COLOMBIA, PIEZA CLAVE PARA EL CRECIMIENTO Y LA ESTABILIDAD REGIONAL Y DEL HEMISFERIO 2017-12-18T11:48:38+00:00

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Palabras del presidente Andrés Pastrana en la Asociación Colombo-Americana

Señoras y señores:

Es para mí un verdadero honor y un enorme placer estar hoy aquí, en la Asociación Colombo-Americana. Su presidente, Robert Gray, junto con Linda Calvet y mucho otros, están haciendo un trabajo magnífico, por el cual todos debemos estar agradecidos.

Desde hace más de 70 años, esta organización se ha dedicado a promocionar y ampliar los contactos entre nuestros dos países, especialmente en el ámbito económico, pero también cada vez más en asuntos relacionados con la política, para beneficio de todos los involucrados. No exagero al decir que ninguna otra organización ha hecho tanto, durante tanto tiempo, por nuestra relación bilateral, una relación cuya importancia no ha hecho sino crecer con el tiempo. Desde la época de los presidentes Simón Bolívar y John Quincy Adams, las relaciones Estados Unidos-Colombia han hecho algo más que pasar la prueba del tiempo.

Durante los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando Estados Unidos comenzó a asumir una preponde- rancia global y cuando esta institución abrió por primera vez sus puertas, nuestras dos naciones comenzaron a trabajar de manera que habría parecido imposible una generación atrás. El presidente Franklin Roosevelt vino a Cartagena en 1934 en representación del Buen Vecino; y, más adelante, él y el Presidente Santos analizarían conjuntamente la amenaza que representaba el fascismo, siendo Colombia el primer país latinoamericano en haber roto relaciones con los poderes del Eje. Juntos ayudamos a desarrollar la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco y, cinco años más tarde, peleamos lado a lado en Corea, siendo Colombia la única nación latinoa- mericana en haberlo hecho.

Desde entonces, hemos forjado esa alianza de progreso frente a la Guerra Fría y, más recientemente hemos combatido la amenaza internacional de las drogas ilegales. No obstante, el elemento más constante de nuestra relación a lo largo de los años ha sido económico, que ha tenido un importante impulso desde el inicio de la década de los 90.

Y sin embargo, ahora que estamos en la cúspide de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, ya medida que la globalización continúa integrando la economía mundial, ha llegado el momento de modernizar y fortalecer aun más nuestras relaciones económicas y este es uno de los objetivos principales de mi gobierno.

No obstante, si fuésemos a hablar de nuestros objetivos, no cabe duda que la búsqueda de la paz, la búsqueda de un final honorable a la insurgencia armada que ha azotado a Colombia durante casi 40 años, es de suma importancia. La mayoría de ustedes que se encuentran aquí reunidos están familiarizados con la situación de Colombia, han vivido la cordialidad y la generosidad de nuestra gente, han sido testigos de la increíble belleza y variedad de nuestros paisajes, han vivido la resonancia de nuestras ciudades, y comprenden que es mucho más que los falsos estereotipos o que lo que aparece en las noticias de la noche.

Sí, tenemos grandes problemas, pero déjenme decir que lo que han leído en los periódicos es el lado alarmante del estado de las cosas en Colombia.

Hablar acerca de un gobierno en riesgo, de una nación al borde del colapso, de una guerrilla que supuestamente controla el 40 por ciento de nuestro territorio o que está en los contornos de Bogotá, es escasamente representativo de lo que sucede en Colombia.

No es mi intención minimizar nuestros problemas que, como ya lo dije, ciertamente no son pequeños. Pero información como esa es la que está alejando a los inversionistas que no deberían temerle a Colombia. Necesitamos su presencia y su inversión, y tanto ustedes como yo sabemos que al igual que muchas otras empresas multi- nacionales que hoy en día están haciendo negocios en Colombia, cuentan con suficiente seguridad para venir a nuestro país.

Una de las principales razones por las cuales he venido a los Estados Unidos es para presentar un nuevo y completo Plan Colombia, una estrategia en cuatro partes dirigida a reactivar nuestra economía, a fortalecer nuestras instituciones, a reforzar la lucha contra el narcotráfico y fortalecer nuestra sociedad civil y la democracia local.

Ninguna de las partes de la estrategia funciona de manera independiente, cada aspecto se complementa con los demás, y conjuntamente deben jugar un papel definitivo para darle a nuestras instituciones la capacidad de asegurar una estabilidad económica, social y política y para garantizar los derechos y las libertades en Colombia.

