FUERZAS ARMADAS, PILAR FUNDAMENTAL DE NUESTRA SOCIEDAD 2017-12-18T11:48:24+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la posesión del ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez

Hoy vengo, en compañía de todo mi equipo de gobierno, a celebrar dos acontecimientos. Por un lado, la posesión del nuevo ministro de Defensa, el doctor Luis Fernando Ramírez, con su respectivo reconocimiento de las tropas y la reafirmación del compromiso que tenemos todos los colombianos de alcanzar la paz en medio de una atmósfera de bienestar y seguridad.

Antes que nada, quiero aprovechar esta oportunidad para hacer un llamado a todos mis compatriotas para que tomen conciencia de la importancia que tiene el sacrificio permanente de la fuerza pública en la defensa de la sociedad, de sus instituciones y de la ley. Que no haya duda. Los colombianos que hoy conforman nuestras Fuerzas Armadas y que siempre están dispuestos a sacrificar su vida en cum- plimiento del deber, son un pilar fundamental de nuestra sociedad.

No podemos dejar sola a la Fuerza Pública. Si las Fuerzas Militares y la Policía Nacional enfrentan a aquellos que infringen la ley, no es por un deseo individual o por un capricho del gobernante. Por el contrario: la valerosa labor de los miembros de las Fuerzas Armadas es producto de un designio de toda la sociedad. A los policías y a los soldados les entregamos el mandato del monopolio legítimo de la fuerza que posee el Estado y que caracteriza a toda democracia. Si ellos enfrentan el delito es porque la sociedad, como un todo, se los ha pedido.

A la Fuerza Pública le hago a su vez un llamado, para que en el marco de nuestra Constitución avance con determinación en la lu- cha contra las distintas manifestaciones del delito, bien sea en relación con el orden público o con la seguridad ciudadana. Quiero que nunca dejen de innovar, que continúen mejorando en la tecnología y que no dejen de observar con atención las experiencias que siempre son un estímulo al desarrollo. Mantengamos la meta de ir siempre un paso adelante del delito.

En relación con las Fuerzas Militares mi llamado es para que, liderado por el nuevo Ministro de Defensa, se siga en el proceso de reforma y modernización. Quiero un cambio que permita a los colombianos contar con un militar mejor preparado, más eficiente y mejor respaldado en el cumplimiento del deber. La institución militar debe estar capacitada y dotada para enfrentar los retos que impone a dia- rio nuestro país.

En relación con la Policía Nacional la meta es avanzar en la seguridad ciudadana sin declinar en la lucha contra el flagelo del narcotráfico. Se tiene que aprovechar el éxito conseguido contra un crimen inter- nacional de la magnitud del narcotráfico, para llevarle tranquilidad a la vida cotidiana de los ciudadanos. No podemos permitir más ataques aleves, inesperados o gratuitos contra la vida y la integridad de los colombianos. Enfatizo la necesidad de avanzar en nuestro deseo de concretar medidas de seguridad ciudadana que eliminen la sensación de incertidumbre que en ocasiones abruma en las calles a los colombianos.

La transformación cultural de la Policía, de la cual me siento orgulloso, debe continuar a partir de la puesta a punto de métodos mo- dernos para controlar el delito, y de modalidades de servicio como la Policía Comunitaria.

No podría pasar inadvertida mi decidida posición de combatir el delito del secuestro en cualquiera de sus formas. He sido personalmente víctima de este flagelo y usted, señor Ministro, también lo ha padecido pues el mismo día en que aceptó la propuesta de acompañarme como candidato a la Vicepresidencia en 1994, recibió la noticia del secuestro de su padre. No quiero más secuestros en Colombia.

He sido claro y transparente: la decisión de mi Gobierno es la de aplicar la ley con todo rigor a todos los que se encuentren por fuera de ella. No hay contradicción alguna entre buscar la paz por la vía de la negociación y aplicar todo el rigor de la ley a quienes actúan al margen de la misma.

