“Francisco el Hombre, así llamado porque derrotó al diablo en un duelo de improvisación de cantos, y cuyo verdadero nombre no conoció nadie, desapareció de Macondo durante la peste del insomnio y una noche reapareció sin ningún anuncio en la tienda de Catarino. Todo el pueblo fue a escucharlo para saber qué había pasado en el mundo”.

Con estas sencillas palabras, Gabo, el colombiano más universal de nuestra historia, presentó la leyenda de Francisco el Hombre en el vallenato más largo que se haya compuesto jamás, el cual, para mayor asombro, ni siquiera lleva música: un vallenato de trescientas páginas titulado “Cien Años de Soledad”.

Tal vez parezca difícil reconocer en ese “anciano trotamundos de casi 200 años”, sentado “como un camaleón monolítico”, al verdadero Francisco Moscote, pero es que así son las leyendas y así de grande es el talento y el realismo mágico de Gabriel García Márquez.

¡Qué maravilloso es rendir un homenaje simultáneo hoy, en esta tarima llamada como el Francisco de la historia, junto al bello río Guatapurí y bajo la sombra de los famosos Palo e’Mango de Valledupar, a la leyenda vallenata y al más grande escritor de nuestra historia, el mismo Gabo que ha dicho que fueron los cantos vallenatos los que le abrieron los ojos!

Porque la Leyenda Vallenata, esa que vincula en un solo escenario a la misma Virgen del Rosario con las figuras hoy míticas de Francisco Moscote y de Pacho Rada y con el talento inagotable de Alejo Durán, Rafa Escalona, Leandro Díaz, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales y tantos otros, es la leyenda viva más importante de Valledupar, del Cesar, de toda la región Caribe y también de toda Colombia.

La música vallenata es un verdadero patrimonio nacional que con razón enorgullece a Valledupar, su indiscutible capital. Porque esta música y la leyenda que vive en sus letras, en sus historias entrañables y en su ritmo embrujador, es corazón de patria y alma de Colombia.

Como dijo mi padre, cuando hace ya casi 30 años visitó esta querida ciudad, “la música del Cesar no está solamente en sus compositores, sino en su pueblo; es parte de su propio espíritu, de su propia alegría, de sus propias emociones, emociones que en realidad han contagiado ya todos los rincones de la Patria con el sentimiento”.

Y es que el vallenato es sobre todo eso: sentimiento, un sentimiento profundo que conmueve y contagia a todo el que lo oye. “No sé que tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento”, ha dicho Gabo. Pero también vivimos profundamente sus letras, sus historias y su poesía, porque el vallenato, como también dijo nuestro Nóbel, se hizo para “contar cantando”, y guarda en sus letras la historia y el sentir de un pueblo mágico y amante de la vida.

La Plaza Alfonso López y la famosa tarima de Francisco El Hombre han sido testigos de la historia del vallenato por más de tres décadas. Ha sido el Olimpo de la “Diosa Coronada” y la sede real de los soberanos vallenatos que se escogen cada año, desde ese primer abril de 1968 cuando “el Negro Alejo”, el Grande, inició la tradición monárquica en “la tierra de Pedro Castro”.

Aquí venimos todos con la mayor ilusión, porque en el fondo los colombianos somos los alegres herederos de Aureliano Segundo, ese inmenso parrandero que hasta los últimos días de su vida “tocó en el acordeón las canciones olvidadas de Francisco el Hombre”.

Aquí, en este paréntesis de la realidad en que se convierte la celebración de la Leyenda Vallenata, tenemos Reyes y tenemos también Cacica: una mujer prototipo de la belleza del alma vallenata que ha sido nervio y alma de este Festival. Cacica Consuelo Araújonoguera: no sólo el Cesar, sino Colombia entera tienen una deuda de gratitud con su perseverancia y su alegría sabanera.

Pronto, y gracias a su iniciativa, el pueblo vallenato contará con el Parque de la Leyenda Vallenata, que servirá de nueva sede al Festival y a otros eventos que se presenten en Valledupar, un parque cuya primera piedra colocamos al despuntar este nuevo año.

Allí escucharemos como un eco inmemorial el sonido inconfundible de los acordeones. Ese mismo acordeón “donde tengo el alma mía, donde tengo el corazón y parte de mi alegría”, como decía Alejo Durán.

