementado el llamado Plan Colombia y a través de él, la reingeniería y recomposición de sus fuerzas militares”. No es cierto; reclamo mucho más. Reclamo la reconstrucción del país que recibí destruido y el haberme jugado a fondo por la paz, sin ambiciones personalistas ni mezquinos cálculos políticos. Y reclamo, además, haber colocado a las Farc en las listas terroristas del mundo civilizado.

Con Marulanda no se hicieron componendas con el gobierno a puerta cerrada. Marulanda, lo reconocen ustedes mismos en su aniversario, “escucha el cuestionamiento de los diversos sectores sociales del país” en la Mesa Temática, “promueve en una audiencia pública internacional y ante todo el cuerpo diplomático acreditado en el país” iniciativas propias, “dialoga con los obreros, con los estudiantes, con los campesinos, con los afro colombianos, los indígenas, las mujeres, los académicos, los dirigentes políticos, con el jefe de la bolsa de valores de Nueva York, con los empresarios colombianos, con la reina Noor de Jordania, con el Presidente Pastrana y con todos aquellos que quisieran escuchar el punto de vista de las FARC-EP en torno al problema crucial de la guerra y de la paz en Colombia”. Sin exclusiones, sin marrullas, con constancias, sin angustias reeleccionistas, de cara a los colombianos.

El último correo de Marulanda a su Secretariado, el cual consta en el computador de ‘Raúl Reyes’, reclama esfuerzos para “reconquistar un espacio político en el campo internacional liquidado por el presidente Pastrana”, espacio que el nuevo liderazgo de las Farc se empeña por mantener cerrado. Basta oir las recientes declaraciones de alias Timochenko, que destilan crueldad y desafían a Colombia y a la comunidad internacional en medio de un diálogo cuyo plazo está condicionado, de parte del gobierno, solamente a la muerte de “un colombiano importante”.

Esa sindicación de terroristas e inclusive la ruptura del proceso eran posibles en mi gobierno desde el principio porque el presidente ponía sobre la mesa, con plena transparencia, hasta el último punto de su prestigio. Hoy, el proceso que comenzó con erguidos plazos, cortos e inconmutables, se ha plegado a las vanidades y angustias personales de un candidato derrotado en las encuestas ante una guerrilla desafiante que finalmente reconoce su condición de narcotraficante y verdugo ante la pasividad de “su contraparte”.

El paìs le entregó a los diálogos secretos de La Habana un cheque en blanco como gesto colectivo de confianza. Sin embargo, al calor de la campaña presidencial, cuando al gobierno se le acabó su mandato sin firmar la paz, al cheque le borraron la fecha. El lánguido balance de cuatro años de conversaciones arroja apenas dos sospechosos “acuerdos parciales”, cocinados a espaldas de los colombianos, de los cuales ni siquiera quien ha de suceder a Juan Manuel Santos en la Presidencia sabe nada.

El país quiere saber por qué se incumplieron los plazos y la promesa del gobierno de exigirlos. Y por qué se insiste en tapar en La Habana una olla de arreglos secretos que ya comienza a oler mal.

Atentamente,

Andrés Pastrana Arango

Ex Presidente de Colombia

Lugar y Fecha

Madrid, España
27 de marzo del 2014