Primero, permítanme hablar acerca de la economía. Nuestro récord, hasta el momento, no tenía igual en las naciones latinoamericanas, crecimiento ininterrumpido durante casi setenta años; calificación de grado de inversión; una inflación relativamente baja; el compromiso de honrar todas y cada una de nuestras obligaciones financie- ras; un banco central fuerte e independiente; una moneda estable; un espíritu empresarial demostrado; más de trece mil millones de dólares de inversión extranjera sólo durante los últimos cinco años. Es realmente impresionante, especialmente teniendo en cuenta a lo que hemos estado expuestos: narcoterrorismo, una insurgencia armada y crisis regionales por fuera de nuestro control. Agréguenle a esto enormes recursos naturales en petróleo aún sin extraer, carbón, hierro, níquel, metales preciosos y semipreciosos, madera y productos naturales, y todo esto no deja de ser, como mínimo, sorprendente.

Pero más impresionante aun es lo que haya nuestro alcance inmediato. Mi administración ya tomó las medidas necesarias para sacarnos adelante, para salir de la peor crisis económica de este siglo y devolvernos el crecimiento económico y una mayor prosperidad. Estamos haciendo recortes drásticos en el gasto público para contrarrestar una crisis de malos manejos fiscales que heredamos. Estoy totalmente comprometido con devolverle a Colombia su estado tradicional de solvencia fiscal al final de mi gobierno en el 2002, y todos los pronósticos indican que lo lograremos si nos mantenemos alerta. Hemos hecho enormes progresos en la manera y los medios de recolectar impuestos, tanto a nivel nacional como local, y para proteger a nuestro sector bancario de caídas inesperadas.

Hace poco reformamos nuestra Constitución para retirar la cláusula de expropiación sin indemnización que tanto había preocupado a los inversionistas extranjeros; ahora estamos trabajando en hacer lo mismo respecto a la propiedad intelectual extranjera.

Tenemos planeados varios proyectos de privatización a gran escala, especialmente en los sectores de energía y telecomunicaciones. Otra de las principales prioridades de mi gobierno es estimular las exportaciones, duplicar las cifras actuales para el 2002 y darle el impulso necesario a las industrias locales, lo que a su vez reducirá las más altas cifras de desempleo que hayamos tenido en décadas.

Sin embargo, en Colombia no podemos hacer más de lo que hacemos solos, ya que en una economía globalizada como la de hoy las naciones deben trabajar conjuntamente para estimular el crecimiento y mantener mercados libres y justos.

Continuamos progresando en nuestra negociación con el gobierno de los Estados Unidos, para lograr un Tratado Bilateral de Inversión con nuestro mayor socio comercial. Pero ante todo, buscamos activamente el equivalente a la paridad del CBI, es decir, un acuerdo similar al de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, una ley de preferencias comerciales que beneficia a muchos de nuestros vecinos del Caribe que hacen negocios con los Estados Unidos.

Permítanme ser franco: lo que Colombia busca es comercio, no ayuda. Si se nos da una relación de paridad y el acceso a mercados abiertos y justos, entonces estaremos en capacidad de superar las actuales dificultades económicas, generando de nuevo crecimiento y crean- do nuevos empleos.

Invertir en Colombia es mucho más que una oportunidad de obtener ventajas, invertir en Colombia es invertir en un futuro fuerte y estable, respaldado por instituciones que expulsan la violencia y la criminalidad y que traen paz y prosperidad.

Nuestro gobierno ha asumido la responsabilidad, y mi administración tiene la voluntad necesaria, de asegurar que nuestras instituciones sean sometidas a reformas significativas que, como resultado, se traduzcan en mecanismos de gobierno más fuertes y más abiertos. Esto significa más que el derecho al voto. Significa una participación activa y continua a escala local y nacional. Significa entregarle a nuestras instituciones los recursos para permitirles cumplir con su obligación primordial, servirle a la gente. Significa mejorar la infraestructura en aquellas áreas rurales por las cuales el anterior desarrollo pasó de largo. Significa un sistema judicial ampliado para garantizar que cada caso va a ser escuchado por una corte imparcial, cuyas sentencias se puedan hacer cumplir de manera adecuada. Significa los recursos necesarios para mejorar los servicios de educación y salud, para garantizar que la siguiente generación de colombianos pueda crecer en un ambiente de seguridad y paz, y que pueda perseguir sus sueños.

Y claro, significa modernizar nuestras fuerzas armadas, de manera que tengan una mayor capacidad para defender nuestra integridad territorial y para proteger y salvaguardar los derechos humanos fundamentales de nuestros ciudadanos, y significa mejorar nuestra fuerza de Policía Nacional, para que combata la violencia y la delincuencia común, y desmantele las operaciones del narcotráfico. En estos mismos momentos en que les hablo, las fuerzas armadas de Colombia están librando una eficiente campaña contra todos los grupos irregulares. Ya se reconoce que las derrotas militares de años recientes están siendo reemplazadas por éxitos militares de los últimos meses. Bajo el alentador liderazgo del ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez y del general Fernando Tapias, nuestro gobierno está reafirmando su control sobre nuestro territorio nacional.

