Comala y Macondo: dos visiones fantásticas de un encuentro promisorio por el Presidente Andrés Pastrana Arango.

Hace cerca de un año tuve el privilegio y el gusto de recibir a mi homólogo mexicano, el Presidente Vicente Fox, en su fructífera y grata visita a nuestra país, cuando tuvimos oportunidad no sólo de intercambiar ideas y de reafirmar los lazos políticos entre nuestras naciones, sino también de reunirnos con más de 300 empresarios de México y Colombia en un evento coordinado por la Cámara de Comercio e Integración Colombo-Mexicana, donde pudimos repasar nuestras relaciones económicas y comerciales y dar un impulso a su mejor desarrollo.

Después de este amable encuentro, salimos hacia Caracas, donde, junto con el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, dimos un nuevo impulso al proceso de integración del Grupo de los Tres, creado por las tres naciones en 1994, el cual ha tenido importantes avances en el año que ha transcurrido desde esa ocasión.

México y Colombia, como dije entonces, son dos países cruciales en el escenario de América Latina por su estratégica posición geográfica que, en ambos casos, linda con dos océanos y une dos subcontinentes. Además, tenemos una especial vocación caribe y una férrea convicción en las ventajas del libre comercio y la necesidad de obtener los máximos beneficios del proceso de globalización.

Somos países amigos y economías complementarias que podemos, y debemos, aprovechar mutuamente nuestras respectivas ventajas comparativas. Mientras México es el único país que tiene acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con los Estados Unidos y Canadá, Colombia tiene igualmente beneficios arancelarios otorgados por la Unión Europea y aspira a que en muy poco tiempo sea prorrogado y ampliado el Acuerdo de Preferencias Arancelarias Andinas que cobija gran parte de sus exportaciones a los Estados Unidos. Además, tenemos libre comercio y estamos en proceso de perfeccionar una unión aduanera con los otros cuatro países andinos: Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.

Con esta experiencia de integración y acuerdos comerciales no resulta extraño que nuestros dos países le apuesten con decisión a la negociación y aplicación de un Acuerdo de Libre Comercio para las Américas -ALCA- que empiece a regir en el año 2005.

Por fortuna, y mientras llega este momento, las relaciones comerciales entre México y Colombia transitan por buen camino. Mientras en 1994, antes de entrar en vigencia el TLC-G3, nuestro intercambio comercial era apenas de 381 millones de dólares, el año pasado superó los 750 millones, vale decir, prácticamente duplicó el registro de hace tan sólo 7 años.

Algo muy importante es que ya se comienzan a ver los resultados, en materia comercial, del nuevo impulso que dimos en Caracas al Grupo de los Tres. En septiembre del año pasado se llevó a cabo la IV Reunión de la Comisión Administradora del TLC-G3 y se acordó la primera aceleración de la desgravación entre México y Colombia, lo cual implica la eliminación recíproca de los aranceles de 53 productos de interés exportador tanto de México como de Colombia, incluyendo químicos, herbicidas, llantas, lijas y partes para teléfonos, entre otros. Estos 53 productos representan la eliminación de aranceles para un comercio bilateral de aproximadamente 18 millones de dólares.

Además, es resaltable, como consecuencia de la citada Reunión, la dispensa otorgada para que ciertos textiles y confecciones puedan utilizar insumos no originarios y gozar de las preferencias del tratado.

Teniendo en cuenta que aún nos quedan por cumplir etapas de desgravación gradual, que culminarán a mediados de 2004, podemos esperar mayores desarrollos en nuestro comercio recíproco, sobre todo si los empresarios de ambos países se deciden a conocer y aprovechar aún más las múltiples ventajas que ofrece el TLC-G3.

Renglón aparte merece el tema de la inversión mexicana en Colombia, que continúa manteniendo niveles muy altos, por encima de los 150 millones de dólares, gracias a la presencia dinámica y promisoria de empresas como Transportación Marítima Mexicana, el Grupo Industrial Bimbo, Cemex, Mabe, Dataflux y el Grupo Vitro, entre otras varias.

Los mexicanos han entendido que en Colombia, pese a las dificultades de orden público, tenemos como una prioridad mantener la estabilidad económica que hemos logrado en los últimos años. También comprenden, sin duda, que nuestro mercado de más de 40 millones de consumidores y nuestro capital humano, con gente talentosa y productiva, es un importante potencial para desarrollar.

Tal como lo afirmé hace un año, con ocasión de la visita del Presidente Fox, la mejor forma de apoyar el anhelo de paz colombiano y de respaldar, bajo el principio de responsabilidad compartida, la lucha contra el problema mundial de las drogas y contra el terrorismo, es con comercio, con inversión y con cooperación. En el caso de México, la cooperación técnica horizontal en temas como agricultura y agroindustria, turismo o en la promoción de las pequeñas y medianas industrias, que tanto pueden estimular el desarrollo social, puede ser un aporte fundamental para este momento crucial de nuestra historia.

Los empresarios mexicanos y colombianos, con la inmensa fuerza de la amistad y de la confianza, están listos para seguir impulsando y dinamizando nuestro comercio bilateral y nuestras inversiones recíprocas. La actividad gremial y de promoción que desarrollan las cámaras de comercio, muy particularmente la Cámara de Comercio e Integración Colombo-Mexicana, es un factor adicional que sirve para congregar estas buenas intenciones y concretarlas en negocios de beneficio para ambas naciones.

Cuando pienso en México y en Colombia, imagino unidos en un solo cuadro visual los cielos de Comala, la tierra de difuntos locuaces del inmenso Juan Rulfo, y los de Macondo, la tierra de magia y fantasía que creó Gabriel García Márquez y que cobró vida precisamente en México.

Comala y Macondo… La plata mexicana y el oro colombiano, la ranchera y el vallenato, el tequila y el aguardiente, Tamayo y Botero, tabasco y café, todas son formas complementarias de mirar la vida, de acercarse a los misterios de la existencia, que nos unen en un destino común que debemos cultivar juntos.

Con el contacto humano, comercial, político y vital entre nuestras naciones, dos tradiciones culturales, dos imaginarios colectivos entrelazados, se funden en un encuentro promisorio que debemos continuar y ahondar para que nuestros pueblos –unidos en sus necesidades y en su reclamo por una mayor justicia social- reciban los tangibles frutos de una amistad duradera.