Yo también tengo mi corazón enamorado, pero enamorado del Cesar. No por nada ésta es la tercera vez que vengo en sólo cuatro meses, porque el alma vallenata de la gente de la Provincia es para mí la más grata de las compañías.

El 6 de enero, cuando celebramos los 450 años de la fundación de esta ciudad, tuve la inmensa alegría de anunciarles la decisión del gobierno de constituir a Valledupar como la primera Zona Económica Especial de Exportación, una buena noticia que jalonará el desarrollo de toda la región.

Y respecto a la reglamentación de las Zonas Especiales Económicas de Exportación es bueno poder decir que el gobierno ha honrado su compromiso. El 19 de enero del presente año expedimos el decreto 49, estableciendo importantes incentivos tributarios, cambiarios y de comercio exterior.

De acuerdo con dicho decreto, los proyectos de las zonas no pagarán arancel ni IVA, no estarán obligados a pagar los impuestos de renta y remesas, y no deberán canalizar sus recursos por el mercado cambiario. Esos son los mayores incentivos que con las facultades presidenciales pueden otorgarse a cualquier región en Colombia y que hoy ya podrían ser realidad para los proyectos que se presenten con el fin de beneficiarse de este régimen excepcional.

Además los Ministerios de Hacienda, Trabajo y Comercio Exterior y Planeación Nacional iniciaron un proceso de concertación con los representantes de las zonas con el fin de identificar los incentivos adicionales que se incluirían en un proyecto de ley. Inexplicablemente, el gobierno ha recibido la noticia de que las zonas decidieron presentar ellas solas un proyecto de ley que radicaron el pasado 31 de marzo.

No obstante esto, el gobierno cumplirá su palabra, continuaremos los necesarios esfuerzos de concertación y, una vez se concluya el análisis por parte de las entidades competentes, presentaremos un proyecto de ley al Congreso con el fin de dotar a estas zonas de incentivos adicionales a los ya existentes.

¡El progreso y el desarrollo de la capital vallenata del mundo son un compromiso en el que no vamos a desfallecer!

Y por eso hoy quiero también referirme muy brevemente a lo que estamos haciendo para rescatar la situación de la salud de los cesarenses. Tal como me comprometí en mi campaña y así como lo anuncié en enero, el gobierno ha destinado 14.630 millones de pesos para el proceso de reestructuración y modernización del Hospital Rosario Pumarejo de López, el cual avanza a muy buen ritmo.

Estos recursos no reembolsables permitirán su reingeniería administrativa, su saneamiento financiero, el ajuste laboral con el pago de todos los derechos a los trabajadores salientes, el mejoramiento de la oferta de servicios y la implantación del sistema integral de informática, para convertirlo en una institución médica de avanzada. También nos hemos puesto al día con el pasivo prestacional, como parte esencial de la política de mi gobierno hacia los trabajadores colombianos

Adicionalmente, me he comprometido a terminar la nueva torre del Hospital Rosario Pumarejo con recursos del Fondo Nacional de Regalías por la suma de 2.200 millones de pesos, para una inversión total de 16.830 millones de pesos en el centro de salud más importante del Cesar.

Pero quiero ser claro. No voy a permitir que estos recursos que he destinado a la salud de los más pobres del Cesar se los roben los corruptos. ¡No se aprovecharán de ellos los politiqueros de siempre!

Valga la pena recalcar que mi gobierno, preocupado por la salud de los colombianos, ha adelantado similar programa en los veintiséis hospitales más grandes de la red pública del país y con ello estoy cumpliéndole a los colombianos más pobres y vulnerables, quienes son los directamente beneficiados con estas políticas de inversión social.

Hoy traigo una noticia especial para los futuros reyes vallenatos: los niños músicos del Cesar. Gracias al interés y a la gestión de nuestra embajadora y madrina del festival, Gabriela Febres-Cordero, hemos conseguido la donación de 20 acordeones para la escuela Talento Vallenato: cuna de la nueva generación de juglares. Este generoso regalo contribuirá sin duda a alegrar las caras de cientos de niños, prolongando así el tesoro musical de esta mágica región de nuestra Patria.

Amigos vallenatos:

Sigamos la receta del doctor Juvenal Urbino, quien dice con sabiduría que “la música es importante para la salud”, y demos paso a los sones vallenatos, a los acordeones, las cajas y las guacharacas.