Así, una mayor inversión y un mayor comercio pueden hacer mucho más que estimular nuestra economía, pueden facilitarnos los recursos necesarios para hacer lo que se debe hacer y para reconstruir la confianza y nuestra sociedad.

Sin embargo, ahora que estamos haciendo los recortes necesarios en los gastos públicos y cuando, a un costo de mil millones estamos reconstruyendo nuestro eje cafetero que fue azotado por un terremoto, también estamos en un momento de la historia en el que buscamos asistencia por parte de la comunidad internacional, especialmente de las Naciones Unidas, de la Comunidad Europea y de los Estados Unidos. Dicha asistencia, que esperamos ascienda a aproximadamente 1.200 millones de dólares anuales durante los siguientes tres años, será crucial si queremos lograr las metas expuestas en el Plan Colombia. El área de la cual se hablará más será el narcotráfico, y es aquí donde se requiere el apoyo de cada nación de cada uno de los continentes. No existe ningún asunto, con la posible excepción de la protección de nuestro medio ambiente, que nos afecte de manera tan clara a todos, y del cual seamos responsables.

Como individuos y como nación en Colombia hemos luchado incansablemente contra la creciente ola del narcotráfico. Muchos de nuestros mejores y más brillantes jueces, periodistas, políticos y policías han pagado el precio más alto de esta guerra, y el mundo tiene con ellos una deuda de gratitud incalculable. Resistimos las campañas de terror de los carteles de la droga, que hoy en día están desmembrados. No obstante, el tráfico de drogas impulsado por una creciente demanda en las naciones occidentales continúa atacando nuestras sociedades. Los carteles del pasado le han cedido el paso a una industria más fracturada y menos pública, lo que hace más difícil penetrar y desarticular sus operaciones. Pero esos cambios no han atenuado nuestra determinación o debilitado nuestra decisión, de hecho, la semana pasada inauguramos un nuevo batallón antinarcóticos diseñado para enfrentarse a la nueva naturaleza del narcotráfico, en términos de reducir cultivos y acceder su redes de transporte y destruirlas.

La comunidad mundial también debe hacer más. En particular, debe haber una mayor integración respecto al lavado de dineros, que han llegado a instituciones financieras del mundo entero. También debe haber una mayor voluntad para luchar contra el contrabando ya que algunas empresas multinacionales, en particular aquellas que venden tabaco, licor, artículos domésticos y electrónicos, continúan inundando los mercados con sus productos, muchas Veces por debajo del precio de venta al por mayor, a través de contrabandistas que trabajan de la mano con los narcotraficantes.

Yes necesario que haya regulaciones estrictas y predecibles respecto a la venta de precursores químicos, críticos para el procesamiento de la cocaína y que se venden en cantidades alarmantes sin otro posible propósito. Esos químicos luego se vierten insensiblemente en nuestros bosques, en las selvas tropicales y a lo largo del delta del Amazonas, causándole daños permanentes a uno de los más maravillosos y frágiles ecosistemas del mundo.

También es verdad, como lo demuestran las luchas a largo plazo en Irlanda del Norte, Centro América y el Medio Oriente, que si cualquier proceso de paz quiere tener éxito, la comunidad internacional debe estar dispuesta a prestar su apoyo. Por nuestra parte, nosotros los colombianos continuaremos haciendo lo que esté en nuestras manos, asignando todos los recursos necesarios con ese fin en mente. Y lo que pedimos es un pequeño porcentaje, digamos 25 centavos de cada dólar, en asistencia.

No se puede negar que una Colombia en paz es de interés para todos. Una Colombia en paz, con un gobierno que ha reafirmado su control sobre todo su territorio nacional, con una comunidad rural a la cual se le han ofrecido alternativas al cultivo de coca y amapola, con un acceso a una economía de mercado global, esa Colombia no sólo será una pieza clave para el crecimiento y la estabilidad regionales y del hemisferio, sino que también será un socio más eficiente en la lucha contra el narcotráfico.

Mi gobierno continuará trabajando incansablemente para enfrentar los peligros y las dificultades inmediatos, y a pesar de los reveses, continuaremos trabajando en Colombia como en el extranjero, para lograr la paz, para derrotar el tráfico ilegal de dro- gas por una economía mundial integrada, y por esos valores de la democracia y la inviolabilidad de los derechos humanos, que consideramos sagrados. Espero contar con su apoyo y cooperación a lo largo del recorrido.

Que Dios los bendiga.

Lugar y Fecha

Nueva York, Estados Unidos
20 de septiembre de 1999

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