CONTAMOS CON FUERZAS ARMADAS FORTALECIDAS, PROFESIONALES, TECNIFICADAS y MODERNAS 2017-12-18T11:47:01+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la clausura de los cursos de altos estudios militares, estado mayor e integral de defensa nacional de la Escuela Superior de Guerra

Nuevamente el máximo centro de formación de las fuerzas militares en Colombia nos entrega una promisoria cosecha de líderes para el país.

Con gran satisfacción vengo a celebrar con ustedes la culminación de los cursos de altos estudios militares, de estado mayor e integral de defensa nacional. En estos cursos se han capacitado con esmero un grupo selecto de compatriotas, oficiales y civiles, que tienen como principal objetivo servir a su nación y que sueñan y ayudan a construir cada día un país con paz, con progreso y con justicia social.

A los alumnos que hoy se gradúan, a sus profesores, al personal de planta de la Escuela Superior de Guerra y a sus directivos, encabezado por el general Fernando Soler Torres, va mi cálida felicitación, porque todos han trabajado este año en el valioso proceso de formación de los conductores que reclama nuestra nación.

Hace seis meses tuve oportunidad de conmemorar con ustedes los noventa años de fundación de la EscuelaSuperior de Guerra, y reconocí entonces la excelencia de esta institución, de donde han salido generales y almirantes que dan brillo y realce a la historia de nuestra patria.

Con mi experiencia he constatado el alto nivel profesional y personal de los militares colombianos. Por eso hoy puedo decir con orgullo que cuento, como presidente y jefe supremo de las Fuerzas Armadas de Colombia, con el más selecto y comprometido cuerpo de oficiales y de altos mandos militares, quienes desde la cúpula irradian su ejemplo de cumplimiento del deber a todos los demás miembros de las fuerzas militares.

Se trata de unas fuerzas armadas inteligentes y valientes que entienden y defienden los valores incuestionables de la democracia, que están conscientes del imperativo moral que significa el respeto de los derechos humanos, que colaboran con la comunidad y que son la presencia protectora y amiga del Estado para todos los colombianos.

Por ello quiero hacer hoy, en este evento solemne, un especial reconocimiento a todos los soldados de Colombia, que con abnegación y vocación trabajan sin descanso para que sus compatriotas vivan en un país en paz.

Porque las fuerzas armadas, estoy seguro de ello, como los mejores colombianos, son las primeras deseosas de alcanzar la paz, pues entienden que sin ella se hacen inútiles todos los esfuerzos.

Como dijera Cicerón: “si ha de hacerse la guerra, debe hacerse con la única mira de obtener la paz”.

He dicho ya en otras oportunidades que así como tenemos unas fuerzas armadas para la paz, ellas también están preparadas para el combate. y lo están porque su primera obligación es defender nuestra soberanía, nuestra democracia y la vida y los derechos fundamentales de los colombianos.

El fortalecimiento de las acciones de inteligencia como un elemento fundamental en el desarrollo de las tareas encomendadas, así como la decidida acción conjunta de las diferentes fuerzas y la estrecha colaboración y coordinación con la Policía Nacional han demostrado importantes avances y triunfos en combate.

Esta nueva estrategia ha enseñado reiteradamente sus bondades y los hechos son contundentes al presentar el trabajo conjunto y coordinado como el camino a seguir en la lucha contra todo tipo de violencia.

Por eso quiero destacar hoy la exitosa respuesta de nuestros militares en la acción combinada que efectuaron la semana pasada en Puerto Inírida para repeler el aleve ataque de los subversivos contra la población.

Se ha comprobado nuevamente el profesionalismo, la superioridad y la contundencia de las fuerzas legítimas del Estado, más aun cuando obran en forma coordinada, en desarrollo de la estrategia de coman- do, que conjuga la inteligencia y la operación del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, en estrecha colaboración con la Policía Nacional.

Hoy contamos con unas fuerzas armadas fortalecidas, profesionales, tecnificadas y modernas. Tenemos una inteligencia especializada que se concentra únicamente en estas labores, permitiendo que las tropas operativas cuenten con la información más precisa y oportuna. Y hemos ganado también en movilidad, gracias a la estrategia de despliegue rápido que unifica el accionar de las brigadas móviles antiguerrilla, a la nueva brigada fluvial de infantería de marina y al apoyo de las aeronaves y helicópteros de la Fuerza Aérea.

Todos estos elementos posibilitaron la victoria en Puerto Inírida, donde las tres fuerzas y la Policía Nacional obraron en completa coordinación.

Muy especial mención quiero hacer del crucial papel jugado por la recientemente creada brigada fluvial de infantería de marina, que controla 8.000 kilómetros de ríos colombianos. En agosto pasado, en Puerto Leguízamo, tuve oportunidad de dar a la actividad este importante cuerpo, compuesto por cinco batallones, y en su breve tiempo de operación ha demostrado su importancia y efectividad, no sólo en el combate contra la subversión, sino también en la lucha contra el narcotráfico. Bien,por estos infatigables guardianes de nuestros ríos.

Hace cuatro días estuve en Puerto Inírida y allí pude constatar personalmente el agradecimiento que sienten sus habitantes hacia los valientes soldados y policías que arriesgaron sus vidas para protegerlos.