Hoy que los vallenatos le rinden un justo homenaje al escritor que los universalizó, es bueno recordar cómo el mismo Gabo, con generosidad, ha rendido también homenajes a los principales compositores vallenatos.

Usted, por ejemplo, maestro Rafael Escalona, gracias a Gabo no sólo vivirá para siempre en la memoria y el cariño de sus compatriotas, sino que también habitará a perpetuidad las páginas inmortales de su gran obra maestra “Cien Años de Soledad”, un libro del que Borges dijo que “no sólo es uno de los grandes libros de este tiempo, sino de todos los tiempos”.

“Escalona”, según Gabo, “es el intelectual de nuestros aires populares, el que se impuso un proceso de maduración hasta alcanzar ese estado de gracia en que su música respira ya el aire de la pura poesía”.

O qué decir del gran Leandro Díaz. Yo imagino que a él nunca le importó que el eterno enamorado del “Amor en los Tiempos del Cólera”, Florentino Ariza, se hubiera adjudicado la composición de “La Diosa Coronada”, el mismo nombre con el que llamaba a la Fermina Daza de su corazón. Al fin y al cabo, Gabo ha dicho que esta canción del maestro Leandro es “no sólo su canción más hermosa sino una nota muy alta de nuestra poesía”, y además utiliza como epígrafe de la novela estos dos versos tan queridos por todos los amantes del vallenato: “En adelanto van estos lugares: ya tienen su diosa coronada”.

Y con la misma dosis de admiración ha hablado Gabo de Emiliano Zuleta, cuya “Gota Fría” define como una “canción perfecta”. O de Alejo Durán, de Lorenzo Morales, de Colacho Mendoza, de Chico Bolaño, de Toño Salas, y muchos más.

Gabo ha dicho que escribe “para que sus amigos lo quieran más”. Viendo este cálido y sincero homenaje que hoy le brinda la gente vallenata, yo quiero decirle que lo ha logrado: que sus amigos y compatriotas cada vez lo queremos y lo admiramos más. Y para que quede más convencido, díganle que “se lo juramos por la Diosa Coronada”, que él entenderá.

“Gabo se lo dice a Colombia y se lo dice al mundo. No estamos condenados al Mal”, ha escrito el mexicano Carlos Fuentes. Y así mismo lo demostró Francisco el Hombre cuando derrotó con su música y una oración al mismísimo diablo. Yo quiero retomar esta idea, porque también estoy convencido de que Colombia no está condenada al mal, ni a la violencia, ni a la corrupción. Por eso yo sé que también aquí, en Valledupar y en el Cesar, las gentes vallenatas van a decirle SÍ al cambio, apoyando el referendo que he propuesto, como lo está haciendo ya la gran mayoría de los colombianos.

Yo sueño, todos soñamos, con un país donde predomine el color amarillo de las mariposas de Mauricio Babilonia y no el rojo sangre de la violencia. Yo sueño una Colombia con mucho trabajo pero también con alegres parrandas. Yo sueño un país donde el coronel sí tenga quien le escriba, donde la cándida Eréndira escape de la violencia intrafamiliar, donde los corruptos vivan su otoño y los honestos su primavera, donde no tengamos más una mala hora ni haya más muertes anunciadas ni noticias de un secuestro, donde terminemos con la hojarasca de la burocracia inútil, donde vivamos el amor y no sólo en los tiempos del cólera, donde respiremos el olor de la guayaba y oigamos vallenatos, que es la música del alma colombiana.

¡Entre todos podemos escapar a la condena de otros cien años de soledad y podemos encontrar una segunda oportunidad sobre la tierra!

Con la magia de Gabo y la alegría vallenata, yo sé que siempre podremos hallar debajo de cualquier Palo e’Mango, como en el inmortal canto de Adolfo Pacheco, a “un indio faroto y su vieja gaita” que nos cuente “historias sagradas que antepasados recuerdos esconden” y “que hermosamente toque y nos diga cuando venga, que también tiene leyenda, cual la de Francisco El Hombre”.

Por esa leyenda, por ustedes, por la paz y el futuro de Colombia, ¡declaro formalmente inaugurado el Trigésimo Tercer Festival de la Leyenda Vallenata!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Valledupar, Colombia

26 de abril del 2000