Su Excelencia
ÁLVARO TIRADO MEJÍA
Embajador de Colombia ante la Organización de Estados Americanos
Ciudad

Apreciado Sr. Embajador:

Si bien compromisos impostergables me impiden acompañar en esta especial ocasión a usted y a su distinguida esposa, a los dignatarios de la Organización de Estados Americanos y los representantes de los diversos países ante la misma, y a los demás amigos y admiradores de la vida y obra del ex Presidente Alberto Lleras Camargo, como hubiera sido mi más sincero deseo, quiero con estas palabras expresarle mi felicitación por la oportuna celebración del centenario de este “Gran Latinoamericano”, como justamente han dado en llamar la exposición que hoy se inaugura.

Alberto Lleras Camargo fue, sin duda, no sólo un gran latinoamericano sino también un líder con connotaciones mundiales, cuya impronta sigue viva en instituciones hemisféricas y mundiales como esta Organización de Estados Americanos, la Organización de las Naciones Unidas, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, y el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas o Pacto de Bogotá.

Pero así como su lucidez y su brillo intelectual dieron soporte a estas instituciones que hoy velan por el mantenimiento de la paz y el desarrollo de las naciones, yo quisiera resaltar particularmente la labor patriótica que desarrolló Alberto Lleras en Colombia, como defensor de la convivencia política y gestor de importantes proyectos de desarrollo.

Si por algo debemos estar los colombianos agradecidos con Alberto Lleras es por haber sido uno de los principales promotores de ese experimento político sin precedentes que fue el Frente Nacional, entre 1958 y 1974, gracias al cual se dio fin definitivo a la violencia partidista en Colombia y nuestro país se enfiló con entusiasmo por la senda del progreso y la justicia social.

Es imposible para mí evocar la figura de estadista de Lleras Camargo sin recordar que mi padre, el ex Presidente Misael Pastrana Borrero, aún militando en el partido contrario al suyo, fue Ministro suyo en tres carteras diferentes -de Fomento, de Obras Públicas y de Hacienda- durante su presidencia y que, desde entonces, una amistad muy profunda los unió a ellos y, por consiguiente, a nuestras familias. Debo mencionar también a su esposa, doña Berta Puga de Lleras, quien ha sido un ejemplo de dignidad, discreción y compasión por los más necesitados, siempre atenta a respaldar a su esposo en las altísimas responsabilidades que ejerció.

Recuerdo que, en enero de 1988, cuando el ex Presidente Lleras Camargo disfrutaba como un anacoreta voluntario de su refugio entre los libros que tanto amaba, la última salida pública que realizó, con más de 80 años de edad, fue a visitar a mi padre en la semana aciaga de mi secuestro, para expresarle su solidaridad en ese difícil momento. Cuando fui liberado, acudí presuroso a su apartamento a agradecerle su gesto y recibí su abrazo afectuoso, aunque también su admonición de que no fuera a ganarle a los liberales la Alcaldía de Bogotá que estaba disputando por esas fechas. Como podrán suponer, ese fue el único consejo del Presidente Lleras Camargo que no atendí, y yo sé que él, como todo buen político, supo entenderlo.

Con el aprecio personal que me inspira la figura de Alberto Lleras Camargo, el reconocimiento de su talento de estadista y su visión universal, la gratitud por su actitud conciliadora que abrió paso al futuro del país y mi admiración por su obra como periodista e intelectual, quiero dejar ante ustedes un entusiasta testimonio sobre el papel que cumplió este hombre excepcional en el siglo XX de Colombia, de América y del mundo.

Como diría Bertolt Brecht de aquellos hombres que luchan por un ideal, sólo unos pocos, al pasar de la historia, son percibidos como imprescindibles. Alberto Lleras fue uno de ellos.

Lugar y Fecha

Washington, Estados Unidos

20 de junio de 2006