Señor Tom Shannon, Secretario Adjunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental; señor Embajador William Wood; queridos compatriotas; amigas y amigos:

Para mí es un gran honor, -y lo digo en nombre de la nación colombiana-, celebrar el día de la Independencia Nacional de Colombia en la Casa Blanca, rodeado de tantos y tan buenos amigos.

Su presencia, Secretario Adjunto Shannon, como representante del gobierno de Estados Unidos,  nos enaltece y alegra, porque es la presencia de un amigo sincero y cercano, que ha trabajado hombro a hombro con nuestro país para fortalecer nuestras instituciones y derrotar el flagelo del narcotráfico. También quiero resaltar la presencia del Embajador Wood, que ha sido un digno representante de su país en Colombia y un entusiasta promotor de nuestro trabajo y cooperación conjuntos.

Hace 196 años, en la entonces denominada Santafé de Bogotá, un grupo de hombres y mujeres, patriotas de la libertad, dieron un grito histórico de independencia y marcaron el comienzo de nuestra vida republicana y de lo que hoy es Colombia: nuestra patria, la patria de nuestros ancestros y la patria de nuestros hijos.

Desde entonces hasta hoy nuestra nación ha atravesado los tiempos sorteando dificultades, pero unida en su coraje y su decisión de enfrentar el porvenir de la mejor manera. Siempre hemos estado decididos a defender nuestra patria de cualquier agresión, y a defender nuestra libertad y nuestros derechos civiles, los mismos que nos legaron con sus ideas y con su sangre los próceres de la independencia nacional que hoy celebramos.

Nuestra nación, conformada por más de 41 millones de seres humanos que nos aferramos a la esperanza a través del trabajo honesto y el talento que florece en cada esquina de la patria, se enfrenta hoy al futuro con un arsenal de sueños, resuelta a no dejarse vencer por las adversidades, y resuelta a no desfallecer ni a entregar lo que tantos años nos ha costado atesorar.

Nuestro oponente no es ahora una potencia extranjera, sino un enemigo complejo y siniestro cuyos tentáculos de muerte y corrupción alcanzan todo el planeta. Me refiero al negocio multinacional de las drogas ilícitas, y al terrorismo y la violencia que se financian con sus ingentes recursos.

Otra vez, como hace dos siglos, los colombianos estamos luchando por la libertad, la democracia, el respeto de los derechos humanos y las oportunidades económicas para todos los ciudadanos. Lo hacemos con determinación y convicción, y lo hacemos con el soporte indispensable de un país amigo, como los Estados Unidos de América, con el que compartimos valores y principios fundamentales.

Los Estados Unidos son, sin duda, nuestro más importante aliado en esta nueva batalla por nuestro futuro. El Presidente George W. Bush, y muchos demócratas y republicanos en el Congreso, entienden muy bien lo que está en juego en Colombia. Cada día, miles de colombianos y de estadounidenses trabajan unidos para promover la paz, el desarrollo y la democracia. La nación colombiana, señor Secretario Adjunto, reconoce y agradece el importante apoyo que nos brinda su país para construir una economía sólida y una sociedad en paz.

Durante mi periodo presidencial, trabajamos para desarrollar un programa integral que diera respuesta a los desafíos que enfrentábamos. Entonces Colombia y los Estados Unidos nos pusimos de acuerdo en una estrategia de largo plazo para compartir las cargas en la lucha contra las drogas ilícitas, el terror y la pobreza, y para alcanzar un futuro caracterizado por la paz, la seguridad y las oportunidades. Hoy hemos avanzado mucho en estos propósitos y seguimos trabajando sin descanso para hacer este sueño realidad.

La democracia colombiana, por fortuna, goza de excelente salud. Este mismo año vivimos unas jornadas electorales para escoger los nuevos miembros del Congreso que a esta hora se instala en Bogotá y al Presidente de la República para el próximo cuatrienio. Los colombianos pudimos escoger, con absoluta libertad, entre candidatos de diferentes partidos e ideologías, y las elecciones se llevaron a cabo con transparencia y eficacia.

En cuanto a nuestra promisoria relación bilateral, lo que se vislumbra hacia delante es una dinámica agenda para desarrollar. El Tratado de Libre Comercio, cuyas negociaciones recientemente concluimos, debe ser ratificado por nuestros dos congresos. Este tratado marcará, sin duda, un hito positivo en las relaciones comerciales entre nuestros países y será fundamental para consolidar el crecimiento de la economía colombiana y la generación de empleo y oportunidades en nuestro país. Brindará, además, un escenario de estabilidad jurídica que multiplicará la inversión y los negocios.

Nuestra tarea ahora será la de trabajar conjuntamente, el gobierno de Estados Unidos y el de Colombia, así como las respectivas misiones diplomáticas, para lograr la más pronta ratificación de este tratado por nuestros cuerpos legislativos.

Por otro lado, continuaremos con la exitosa implementación de los programas del Plan Colombia y la consolidación de su nueva fase. Como usted mismo lo dijo en una reciente entrevista a una revista colombiana, señor Secretario Adjunto Shannon, hemos logrado mucho ¡y no podemos dejar las cosas a mitad de camino! Estamos satisfechos al ver cómo el Congreso de los Estados Unidos está estudiando una distribución más flexible de los recursos, asegurando así que puedan beneficiar más directamente a los colombianos que más lo necesitan.

Colombia y los Estados Unidos estamos demostrando al resto del hemisferio el valor de una alianza que no es coyuntural, sino que se basa en sólidos valores y principios que compartimos. El trabajo conjunto de nuestras dos naciones constituye una fuerza positiva no sólo para luchar contra el flagelo común de las drogas o para mejorar la calidad de vida de los colombianos, sino también para estimular la seguridad y estabilidad regional.

Los padres fundadores de la patria colombiana tenían la visión de un país libre y próspero, donde reinara la felicidad general. Con la amistad y el apoyo de los Estados Unidos estamos caminando con paso firme hacia el futuro que soñaron y que comenzaron a forjar hace algo menos de dos siglos.

Quisiera terminar estas palabras recordando aquellas magistrales que pronunció el Libertador Simón Bolívar en febrero de 1819, ante el Congreso de Angostura, porque ellas nos recuerdan hoy, en esta celebración patria, el norte al que debe aspirar siempre nuestro país: un norte moral, donde la corrupción, la violencia y los negocios ilícitos sean desterrados por el trabajo honesto y el bienestar ciudadano.

“Moral y luces son los polos de una república; moral y luces son nuestras primeras necesidades. Tomemos de Atenas su areópago, y los guardianes de las costumbres y de las leyes; tomemos de Roma sus censores y sus tribunales domésticos; y haciendo una santa alianza de estas instituciones morales, renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso”.

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Washington, Estados Unidos
20 de julio del 2006