Denuncio ante el mundo la utilización indiscriminada del secuestro. Esto atenta contra el Derecho Internacional Humanitario. La muerte o la amenaza de muerte para exigir reivindicaciones políticas o rescates económicos es una actitud propia de los totalitarios, ya sean de izquierda o de derecha. No es con el incumplimiento reiterado de los acuerdos más elementales sobre convivencia y derechos huma- nos que se presiona la negociación. Mucho menos con actos deshumanizados que buscan producir con hechos de barbarie lo que no se obtiene con palabras.

Concibo la voluntad de negociar la paz como la prueba de que los ciudadanos, cansados de crímenes sin sentido, están dispuestos a aportar para ganar con la convivencia pacífica.

El fundamento de la política diseñada para alcanzar la paz se basa en la capacidad que tiene el Gobierno, por mandato expreso de la sociedad y en nombre del Estado, para negociar, dentro de términos precisos y establecidos, la agenda que nos lleve a la convivencia pacífica.

He recibido un apoyo leal y decidido de las Fuerzas Armadas a nuestras políticas de paz. Reconozco la gallardía y la condición de bien de los colombianos que la integran. Colombia entera confía en nuestra Fuerza Pública. y lo más importante de todo: agradece, de corazón, su profunda identificación y su fortalecida unidad en torno al pro- pósito nacional de la búsqueda de la paz.
Las Fuerzas Armadas están formadas dentro de principios de subor- dinación y lealtad. Por esto los militares y los policías colombianos son conscientes de que la democracia la sostiene un conjunto de pi- lares de los que ellos son parte principal como garantes incondicionales de los derechos consagrados en la Constitución.

Un avance importante para su implementación fue la aprobación en el día de ayer del Código Penal Militar por parte del Congreso de la República, con una participación activa de las Fuerzas Armadas. En él se definió con claridad el alcance del fuero militar y sus límites frente a la justicia ordinaria, respetando la especialidad de la jurisdicción castrense. El Código establece procedimientos más transparentes y eficaces para la investigación y sanción de los delitos cometidos en servicio, al tiempo que delimita las jurisdicciones y competencias para el juzgamiento de estos actos.

Por otra parte, el Código mantiene el principio de separación entre jurisdicción y mando, garantizando la imparcialidad en los juicios de los miembros de las Fuerzas Armadas. La legislación aprobada está en consonancia con las normas internacionales sobre derechos humanos y en particular, con las disposiciones del Derecho Internacional Humanitario.

La vocación militar y los principios que esta implica se llevan en la sangre. Su sentido de la entrega, su lealtad y su espíritu de sacrificio prevalecen sobre intereses personales. Su único propósito es ofrecer todo de sí, hasta la vida misma, en bien de la Patria. Ningún soldado, suboficial u oficial, activo o en retiro, olvida el juramento tomado en su juventud que consagra que Dios y la Patria premiarán el cumplimiento del deber.

Es un juramento similar el que hace, hoy, el nuevo Ministro de Defensa. Pocos ejemplos de esfuerzo, conocimiento y experiencia como el de Luis Fernando Ramírez. De origen humilde, este santandereano de hormiga y pepitoria comprometido con la nación entera, ha demostrado con la honestidad, la inteligencia y la perseverancia que le son características, su inmenso valor de colombiano trabajador y emprendedor.

Estoy convencido de que su compromiso con la paz, su lealtad con el país y con el gobierno, así como su tarea al frente del Ministerio de Defensa serán recordadas con agradecimiento por los colombianos y, en especial, por sus Fuerzas Armadas.

Doctor Luis Fernando Ramírez Acuña: Juráis por Dios Todopoderoso cumplir bien y lealmente la Constitución y las leyes en vuestro cargo como Ministro de Defensa? Si así lo hiciéreis, Dios y la Patria os lo premien; si no, Él y ella os lo demanden.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
18 de junio de 1999

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