Me pareció particularmente impactante encontrar a dos muchachos que habían sido reclutados por la guerrilla, de menos de 16 años de edad. En sus palabras sólo había miedo y desolación, porque ni si- quiera entendían por qué estaban peleando. Es insólito que las fuerzas al margen de la ley persistan en utilizar niños como carne de batalla, cuando deberían estar jugando o aprendiendo en las escuelas y no sometidos a la ignominia de la guerra.

Con los niños no se hace la guerra.

También estuve el pasado fin de semana en las poblaciones tolimenses de El Prado y Villa Rica, donde la subversión atacó sin piedad a los civiles y a los policías que defendían su puesto, ejecutando tremendos actos de barbarie.

Es completamente absurdo y demencial que así se ataque al pueblo por el que supuestamente se lucha.

Ante estas dantescas escenas de dolor, Colombia al unísono exige: ¡No más! ¡No más sangre hermana inútilmente derramada!

Los violentos no entienden o no quieren entender que con sus acciones sólo están ayudando a perpetuar e incrementar la pobreza y el desempleo.

Cada ataque a las poblaciones indefensas ¡Cuánta miseria genera!

Cada secuestro, cada boleteo, cada extorsión, ¡cuántas industrias paraliza! ¡Cuántas parcelas sin cultivar genera! ¡Cuanto desempleo causa!

Mientras la inmensa mayoría de los colombianos trabajamos por la recuperación económica del país y por generar empleos que posibiliten una vida digna, las acciones de los violentos sólo siembran miseria y desempleo.

Qué paradójico resulta que quienes dicen luchar por el pueblo sean quienes dejen al pueblo sin empleo.

En medio de estos difíciles momentos, siempre hallamos la valentía y el coraje de nuestros soldados y policías, que responden con heroísmo a su vocación de servicio a sus compatriotas. A todos ellos, y a los heridos y caídos en el combate, quiero rendir hoy mi más emocionado homenaje de agradecimiento.

Desde la acción combinada que liberó Mitú hace ya cerca de un año, las fuerzas militares han demostrado con hechos que cada día están más capacitadas para defender de los violentos a la población colombiana y a las instituciones democráticas.

Así ha quedado ratificado en el curso del presente año en múltiples operaciones exitosas, como lo fueron la operación Eclipse Negro en Arauca, la operación Leopardo en la zona de Urabá, las operaciones Némesis y Llanura en el Vichada y Arauca, la operación Lusitania en Antioquia, la operación Espada en el Huila, la operación Independencia en el Meta y Caquetá, las operaciones de los primeros días de septiembre en Hato Corozal y en el páramo de Sumapaz, la operación Cacería en el Valle, y ahora esta valiente y oportuna acción en Puerto Inírida.

Pero aparte de la superioridad militar que se refleja en las operaciones mencionadas, las fuerzas militares de Colombia actúan con la superioridad moral de saberse representantes de la legitimidad del Estado y con el orgullo de contar con el apoyo de todos sus compatriotas.

Donde se violen los derechos de los colombianos, donde se ponga en vilo sus vidas y su integridad física, donde se restrinja su libertad, allí estarán las fuerzas armadas de Colombia para defenderlos, con todo el respaldo de su Presidente.

¡Porque nuestro deber indeclinable es mantener la integridad del territorio nacional y preservar la vida, honra y bienes de todos los colombianos.

Quiero dejar en claro que si la subversión insiste en dialogar en medio del conflicto, lo haremos. Pero sabemos que la paz, por razones obvias, se consigue más fácilmente en un entorno de paz.

Por eso reafirmo con énfasis: iel gobierno y el pueblo colombiano prefieren un proceso en paz y no en medio del conflicto!

Hemos adelantado este proceso de paz siempre con la mayor fe y con nuestra mejor disposición para alcanzar la paz y así lo seguiremos haciendo. Pero ante todo, el proceso se ha adelantado con pleno apego a la Constitución y a las leyes que nos rigen.

Los acercamiento s iniciales, el inicio de los diálogos y las negociaciones y la creación de los mecanismos que nos permitan adelantar las conversaciones, como es el caso de la zona de distensión, siempre se han ceñido a normas vigentes de tiempo atrás. Para Colombia entera sólo es concebible un proceso de paz que se desarrolle dentro del marco de nuestra Constitución y yo como Presidente, siempre y en todos los casos sólo actuaré dentro del marco de la ley y de nuestra Carta Magna,

Colombia, nuestros niños, nuestros ancianos, nuestras mujeres, merecen hacer el tránsito al año 2000 en un entorno de convivencia y no de violencia. Ya recibimos el siglo XX, hace cien años, en medio de una guerra fratricida. No volvamos a cometer esta equivocación histórica.

Señores oficiales y civiles que hoy culminan su preparación en la Escuela Superior de Guerra: en los tiempos difíciles que vivimos es cuando más se requiere el concurso de colombianos valientes y conocedores de su patria.

La capacitación integral que han adquirido los prepara para afrontar los retos del porvenir con inteligencia y decisión.

Que el Dios de Colombia ilumine su camino e ilumine el camino de esta patria que queremos ver en paz y prosperidad.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
26 de noviembre de 1999

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